mi bisexualidad es una herramienta política

Pasa a menudo que en activismos y políticas radicales contra el heterosexismo y el patriarcado nos vemos envueltas en la necesidad de empoderarnos a través de toda la simbología que nos ha venido impuesta; se usa muy a menudo en el feminismo el lesbianismo para combatir el heterosexismo y el sexismo. ¿Es posible que las identidades plurisexuales queden al margen de estas políticas? ¿Es la lucha contra el monosexismo también una lucha contra el heteropatriarcado? Es más, ¿tiene sentido la lucha contra el monosexismo? Tener que ‘plantear’ esta última pregunta puede ofender a muchas personas oprimidas por esta estructura de poder, ya que siendo oprimidas esto no tendría ni que entrar en cuestión; pero muchas otras personas siguen insistiendo que tal opresión no existe y por tanto que es una lucha sin sentido. Quiero en este texto, no solamente reivindicar la lucha contra el monosexismo como la lucha contra la opresión hacia personas con identidades no monosexuales, sino también como una lucha que ataca directamente al propio patriarcado, al heterosexismo y otras estructuras más. La erradicación constante de nuestras opresiones no dejan mostrar que en el monosexismo se esconden muchas más presiones sociales que las que podrían parecer en un principio. El monosexismo sirve incluso para perpetuar la cultura de la monogamia impuesta, para ejercer presión para la ‘estabilidad’ social definida y para el capitalismo. Y sobre todo, el monosexismo sirve para perpetuar y fortalecer el heterosexismo y el sexismo.

A las personas bisexuales y de otras identidades plurisexuales se nos lee como mitad heterosexuales y mitad homosexuales. Nuestras vivencias son siempre leídas desde una perspectiva puramente monosexual. Esto forma parte de una estructura monosexista en la que la bisexualidad como experiencia diferenciada de la monosexualidad es totalmente erradicada. ¿Por qué esta erradicación? ¿Tiene algún interés el heteropatriarcado en que las personas no monosexuales no existamos?

Uno de los principales intereses del patriarcado es marcar una línea muy clara entre la construcción ‘hombre’ (el privilegiado) y la de ‘mujer’ (y evidentemente erradicar la posibilidad de la existencia de otros géneros). Esta jerarquía binaria para mantenerse debe estar reforzada con más estructuras que ayuden a sustentarla, como el heterosexismo. La construcción y jerarquía patriarcal se alimenta de la heterosexualidad para mantener el privilegio de la masculinidad hegemónica. El heterosexismo nos dice lo que claramente es ‘correcto’, ‘aceptable’ y ‘sano’ (¡incluso natural!): la heterosexualidad. El heterosexismo es una herramienta patriarcal con un poder increíble: nos marca, por ejemplo, cuales son ‘los hombres de verdad’, aquellos que tendrán acceso a la propiedad de las mujeres y de su reproducción, aquellos que accederán a más privilegios en general, y los que quedan fuera y descartados. El heterosexismo no nos dice que la ‘homosexualidad’ no existe; éste acepta su existencia, pero la pone en una posición ‘dañina’, ‘discriminable’ y ‘fuera de la red de lo aceptable’. Y, especialmente, le gusta y le interesa poder detectar a estas personas ‘dañinas’ para limpiar al heteropatriarcado del posible daño que éstas puedan crear dentro de su red. O sea, que deben ser señaladas y excluidas.

Es en este punto donde la no monosexualidad entra en juego. ¿Qué interés puede tener el heteropatriarcado en borrar la posibilidad de que exista la no monosexualidad? En una estructura jerárquica como la heteropatriarcal, es de mucho valor marcar bien la diferencia de género y también la de orientación sexual. Esta diferencia no puede ser ensuciada por nada que pueda dejar estos límites y jerarquías poco claras. El monosexismo es una estructura que el heteropatriarcado genera para poder mantener las jerarquías de género y de orientación sexual. Cualquier factor que pueda ‘molestar’ en la división hetero/homo debe ser automáticamente y completamente borrado. Es esta misma idea la que creó la bisexualidad con todos sus estereotipos y fábulas a su alrededor. Solo hace falta irnos a Freud, ejemplo claro de que el propio monosexismo ‘inventó’ la bisexualidad como deseo sexual (no como orientación sexual u opción válida y dejándola en un pasado primitivo), añadiéndole la carga de lo no posible y lo inexistente. Todos los estereotipos de la bisexualidad están fuertemente ligados al miedo social de la existencia de algo que pueda ir ‘saltando’ entre dos mundos creados para que fueran ‘estables’ y no debieran tocarse, por la necesidad de que fueran jerárquicamente opuestos. El monosexismo estabiliza el heterosexismo.

