monosexual por defecto

El pasado 23 de Septiembre, que es el día internacional de la visibilidad bisexual (aunque a mí me gusta llamarlo el día de la lucha contra el monosexismo), escribí un artículo de opinión para La Directa, que mi compañera Marta tradujo al castellano (¡mil gracias!) y que comparto aquí en este espacio.

El artículo original en catalán lo podéis encontrar aquí)

Hace unos meses se publicó el artículo “Hetero hasta que se demuestre lo contrario” en el que la autora mostraba la suposición de que todas las personas somos heterosexuales y como esto genera un marco simbólico en el que las personas homosexuales (lesbianas y gays) sufren invisibilización y lo que podríamos llamar discriminación. Este tipo de discriminación, o violencia simbólica, no es nombrada directamente de este modo en el texto; aun así me gustaría recalcar y utilizar estos conceptos ahora para mostrar que el heterosexismo (estructura que privilegia a las personas heterosexuales y que las coloca en una posición jerárquica) no siempre se reproduce en forma de violencia o discriminación directa (homofobia), sino que se expresa de muchas formas estructuralmente violentas. El artículo, con el cual estoy de acuerdo en muchas de las partes, es, en cierto modo, una buena visibilización de una problemática importante y es positivo mostrarlo, pero me gustaría poder ampliarlo para mostrar también una parte que no refleja.

La heterosexualidad es la orientación que se nos designa por defecto. Como pasa con todas las características que gozan de privilegios (ser blanca, ser hombre, ser cis, no tener diversidad funcional, etc…) la heterosexualidad es “la norma”. Ciertamente, todas las personas somos heterosexuales hasta que se demuestra lo contrario, que es en situaciones concretas como cuando salimos del armario o cuando “nos pillan” con una persona del mismo género. Este es uno de los muchos privilegios de la heterosexualidad: el hecho de no tener que afrontar la violencia que supone salir del armario, la discriminación, ya que no se tiene que salir de ningún lado. Pero, qué pasa con las personas que no somos monosexuales?

Monosexual es un término que utilizamos para referirnos a las personas con una orientación o identidad sexual y/o afectiva donde sólo se siente atracción por un género. Las monosexualidades más conocidas son la heterosexualidad i la homosexualidad. Por defecto, cuando no somos identificadas como personas heterosexuales se nos identifica como homosexuales. Existen muchos motivos por los que esto sucede, y todo ellos están directamente ligados a una estructura que privilegia las monosexualidades y que oprime a todas aquellas personas que no somos monosexuales (como, por ejemplo, las bisexuales). Esta estructura es el monosexismo, una estructura que funciona de forma diferente al heterosexismo y que está también ligado al patriarcado al reforzar el sexismo. A las personas siempre se nos supone monosexuales hasta que nosotras, con esfuerzo, conseguimos demostrar que no lo somos. Esta es una de las principales características del monosexismo: nosotres tenemos que estar constantemente demostrando que no somos monosexuales porque socialmente no existimos. Incluso saliendo del armario se nos continua relacionando con un armario.

El monosexismo, como todas las estructuras de poder, viene acompañado de una simbología que lo caracteriza. Nuestro vocabulario, nuestra forma de expresarnos, es monosexista por defecto. La forma en que se nos ha enseñado desde pequeñes a leer las relaciones y las orientaciones del resto de personas, es monosexista. Pongamos por ejemplo el hecho de ver a una persona que parece tener una relación con otra persona. Automáticamente leemos la orientación sexual de estas dos personas en referencia a cómo son leídos sus géneros: si lo que vemos nos parecen dos mujeres, las leeremos como lesbianas; si nos parecen dos personas de dos géneros diferentes, como heterosexuales. Las expresiones “relación heterosexual” y “relación homosexual” son fórmulas monosexistas que imponen la monosexualidad y que esconden la posibilidad de que las personas que forman parte de esta relación tengan una orientación o identidad que sea la heterosexual o la homosexual, cerrando la opción de que tengan una identidad plurisexual como polisexual, pansexual, bisexual o skoliosexual (entre otras), y de que, además, sus géneros no sean binarios (hombre o mujer).

Las violencias específicas a las que nos enfrentamos las personas no monosexuales acostumbran a formar parte de un conjunto de violencias muy simbólicas: la no posibilidad, la no existencia, el que te asignen estereotipos por defecto (y que sintamos la necesidad de negarlos oprimiendo así a una parte de nuestra comunidad que los reproduce que tiene todo el derecho de hacerlo, como podrían ser las personas promiscuas, lo las que estén confundidas), el hecho de vernos envueltas en un vocabulario que no nos representa y ser leídes como una suma, división, resta o multiplicación, siempre de dos estados con los que no nos identificamos.

