¿qué tenemos en común Trans, Feministas Queer y Autistas?

por Maria/Pau Masats (de Amors Plurals)

En la charla-debate Lucha trans, feminismos y políticas de disidencia sexual que tuvo lugar el 5 de octubre de 2011 en el CSO Casablanca de Madrid, muchas asistentes coincidimos en señalar que un punto común entre la lucha a favor de la despatologización de la transexualidad y los feminismos de tendencia queer o transfeminismos es la crítica al sistema binario de géneros. También quedó patente que ni todas las personas trans, ni todas las personas con valores o ideas feministas comparten esta opinión, pues hay quien defiende a muerte el binarismo: desde el o la transexual que “necesita” cambiar “al otro” sexo (como si solo hubiera dos y hubiera nacido con el cuerpo equivocado), hasta la mujer (nacida mujer) separatista que considera a las personas trans como enemigas a las que combatir. Algunas feministas tránsfobas no aceptarán jamás que las personas transexuales que se autodefinen como mujeres puedan entrar en determinados espacios exclusivos “para mujeres”, porque en sus ojos siguen siendo hombres; perciben su transexualidad como una caricaturización de la feminidad o, peor aún, como una estratagema para invadir esos espacios exclusivos. Y por supuesto, tampoco abrirán las puertas a los hombres trans, o según ellas, traidoras que reniegan de su propia clase para alinearse con el enemigo.

Afortunadamente en la España urbana (no quiero generalizar, pues desconozco la sociedad rural) predominan las corrientes que cuestionan los sistemas binarios mujer-hombre, femenino-masculino, rosa-azul. También, en comparación con otros países a los que tanto admiramos y tomamos como referentes culturales, aquí hay mucha más aceptación de la diversidad y mayor trasvase de ideas entre distintos grupos, tribus, colectivos, sujetos políticos… o yo diría entre personas, simplemente personas. Estamos más abiertas a conocer las diferencias, a comprenderlas, a apropiárnoslas; nos replanteamos las viejas teorías e integramos las nuevas propuestas en nuestros discursos. Somos menos dogmáticas, y por lo tanto, más flexibles… pero ni siquiera sabemos apreciarlo. Un claro ejemplo de ello es que ante la pregunta que se planteó en el debate ¿Qué aportan los feminismos a la lucha trans y viceversa?, mientras aquí se listó una serie de aportaciones en uno y otro sentido, sin que se escuchara ninguna objeción, en algunos foros de habla inglesa la respuesta mayoritaria que he leído es: NADA.

Y a pesar de esta mayor abertura de miras, en la charla eché en falta la representación de otro grupo afectado por la normatividad de género binaria: las personas con autismo. Con ello no quiero excluir otras realidades igualmente afectadas, solo trato de plantear las cuestiones que surgen desde mi propia experiencia. No me otorgo el derecho de abogar por realidades ajenas, ¡ojalá salgan más voces y testimonios de víctimas del binarismo! Yo, como persona que me autodefino como neuro-atípica y simpatizo con aspis, quiero denunciar las teorías neurocientíficas en las que se basan muchos tests que se utilizan para calcular el coeficiente de autismo, y que se podrían resumir así: existen cerebros femeninos y cerebros masculinos.

¿Quién no ha escuchado alguna vez aquello de los hombres vienen de Marte y las mujeres vienen de Venus? Esta cita dio título a una obra que refleja muchos tópicos sobre los géneros, como que los hombres son más racionales y las mujeres más empáticas. Y al parecer se sustentan en una base científica “incuestionable”: los niveles de testosterona en el útero materno influyen en el desarrollo cerebral del embrión, de manera que ya en esa fase tan temprana se van determinando muchas de nuestras características. Todo lo que ocurra a partir del nacimiento parece importar poco o nada a estas personas defensoras a ultranza del determinismo biológico. Para ellas, si una niña a la que no le gusta jugar a muñecas arranca la cabeza a la barbie que le regaló su tía abuela, la explicación se encuentra en los niveles de testosterona a las que estuvo expuesta durante la gestación; no tiene nada que ver con la presión social y cultural en la que haya crecido, nada que ver con una rebeldía a la insistencia para que juegue a “cosas de niñas”.