Las personas bisexuales somos inestables, no existimos, somos infecciosas, traidoras, excesivas, infieles… en definitiva: nuestra vivencia está marcada por una esencia llena de conceptos leídos como socialmente dañinos mientras a la vez se niega constantemente nuestra existencia y se nos sigue leyendo como mitad una cosa y mitad otra, como si de un binario hetero/homo se tratara. Nuestras vivencias no monosexuales no existen, solo existen cuando se nos quiere recordar que somos suma de dos cosas (de ahí el estereotipo de nuestra hipersexualidad o promiscuidad), que cambiamos entre dos estados (de ahí el estereotipo de nuestra infidelidad o traición), que todas en realidad podemos ser bisexuales (de ahí nuestra no existencia), de que vivimos entre dos mundos (de ahí nuestro estereotipo de la infección), de que no sabemos escoger entre las dos monosexualidades (de ahí el estereotipo de la confusión, inestabilidad y fase). Nuestra opresión no se muestra ya que no se acepta nuestra existencia fuera de una combinación de los dos únicos estados que el heteropatriarcado define como estables: el bueno y el malo.

A través del monosexismo el heteropatriarcado lo que pretende es estabilizar las jerarquías. La existencia de la no monosexualidad deja en jaque a cualquier forma de poder demostrar la existencia misma de la heterosexualidad (y por tanto de los privilegios que se otorga a ésta); nuestro supuesto ‘poder de elección’ deja en jaque a la construcción heterosexista del ‘nacido así’ (‘born this way’); nuestra supuesta ‘no preferencia’ en la elección de género pone en jaque a las propias jerarquías de género y la matriz heteropatriarcal; nuestra supuesta ‘promiscuidad’ hace temblar al tipo de cultura monógama heteropatriarcal posesiva e insensible. La existencia de la falta de estabilidad, de la posibilidad del cambio, de la fluidez, de la elección, es la enemiga de la insensibilidad relacional que nos ha venido impuesta por todas las estructuras y por el capitalismo. El monosexismo nos ‘estabiliza’, nos ‘encierra’, nos ‘estanca’, y no nos permite tener en cuenta los constantes cambios, voluntades y deseos de las demás. El monosexismo nos aísla en nuestras ‘cajas’, totalmente jerarquizadas. El monosexismo es el enemigo del cambio.

Mi bisexualidad no es una identidad sexual; tampoco me quiero normalizar. Yo la uso en mi lucha contra el monosexismo como herrramienta política. Es una herramienta contra el heteropatriarcado. Es una herramienta contra la jerarquía y la demanda constante de una estabilidad impuesta para mantener estructuras. Es una herrramienta de infección, contra el miedo a la mezcla, a lo que se define como ‘exceso’, a la fluidez. Es una herramienta a favor a las fases, y a favor a la sensibilidad constante hacia las personas que nos rodean y con las que nos vinculamos. Es una herramienta a favor de la elección, y del respeto constante hacia el consentimiento. Es una herramienta que pretende explotar cualquier intento de normativización que quiere hacerme parecer una buena bisexual, lesbiana y/o heterosexual. Es una herramienta a favor de lo que ha sido definido por las estructuras como ‘lo auténtico’. Es una herramienta pro-elección y que junto al feminismo me permite poner normas y límites que puedo escoger en base a parámetros políticos. Es una herramienta a favor del cambio, y una herramienta que rompe con la idea de que lo leído como primitivo es algo insano y lo ‘evolucionado’ (como las estructuras de poder jerárquicas) es necesario y bueno. Es una herramienta contra la construcción binaria natural/artificial. En definitiva, es una herramienta contra el orden establecido, a favor de la multiplicidad, de lo híbrido, del cambio y de la no suposición, que nos permite acceder de forma más sensible a nuestros deseos y a los de las demás.

(En este texto cuando hablo de la cultura de la monogamia hablo de ella, no como cantidad de relaciones sino como estructura de poder o sistema. Utilizo plurisexual como término para referirme a todas las orientaciones o identidades no monosexuales donde existe una atracción sexual y/o afectiva hacia más de un género, entre las que se encuentra la bisexualidad, polisexualidad, pansexualidad, etc etc)

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discriminación por orientación sexual y monosexismo

Las personas no monosexuales somos constantemente leídas como la suma de dos monosexualidades. Esto, a parte de esconder un montón de no monosexualidades no basadas en los géneros no binarios, es una visión monosexista simplista de como se nos ha enseñado a leer las orientaciones. Todo nuestro vocabulario, toda la simbologia que nos rodea, está llena de monosexismo.

Constantemente se nos dice que solo se nos ‘discrimina’ cuando tenemos una pareja del mismo género que nosotres. Esta percepción sitúa a las personas plurisexuales entre el privilegio (heterosexualidad) y lo único que es percibido como ‘opresión real’ (homosexualidad). De esta forma se borra totalmente la vivencia no monosexual y la opresión padecida por tener una orientación no monosexual.

Cada estructura de poder tiene sus formas distintas de funcionar y de expresarse. La característica principal del monosexismo es la de la erradicación. Se borra toda posibilidad de la existencia no monosexual a través de todo un sinfín de expresiones, formas de hablar, y de clasificaciones. No existe la posibilidad de expresarla, y solo se expresa cuando hay necesidad de otorgarle caracteres socialmente dañinos en forma de estereotipos que nos estigmatizan. Es debido a esto que al final gran parte del activismo bisexual se desgaste en la ‘bisibilización’, quedándose en la superficie. Además que para defendernos de ese sinfín de estereotipos caemos en una normativzación que agrede a muchas personas y refuerza otras estructuras de poder.

