¿por qué hago/hacemos activismo bi/pluri? (intervención en la mesa redonda de enrenou 23S)

El pasado 23 de Septiembre fue, como cada año el día internacional de la visibilidad bisexual (aunque a mí me gusta llamarlo el día de la lucha contra el monosexismo), y se organizó una mesa redonda el día 25 por parte de Enrenou. Ésta es mi intervención traducida del catalán (la original en catalán la podéis encontra aquí)

Buenas tarde a todas. Me llamo Natàlia, soy activista bisexual y formo parte del colectivo Enrenou, un grupo de activismo bisexual y de otras identidades plurisexuales. Para las personas que no conozcan el termino plurisexual, es un término que utilizamos para referirnos a todas aquellas orientacions sexuales (o afectivas) donde nos sentimos atraídas por más de un género. Lo que me gustaría poder traer a esta mesa es exponer cual es la necesidad de hacer un activismo bisexual, y por lo tanto partir de la pregunta ‘¿Por qué hago/hacemos activismo bisexual?’. Por esta razón y partiendo de esta pregunta, intentaré explicar cuáles son las problemáticas específicas con las que nos encontramos las personas plurisexuales y bisexuales y a partir de aquí entender el porqué de la necesidad de este activismo.

La norma social, como muchas sabemos, es la heterosexualidad. Todas las personas somos heterosexuales, hasta que alguien nos saca del armario o nosotras mismas lo hacemos. Solo las personas que nos enfrentamos con discriminaciones o violencia de algún tipo tenemos que salir del armario, porque sinó, no nos haría falta salir de ningún lugar que representara un escondite.

Se suele creer que cuando una persona no es heterosexual, por defecto es homosexual (lesbiana o gay). La heterosexualidad se contempla como lo que es ‘correcto’ y ‘bueno’, mientras que la homosexualidad es considerada mala, un error, discriminable, menospreciable y a erradicar. Aun así, considerarse mala y desviada (y por tanto de padecer de violencia y discriminación), se considera como existente. Y ninguna otra opción es habitualmente considerada.

Dentro de este marco, las personas plurisexuales no existimos. La mayor parte del vocabulario diario no nos contempla, y no representa lo que sentimos o con lo que nos identificamos. Pongamos el ejemplo de tener una pareja. ¿Habéis tenido alguna vez una relación bisexual? ¿O habéis visto una pareja y habéis dicho ‘oh, una pareja bisexual’? ¿O habéis encontrado un lugar de ambiente bisexual? Casi siempre se habla de relaciones hetero u homosexuales, o lésbicas, o bien de parejas hetero o parejas gay, siempre cogiendo como referente el género de las personas de la relación. Si voy por la calle de la mano con una mujer llamarán a mi relación como lésbica y automáticamente a mí se me dirá que soy lesbiana, invisibilizando de esta manera la posibilidad de que yo no sea lesbiana, sino bisexual, que es precisamente como me identifico.

Las personas bisexuales tenemos que estar constantemente saliendo del armario, incluso con las personas con las que tenemos relaciones de pareja o sexoafectivas, con toda la violencia que esto representa.

Las discriminaciones que a menudo padecemos parten de este supuesto constante de que no existimos. Pero y ¿qué pasa cuando se habla de nosotras? Las pocas veces que se habla de nosotras, o las coses con las que nos enfrentamos cuando decimos que somos bisexuales, es darnos de narices con los estereotipos con lo que se nos relaciona; ya que no se habla nunca de nosotras, pero cuando se habla es para asignarnos connotaciones socialmente negativas, como por ejemplo, que somos promiscuas, que estamos confundidas, indecisas, que no sabemos lo que queremos que somos inestables… Una asignación que es una trampa. Una trampa porque en el fondo ser promiscua, ser inestable, ser indecisa, estar confundida, solo son negativas por el hecho de estar en una Sociedad patriarcal y capitalista.

Por miedo a sentirnos rechazadas, las personas bisexuales nos sentimos con la presión de negar que somos eso, que cumplimos estos estereotipos, discriminando así a personas de nuestra comunidad que son promiscuas, inestables, confundidas, indecisas… (y que ya están discriminadas por el simple hecho de estar así, sumándonos a esta violencia). Yo durante años estuve haciendo un esfuerzo constante para negarlos, por miedo al rechazo social, hasta que me di cuenta de la violencia que, no solo estaba ejerciendo hacia una parte de la comunidad bisexual, sino incluso a mí misma, obligándome a ser una cosa que no era o que no quería ser. Como por ejemplo, el hecho de no ser monógama, o el hecho de poder estar confundida, o de no saber escoger… ¿cómo no voy a estar confundida e indecisa si vivo en un sistema patriarcal y capitalista competitivo que me obliga a escoger entre dos opciones entre las que no tengo porque escoger, o que me obliga a escoger entre dos relaciones entre las que no tengo porque escoger, o que me obliga a tener un tipo de estabilidad muy concreta que solo está al servicio productivo y reproductivo, o aislada en una unidad familiar, o que me obliga a no poder cambiar, y a tener que ser una misma cosa desde que nazco hasta que muero (con la trampa de que una vez nazco se me asigna lo que tengo que ser sin que yo lo pueda escoger)?