La idea de un cerebro masculino y un cerebro femenino resulta muy atractiva, y da unos pingües beneficios: se han vendido más de 50 millones de ejemplares de la guía de convivencia extraplanetaria entre marcianos y venusianas. Por si eso fuera poco, una gran eminencia en el campo de la neurociencia, el doctor Simon Baron-Cohen (el primo del actor) añade otra hipótesis: las diversas afecciones descritas dentro del espectro autista se darían en personas con un cerebro extremadamente masculino, es decir, con un nivel de sistematización muy alto y un nivel de empatía muy bajo. Lo curioso es que no describe en qué consistiría un cerebro extremadamente femenino.

En esta línea de investigación, realiza un experimento que “demuestra” que los hombres transexuales tienen un cociente de autismo superior al de hombres y mujeres “típicos” y también al de mujeres transexuales, pero algo inferior al de adultos con síndrome de Asperger. Sus conclusiones, publicadas en el Science Daily, no tienen desperdicio, por la transfobia que destilan.

Las chicas con un número de rasgos autistas superior a la media tienden a tener intereses típicos masculinos y muestran una preferencia por los sistemas por encima de las emociones. Prefieren no socializar con chicas típicas porque tienen intereses distintos, y porque las chicas típicas de media tienen unas habilidades sociales más avanzadas. Ambos factores conducen a las chicas con un número elevado de rasgos autistas a socializar con chicos, a creer que tienen una mente masculina en un cuerpo femenino, y a atribuir su infelicidad al hecho de ser mujer.

Las palabras de su colaboradora en el experimento, otra perla:

Si estas chicas creen que tienen una mente masculina en un cuerpo femenino, su número de rasgos autistas superior a la media puede significar también que tienen unas creencias muy arraigadas y que las llevan hasta la última consecuencia: en su adultez eligen una operación de reasignación de sexo.

En el 2004, el doctor Baron-Cohen y el equipo de investigación de la Universidad de Cambridge publicaron varios tests para calcular el cociente de espectro autista (AQ), el cociente de empatía (EQ) y el cociente de sistematización (SQ), entre otros. Sus investigaciones posteriores se sustentan en estos cocientes.

Y precisamente una de las objeciones que se me ocurre para cuestionar los experimentos de Baron-Cohen y compañía es que los valores de los cocientes se obtienen a partir de valoraciones subjetivas, de la percepción que tiene de sí misma la persona que realiza los tests, en lugar de obtenerse de pruebas diseñadas con mayor rigor empírico. Mi caso particular: la primera vez que me enfrenté con el test del cociente de espectro autista, fui prudente en las respuestas: al no tener una idea preconcebida de cómo actuaría en muchas de las situaciones que se detallaban, elegía las opciones con atenuantes: “probablemente sí”, “probablemente no”… Dos semanas más tarde repetí el test, y como en este tiempo había hecho una introspección profunda para conocer mejor mi reacción en estos escenarios hipotéticos, pude responder de forma más categórica: “seguro que sí”, “seguro que no”. La segunda vez obtuve un cociente más alto. Y además, una recompensa: ya me sentía mucho más legitimada para formar parte del grupo de adultos (autodiagnosticados) con síndrome de Asperger.

¿Qué había sucedido? ¿De pronto había aumentado el nivel de testosterona prenatal? ¿Con mis reflexiones había adquirido un mayor conocimiento de mí misma y, por consiguiente, debía dar por válido el segundo resultado? ¿O la segunda vez había habido una mayor sugestión del subconsciente para responder según patrones propios de aspis que había aprendido y había asimilado como propios? De todas las opciones, la primera se perfila como muy improbable, pues no se me ocurre cómo podría haber aumentado el efecto de las hormonas durante la gestación, no tengo constancia de ninguna distorsión espacio-temporal ni salto cuántico a otro verso paralelo que pudiera haber alterado las condiciones del embarazo de mi madre. Y las otras dos se deben a causas circunstanciales externas, ajenas a la biología.