El hecho que llamemos “simbólica” a este tipo de violencia, no la hace menos “violenta”, pero si mas difícil de mostrar, ver y detectar. Al fin y al cabo, la violencia simbólica se traduce a la larga en problemas de salud física y mental, depresiones, ansiedad, intentos de suicidio, ser más vulnerable a violencias sexuales, tener menos cobertura e información específica en ITS o en salud que pueda afectar de forma diferente a las personas que tenemos relaciones con más de un género, problemas relacionales, pobreza, tener menos acceso a lugares de trabajo, pérdida de puestos de trabajo, pérdida del soporte familiar y/o las amistades, pérdida de relaciones de pareja o afectivosexuales, exclusión, etc… La violencia simbólica es también característica de todas la estructuras: como he comentado al principio del texto, el heterocentrismo lo es y acaba reproduciendo también consecuencias devastadoras y que sólo se pueden demostrar a través de estadísticas.

Si, es cierto que siempre se supone la heterosexualidad hasta que se demuestra lo contrario. Pero, ¿qué es lo contrario? Cuando piensas o dices que lo contrario de heterosexual es homosexual estás imponiendo la monosexualidad por defecto, una  reproducción monosexista (y que omite a otras monosexualidades menos conocidas). Lo “contrario” a la heterosexualidad es la no heterosexualidad, y esto es múltiple. Hablar de lo contrario como una cosa singular es patriarcal, opresor y discrimina a muchas posibilidades. Las estructuras que nos oprimen siempre nos asignan una única opción válida y, por tanto, la imposibilidad de la variedad, de la heterogeneidad. Es más, la expresión “hasta que se demuestre lo contrario” es en sí misma opresiva dado que las personas plurisexuales estamos siempre obligadas socialmente (incluso por parte de personas homosexuales) a tener que demostrar que existimos. Sinceramente, ante toda esta simbología monosexista que me rodea, me resulta “imposible” “demostrar” mi bisexualidad, porque incluso cuando decido ir de la mano con dos personas de géneros diferentes, se me dice que estoy confundida o que todavía no he sabido escoger y que algún día, cuando “crezca”, me decidiré. Así que, si en algún momento alguna persona cae en que no soy heterosexual, lo más probable es que piense que soy lesbiana. Y al contrario… ¿cuántas veces me habrán acusado de acceder al privilegio heterosexual aun cuando hace más de 15 años que me identifico como no heterosexual? De hecho, podríamos decir que en algunos entornos se me impone la heterosexualidad sobre mis decisiones, voluntades o posibilidades, aun cuando he “demostrado” que no lo soy. O sea, que mi vida consiste, básicamente, en una lectura binaria constante de demostraciones de lo que nunca soy.

relaciones en el heteropatriarcado (I – introducción)

El tema de las relaciones no lo he tratado casi en este espacio. Siempre he pensado que hay personas que escriben muy bien sobre estas temáticas, a las que sigo, y trabajo de las cuales aprecio mucho. Aún así, me gustaría poder tratarlo aquí, ya que también es un tema afectado y que afecta a las estructuras de poder.

Antes que nada me gustaría decir que lo que me apetece hacer aquí es una deconstrucción de las relaciones en el heteropatriarcado; no voy a usar casi los conceptos que normalmente se usan de ‘monogamia’, ‘poliamor’, ‘anarquía relacional’, y un largo etcétera. He pensado que hay muchas maneras de definir y describir estos conceptos, seguramente algunas más deconstruídas que otras. Lo que realmente me apetece hacer es deconstruir los conceptos relacionales del heteropatriarcado. También porque aún no he encontrado palabras que me ayuden a señalar estructuras concretas relacionadas con lo que llamamos ‘monogamia’; que sí, que la monogamia tal y como nos la inculcan es un sistema, una estructura, centrada totalmente en el concepto de ‘pareja’, que nos aísla totalmente de las comunidades y nos cierra en pequeños núcleos a los que llamamos familias, que reproducen heteropatriarcado, y que es de mucha utilidad para el capitalismo. Pero no quiero usar solamente el concepto de monogamia como sinónimo de una estructura, ya que, por ejemplo, personas no monógamas que la reproducen hay muchas. Quiero, por tanto, tratar esta entrada a modo de introducción, y más adelante iré tratando cada tema por separado en diferentes textos.

Una de las primeras cosas de las que me gustaría tratar es del binomio pareja/amistad. Son dos paradigmas que dentro del heteropatriarcado adquieren posiciones tanto afectivas, emocionales, como físicas, muy distintas. Existe una jerarquía evidente entre la pareja y todo lo demás, incluso de todas esas personas más ‘especiales’ en el círculo amistoso. Parece, además, que el sexo tiende a ayudar a ‘subir’ a una persona en la escala del 0 al 1 que vendría a ser de los extremos amistad-pareja en las relaciones. Como pasa en todos los binarios en nuestras estructuras, solamente los ‘extremos’ son leídos, tratables y definidos. Es más, todo lo que no sean estos extremos son leídos como cosas ‘intermedias’ (y por tanto más falsas o menos verdaderas). Pasa con todos los binarios; con el género, por ejemplo, que los géneros no binarios los situamos mentalmente entre los dos ‘definidos’ y ‘reales’ que son ‘hombre’ y ‘mujer’. Pero esto es solamente una construcción que refuerza la idea de que lo que no pertenece al binario no es ‘tan real’, es una ‘mezcla’ y solo se puede expresar y definir usando una combinación de los términos de esos binarios, como sumas y restas. Además, los binarios siempre están jerarquizados, dándole más importancia a uno e infravalorando el otro. Con la pareja y la amistad pasa igual.