Pues bien, en este marco de la negación de nuestra existencia juntamente con la asignación de estereotipos hace que las discriminaciones que padecemos las personas plurisexuales sean diferentes al tipo de violencia de discriminación más directa, o de violencia más física o verbal; es un tipo de violencia más bien simbólica. Es un tipo de violencia poco visible, palpable, pero que repercutí a la larga en nuestras vides y que tiene consecuencias. Como, pondré algunos ejemplos:

  • Problemas de salud mental, como depresiones o ansiedad, e intentos de suicidio, por el hecho de sentir no encajar, o la presión constante de definirnos de una manera como no nos sentimos.
  • Ser más vulnerables a violencias sexuales, especialmente las mujeres bisexuales por el hecho de ser hipersexualizadas
  • Pérdida de parejas o relaciones sexoafectivas, debido a la falta de confianza en los pactos a los que llegamos con elles (supuestos de que las engañaremos, las dejaremos)
  • Pérdida de puestos de Trabajo, ya que a menudo se nos ve como personas con las que no se puede confiar y poco estables, y por tanto poco responsables
  • Pérdida del soporte familiar

Entre otras. Esto, también, como pasa con todo tipo de discriminaciones, puede acabar afectando al nivel económico y a la clase social (sí, ponemos por caso, que pierdes el soporte familiar, de amistades, pierdes el Trabajo, y padeces de una salud mental más pobre, tienes todos los números de padecer más problemas económicos).

Evidentemente, todas estas problemáticas son muy difíciles de plasmar y de mostrar, ya que es mucho más fácil contabilizar la violencia física o verbal directa, pero no cuando nos encontramos que muchas personas no quieren tener relaciones con nosotras porque somos bisexuales, o que se nos excluye o se desconfía de nosotras cuando denunciamos una violación. Este tipo de violencia simbólica normalmente se puede ver y mostrar a través de estudios e investigaciones específicas, que desgraciadamente no existen en Catalunya ni en el Estado Español, y que de momento solo se han hecho en el Reino Unido, EEUU y Canadá.

Todo esto expuesto es lo que llamamos bifobia y, de forma más extendida como estructura social de poder, monosexismo. Es por todos estos motivos que existe una necesidad de hacer un activismo especifico que tanga en cuenta, no tanto la discriminación que podamos padecer cuando tenemos una relación con una persona del mismo género que nosotras, sino de la discriminación que padecemos por el hecho de ser plurisexuales y sentir atracción hacia más de un género.

Además, y ya para terminar la intervención, en nuestra lucha también se suma la lucha contra el patriarcado, el sexismo, la transfobia y la homofobia, etc, por dos motivos principales. El primer motivo es porque en nuestra comunidad también hay personas trans, también somos mujeres, también padecemos homofobia, y por tanto, nuestra lucha contra el patriarcado, el sexismo, la transfobia y la homofobia, igual que otras opresiones, también son nuestras luchas. Y, además, como segundo motivo, creemos que el monosexismo es una estructura que refuerza las demás estructuras, refuerza el sexismo, refuerza el cisexismo, refuerza el heterosexismo y refuerza el heteropatriarcado en general, y por tanto, luchar contra el monosexismo es indirectamente luchar contra todas estas otras estructuras. Es por esto, que para nosotras es importante la alianza, tanto con los colectivos LGTB como con los feministas.

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primeras jornadas desorientadas

Los días 15, 16 y 17 de abril se van a celebrar las Primeras Jornadas Desorientadas organizadas por la Colectiva Desorientada. Hay una convocatoria abierta para presentar propuestas de talleres y/o actividades hasta el 13 de marzo.

Estas primeras jornadas desorientadas, que se realizarán en la ciudad de Madrid, responden a un esfuerzo y a una voluntad comunes de crear un espacio empoderador, transformador y crítico en donde podamos reflexionar, cuestionar y luchar contra el monosexismo y sus intersecciones desde diferentes perspectivas y ámbitos.

Están inscritas en un proceso colectivo y crítico que responde a una línea de fuga de acuerdo con las motivaciones y deseos en un contexto dominado por la estructura y el discurso monosexista. No somos ni les primeres ni les últimes, y no queremos imponer discursos, vivencias o perspectivas ni apropiarnos de discursos, vivencias o perspectivas de otras.

Durante los días que duran las jornadas se tratará de crear un espacio más seguro donde formas de opresión y discriminación sean tomadas en serio y confrontadas colectivamente.”

El primer día de las jornadas vamos a abrir un debate sobre el monosexismo en el mundo académico que se ha titulado “la orientación sexual a debate: monosexismo, desorientaciones, confusiones e inestabilidades”. Justo antes del debate voy a hacer una ponencia entorno a esta temática.

También se va a ir construyendo un glosario durante estos dos meses de forma colectiva, a través de las redes sociales en facebook y twitter, donde todes podremos participar y que se compartirá durante las jornadas para las personas que no estén familiarizadas con el vocabulario que muchas veces usamos en el activismo crítico antimonosexista.
Así que si os venís nos encontraremos allí. ¡Hasta entonces!

salud mental en las personas bisexuales y de otras identidades plurisexuales y el monosexismo como causa: bifobia, erradicación, invisibilización e imperialismo cultural

El pasado mes de noviembre escribí una ponencia como miembro del colectivo Enrenou para los 27 Encuentros Estatales LGTBI que podéis leer también aquí.