Otra objeción: en otra serie de tests me salió un cociente muy bajo en empatía, y un cociente también muy bajo en sistematización. Según una tabla que relaciona ambos parámetros, mi cerebro no es ni masculino ni femenino, sino equilibrado… Curiosamente, alguien con ambos cocientes muy elevados también tendría un cerebro equilibrado, aunque lo más probable es que nuestros procesos mentales no tuvieran nada en común.

Y tercera objeción: el propio Baron-Cohen reconoce haberse cuestionado los principios más básicos en los que sustenta todas sus teorías, pero no ha rectificado ni un ápice.  La máxima “rectificar es de sabios”, será que no todos los sabios lo aplican (o no todos los que se consideran sabios, lo son).

Quizá no exista el experimento social perfecto, las emociones y reacciones humanas no son ciencias exactas. Pero precisamente por ello habría que tener más cuidado antes de postular teorías que condenen a una parte de la población a quedar relegada en un plano inferior.

University of Cambridge. “Female-to-male transsexual people have more autistic traits, study suggests.” ScienceDaily. ScienceDaily, 5 May 2011.

skoliosexualidad, skolioromanticidad y skoliosensualidad

por Karura

Skolio significa “Anómalo” y es la palabra griega correspondiente al inglés “queer”. Toda orientación iniciada por “skolio” define una atracción exclusiva hacia los géneros no binarios.

Por lo tanto la skoliosexualidad es la atracción sexual hacia personas de identidades no binarias. Esto no tiene que ver con un tipo de cuerpo sea diádico o intersexual. Sino con como es leido este. Existen cuerpos diádicos binarios y diádicos no binarios y, por lo tanto, existen cuerpos intersexuales binarios y cuerpos intersexuales no binarios.

En el caso de la skolioromanticidad (odio usar “ismos” en sexualidadades) es mas sencillo ya que simplemente es la atracción hacia aquellas identidades no binarias y sus etiquetas.

Yo por mi parte soy skoliosensual, es decir siento atracción erótica-sensitiva (y deseo de realizar cosas como besar,acariciar,abrazar,agarrar de la mano, etc) hacia personas de identidades no binarias.

orientaciones sexuales

Ésta entrada pretende ser una continuación de la anterior “sexo y género”, ya que las orientaciones sexuales se definen entorno a éstos dos conceptos, pero no son lo mismo. Como ya comenté también en la otra entrada, mi intención no es clasificar a las personas, ni utilizar esta clasificación para discriminar. Mi intención es visibilizar una realidad plural y mucho más diversa que la normativa. Es posible que me esté dejando alguna categoría o grupo, y si es así pido disculpas. No es fácil dar cabida a toda la pluralidad existente, y si alguien cree que me estoy dejando algo importante que lo comente sin problemas.

La orientación sexual (tendencia sexual o inclinación sexual) es la atracción o deseo sexual y emocional hacia un determinado grupo de personas definidas por su género y/o sexo.

Existen dos grandes grupos de orientaciones sexuales: las monosexuales (donde la persona se siente atraída sexualmente y emocionalmente hacia un determinado género o sexo) y las no monosexuales (donde la persona se siente atraída sexualmente y/o emocionalmente por más de un género o sexo). El hecho de que aquí incluya los dos conceptos de sexo y género es porque la atracción puede venir determinada por una fisionomía determinada (que puede ser más definida por el sexo de la persona) y/o por un conjunto de rasgos más bien performativos, identificativos, de roles o de carácter o manera de relacionarse (que puede ser más definida por el género de la persona). También distingo entre atracción física (sexual) y emocional, porque estas dos pueden diferir cuando se trata de orientaciones sexuales no monosexuales (se puede, por ejemplo, sentir atracción sexual por dos o más géneros o sexos distintos pero solamente atracción emocional por un género determinado).

Las orientaciones sexuales monosexuales son las más conocidas: heterosexualidad (donde la persona se siente atraída por personas del sexo o género opuesto al suyo, o similares) y la homosexualidad (donde la persona se siente atraída por personas del mismo sexo o género al suyo, o similares). Estoy incluyendo géneros “similares” debido a que en las últimas décadas muchas más formas de expresión de género han sido más aceptadas y/o visibilizadas (más, pero no mucho) y puede generalizarse un poco en estas dos orientaciones. Son comunes las críticas que se hacen sobre la transfobia que conlleva la definición de sentirse atraído por el mismo género u el opuesto solamente; hay que tener en cuenta que cuando se definieron estas orientaciones se hizo desde una estructura binaria de género, donde solo se aceptaba la existencia de los géneros masculino y femenino. A las personas homosexuales de género masculino se les suele llamar gais (plural de gay) mientras que a las personas homosexuales de género femenino se les suele llamar lesbianas.