El concepto de pareja en el patriarcado es un concepto que aisla a las personas en núcleos reducidos y que las separa de todos esos otros vínculos afectivos a los que llamamos ‘amistades’. Descuidamos a toda una red de personas, y además, también estructuramos nuestros cuidados a la pareja según unas normas definidas que nos vienen impuestas (normalmente en relaciones de poder, por tanto los cuidados afectivos no acostumbran a ser equitativos) que limitan las vidas de las dos personas que forman ese supuesto vínculo (especialmente a la que menos privilegios tiene). Toda nuestra vida es marcada por la vida en pareja.

Es común ver que los conceptos definidos y marcados suelen no sentir la necesidad de tener que explicar o definir, porque ya nos vienen de ‘fábrica’. Lo que decía antes de que son los dos conceptos ‘extremos’ que vienen ya supuestamente descritos de antemano todo lo que significan. Tener pareja, por ejemplo, ya viene dado con un montón de suposiciones de todo lo que requiere, repercute, cuales son los límites, no límites, etc. También pasa con la amistad con todo lo contrario, no requiere de nuestro esfuerzo del cuidado o de la estima (que mal llamamos ‘drama’). Por eso creo que en los dos casos la comunicación suele ser escasa, ya que no se tiene nuestra atención de definir cuales son las cosas que se quieren compartir en cada relación ni como. No es necesario porque ya se supone. Eso es desde mi punto de vista muy violento. Está cargado de una simbología donde ni siquiera se requiere pasar por el consentimiento. Y no hablo solamente del consentimiento en el sexo, sino también consentimiento afectivo, de las cosas que se quieren hacer, compartir o mostrar. Y de la variabilidad temporal de lo que se quiere. Muchas veces incluso parece que se tenga permiso total a la intrusión (tanto física, mental o emocional) en todo en el caso de la pareja. Con el resto de relaciones pasa algo parecido, todo depende de la ‘etiqueta’ que le pongamos, una vez puesta ya viene acompañado de toda una simbología y un montón de supuestos, sin necesidad de consentimiento, comunicación o respeto por límites o necesidades de cada momento y de cada persona.

Romper con estos paradigmas requiere algo que es esencial: la comunicación. Tener que trabajar cada una de las cosas que se quieran compartir en cada relación. Pero hay miedo. El miedo que hay a menudo a tratar cada tema es un miedo que proviene del patriarcado. Es miedo porque muchas personas piensan que ‘hablar’ implica una total disposición a todo, el súper vínculo de la pareja, el drama, etc. Esto es totalmente falso, pues precisamente el concepto patriarcal de pareja es un vínculo que ya está tan definido que por tanto no hay necesidad de la verdadera comunicación. Tenemos miedo a la comunicación, porque nos han hecho creer que ‘hablar’ implica que nos requieran totalmente. Pensamos que ‘permitir’ hablar a la otra persona implica que nos pueda pedir, y por tanto de una implicación, o de un drama si no nos implicamos con lo que nos pide. También porque no sabemos respetar un ‘no’, y nos han enseñado a que un ‘no’ se convierte en un rechazo emocional personal grave. Una de las violencias comunes que ocurren es que supongan que como vas a requerir a la otra persona emocionalmente en su totalidad se cierren en banda y no te permitan expresarte; esta suposición hace que esa persona te coloque en una posición concreta (sobre cuales son tus emociones y necesidades) sin que tú la hayas requerido. Y eso también es violencia. Como el mismo hecho de que no se te permita comunicarte, expresarte o requerir, aunque este requerimiento sea distancia o un no consentimiento.

Otro binario que se ha creado es el de las ‘relaciones no serias’ para contrarestar a las ‘relaciones serias’ (clásicamente de pareja). Muchas personas que siguen leyendo las relaciones de forma patriarcal para huir del drama van a buscar lo que ellas llaman ‘relaciones fáciles y simples’ donde huyen totalmente de la comunicación, y por tanto de cualquier cuidado hacia la otra persona. Se busca en estos casos relaciones en las que no se requiera (supuestamente) nada, y por tanto donde parece que será innecesaria la comunicación para no generar un supuesto vínculo. Este tipo de relaciones pueden llegar a generar también mucha violencia. No poder hablar, comunicar, cuando puedas sentirte mal, incómode, o tengas cualquier problema, es muy violento. Este tipo suelen reproducir relaciones de poder donde siempre sale ganando la parte con más privilegios, ya que el pensamiento hegemónico es el que prevalece por defecto y el que le otorga el beneficio a quien posee el privilegio. Por eso es esencial ser sensibles a las estructuras de poder. De la violencia que generan este tipo de relaciones queríamos hablar en otra entrada más adelante.