Al ser nuetra experiencia ‘no posible’, nuestra opresión tampoco parece existir. Es más, debido a que la violencia que padecemos es más simbólica que directa, aún hace más difícil cuantificarla y mostrarla. Por poner un ejemplo, normalmente se cuantifican las ‘discriminaciones’ a través de la muestra de agresiones físicas o de situaciones donde se nos ha discriminado. Pero solo se leen estas discriminaciones cuando son debidas a tener una pareja del mismo género. ¿Es posible cuantificar la violencia simbólica? ¿Realmente afecta tanto la violencia simbólica?

La única forma de ‘cuantificar’ nuestra opresión es a través de estadísticas de salud, slaud mental o pobreza. La mayoría de estudios (que no son muchos, ya que la propia erradicación de la bisexualidad hace que ésta no se tenga en cuenta generalmente en los estudios) donde se ha diferenciado la homosexualidad de la bisexualidad ha mostrado que las personas bisexuales padecen índices mayores de ansiedad, depresión y problemas de salud en general; también de pobreza, intentos de suicidio o violencia sexual. El constante desprecio, borrado y menosprecio hacia lo que sentimos, la constante necesidad (impuesta desde fuera) de que seamos algo que no somos, que nos definamos como no somos, nos afecta. La forma monosexista de expresarse nuestra sociedad acaba afectando cada una de nuestras vivencias. No podemos dejar de sentir, de ser no monosexuales, cada vez que nos relacionamos, cada vez que nos sentimos apartades, cada vez que sentimos que cuando queremos expresar nuestras vivencias tenemos que hacerlo con un lenguaje mestizo, mezcla de dos lenguajes definidos que no nos representan. La hostilidad que sentimos en ciertos entornos, el constante aislamiento a lo que nos somete toda esta estructura nos afecta; afecta cada instante de nuestra vida, y afecta cada parte de nuestro cuerpo. Hostilidad que muchas veces (la mayoría de ellas) también proviene de nuestras parejas, familiares o amigues. Es común padecer bifobia en nuestras relaciones emocionales, afectivas y sexuales. Y toda esta ‘discriminación’ no nos es posible contabilizarla con la forma impuesta que nos ha venido de contabilización de discriminación; solo a través de datos indirectos por vernos afectades por un sinfín de símbolos que nos hace el día a día una cuesta más arriba.

Esta entrada se la dedico a todas esas personas que me repiten demasiado a menudo que a las personas bisexuales solo se nos discrimina cuando tenemos lo que ellas llaman una ‘relación homosexual’. No se dan cuenta que diciendo esto ya están usando un lenguaje monosexista que me agrede, me oprime, y… me ‘discrimina’. Pero esto no se contabiliza en ninguna estadística de discriminación.

mi lucha contra mi propia bifobia (V – el paradigma de la orientación sexual)

Esta entrada es una continuación de la serie “mi lucha contra mi propia bifobia“: I – introducción,  II – el supuesto privilegio heterosexualIII – la vergüenza y IV – la duda.

Cada vez siento más que el paradigma de la orientación sexual tal y como la conocemos es de por sí monosexista. Cuesta encontrar palabras para describir la mía propia, y es que palabras no existen. Es por esto que cada vez que alguien habla de ella desde ese paradigma siento que me oprime, hasta el punto de querer salir corriendo y no volver nunca más. Siempre las definiciones vienen desde fuera y parece que te quieran hacer sentir una u otra cosa. Pero al final cada persona es única y el sentir indescriptible.

El paradigma de la orientación sexual con la que siempre trabajamos señala nuestras potenciales atracciones: mujeres, hombres, intersex, transgénero, etc. Pero yo no funciono así, y parece que esto vuelve loca a la mayoría de la gente con la que me cruzo; igual que me ha vuelto loca a mí misma en más de una ocasión. Yo no utilizo este tipo de filtros, supongo que utilizo otros. Pero mi pregunta es, ¿por qué tengo que entenderlo? ¿Por qué tengo que entender cuáles son mis filtros, definirme, cuestionarme?

Me hace gracia esta típica paranoia de mucha gente que dice que las personas bisexuales tenemos más donde elegir y más personas por las que nos sentimos atraídas. Esto puede ser así en algunos casos, pero en mi caso parece esto una especie de broma o chiste ya que siempre me he sentido atraída por una cantidad de personas muy inferior a la mayoría de hombres heterosexuales que conozco. Y me río para no llorar, porque es algo que me ha afectado en ciertos momentos de mi vida en la que mi orientación sexual parecía como una especie de juego o más bien un filtro para meterme en el cajón de ‘persona con la que mejor no tener una relación, no sea que me la meta por donde sea’, cuando al final a quien se ‘la han metido’ es a mí.