Mi nombre es Natàlia Climent, soy activista bisexual y kuirfeminista, y formo parte del colectivo Enrenou, que es un grupo donde hacemos activismo bisexual y de otras identidades plurisexuales. Las identidades plurisexuales son todas aquellas donde existe una atracción sexual y/o afectiva hacia más de un género, entre las que se encuentran, no solamente la bisexualidad, sino también la polisexualidad, la pansexualidad, la skoliosexualidad, la pomosexualidad, entre otras. Lo que desde Enrenou nos gustaría tratar en estos encuentros es la problemática de la salud mental en las personas plurisexuales, ya que muchas veces no se tratan de forma diferenciada de las que puedan haber en el colectivo gay y lésbico, y por tanto no se pueden tratar las especificidades de nuestro colectivo, que no solamente puede padecer en cierta medida de homofobia, sino que también padece de discriminación debido a sentir atracción por más de un género. Quiero añadir, que aunque desde Enrenou no nos gusta hablar solamente de bisexualidad, ni nos gusta invisibilizar otras identidades plurisexuales, que comparten con la bisexualidad el tipo de discriminación y violencia, en esta ponencia solamente hablaré de bisexualidad en muchas ocasiones debido a que los pocos estudios que se han hecho solo se habla de bisexualidad, y no de otras identidades.

Las personas no heterosexuales, debido al estigma, la marginación, la discriminación, y la violencia sufrida, tendemos más a sufrir depresiones, ansiedad, a autolesionarnos, o a intentar el suicidio, que las personas heterosexuales. Según muchos estudios, como por ejemplo los de King et al. (2008), Llhomond y Saurel-Cubizolles (2009), Marshal et al (2011), Ploderl et al. (2013), Warner et al. (2004), McManus et al. (2007) o bien el de Chakraborty et al. (2011), ponen de relieve que existe esta tendencia a sufrir de problemas en el ámbito de la salud mental.

El problema que nos encontramos es que la mayoría de los estudios los datos no distinguen entre las personas homosexuales y las bisexuales o plurisexuales, poniéndolas todas en el mismo saco. Esto ocurre porque se cree que las personas bisexuales padecemos solamente de homofobia y lesbofobia (se cree que solamente padecemos discriminación cuando tenemos relaciones con personas del mismo género), borrando la especificidad de la experiencia bisexual y definiéndola como una experiencia mitad heterosexual y mitad homosexual. Pero la bifobia es una violencia y una discriminación diferenciada de la homofobia y la lesbofobia, y se reproduce por el hecho de que nos sentimos atraídas por más de un género, y no porque tengamos relaciones con personas del mismo género al nuestro. Por poner un ejemplo, cuando a mí se me discrimina por ir de la mano de una persona del mismo género estoy padeciendo, aun siendo bisexual, homofobia o lesbofobia; pero cuando se me discrimina porque puedo sentir atracción hacia varios géneros (como explicaré más adelante) a través de estereotipos, o diciéndome que esto no puede existir, u obligándome a definirme como lesbiana, entonces estoy padeciendo bifobia.

Habitualmente cuando se habla de bifobia se habla de los estereotipos. Los estereotipos de la bisexualidad (como la promiscuidad, la inestabilidad, la confusión, etc) son connotaciones socialmente negativas que ponen a las personas bisexuales en un lugar simbólicamente dañino para la sociedad. Esto no quiere decir que ser promiscua, estar confundida o ser inestable, sean cosas inherentemente malas; pero al ser conceptos que socialmente son discriminables y a la vez se te otorguen por el simple hecho de tu orientación sexual hace que esta asociación pueda sentirse como violenta.

Pero la bifobia no termina aquí. Para que nos hagamos una idea, la bifobia, en forma de discriminación directa, visible solo a través de estereotipos, es solo la punta del iceberg. Es por esta razón que muchas personas utilizamos el concepto del monosexismo, que nos permite entender donde la bisexualidad está estereotipada, prohibida, negada y borrada, y también por qué lo está, y además nos permite ver que todo esto tiene unas consecuencias en, por ejemplo, la salud mental de las personas bisexuales. Definimos el monosexismo como una estructura social que opera bajo la presunción de que todas las personas son monosexuales (heterosexuales o homosexuales) y que sistemáticamente discrimina o borra a todas aquellas que no lo son (como las plurisexuales). Por tanto, el monosexismo, al ser una estructura social, no solamente se expresa en forma de violencia directa, sino también indirecta o simbólica.

Yoshino, en su artículo ‘Epistemic contract of bisexual erasure’ apuntaba que el monosexismo opera bajo la presunción de que la bisexualidad debe ser borrada a través del propio conocimiento cultural. La erradicación de la bisexualidad es un fenómeno social en el que ésta es borrada de cualquier discurso donde pueda ser relevante (como, por ejemplo, en los estudios sobre salud mental, que he señalado al principio), incluso en la esfera privada o cuando una persona sale del armario consigo misma. La erradicación de la bisexualidad es el aspecto más relevante de la estructura monosexista: la mayor parte del tiempo nuestra cultura opera bajo la presunción de que la bisexualidad no existe y no puede existir. Yoshino apuntaba también en su artículo que uno de los motivos de esta erradicación es porque la bisexualidad pone en duda la existencia de la monosexualidad (la heterosexualidad y la homosexualidad), y para que las monosexualidades puedan mantenerse (especialmente la heterosexualidad, que es la que tiene más privilegios), la bisexualidad debe borrarse como posibilidad.

Pondremos un ejemplo simple de esta erradicación. La mayor parte del vocabulario diario no nos contempla, y no representa lo que sentimos o con lo que nos identificamos. Casi siempre que hablamos de relaciones hablamos de relaciones heterosexuales, homosexuales o lésbicas; si voy por la calle de la mano de una mujer dirán que mi relación es lésbica y automáticamente a mí se me dirá que soy lesbiana, invisibilizando de esta manera la posibilidad de que yo no sea lesbiana, sino bisexual, que es precisamente como me identifico.