Romper con el paradigma ‘clásico’ y patriarcal de la pareja y de la relación de poder ‘fácil’ requiere atención y comunicaición, incluso en aquellas donde el vínculo afectivo sea supuestamente menor. Cuando se comparte algo, aunque ‘sólo’ sea sexo, se necesita de cierta sensibilidad para poder estar abiertes a poder comunicar en cualquier momento nuestras necesidades, preocupaciones o malestares. O de nuestros cambios y fases, porque las cosas que queremos, sentimos o padecemos cambian también. Sentir que tienes la posibilidad de poder decir en algún momento que algo no te gusta o te hace sentir mal es importante. Incluso esencial para poder ejercer nuestro derecho al no consentimiento cuando lo creamos necesario. Y permitirnos cuidar mínimamente a las personas con las que compartimos algo. Si no, caemos una y otra vez en el paradigma del consumo de personas, que tan ligado está en nuestras estructuras y en el capitalismo. Y ese ‘usar’ la mayoría de las veces no se refiere ‘solamente’ a usar de forma sexual, sino más bien emocionalmente, o a caer en la ‘objetivización’, sobre todo cuando le cortamos a la otra persona cualquier posibilidad de que pueda expresarse o pueda en algún momento no querer consentir alguna situación.

Hay muchas personas (especialmente hombres cis heterosexuales) que acostumbran a acercarse a ambientes no monógamos con la idea de que se les exigirá menos, podrán ‘ligar’ más, y que siguen leyendo sus relaciones de la misma forma que en el heteropatriarcado. Estas personas suelen generar mucha violencia, pues son personas que no son sensibles a las estructuras de poder, que no suelen respetar el tema del consentimiento, y que no suelen tener ningún respeto hacia las personas con las que se relacionan. Sobre todo, y esto también va para les que siguen teniendo relaciones monógamas heteropatriarcales, siguen leyendo el mundo entre ‘relaciones serias’ y ‘relaciones no serias’; una forma de dividir las relaciones que cada día me produce más rechazo. Compartir menos vínculo o menos afectos con una persona no te da derecho a convertirla en ‘menos seria’ ni ‘menos humana’ que a las demás. Porque ‘lo que no es serio’ nunca merece nuestro respeto. Ahora ves a una persona de estas y dile ‘no’ a algo o que te sientes mal o incómode, con qué ‘seriedad’ lo va a tomar.

mujeres y bisexualidad: ¿aceptación social o violencia de género?

(La semana pasada escribí un artículo para La Directa, que nuestrxs compañerxs de La Banda de Moebius tradujeron al castellano en su página de facebook, y que comparto aquí en este espacio.

El artículo original en catalán lo podéis encontrar aquí.)

La bisexualidad femenina parece ser socialmente aplaudida e inherente en las mujeres. Se suele decir que es más aceptada que la masculina, a pesar de que muchas mujeres bisexuales a menudo se quejan de sufrir agresiones debido a su orientación sexual. Esto parece una contradicción. Cómo es posible que, a pesar de parecer más aceptada, las mujeres bisexuales sientan sufrir esta violencia?

Breanne Fahs expone al ensayo Compulsory Bisexulity?: The Challenges of Moderno Sexual Fluidity ( 2009) que el concepto del heterosexualidad obligatoria se ha extendido al que denomina “bisexualidad obligatoria”. Lo que concluye en su estudio es que las mujeres son coaccionadas a fingir una bisexualidad para el placer sexual del hombre heterosexual: las mujeres tienen que ser (obligatoriamente) heterosexuales pero tienen que fingir (obligatoriamente) una bisexualidad para el goce masculino. Este hecho ya representa una violencia hacia las mujeres de cualquier identidad sexual.

Cómo es leída y representada la bisexualidad femenina

La bisexualidad femenina casi siempre aparece en un contexto en que las mujeres representadas son atractivas al ojo del heteropatriarcado. Si buscamos por Internet noticias sobre mujeres bisexuales famosas nos encontramos algunas como la de Cinemanía titulada Las bisexuales de Hollywood: actrices famosas que juegan a dos bandas (2012). En las fotografías que se exponen se muestra a una mujer atractiva y sexualizada. El texto, en vez de hablar de la bisexualidad como una opción sexual o emocional, plantea la bisexualidad como un “juego”, y llega a poner en entredicho la bisexulidad con frases como “nos hace sospechar que las chicas tampoco le ponen tanto”.