Las orientaciones sexuales no monosexuales son muchas, pero normalmente se incluyen todas en lo que se llama el “paraguas de la bisexualidad”. La bisexualidad (que ya definí y expliqué en la entrada “monosexismo, bifobia y binormatividad”) es la orientación sexual donde la persona puede sentirse atraída sexualmente y/o emocionalmente por personas de más de un género o sexo distintos. También puede definirse como la orientación sexual donde la persona se siente atraída sexualmente y/o emocionalmente por personas de su mismo género o sexo y algún/os otro/s más. Pero hay más orientaciones sexuales que entrarían en este llamado “paraguas”, como serían, por ejemplo: pansexual/omnisexual, polisexual, queer, fluid, homoflexible, lesboflexible, heteroflexible, bi-curioso/a, etc. Pansexual/omnisexual se refiere a las personas que se sienten atraídas por personas de todos los géneros y sexos o por personas de múltiples géneros y sexos, o independientemente del sexo o género. Polisexuales son las personas que se sienten atraídas por personas de muchos géneros y sexos distintos (pero no todos). Queer es una identidad no específica que describe cualquier persona que diverge de la heterosexualidad, monogamia y de la sexualidad “vainilla”; es usado para denotar atracción hacia personas de más de un género, o muchos. Fluido describe atracción que cambia o puede cambiar con el tiempo (hacia personas de varios géneros). Homoflexible o lesboflexible son personas que normalmente se sienten atraídas por personas de géneros similares al suyo, pero que ocasionalmente pueden sentirse atraídas per personas de géneros diferentes al suyo. Heteroflexible son personas que normalmente se sienten atraídas por personas de géneros diferentes al suyo, pero que ocasionalmente pueden sentirse atraídas por personas de géneros similares al suyo. Bi-curioso/a son personas que son normalmente heterosexuales, lesbianas o gais y que tienen curiosidad en experimentar con personas de géneros diferentes a los de su preferencia usual.

Además, también existen otras tres llamadas orientaciones sexuales: la asexualidad, la gray-a y la demisexualidad. La asexualidad es cuando la persona no siente atracción sexual, la gray-a es una orientación que cae entre medio de ser una persona sexual y una asexual, y la demisexualidad es cuando la persona solamente experimenta atracción sexual cuando antes ha creado un vínculo emocional con otra persona. Las personas asexuales, gray-a y las demisexuales pueden tener varios tipos de orientaciones románticas (atracciones emocionales hacia un determinado grupo de género): heterorománticas, homorománticas, birománticas, panrománticas, greyrománticas, arománticas, etc.

Existen estructuras sociales que dan privilegio a ciertas orientaciones sexuales. El heterosexismo, el monosexismo y el alosexismo, son estructuras sociales que presuponen que las personas deben ser heterosexuales, monosexuales o sexuales, respectivamente, y que por tanto otorgan ciertos privilegios a estas orientaciones sexuales. Además, debido a estas estructuras sociales de poder y privilegio existen las llamadas “fobias” que generan violencia (en forma de discriminación, violencia física, exclusión, difícil acceso a determinados servicios, estereotipos, estigmas, etc) sobre determinados grupos de orientaciones sexuales. Por ejemplo, la homofobia (a homosexuales y en algunos casos a personas no monosexuales, como por ejemplo a bisexuales), la bifobia (a personas no monosexuales, como las bisexuales, y en algunos casos a homosexuales) o la afobia (a personas asexuales, demisexuales, gray-a). El hecho de que también exista homofobia hacia personas bisexuales hace referencia a los casos de violencia por el hecho de estar teniendo una relación con una persona de tu mismo género en un momento de tu vida; el de la bifobia hacia personas homosexuales es algo que pasa, por ejemplo, en un tipo de agresiones sexuales a lesbianas debido al fetiche creado alrededor de la bisexualidad (algo que trataré en una entrada cuando hable de la intersección entre la bisexualidad y el género femenino).