Como también se comenta en el informe Bisexual Invisibility, de la comisión de derechos humanos de San Francisco, las personas bisexuales experimentamos altas tasas de discriminación, de ser ignoradas o invisibilizadas. A menudo la orientación sexual en sí se considera inválida o irrelevante.

Por tanto, si mezclamos el hecho de que la bisexualidad es estereotipada y además invisibilizada, nos encontramos con lo que Obradors en su artículo ‘Deconstructing biphobia’ describe como el imperialismo cultural: “El imperialismo cultural… tiene un significado paradójico… Por un lado, el imperialismo cultural invisibiliza a un grupo de personas negándoles su existencia. Por el otro lado, este grupo de personas está descrita a la vez a través de un número de prejuicios que crea una imagen clara (y desviada) de ellas.”. Este marco descrito, de la negación de nuestra existencia, junto con la asignación de estereotipos, hace que las discriminaciones que padezcamos las personas bisexuales y plurisexuales sean diferentes al tipo de discriminación directa o violencia física o verbal; es un tipo de violencia más simbólica. Es un tipo de violencia poco visible, palpable, pero que repercute a la larga en nuestras vidas y tiene consecuencias. Una de las consecuencias más frecuentes es en la salud mental de las personas bisexuales y plurisexuales en general.

En Marzo de 2011, la comisión de derechos humanos de San Francisco (cuerpo gubernamental de los EEUU) recogió datos de diferentes estudios de EEUU, Reino Unido y Canadá donde se tenía en cuenta a la bisexualidad de forma diferenciada en un informe llamado ‘Bisexual Invisibility’. Algunos de los resultados que se reflejan son:

  • Las personas bisexuales experimentaban mayores disparidades en la salud que el resto de población, incluyendo más probabilidad de sufrir depresiones y desórdenes de ansiedad y ánimo (Miller et al., 2007; Steele et al., 2009)

  • Las mujeres bisexuales mostraban tasas significativamente más altas en mala salud en general y de angustia más frecuente que las lesbianas y las heterosexuales, especialmente en áreas urbanas, donde las mujeres lesbianas podían encontrar un respaldo en una comunidad, pero no las mujeres bisexuales. Además, las mujeres bisexuales eran un 64% más propensas a padecer un trastorno alimentario, un 37% más propensas a autolesionarse, un 26% más propensas a sentirse ansiosas o nerviosas, comparado con las lesbianas (Fredriksen-Goldsen, et al., 2010).

  • Las personas bisexuales tenían más tendencia al suicidio: 9.6% de las mujeres heterosexuales, 29.5% de las mujeres lesbianas y el 45.4% de las mujeres bisexuales; 7.4% de los hombres heterosexuales, el 25.2% de los hombres gays, y el 34.8% de los hombres bisexuales (Brennan et al., 2010; Steele et al.; 2010)

Por desgracia no tenemos estudios específicos en el estado español sobre la salud mental de las personas plurisexuales y no podemos mostrar cuales son los efectos de la bifobia y el monosexismo aquí. Teniendo en cuenta lo presentado y expuesto cabe esperar que haya diferencias específicas en la salud mental de las personas plurisexuales. Es por esta razón que desde Enrenou creemos que estos estudios son necesarios e importantes. Es más, los resultados de estos estudios deben tenerse en cuenta para dejar de erradicar nuestras experiencias, nuestras identidades y las violencias simbólicas a las que nos enfrentamos cada día. Creemos también que en el ámbito de la salud mental las profesionales tienen que sensibilizarse con nuestras experiencias, ya que si somos una población vulnerabilizada de esta manera, y específicamente por nuestra orientación no monosexual, los tratamientos que recibamos tendrían que tratar este tema con especial atención.

Referencias

Brennan, D.J., Ross, L.E., Dobinson, C., Veldhuizen, S., Steele, L.S. (2010). Men’s sexual orientation and health in Canada. Canadian Journal of Public Health, 101: 3, 255-258

Chakraborty, A., McManus, S., Brugha, T.S. (2011). Mental health of the non-heterosexual population of England. British Journal of Psychiatry 198(2):143.8

Fredriksen-Goldsen, K.I., Kim, H., Barkan, S.E., Balsam, K.F., Mincer, S.L. (2010). Disparities in health-related quality of life: a comparison of lesbians and bisexual women. American Journal of Public Health, 100(11), 2255-2261

King, M., Semlyen, J., Tai, S.S., Killaspy, H., Popelyuk, D., Nazaret, I. (2008) A systematic review of mental disorder, suicide, and deliberate self harm in lesbian, gay and bisexual people. BMC Psychiatry8:70.

Llhomond, B., Saurel-Cubizolles, M.J. (2009). Sexual orientation and mental health: a review. Revue d’Epidemiologie et de Sante Publique 57:e44-58

Marshal, M.P., Dietz, L.J., Friedman, M.S., Stall, R., Smith, H.A., McGinley, J., Thoma, B.C., Murray, P.J., D’Augelli, A.R., Brent, D.A. (2011). Suicidality and depression disparities between sexual minority and heterosexual youth: a meta-analytic review. Journal of Adolescent Health 49:115-23

McManus, S., Meltzer, H., Brugha, T., Bebbington, P., Jenkins, R. (2007). Adult psychiatric morbidity in England, 2007: results of a household survey. Leeds: NHS Information Centre for Health and Social Care.