Tampoco me gusta identificarme con esto que muchas personas bisexuales suelen decir de que ser bisexual es no tener orientación sexual porque no se sienten atraídas por el físico sino que van más allá. Esto es así para muchas personas, pero no es implícito de ser bisexual. Claro que te puedes sentir atraíde por el físico, a mí también me atraen los cuerpos, también me puedo sentir atraída por los géneros, o por características físicas específicas de un sexo; la diferencia es que el filtro es distinto.

Lo que yo siento con el paradigma de la orientación sexual es que me pone entre una persona hetero y una persona homosexual. No me siento entre estas dos cosas, porque no estoy perdida entre nada. Pero parece que me quieran obligar a sentirme perdida. Es que resulta que a unas personas les dio por definir las orientaciones sexuales refiriéndose solamente al sexo o el género de las personas por las que te sientes atraída, cuando podrían haberla definido de cualquier otra forma. Y a la sociedad le da igual si me siento atraída o no por las personas altas, o por las rubias, o por las inteligentes, o por las que les gusta cocinar; a la sociedad solo le importa si me atraen las tetas, los coños, las barbas o las pollas, o si me gustan con falda o con una corbata. Qué obsesión. Obsesión que viene de fuera de mí y que sigue oprimiéndome porque, cada vez que quieren hacérmelo comprender entiendo que yo nunca lo vi así. Y es ésta opresión la única que sigue haciendo que tenga sentido para mí seguir definiéndome como bisexual, una herramienta política de defensa; es mejor coger esas etiquetas con las que han querido desde fuera controlarte, hacerlas tuyas y usarlas de vuelta. ¿Podría ser ésta una buena herramienta para cambiar el paradigma con el que parece no encajar? Podría plantear toda una revolución; sólo depende de cómo se use.

PD: y no he hecho ningún comentario acerca de como en algunos ambientes se sugiere que me identifique como lesbiana. En ese caso el monosexismo es más que evidente para mí.

Invasión violenta “patriarcal-católica-española” en el continente hoy llamado América

por Iván Machiweye Vargas

En este artículo, utilizaré terminologías que nacen desde la visión patriarcal-católica-española de hace más de 500 años y algunas incorporaciones de la visión actual patriarcal-occidental (Europa, EEUU y los hoy llamados paises civilizados) y clínica. Términos como vergüenza, culpa, pecado, puta, sodomita, maricón, homosexual, heterosexual, lesbiana, gay, hombre-masculino, mujer-femenina, dualidad de género, etc, son términos que de alguna u otra manera buscan definir y que nos definamos a partir de ellos. Los utilizo para visibilizar y plasmar el modo de ver y vivir el mundo que hemos heredado, que en gran parte corresponden a pensamientos y haceres impuestos violentamente a lo largo de nuestra historia.

Escribo desde un idioma que no me pertenece, un idioma lleno de clasificaciones heredados de esa visión patriarcal-católica-española, que hace más de 500 años agredió y rotuló a más de 80 millones por “putos, putas, brujos, brujas, sodomitas, afeminados, indecentes, desviados, cultores del diablo”. Escribo desde un cuerpo y una expresión construída desde esa moral invasora católica-española y que hoy continúa transformándome desde una ciencia clínica dogmática. Finalmente escribo desde una consciencia hecha a base de saberes, religiosos, científicos y filosóficos. Saberes que aveces ni siquiera puedo reconocer porque son tan imperceptibles, pero que en ocasiones me acusan. Una consciencia que me duele, inquieta y agrede cada día.  

Mucha bibliografia ha descrito cómo muchos pueblos precolombinos del hoy llamado continente americano, aceptaban sin prejuicios la variedad sexual y cómo la hacían parte de su forma de ver y vivir el mundo. Enfocaré el análisis de este artículo a cómo la visión invasora patriarcal católica-española, transformó los modos y haceres de estos pueblos con respecto a la variedad sexual y cómo podemos de-construir el pensamiento y la manera de ver el mundo, lxs hoy llamadxs “latinoamericanxs”.

Para ello es importante comprender que mueve a los mal llamados “conquistadores y/o colonizadores” a transformar y exterminar el modo de ver y vivir el mundo de entonces. Debemos a la vez enterarnos de la visión que tenían los pueblos precolombinos antes de la llegada de los invasores.

Conocer la visión precolombina no es tarea fácil, más aún si consideramos que gran parte de la información que nos llega, viene desde los relatos redactados por encargo de la católica España, cuyo modo de ver y vivir el mundo estaba cimentada en una moral patriarcal-católica-española (hombre-español masculino católico penetrador). Sin embargo, estudios feministas, antropológicos y sociológicos, han sido capaz de construir con gran precisión la cosmovisión de muchos pueblos precolombinos.

1.-Antecedentes de la visión de los ancestros precolombinos

Muchos son los ejemplos de como los pueblos expresaban y vivían la sexualidad en los tiempos anteriores a la llegada de los invasores. Desde la óptica occidental, queda establecida la presencia en muchas culturas de una llamada “dualidad de género”, en donde cada persona tenía la capacidad de fluctuar entre lo masculino y lo femenino, ello dicho desde las bocas patriarcales-católicas sería mas o menos así: “un hombre masculino, podía transformarse en un hombre femenino (berdaches, machiweyes, muxes) imitando expresiones y ropas asociadas a la mujer femenina, del mismo modo una mujer femenina podía transformarse en una mujer masculina (amazonas, marmi, machi asesinas de espiritus maléficos).