Cómo apunta también Shiri Eisner en su libro Bi: Notes for a Bisexual Revolution, otro ejemplo es el de la pornografía comercial, que es creada para la misma construcción masculina hegemónica. Este tipo de pornografía – diferenciada otros tipos como la feminista, la queer o la postpornografia – está mayoritariamente pensada para reproducir el que se supone que tiene que gustar al hombre heterosexual: el sexo entre mujeres es una representación atractiva para la mirada del hombre. Si entramos en una página de vídeos pornográficos en línea como PornoTube, los vídeos catalogados como “lésbicos” están dentro de la categoría principal “heterosexual”; la categoría principal representa la orientación sexual de la persona espectadora (hombre) y la subcategoría “lésbica” es sólo una práctica sexual, donde más allá de ser para lesbianas, se representa una bisexualidad actuada donde a menudo participan hombres.

La bisexualidad femenina es así estructuralmente objectivizada e hipersexualizada, erradicada como identidad sexual o emocional propia de la mujer y representada como una actuación para el placer sexual del hombre heterosexual. Esta imagen, en el contexto de la cultura de la violación, pone a las mujeres bisexuales en una posición muy vulnerable a sufrir agresiones sexuales: las expone a la suposición de pleno consentimiento a la hora de llevar a cabo fantasías sexuales por parte de hombres. Esta violencia también la sufren lesbianas y heterosexuales bajo el supuesto del heterosexualidad y la bisexualidad obligatorias.

Violencia sexual hacia mujeres bisexuales

En un estudio que hizo el Departamento de Salud de los Estados Unidos en enero de 2013, National Intimate Partner and Sexual Violence Survey, donde pulicava datos del 2010, se mostraba que el 46,1% de las mujeres bisexuales habían sufrido violaciones al menos una vez en su vida, ante un 13,1% de las lesbianas, y un 17,4% de las heterosexuales. El estudio también reflejaba que el 74,9% de las mujeres bisexuales habían sufrido otros tipos de violencia sexual, frente a un 46,4% de las lesbianas, y un 43,3% de las heterosexuales. El 98,3% de las agresiones a mujeres bisexuales eran perpetradas por hombres. El 61,1% de las mujeres bisexuales habían sufrido agresiones por parte de parejas sentimentales, ante el 43,8% de las lesbianas y el 35% de las heterosexuales. Otro estudio que se hizo al 2009 denominado Women’s Sexual Orientation and Health: Results from a Canadian Population-Based Survey mostró que las mujeres bisexuales sufrían una proporción más elevada de violencia doméstica.

Estos datos reflejan la bifobia y el machismo con qué muchas mujeres son coaccionadas por parte de hombres a realizar ciertas prácticas sexuales o para apuntarse sin consentimiento, llevando a cabo así la fantasía de la mujer bisexual. Hay varias vivencias en blogs de activistas, al ensayo de Breanne Fahs o en el libro de Shiri Eisner. Aún así, podemos exponer las que se compartieron en un proyecto que llevábamos a cabo para la visibilitzación de la bifobia, que son vivencias más cercanas en casa nuestra. Judith comentaba: “Yo muchas veces me sentía presionada por mi novio a mantener relaciones sexuales con él y otras tías. A menudo me decía que tenía que estar interesada por el simple hecho de ser bisexual. No me lo decía directamente, era una insinuación constante. Algunas veces sí que lo había hecho y lo quería hacer, pero no me sentía con el derecho de poder escogerlo siempre (…) después cuando creía que a mí me podría gustar una chica se alteraba totalmente por la posibilidad que yo lo pudiera dejar por una tía. Varias veces utilizó la bisexualidad para insultarme y decirme que era una puta”.
Otra chica, S., explicaba: “Un día cuando estaba de fiesta con mis colegas al decir que era bisexual vino un tio, me puso la mano al culo y me dijo que buscáramos alguna chica por el local para hacer un trío. Ni me preguntó si estaba interesada en él!”. Isabel añade: “Le comenté a una amiga en la barra de un bar que era bisexual y un tio que había escuchado la conversación me entró directamente porque hiciera un trío con su novia (…) esto sin conocerlos de nada”.

Lo que muchas mujeres bisexuales explican a menudo es que no pueden expresar libremente su sexualidad sin el miedo al acoso u otras formas de violencia. Visibilizarse como mujer bisexual es, a ojos de un hombre machista y educado en la cultura de la violación, consentimiento para acceder sexualmente, sin preguntar o esperar a ser invitado. El que concluye Shiri Eisner en su libro es que más allá de ser aceptada, la bisexualidad femenina ha sido apropiada para el disfrute masculino hegemónico heterosexual.

La responsabilidad es del machismo, no de las mujeres

A menudo en entornos normativos (y en el propio ensayo de Breanne Fahs) se insinúa cierta responsabilidad de esta violencia a las mujeres bisexuales que tienen un comportamiento promiscuo o a aquellas que llevan a cabo prácticas bi-curiosas. Un apunte que hace Shiri Eisner en su libro es recalcar que la responsabilidad de esta violencia no es de ninguna mujer que decide ejercer su sexualidad como desea, sino que es estructural, es heteropatriarcal y de los hombres que no respetan el consentimiento. Cualquier mujer tiene que tener el derecho de explorar su sexualidad como quiera, y a que su consentimiento y su identidad se respeten siempre.

monosexismo, bifobia y binormatividad

Antes de empezar me gustaría hacer referencia a un libro, que ha sido uno de los que más me han inspirado en esta temática, y muchos de los conceptos que voy a describir. El libro se llama “Bi: Notes for a Bisexual Revolution” de Shiri Eisner.