Miller, M., André, A., Ebin, J., Bessonova, L. (2007). Bisexual health: an introduction and model practces for HIV/STI prevention programming. National Gay and Lesbian Task Force Policy Institute, the Fenway Institute at Fenway Community Health, and BiNet USA.

Obradors, M. (2010). Deconstructing biphobia. Journal of Bisexuality 11:2-3

Ploderl, M., Wagenmakers, E.J., Tremblay, P. (2013). Suicide risk and sexual orientation: a critical review.Archives of Sexual Behaviour 42:715-27

San Francisco Human Rights Comission LGBT Advisory Committee (2011) Bisexual Invisibility: Impacts and Recommendations. San Francisco, California.

Steele, L.S., Ross, L.E., Dobinson, C., Veldhuidzen, S., Tinmouth, J.M. (2009). Women’s sexual orientation and health: results from a Canadian population-based surve. Women & Health; 49:5, 353-367

Warner, J., McKeown, E., Griffin, M., Johnson, K., Ramsy, A., Cort, C., King, M. (2004). Rates and predictors of mental illness in gay men, lesbians and bisexual men and women: results from a survey based in England and Wales. British Journal of Psychiatry 185:479-85

Yoshino, K. (2000). Epistemic contract of bisexual erasure. Stanford Law Review 52(2) p. 353

monosexual por defecto

El pasado 23 de Septiembre, que es el día internacional de la visibilidad bisexual (aunque a mí me gusta llamarlo el día de la lucha contra el monosexismo), escribí un artículo de opinión para La Directa, que mi compañera Marta tradujo al castellano (¡mil gracias!) y que comparto aquí en este espacio.

El artículo original en catalán lo podéis encontrar aquí)

Hace unos meses se publicó el artículo “Hetero hasta que se demuestre lo contrario” en el que la autora mostraba la suposición de que todas las personas somos heterosexuales y como esto genera un marco simbólico en el que las personas homosexuales (lesbianas y gays) sufren invisibilización y lo que podríamos llamar discriminación. Este tipo de discriminación, o violencia simbólica, no es nombrada directamente de este modo en el texto; aun así me gustaría recalcar y utilizar estos conceptos ahora para mostrar que el heterosexismo (estructura que privilegia a las personas heterosexuales y que las coloca en una posición jerárquica) no siempre se reproduce en forma de violencia o discriminación directa (homofobia), sino que se expresa de muchas formas estructuralmente violentas. El artículo, con el cual estoy de acuerdo en muchas de las partes, es, en cierto modo, una buena visibilización de una problemática importante y es positivo mostrarlo, pero me gustaría poder ampliarlo para mostrar también una parte que no refleja.

La heterosexualidad es la orientación que se nos designa por defecto. Como pasa con todas las características que gozan de privilegios (ser blanca, ser hombre, ser cis, no tener diversidad funcional, etc…) la heterosexualidad es “la norma”. Ciertamente, todas las personas somos heterosexuales hasta que se demuestra lo contrario, que es en situaciones concretas como cuando salimos del armario o cuando “nos pillan” con una persona del mismo género. Este es uno de los muchos privilegios de la heterosexualidad: el hecho de no tener que afrontar la violencia que supone salir del armario, la discriminación, ya que no se tiene que salir de ningún lado. Pero, qué pasa con las personas que no somos monosexuales?

Monosexual es un término que utilizamos para referirnos a las personas con una orientación o identidad sexual y/o afectiva donde sólo se siente atracción por un género. Las monosexualidades más conocidas son la heterosexualidad i la homosexualidad. Por defecto, cuando no somos identificadas como personas heterosexuales se nos identifica como homosexuales. Existen muchos motivos por los que esto sucede, y todo ellos están directamente ligados a una estructura que privilegia las monosexualidades y que oprime a todas aquellas personas que no somos monosexuales (como, por ejemplo, las bisexuales). Esta estructura es el monosexismo, una estructura que funciona de forma diferente al heterosexismo y que está también ligado al patriarcado al reforzar el sexismo. A las personas siempre se nos supone monosexuales hasta que nosotras, con esfuerzo, conseguimos demostrar que no lo somos. Esta es una de las principales características del monosexismo: nosotres tenemos que estar constantemente demostrando que no somos monosexuales porque socialmente no existimos. Incluso saliendo del armario se nos continua relacionando con un armario.

El monosexismo, como todas las estructuras de poder, viene acompañado de una simbología que lo caracteriza. Nuestro vocabulario, nuestra forma de expresarnos, es monosexista por defecto. La forma en que se nos ha enseñado desde pequeñes a leer las relaciones y las orientaciones del resto de personas, es monosexista. Pongamos por ejemplo el hecho de ver a una persona que parece tener una relación con otra persona. Automáticamente leemos la orientación sexual de estas dos personas en referencia a cómo son leídos sus géneros: si lo que vemos nos parecen dos mujeres, las leeremos como lesbianas; si nos parecen dos personas de dos géneros diferentes, como heterosexuales. Las expresiones “relación heterosexual” y “relación homosexual” son fórmulas monosexistas que imponen la monosexualidad y que esconden la posibilidad de que las personas que forman parte de esta relación tengan una orientación o identidad que sea la heterosexual o la homosexual, cerrando la opción de que tengan una identidad plurisexual como polisexual, pansexual, bisexual o skoliosexual (entre otras), y de que, además, sus géneros no sean binarios (hombre o mujer).