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Fotos que documentan a parejas Berdache, hecha por el Fotógrafo John H. Fouch, 1877.

Las conductas sexuales de los pueblos desde la visión patriarcal-católica quedaba establecida principalmente como sodomítica (sexo anal entre hombres), lésbica (sexo entre mujeres) y reproductivas (sexo entre hombre y mujer), siendo las mas castigadas las conductas sodomíticas, ya que para la “ley natural de Dios” el semen del hombre debía ser derramado en el receptáculo natural de la vagina, mientras que en el sexo entre mujeres los invasores creían que no había producción de algún tipo de semen .

Sin embargo desde la cosmovisión de los pueblos sus formas de expresión eran todas válidas y ninguna despreciada, porque cada una cumplia un rol en la sociedad. “Las transformaciones de hombre en hombres femeninos”, implicaba una relación de cercanía con lo divino, ya que ésta estaba asociada a la femineidad, del mismo modo “la transformación de mujeres a mujeres masculinas”, les acercaba a la fuerza y las convertía en guerreras.

Para muchos pueblos las conductas sexuales perdían importancia, ya que se valoraban más las transformaciones o haceres (performatividad), las cuales estaban asociadas a papeles de índole político, bélico y/o espirituales.

2.-Antecedentes de la visión patriarcal-católica-española

La visión moralista-católica de los invasores, venía construída por las ideas impuestas por la Santa Inquisición, que venía actuando desde el siglo XVI en Europa, con la llamada “caza de brujas”. Para la Santa Inquisición los actos sodomíticos eran considerados “pecado nefando”, y la resistencia a las prácticas del catolicismo, como brujería y actos del demonio. En las tierras hoy llamadas América, los invasores castigaron todas estas prácticas.  La sodomía era cruelmente castigada con muerte a garrote vil, ahorcamientos, hogueras, condenados a remar en galeras de por vida y a ser devorados por perros hambrientos.

El objetivo de la religión y el estado era controlar la sexualidad y borrar todo nexo que uniese a los indígenas con sus prácticas y costumbres ancestrales. De esta forma, atráves de la conversión al catolicismo y las prácticas sexuales aceptadas, se fueron borrando los modos y haceres de los pueblos, creando en la consciencia de las nuevas generaciones todo tipo de intolerancia a aquellas formas de ver y vivir el mundo que tenían nuestros ancestros. La variedad sexual eran para los invasores perversiones contranatura. Así muchos pueblos precolombinos perdieron el contacto real y espiritual que tenían con su sexualidad y la naturaleza.

3.-Reconociendo el pensamiento y haceres (cultura) de la invasión patriarcal-católica-española

Para deconstruir el pensamiento y los haceres heredados desde la llegada de los invasores hace 500 años es importante visualizar pensamientos y haceres ancestrales v/s pensamientos y haceres invasores.

Pensamientos y haceres respecto de la(s)/lo(s): Visión precolombina Visión invasora patriarcal-católica-española
Primera Menstruación Se celebraba como un gran día por considerarse sagrado Se esconde por considerarse impuro y sucio
Desnudez Parte de la naturaleza hay que mostrarla Tabue y pudor, hay que esconderla
Femenino Cercanía a lo divino y poderoso,  lo femenino se actuaba y se hacía indistintamente del sexo biológico Asociada a la sumisión, acción pasiva-penetrada, lo femenino designado exclusivamente para el sexo biologico mujer
Masculino Cercania a la fuerza y a la guerra, lo masculino se actuaba y se hacía indistintamente del sexo biológico Asociada a la dominación, acción activa-penetradora, lo masculino designado exclusivamente para el sexo biológico hombre
Penetración anal Practica natural, en algunos pueblos de carácter espiritual, sin connotaciones morales Práctica contranatura, sucia y vergonzosa
Aborto Práctica muy utilizada en muchos casos para fines terapeúticos y de control de la natalidad. Práctica prohibida y condenada, “sólo Dios puede quitar una vida y no el hombre
Masturbación Práctica natural y asociadas a rituales de fertilidad Prácticas impuras y vergonzosas
Virginidad femenina No se practicaba, ya que se consideraban importantes las prácticas sexuales como prueba de fertilidad. Práctica asociada a la pureza y decencia, modo de dominación sexual del hombre hacia la mujer
Genitales El pene erecto y la vagina como símbolos de adoración El pene erecto y la vagina como símbolos de tabue y pudor, se esconden.

4.- Deconstruyendo el pensamiento y haceres (cultura) impuesto por los invasores

Cada vez que nos avergonzamos y culpamos de nuestro expresar y hacer, estamos manifestando el pensamiento invasor. Nuestros ancestros reconocían la diversidad como expresiones a respetar y valorar, porque contribuían al quehacer diario. Avergonzarnos de nuestras prácticas y conductas sexuales (sexo anal, masturbación), de nuestro cuerpo (desnudez), genitales,  fluídos (menstruación, semen) y de nuestras relaciones sexo-afectivas (gay, lésbicas), para luego sentir culpa al extremo de repudiarlas y esconderlas, son ejemplos de esa mentalidad invasora patriarcal-católica-española.