También quiero hacer un comentario acerca de los movimientos LGBT que mencionaré a lo largo del texto. No quiero atacar a todo el colectivo LGBT, sino destacar la discriminación que también existen en algunos de estos colectivos y de los que yo también he participado en algún momento seguramente. Debo decir que la bifobia y la discriminación hacia personas bisexuales es mucho más fuerte por parte del ‘mundo heterosexual’ y que si hago referencia explícitamente a estos colectivos es para remarcar de que aún tenemos mucho trabajo por hacer (y yo misma me incluyo). Hay que valorar todo el trabajo que desde estos colectivos se ha realizado tanto históricamente como actualmente en la lucha contra la discriminación y la violencia en general.

Después de esta introducción y aclaración, voy a ir al grano:

La bisexualidad es una orientación sexual muchas veces difícil de definir. Se pueden encontrar varias definiciones, de hecho se pueden encontrar tantas como personas bisexuales existen. La controversia, pero, está servida, debido a los intensos debates que el propio prefijo “bi” genera. Actualmente hay dos definiciones de la bisexualidad que son más utilizadas: la primera es la que define la bisexualidad como aquella orientación sexual donde la persona se puede sentir atraída sexualmente y/o emocionalmente por personas de más de un sexo/género, a la vez o en momentos separados;  la segunda es la que define la bisexualidad como aquella orientación sexual donde la persona se siente atraída sexualmente y/o emocionalmente por personas de su mismo sexo/género y por alguno o algunos otros.

La controversia es debida a que inicialmente, debido al origen de la palabra ‘bisexualidad’ (del que hablaré seguramente más adelante en otra entrada), ha sido siempre definida como la orientación sexual en la que la persona se siente atraída por personas del género femenino y del masculino (o sea, dos géneros). Aún así, en la actualidad, donde los propios conceptos de sexo y de género son tan cuestionados, y donde la visibilidad de las personas trans, sean de género binario como de género no binario, o agénero, es más alta, el sentimiento de las personas bisexuales ha ido cambiando su propia definición. Pero a la vez, debido a este interno debate, han aparecido otro tipo de orientaciones sexuales, como la llamada pansexualidad u omnisexualidad, con las que hay personas que se sienten mejor identificadas para poder englobar todo tipo de posibilidades de géneros dentro de la atracción física y/o emocional, rompiendo así con la transfobia que algunas personas dicen que lleva el concepto de la bisexualidad. Ahora bien, siendo la bisexualidad una orientación sexual que no solamente se cuestiona una estructura social como es la monosexualidad, sino también el propio concepto del género, es una buena herramienta de identificación en muchos aspectos, aunque la palabra tenga un origen limitante, denigrante y patológico. Yo, como bisexual, me gusta el concepto de poderla utilizar como una herramienta de identidad política para contrarrestar el estigma con el que fue creada esta palabra. Todos los conceptos que voy a describir a continuación son válidos también para personas que prefieran identificarse como pansexuales u omnisexuales o cualquier orientación sexual que no sea la heterosexual o la homosexual.

El monosexismo es una estructura social que presupone que todas las personas nos sentimos atraídas solamente por un género. En el caso de la heterosexualidad, por el género contrario al nuestro, y en el caso de la homosexualidad, por nuestro mismo género. Esta estructura proviene de la estructura heteropatriarcal, que define y limita el género y la orientación sexual privilegiadas. Aún la intensa lucha feminista y de los movimientos sociales ‘homosexuales’ para romper esta estructura heteropatriarcal, quedan algunas estructuras que se derivan de ésta, muy arraigadas y poco cuestionadas en nuestra sociedad y en nuestro lenguaje. Una de las luchas de los movimientos ‘queer’ es romper con el propio concepto de género. Es por esta razón que la bisexualidad tendría que estar más ligada a este tipo de movimientos que van más a la raíz del problema y rompen con todas las estructuras que se derivan.

El monosexismo, por lo tanto, es la creencia de privilegio de las personas con una orientación sexual monosexual (heterosexual u homosexual) y de opresión hacia aquellas personas que no son monosexuales (bisexuales, pansexuales u omnisexuales).