Las violencias específicas a las que nos enfrentamos las personas no monosexuales acostumbran a formar parte de un conjunto de violencias muy simbólicas: la no posibilidad, la no existencia, el que te asignen estereotipos por defecto (y que sintamos la necesidad de negarlos oprimiendo así a una parte de nuestra comunidad que los reproduce que tiene todo el derecho de hacerlo, como podrían ser las personas promiscuas, lo las que estén confundidas), el hecho de vernos envueltas en un vocabulario que no nos representa y ser leídes como una suma, división, resta o multiplicación, siempre de dos estados con los que no nos identificamos.

El hecho que llamemos “simbólica” a este tipo de violencia, no la hace menos “violenta”, pero si mas difícil de mostrar, ver y detectar. Al fin y al cabo, la violencia simbólica se traduce a la larga en problemas de salud física y mental, depresiones, ansiedad, intentos de suicidio, ser más vulnerable a violencias sexuales, tener menos cobertura e información específica en ITS o en salud que pueda afectar de forma diferente a las personas que tenemos relaciones con más de un género, problemas relacionales, pobreza, tener menos acceso a lugares de trabajo, pérdida de puestos de trabajo, pérdida del soporte familiar y/o las amistades, pérdida de relaciones de pareja o afectivosexuales, exclusión, etc… La violencia simbólica es también característica de todas la estructuras: como he comentado al principio del texto, el heterocentrismo lo es y acaba reproduciendo también consecuencias devastadoras y que sólo se pueden demostrar a través de estadísticas.

Si, es cierto que siempre se supone la heterosexualidad hasta que se demuestra lo contrario. Pero, ¿qué es lo contrario? Cuando piensas o dices que lo contrario de heterosexual es homosexual estás imponiendo la monosexualidad por defecto, una  reproducción monosexista (y que omite a otras monosexualidades menos conocidas). Lo “contrario” a la heterosexualidad es la no heterosexualidad, y esto es múltiple. Hablar de lo contrario como una cosa singular es patriarcal, opresor y discrimina a muchas posibilidades. Las estructuras que nos oprimen siempre nos asignan una única opción válida y, por tanto, la imposibilidad de la variedad, de la heterogeneidad. Es más, la expresión “hasta que se demuestre lo contrario” es en sí misma opresiva dado que las personas plurisexuales estamos siempre obligadas socialmente (incluso por parte de personas homosexuales) a tener que demostrar que existimos. Sinceramente, ante toda esta simbología monosexista que me rodea, me resulta “imposible” “demostrar” mi bisexualidad, porque incluso cuando decido ir de la mano con dos personas de géneros diferentes, se me dice que estoy confundida o que todavía no he sabido escoger y que algún día, cuando “crezca”, me decidiré. Así que, si en algún momento alguna persona cae en que no soy heterosexual, lo más probable es que piense que soy lesbiana. Y al contrario… ¿cuántas veces me habrán acusado de acceder al privilegio heterosexual aun cuando hace más de 15 años que me identifico como no heterosexual? De hecho, podríamos decir que en algunos entornos se me impone la heterosexualidad sobre mis decisiones, voluntades o posibilidades, aun cuando he “demostrado” que no lo soy. O sea, que mi vida consiste, básicamente, en una lectura binaria constante de demostraciones de lo que nunca soy.

mi bisexualidad es una herramienta política

Pasa a menudo que en activismos y políticas radicales contra el heterosexismo y el patriarcado nos vemos envueltas en la necesidad de empoderarnos a través de toda la simbología que nos ha venido impuesta; se usa muy a menudo en el feminismo el lesbianismo para combatir el heterosexismo y el sexismo. ¿Es posible que las identidades plurisexuales queden al margen de estas políticas? ¿Es la lucha contra el monosexismo también una lucha contra el heteropatriarcado? Es más, ¿tiene sentido la lucha contra el monosexismo? Tener que ‘plantear’ esta última pregunta puede ofender a muchas personas oprimidas por esta estructura de poder, ya que siendo oprimidas esto no tendría ni que entrar en cuestión; pero muchas otras personas siguen insistiendo que tal opresión no existe y por tanto que es una lucha sin sentido. Quiero en este texto, no solamente reivindicar la lucha contra el monosexismo como la lucha contra la opresión hacia personas con identidades no monosexuales, sino también como una lucha que ataca directamente al propio patriarcado, al heterosexismo y otras estructuras más. La erradicación constante de nuestras opresiones no dejan mostrar que en el monosexismo se esconden muchas más presiones sociales que las que podrían parecer en un principio. El monosexismo sirve incluso para perpetuar la cultura de la monogamia impuesta, para ejercer presión para la ‘estabilidad’ social definida y para el capitalismo. Y sobre todo, el monosexismo sirve para perpetuar y fortalecer el heterosexismo y el sexismo.

A las personas bisexuales y de otras identidades plurisexuales se nos lee como mitad heterosexuales y mitad homosexuales. Nuestras vivencias son siempre leídas desde una perspectiva puramente monosexual. Esto forma parte de una estructura monosexista en la que la bisexualidad como experiencia diferenciada de la monosexualidad es totalmente erradicada. ¿Por qué esta erradicación? ¿Tiene algún interés el heteropatriarcado en que las personas no monosexuales no existamos?