Deconstruir la vergüenza y la culpa, implica ver lo absurdo y lo cultural que significa sentirlas. Estos sentimientos nacen desde el momento en que el pensamiento de supremacía del hombre español-católico-masculino-penetrador nos invade y comienza ha instalarse en nuestro modo de ver y vivir el mundo. Es absurdo e irrespetuoso pensar que un “hombre masculino” que penetra y que posee pene tenga más valor que un “hombre femenino” con pene, que es penetrado, más absurdo e irrespetuoso es aún rotular  a éste cómo un “hombre femenino”. Es absurdo e irrespetuoso pensar que una mujer que tenga vagina, tenga menos valor que un hombre por el solo hecho, de no ser “hombre-masculino poseedor de un pene”.

Es absurdo e irrespetuoso nuestro modo de ver y vivir, por el simple hecho, de que no nos pertenece y se nos ha impuesto con violencia. Una violencia que hace 500 años se traducía en muerte y tortura, una violencia que hoy si bien sigue matando, se traduce principalmente en vergüenza, ocultamiento y exclusión.

Cuando reconocemos e incorporamos aquellos modos y formas de ver y vivir el mundo de nuestros ancestros precolombinos, porque consideramos que son respetuosos con el entorno y la diversidad, estamos deconstruyendo los haceres (cultura) de aquella invasión.

Cuando cambiamos el vocablo colonización o conquista por el de invasión patriarcal-católica-española, descolonizamos y reconocemos la imposición violenta del hombre español católico, que nos ha construído. Una cita anónima encontrada en internet, podría ayudarnos a ver con simpleza y con una mirada poética, esta invasión:

“cuando llegaron los españoles los indígenas adoraban al sol y a la naturaleza con sus ojos y sus corazones abiertos, los españoles los obligaron a creer que eso era malo, les dieron un libro llamado biblia y los obligaron a cerrar sus ojos, cuando lo indios abrieron sus ojos recibieron como pago una biblia, los obligaron a aborrecer y sentir vergüenza de sus dioses y de su forma de ver y vivir el mundo. Hoy somos unos descendientes llenos de complejos,  prejuicios e intolerancias”

Cuando cambiamos en nuestro lenguaje hombre de la tierra, por gente de la tierra (mapu=tierra che=gente), incorporamos el pensamiento precolombino de muchos pueblos, que veían en la diversidad expresiones del hacer y vivir en sociedad, sin menospreciar a nadie. A su vez deconstruimos parte de ese legado impuesto basado en la supremacia sexual del hombre.

Principales estudios referenciales de este artículo:

-Riquelme Godoy Jeny (2012) “Desafío de la visibilización de la mujer en el imaginario de la nación chilena del bicentenario”

         http://flacsoandes.org/dspace/bitstream/10469/4205/1/TFLACSO-2012JRG.pdf

-Martin-Mateos G. “La Mujer en las sociedades precolombinas”

         http://antorcha-op.org/images/ANTORCHA%20%20%5BII.-2%5D.pdf

-Preciado Beatriz . (2013) Conferencia “La muerte de la clínica”

         (http://www.youtube.com/watch?v=69TjNBmgCgg)

-Bacigalupo, Ana Mariella. (2012) “El hombre mapuche que se convirtió en mujer chamán: individualidad,transgresión de género y normas culturales en pugna”

       https://www.academia.edu/4145588/2012_El_Hombre_Mapuche_que_Se_Convirtio_en_Mujer_Chaman_Individualidad_Transgresion_de_Genero_y_Normas_Culturales_en_Pugna

-Bacigalupo, Ana Mariella. (2003). “La lucha por la masculinidad de machi”.

         http://mapuche.info/wps_pdf/baciga030300.pdf

-Katarzyna Różańska. (2011)“Los arquetipos de la mujer en la cultura latinoamericana: desde la cosmovisión precolombina hasta la literatura contemporánea”

         http://romdoc.amu.edu.pl/Rozanska.pdf

-Miguel Veronique. (2009) “Sexualidad en la cultura precolombina: La sexualidad vinculada a las deidades y la fertilidad”

         http://suite101.net/article/sexualidad-en-la-cultura-precolombina-a2579

Arnott Alvárez Javier (2010) “América precolombina, los Incas”

         http://bajoelsignodelibra.blogspot.com.es/2010/04/america-precolombina-los-incas.html

orientaciones sexuales

Ésta entrada pretende ser una continuación de la anterior “sexo y género”, ya que las orientaciones sexuales se definen entorno a éstos dos conceptos, pero no son lo mismo. Como ya comenté también en la otra entrada, mi intención no es clasificar a las personas, ni utilizar esta clasificación para discriminar. Mi intención es visibilizar una realidad plural y mucho más diversa que la normativa. Es posible que me esté dejando alguna categoría o grupo, y si es así pido disculpas. No es fácil dar cabida a toda la pluralidad existente, y si alguien cree que me estoy dejando algo importante que lo comente sin problemas.