 Socialmente se han creado muchos estereotipos entorno a la bisexualidad, estereotipos que sirven para discriminar, aislar y estigmatizar a las personas bisexuales, colocándolas en una posición de vergüenza, poco evolucionadas o ‘nocivas’ (malas) socialmente. Todos estos estereotipos en conjunto y el conjunto de situaciones, comentarios y estigmas discrminatorios hacia personas bisexuales se llaman actos bifóbicos. Para decirlo claramente, un tipo de violencia llamada bifobia. La bifobia es muy poco reconocida en todos los ámbitos, no solamente en el conjunto privilegiado  heterosexual, sino algunas veces también en los movimientos llamados LGBT (debido a que la bifobia también puede existir entre los colectivos homosexulaes y trans). Al considerarse la bisexualidad simplemente como una orientación sexual diferente a la heterosexualidad, solo se contempla la problemática de la homofobia que las personas puedan padecer cuando tienen relaciones con personas del mismo género. Pero más allá de todo esto existen una serie de ataques y situaciones vividas hacia las personas bisexuales que son debidas exclusivamente al hecho de su no-monosexualidad. Un pequeño resumen de algunos de los estereotipos sobre las personas bisexuales sería: ‘la bisexualidad no existe’, ‘lxs bisexuales son golfxs, putxs, promiscuxs e infieles’, ‘a lxs bisexuales les gustan todas las personas’, ‘lxs bisexuales nunca tienen relaciones estables y/o monógamas’, ‘lxs bisexuales son en realidad heterosexuales u homosexuales’, ‘lxs bisexuales en realidad pueden escoger ser heterosexuales u homosexuales’, ‘lxs bisexuales son personas que no tienen claras las cosas, no saben definirse, son inmadurxs o primitivxs’, o bien ‘lxs bisexualxs son portadorxs de enfermedades de transmisión sexual hacia el colectivo heterosexual’,’lxs bisexuales están solamente atravesando una etapa’. Se añade, además, de que hay una creencia social de que todo este tipo de comportamientos son altamente nocivos (van en contra de la norma social de lo que es correcto). El intento que muchas veces se hace desde algunos de los movimientos LGBT para defender la bisexualidad es de ‘normalización’ y de querer dejar claro que todos estos estereotipos no son ciertos y que las personas bisexuales no son así (algo que hemos hecho casi todas en algún momento de nuestra vida para defendernos cuando nos sentimos violentadas o atacadas). Ahora bien, esto es solamente una limpieza de cara y una manera de definir quien es un ‘buen’ bisexual y quien no lo es: una manera de que se acepte la orientación sexual para adaptarla a la sociedad (lo que podríamos llamar binormativización). Pero, como en todas las orientaciones sexuales, entre las personas bisexuales habrá que sean promiscuxs, habrá que no lo sean, habrá quien quiera tener sexo con mucha gente por separado y/o a la vez, habrá quien solamente con una persona o pocas, habrá quien en algún momento dado quieran escoger ser homosexuales, habrá quien quiera sentirse siempre bisexual, habrá de indecisas o indecisos, habrá quien tenga las cosas muy claras, habrá quien quiera la poligamia, habrá quien tendrá siempre relaciones monógamas. Y también habrá algunas que estén atravesando una etapa (también una persona puede considerarse homosexual o heterosexual durante una época y haber estado atravesando una etapa). O sea, como cualquier persona de cualquier orientación sexual. Atacar aquello que está mal visto socialmente para defender una orientación sexual es un acto de normativización, que excluye, avergüenza y no acepta a las personas que no tienen un determinado comportamiento que se considera correcto socialmente.

Debido a la sutileza de la bifobia y a la negación constante de su existencia (ya que a muchas personas les parecen normales y nada violentos comentarios como ‘lo que te pasa es que no sabes lo que quieres’, ‘lo que te pasa es que eres un vicioso y con dos sexos tienes más para elegir’, ‘yo no tendría nunca una relación con una persona bisexual porque es más probable que me deje o me engañe’, ‘las bisexuales no pueden ser monógamas ni fieles’), ésta no es fácilmente detectada y es aceptada como una cosa normal. Las personas bisexuales padecen de aislamiento, de cuestionamiento constante de su propio valor o existencia, de violencia sexual, de estigmatización, de discriminación de miedos, de depresión, de problemas de salud mental, etc.

 Las campañas que se hacen comúnmente para la bisexualidad son de visibilización de las personas bisexuales: son en resumen una manera de decir “soy bisexual, existo y soy normal como tú”. Aunque son positivos (mejor esto que nada), solo se quedan en la superficie. Casi nunca se visibiliza la bifobia y sus consecuencia. No se acostumbra a hablar de cómo las personas bisexuales viven la bifobia, de sus miedos, y de sus experiencias debido a tener una orientación sexual no monosexual, ni de cómo ésta intersecciona con otros tipos de privilegios/opresiones como pueden ser: clase social, género, raza, diversidad funcional, etc. Además, tampoco visibilizan como viven tanto la bifobia como la presión de la binormativización ciertas personas bisexuales que podrían realmente formar parte de alguno de los estereotipos socialmente no aceptados.