Como ya comenté en la entrada de “sexo y género”, a mí no me gusta clasificar, y creo que la variabilidad y la pluralidad en cuanto a las sexualidades es enorme y única para cada persona. Todas estas clasificaciones ayudan a visibilizar problemáticas sociales, como las estructuras o las fobias, políticas, la gran variedad de sexualidades no “normativas”. Así que, al final, yo siempre opto por no encasillarme en nada, aunque si tengo que definirme me defino como bisexual (por razones políticas).

Bienvenidxs

En este blog quiero abrir un espacio de reflexión y de inflexión, de deconstrucción y de construcción. Un espacio para compartir temas, pensamientos, experiencias y reflexiones en torno al género, a la orientación sexual, el feminismo, la violencia, el sexo y todas aquellas cosas que puedan surgir inspiradas por éstas temáticas. Desearía que fuese un espacio donde todxs pudiésemos participar, debatir, compartir y pensar. Nuestras vivencias, nuestras ideas, todas bienvenidas. No me importa tu género, porque de eso se trata. No quiero limitar el tema del feminismo y de la violencia de género a las mujeres, ni siquiera que solamente nosotras tengamos la palabra. Así que, es un espacio de todxs y para todxs.

He escogido el castellano como lengua del blog. Aunque mi lengua materna es el catalán, creo que usando el castellano se puede ampliar un poco más la cantidad de gente con la que poder compartir. Más adelante seguramente traduciré las entradas al catalán y al inglés. Todo depende de su evolución.

El lenguaje de este blog intentará hacerse utilizando un género neutro, o combinando el masculino y femenino aleatoriamente o dependiendo del contexto. Se pretende así no utilizar el género masculino por defecto. También se utilizarán ‘x’, ‘@’ o ‘_’ en muchas ocasiones para neutralizar el género.

Debo añadir que tengo la tendencia muchas veces a no usar las letras mayúsculas de forma consciente. Es una cuestión, no estética, sino conceptual y filosófica. No me gusta que haya cosas que sean más importantes que otras. Intentaré, también de forma consciente, usar las mayúsculas, para que sea más fácil de leer y comprender.

La intención es que este espacio vaya mutando a lo largo del tiempo, como parte de su evolución. Es un proceso, y siempre lo será. Este espacio es también un experimento, personal, social, político y de intercambio. La intención es compartir.

He empezado este proyecto por motivos e inquietudes personales. Desde hace muchos años he estado en lucha conmigo misma con el tema de la feminidad y la masculinidad, con la violencia sexual y con la violencia de género (no pretendo mezclar los dos conceptos, sino sumarlos) y con la mezcla de las dos. Además, la temática de género y el feminismo me obsesionan. Seguramente de una forma bastante distinta de la que una mayoría podrían sentir; siempre he sido más bien de construir mi propia visión de las cosas. Prefiero los feminismos que tratan de romper las normas desde la base, y es por eso que soy más de movimientos como el queer. También la violencia de género relacionada con la orientación sexual me preocupa; al no tener una orientación sexual “normativa”, ni siquiera monosexual, me he sentido muchas veces violentada por mis propios pensamientos y miedos sociales. Mi bisexualidad es solamente una identidad de lucha política. No me siento identificada con ningún género ni ninguna orientación sexual, porque cada vez creo menos en ellos; para mí forman parte de mi vida solo como una realidad de opresión y de lucha política, no de identificación. En cuanto al sexo, creo que socialmente hay mucho por arreglar. El sexo es una de las pocas cosas que debemos esconder de nuestras vidas, y mientras se censura el sexo en las imágenes del espacio público, la estructura heteropatriarcal y el capitalismo utilizan éste para imprimir en nuestros cuerpos códigos, limitaciones, sexualizaciones, creándonos como objetos y a la vez sujetos de una industria y de una estructura de poder que nos mutila a todxs, no solamente mentalmente, sino también físicamente.

Así empiezo este proyecto. Cojo aire, respiro, le doy al botón, y a empezar. Bienvenidxs.