La orientación sexual (tendencia sexual o inclinación sexual) es la atracción o deseo sexual y emocional hacia un determinado grupo de personas definidas por su género y/o sexo.

Existen dos grandes grupos de orientaciones sexuales: las monosexuales (donde la persona se siente atraída sexualmente y emocionalmente hacia un determinado género o sexo) y las no monosexuales (donde la persona se siente atraída sexualmente y/o emocionalmente por más de un género o sexo). El hecho de que aquí incluya los dos conceptos de sexo y género es porque la atracción puede venir determinada por una fisionomía determinada (que puede ser más definida por el sexo de la persona) y/o por un conjunto de rasgos más bien performativos, identificativos, de roles o de carácter o manera de relacionarse (que puede ser más definida por el género de la persona). También distingo entre atracción física (sexual) y emocional, porque estas dos pueden diferir cuando se trata de orientaciones sexuales no monosexuales (se puede, por ejemplo, sentir atracción sexual por dos o más géneros o sexos distintos pero solamente atracción emocional por un género determinado).

Las orientaciones sexuales monosexuales son las más conocidas: heterosexualidad (donde la persona se siente atraída por personas del sexo o género opuesto al suyo, o similares) y la homosexualidad (donde la persona se siente atraída por personas del mismo sexo o género al suyo, o similares). Estoy incluyendo géneros “similares” debido a que en las últimas décadas muchas más formas de expresión de género han sido más aceptadas y/o visibilizadas (más, pero no mucho) y puede generalizarse un poco en estas dos orientaciones. Son comunes las críticas que se hacen sobre la transfobia que conlleva la definición de sentirse atraído por el mismo género u el opuesto solamente; hay que tener en cuenta que cuando se definieron estas orientaciones se hizo desde una estructura binaria de género, donde solo se aceptaba la existencia de los géneros masculino y femenino. A las personas homosexuales de género masculino se les suele llamar gais (plural de gay) mientras que a las personas homosexuales de género femenino se les suele llamar lesbianas.

Las orientaciones sexuales no monosexuales son muchas, pero normalmente se incluyen todas en lo que se llama el “paraguas de la bisexualidad”. La bisexualidad (que ya definí y expliqué en la entrada “monosexismo, bifobia y binormatividad”) es la orientación sexual donde la persona puede sentirse atraída sexualmente y/o emocionalmente por personas de más de un género o sexo distintos. También puede definirse como la orientación sexual donde la persona se siente atraída sexualmente y/o emocionalmente por personas de su mismo género o sexo y algún/os otro/s más. Pero hay más orientaciones sexuales que entrarían en este llamado “paraguas”, como serían, por ejemplo: pansexual/omnisexual, polisexual, queer, fluid, homoflexible, lesboflexible, heteroflexible, bi-curioso/a, etc. Pansexual/omnisexual se refiere a las personas que se sienten atraídas por personas de todos los géneros y sexos o por personas de múltiples géneros y sexos, o independientemente del sexo o género. Polisexuales son las personas que se sienten atraídas por personas de muchos géneros y sexos distintos (pero no todos). Queer es una identidad no específica que describe cualquier persona que diverge de la heterosexualidad, monogamia y de la sexualidad “vainilla”; es usado para denotar atracción hacia personas de más de un género, o muchos. Fluido describe atracción que cambia o puede cambiar con el tiempo (hacia personas de varios géneros). Homoflexible o lesboflexible son personas que normalmente se sienten atraídas por personas de géneros similares al suyo, pero que ocasionalmente pueden sentirse atraídas per personas de géneros diferentes al suyo. Heteroflexible son personas que normalmente se sienten atraídas por personas de géneros diferentes al suyo, pero que ocasionalmente pueden sentirse atraídas por personas de géneros similares al suyo. Bi-curioso/a son personas que son normalmente heterosexuales, lesbianas o gais y que tienen curiosidad en experimentar con personas de géneros diferentes a los de su preferencia usual.

Además, también existen otras tres llamadas orientaciones sexuales: la asexualidad, la gray-a y la demisexualidad. La asexualidad es cuando la persona no siente atracción sexual, la gray-a es una orientación que cae entre medio de ser una persona sexual y una asexual, y la demisexualidad es cuando la persona solamente experimenta atracción sexual cuando antes ha creado un vínculo emocional con otra persona. Las personas asexuales, gray-a y las demisexuales pueden tener varios tipos de orientaciones románticas (atracciones emocionales hacia un determinado grupo de género): heterorománticas, homorománticas, birománticas, panrománticas, greyrománticas, arománticas, etc.