Uno de los principales intereses del patriarcado es marcar una línea muy clara entre la construcción ‘hombre’ (el privilegiado) y la de ‘mujer’ (y evidentemente erradicar la posibilidad de la existencia de otros géneros). Esta jerarquía binaria para mantenerse debe estar reforzada con más estructuras que ayuden a sustentarla, como el heterosexismo. La construcción y jerarquía patriarcal se alimenta de la heterosexualidad para mantener el privilegio de la masculinidad hegemónica. El heterosexismo nos dice lo que claramente es ‘correcto’, ‘aceptable’ y ‘sano’ (¡incluso natural!): la heterosexualidad. El heterosexismo es una herramienta patriarcal con un poder increíble: nos marca, por ejemplo, cuales son ‘los hombres de verdad’, aquellos que tendrán acceso a la propiedad de las mujeres y de su reproducción, aquellos que accederán a más privilegios en general, y los que quedan fuera y descartados. El heterosexismo no nos dice que la ‘homosexualidad’ no existe; éste acepta su existencia, pero la pone en una posición ‘dañina’, ‘discriminable’ y ‘fuera de la red de lo aceptable’. Y, especialmente, le gusta y le interesa poder detectar a estas personas ‘dañinas’ para limpiar al heteropatriarcado del posible daño que éstas puedan crear dentro de su red. O sea, que deben ser señaladas y excluidas.

Es en este punto donde la no monosexualidad entra en juego. ¿Qué interés puede tener el heteropatriarcado en borrar la posibilidad de que exista la no monosexualidad? En una estructura jerárquica como la heteropatriarcal, es de mucho valor marcar bien la diferencia de género y también la de orientación sexual. Esta diferencia no puede ser ensuciada por nada que pueda dejar estos límites y jerarquías poco claras. El monosexismo es una estructura que el heteropatriarcado genera para poder mantener las jerarquías de género y de orientación sexual. Cualquier factor que pueda ‘molestar’ en la división hetero/homo debe ser automáticamente y completamente borrado. Es esta misma idea la que creó la bisexualidad con todos sus estereotipos y fábulas a su alrededor. Solo hace falta irnos a Freud, ejemplo claro de que el propio monosexismo ‘inventó’ la bisexualidad como deseo sexual (no como orientación sexual u opción válida y dejándola en un pasado primitivo), añadiéndole la carga de lo no posible y lo inexistente. Todos los estereotipos de la bisexualidad están fuertemente ligados al miedo social de la existencia de algo que pueda ir ‘saltando’ entre dos mundos creados para que fueran ‘estables’ y no debieran tocarse, por la necesidad de que fueran jerárquicamente opuestos. El monosexismo estabiliza el heterosexismo.

Las personas bisexuales somos inestables, no existimos, somos infecciosas, traidoras, excesivas, infieles… en definitiva: nuestra vivencia está marcada por una esencia llena de conceptos leídos como socialmente dañinos mientras a la vez se niega constantemente nuestra existencia y se nos sigue leyendo como mitad una cosa y mitad otra, como si de un binario hetero/homo se tratara. Nuestras vivencias no monosexuales no existen, solo existen cuando se nos quiere recordar que somos suma de dos cosas (de ahí el estereotipo de nuestra hipersexualidad o promiscuidad), que cambiamos entre dos estados (de ahí el estereotipo de nuestra infidelidad o traición), que todas en realidad podemos ser bisexuales (de ahí nuestra no existencia), de que vivimos entre dos mundos (de ahí nuestro estereotipo de la infección), de que no sabemos escoger entre las dos monosexualidades (de ahí el estereotipo de la confusión, inestabilidad y fase). Nuestra opresión no se muestra ya que no se acepta nuestra existencia fuera de una combinación de los dos únicos estados que el heteropatriarcado define como estables: el bueno y el malo.

A través del monosexismo el heteropatriarcado lo que pretende es estabilizar las jerarquías. La existencia de la no monosexualidad deja en jaque a cualquier forma de poder demostrar la existencia misma de la heterosexualidad (y por tanto de los privilegios que se otorga a ésta); nuestro supuesto ‘poder de elección’ deja en jaque a la construcción heterosexista del ‘nacido así’ (‘born this way’); nuestra supuesta ‘no preferencia’ en la elección de género pone en jaque a las propias jerarquías de género y la matriz heteropatriarcal; nuestra supuesta ‘promiscuidad’ hace temblar al tipo de cultura monógama heteropatriarcal posesiva e insensible. La existencia de la falta de estabilidad, de la posibilidad del cambio, de la fluidez, de la elección, es la enemiga de la insensibilidad relacional que nos ha venido impuesta por todas las estructuras y por el capitalismo. El monosexismo nos ‘estabiliza’, nos ‘encierra’, nos ‘estanca’, y no nos permite tener en cuenta los constantes cambios, voluntades y deseos de las demás. El monosexismo nos aísla en nuestras ‘cajas’, totalmente jerarquizadas. El monosexismo es el enemigo del cambio.