Para terminar, voy a compartir con vosotras un ejemplo de todo lo que he estado diciendo. Hoy en internet me he encontrado con una nueva campaña de visibilización de la bisexualidad. Aunque ya he dicho que creo que las campañas que solo pretenden visibilizar están mejor que nada, esta, a parte de visibilizar, pretende también visibilizar la bifobia, algo que al principio me ha emocionado.  Pero cuando he visto la exposición fotográfica y el texto no me ha gustado. ¿Por qué? Porque hace lo que he comentado anteriormente de defenderse de la bifobia demostrando que las personas bisexuales no somos lo que dicen que somos. Por tanto la considero un acto de binormativización. La única excepción es la que dice que las personas bisexuales somos tan viciosas como las demás personas. Pero el mensaje de “somos valientes” o bien “no somos promiscuos”, o bien “no es una etapa”, me parece discriminatorio y excluyente hacia las personas que no se sientan valientes, que no lo sean o que no quieran serlo, o personas que sean promiscuas, o quien a lo mejor pueda estar pasando una etapa o dude de que la esté pasando. No me gusta este tipo de exclusión y de vergüenza hacia una parte del colectivo que es tan bisexual y merece su aceptación igual que las demás. Entonces, después de esto, ¿quién visibilizará los miedos generados en las personas bisexuales promiscuas o indecisas o perdidas o no valientes debido a su sentimiento de exclusión y de aceptación social dentro y fuera del colectivo bisexual, LGBT o feminista? Aquí os dejo el link de la campaña donde se puede ver la exposición fotográfica:

http://xega.org/xega/noticias/xega/area-be-sexual-xega_presenta_exposicion_fotografica_soy_bisexual

Bienvenidxs

En este blog quiero abrir un espacio de reflexión y de inflexión, de deconstrucción y de construcción. Un espacio para compartir temas, pensamientos, experiencias y reflexiones en torno al género, a la orientación sexual, el feminismo, la violencia, el sexo y todas aquellas cosas que puedan surgir inspiradas por éstas temáticas. Desearía que fuese un espacio donde todxs pudiésemos participar, debatir, compartir y pensar. Nuestras vivencias, nuestras ideas, todas bienvenidas. No me importa tu género, porque de eso se trata. No quiero limitar el tema del feminismo y de la violencia de género a las mujeres, ni siquiera que solamente nosotras tengamos la palabra. Así que, es un espacio de todxs y para todxs.

He escogido el castellano como lengua del blog. Aunque mi lengua materna es el catalán, creo que usando el castellano se puede ampliar un poco más la cantidad de gente con la que poder compartir. Más adelante seguramente traduciré las entradas al catalán y al inglés. Todo depende de su evolución.

El lenguaje de este blog intentará hacerse utilizando un género neutro, o combinando el masculino y femenino aleatoriamente o dependiendo del contexto. Se pretende así no utilizar el género masculino por defecto. También se utilizarán ‘x’, ‘@’ o ‘_’ en muchas ocasiones para neutralizar el género.

Debo añadir que tengo la tendencia muchas veces a no usar las letras mayúsculas de forma consciente. Es una cuestión, no estética, sino conceptual y filosófica. No me gusta que haya cosas que sean más importantes que otras. Intentaré, también de forma consciente, usar las mayúsculas, para que sea más fácil de leer y comprender.

La intención es que este espacio vaya mutando a lo largo del tiempo, como parte de su evolución. Es un proceso, y siempre lo será. Este espacio es también un experimento, personal, social, político y de intercambio. La intención es compartir.

He empezado este proyecto por motivos e inquietudes personales. Desde hace muchos años he estado en lucha conmigo misma con el tema de la feminidad y la masculinidad, con la violencia sexual y con la violencia de género (no pretendo mezclar los dos conceptos, sino sumarlos) y con la mezcla de las dos. Además, la temática de género y el feminismo me obsesionan. Seguramente de una forma bastante distinta de la que una mayoría podrían sentir; siempre he sido más bien de construir mi propia visión de las cosas. Prefiero los feminismos que tratan de romper las normas desde la base, y es por eso que soy más de movimientos como el queer. También la violencia de género relacionada con la orientación sexual me preocupa; al no tener una orientación sexual “normativa”, ni siquiera monosexual, me he sentido muchas veces violentada por mis propios pensamientos y miedos sociales. Mi bisexualidad es solamente una identidad de lucha política. No me siento identificada con ningún género ni ninguna orientación sexual, porque cada vez creo menos en ellos; para mí forman parte de mi vida solo como una realidad de opresión y de lucha política, no de identificación. En cuanto al sexo, creo que socialmente hay mucho por arreglar. El sexo es una de las pocas cosas que debemos esconder de nuestras vidas, y mientras se censura el sexo en las imágenes del espacio público, la estructura heteropatriarcal y el capitalismo utilizan éste para imprimir en nuestros cuerpos códigos, limitaciones, sexualizaciones, creándonos como objetos y a la vez sujetos de una industria y de una estructura de poder que nos mutila a todxs, no solamente mentalmente, sino también físicamente.

Así empiezo este proyecto. Cojo aire, respiro, le doy al botón, y a empezar. Bienvenidxs.