Existen estructuras sociales que dan privilegio a ciertas orientaciones sexuales. El heterosexismo, el monosexismo y el alosexismo, son estructuras sociales que presuponen que las personas deben ser heterosexuales, monosexuales o sexuales, respectivamente, y que por tanto otorgan ciertos privilegios a estas orientaciones sexuales. Además, debido a estas estructuras sociales de poder y privilegio existen las llamadas “fobias” que generan violencia (en forma de discriminación, violencia física, exclusión, difícil acceso a determinados servicios, estereotipos, estigmas, etc) sobre determinados grupos de orientaciones sexuales. Por ejemplo, la homofobia (a homosexuales y en algunos casos a personas no monosexuales, como por ejemplo a bisexuales), la bifobia (a personas no monosexuales, como las bisexuales, y en algunos casos a homosexuales) o la afobia (a personas asexuales, demisexuales, gray-a). El hecho de que también exista homofobia hacia personas bisexuales hace referencia a los casos de violencia por el hecho de estar teniendo una relación con una persona de tu mismo género en un momento de tu vida; el de la bifobia hacia personas homosexuales es algo que pasa, por ejemplo, en un tipo de agresiones sexuales a lesbianas debido al fetiche creado alrededor de la bisexualidad (algo que trataré en una entrada cuando hable de la intersección entre la bisexualidad y el género femenino).

Como ya comenté en la entrada de “sexo y género”, a mí no me gusta clasificar, y creo que la variabilidad y la pluralidad en cuanto a las sexualidades es enorme y única para cada persona. Todas estas clasificaciones ayudan a visibilizar problemáticas sociales, como las estructuras o las fobias, políticas, la gran variedad de sexualidades no “normativas”. Así que, al final, yo siempre opto por no encasillarme en nada, aunque si tengo que definirme me defino como bisexual (por razones políticas).

Bienvenidxs

En este blog quiero abrir un espacio de reflexión y de inflexión, de deconstrucción y de construcción. Un espacio para compartir temas, pensamientos, experiencias y reflexiones en torno al género, a la orientación sexual, el feminismo, la violencia, el sexo y todas aquellas cosas que puedan surgir inspiradas por éstas temáticas. Desearía que fuese un espacio donde todxs pudiésemos participar, debatir, compartir y pensar. Nuestras vivencias, nuestras ideas, todas bienvenidas. No me importa tu género, porque de eso se trata. No quiero limitar el tema del feminismo y de la violencia de género a las mujeres, ni siquiera que solamente nosotras tengamos la palabra. Así que, es un espacio de todxs y para todxs.

He escogido el castellano como lengua del blog. Aunque mi lengua materna es el catalán, creo que usando el castellano se puede ampliar un poco más la cantidad de gente con la que poder compartir. Más adelante seguramente traduciré las entradas al catalán y al inglés. Todo depende de su evolución.

El lenguaje de este blog intentará hacerse utilizando un género neutro, o combinando el masculino y femenino aleatoriamente o dependiendo del contexto. Se pretende así no utilizar el género masculino por defecto. También se utilizarán ‘x’, ‘@’ o ‘_’ en muchas ocasiones para neutralizar el género.

Debo añadir que tengo la tendencia muchas veces a no usar las letras mayúsculas de forma consciente. Es una cuestión, no estética, sino conceptual y filosófica. No me gusta que haya cosas que sean más importantes que otras. Intentaré, también de forma consciente, usar las mayúsculas, para que sea más fácil de leer y comprender.

La intención es que este espacio vaya mutando a lo largo del tiempo, como parte de su evolución. Es un proceso, y siempre lo será. Este espacio es también un experimento, personal, social, político y de intercambio. La intención es compartir.

He empezado este proyecto por motivos e inquietudes personales. Desde hace muchos años he estado en lucha conmigo misma con el tema de la feminidad y la masculinidad, con la violencia sexual y con la violencia de género (no pretendo mezclar los dos conceptos, sino sumarlos) y con la mezcla de las dos. Además, la temática de género y el feminismo me obsesionan. Seguramente de una forma bastante distinta de la que una mayoría podrían sentir; siempre he sido más bien de construir mi propia visión de las cosas. Prefiero los feminismos que tratan de romper las normas desde la base, y es por eso que soy más de movimientos como el queer. También la violencia de género relacionada con la orientación sexual me preocupa; al no tener una orientación sexual “normativa”, ni siquiera monosexual, me he sentido muchas veces violentada por mis propios pensamientos y miedos sociales. Mi bisexualidad es solamente una identidad de lucha política. No me siento identificada con ningún género ni ninguna orientación sexual, porque cada vez creo menos en ellos; para mí forman parte de mi vida solo como una realidad de opresión y de lucha política, no de identificación. En cuanto al sexo, creo que socialmente hay mucho por arreglar. El sexo es una de las pocas cosas que debemos esconder de nuestras vidas, y mientras se censura el sexo en las imágenes del espacio público, la estructura heteropatriarcal y el capitalismo utilizan éste para imprimir en nuestros cuerpos códigos, limitaciones, sexualizaciones, creándonos como objetos y a la vez sujetos de una industria y de una estructura de poder que nos mutila a todxs, no solamente mentalmente, sino también físicamente.

Así empiezo este proyecto. Cojo aire, respiro, le doy al botón, y a empezar. Bienvenidxs.