Mi bisexualidad no es una identidad sexual; tampoco me quiero normalizar. Yo la uso en mi lucha contra el monosexismo como herrramienta política. Es una herramienta contra el heteropatriarcado. Es una herramienta contra la jerarquía y la demanda constante de una estabilidad impuesta para mantener estructuras. Es una herrramienta de infección, contra el miedo a la mezcla, a lo que se define como ‘exceso’, a la fluidez. Es una herramienta a favor a las fases, y a favor a la sensibilidad constante hacia las personas que nos rodean y con las que nos vinculamos. Es una herramienta a favor de la elección, y del respeto constante hacia el consentimiento. Es una herramienta que pretende explotar cualquier intento de normativización que quiere hacerme parecer una buena bisexual, lesbiana y/o heterosexual. Es una herramienta a favor de lo que ha sido definido por las estructuras como ‘lo auténtico’. Es una herramienta pro-elección y que junto al feminismo me permite poner normas y límites que puedo escoger en base a parámetros políticos. Es una herramienta a favor del cambio, y una herramienta que rompe con la idea de que lo leído como primitivo es algo insano y lo ‘evolucionado’ (como las estructuras de poder jerárquicas) es necesario y bueno. Es una herramienta contra la construcción binaria natural/artificial. En definitiva, es una herramienta contra el orden establecido, a favor de la multiplicidad, de lo híbrido, del cambio y de la no suposición, que nos permite acceder de forma más sensible a nuestros deseos y a los de las demás.

(En este texto cuando hablo de la cultura de la monogamia hablo de ella, no como cantidad de relaciones sino como estructura de poder o sistema. Utilizo plurisexual como término para referirme a todas las orientaciones o identidades no monosexuales donde existe una atracción sexual y/o afectiva hacia más de un género, entre las que se encuentra la bisexualidad, polisexualidad, pansexualidad, etc etc)

discriminación por orientación sexual y monosexismo

Las personas no monosexuales somos constantemente leídas como la suma de dos monosexualidades. Esto, a parte de esconder un montón de no monosexualidades no basadas en los géneros no binarios, es una visión monosexista simplista de como se nos ha enseñado a leer las orientaciones. Todo nuestro vocabulario, toda la simbologia que nos rodea, está llena de monosexismo.

Constantemente se nos dice que solo se nos ‘discrimina’ cuando tenemos una pareja del mismo género que nosotres. Esta percepción sitúa a las personas plurisexuales entre el privilegio (heterosexualidad) y lo único que es percibido como ‘opresión real’ (homosexualidad). De esta forma se borra totalmente la vivencia no monosexual y la opresión padecida por tener una orientación no monosexual.

Cada estructura de poder tiene sus formas distintas de funcionar y de expresarse. La característica principal del monosexismo es la de la erradicación. Se borra toda posibilidad de la existencia no monosexual a través de todo un sinfín de expresiones, formas de hablar, y de clasificaciones. No existe la posibilidad de expresarla, y solo se expresa cuando hay necesidad de otorgarle caracteres socialmente dañinos en forma de estereotipos que nos estigmatizan. Es debido a esto que al final gran parte del activismo bisexual se desgaste en la ‘bisibilización’, quedándose en la superficie. Además que para defendernos de ese sinfín de estereotipos caemos en una normativzación que agrede a muchas personas y refuerza otras estructuras de poder.

Al ser nuetra experiencia ‘no posible’, nuestra opresión tampoco parece existir. Es más, debido a que la violencia que padecemos es más simbólica que directa, aún hace más difícil cuantificarla y mostrarla. Por poner un ejemplo, normalmente se cuantifican las ‘discriminaciones’ a través de la muestra de agresiones físicas o de situaciones donde se nos ha discriminado. Pero solo se leen estas discriminaciones cuando son debidas a tener una pareja del mismo género. ¿Es posible cuantificar la violencia simbólica? ¿Realmente afecta tanto la violencia simbólica?

La única forma de ‘cuantificar’ nuestra opresión es a través de estadísticas de salud, slaud mental o pobreza. La mayoría de estudios (que no son muchos, ya que la propia erradicación de la bisexualidad hace que ésta no se tenga en cuenta generalmente en los estudios) donde se ha diferenciado la homosexualidad de la bisexualidad ha mostrado que las personas bisexuales padecen índices mayores de ansiedad, depresión y problemas de salud en general; también de pobreza, intentos de suicidio o violencia sexual. El constante desprecio, borrado y menosprecio hacia lo que sentimos, la constante necesidad (impuesta desde fuera) de que seamos algo que no somos, que nos definamos como no somos, nos afecta. La forma monosexista de expresarse nuestra sociedad acaba afectando cada una de nuestras vivencias. No podemos dejar de sentir, de ser no monosexuales, cada vez que nos relacionamos, cada vez que nos sentimos apartades, cada vez que sentimos que cuando queremos expresar nuestras vivencias tenemos que hacerlo con un lenguaje mestizo, mezcla de dos lenguajes definidos que no nos representan. La hostilidad que sentimos en ciertos entornos, el constante aislamiento a lo que nos somete toda esta estructura nos afecta; afecta cada instante de nuestra vida, y afecta cada parte de nuestro cuerpo. Hostilidad que muchas veces (la mayoría de ellas) también proviene de nuestras parejas, familiares o amigues. Es común padecer bifobia en nuestras relaciones emocionales, afectivas y sexuales. Y toda esta ‘discriminación’ no nos es posible contabilizarla con la forma impuesta que nos ha venido de contabilización de discriminación; solo a través de datos indirectos por vernos afectades por un sinfín de símbolos que nos hace el día a día una cuesta más arriba.

Esta entrada se la dedico a todas esas personas que me repiten demasiado a menudo que a las personas bisexuales solo se nos discrimina cuando tenemos lo que ellas llaman una ‘relación homosexual’. No se dan cuenta que diciendo esto ya están usando un lenguaje monosexista que me agrede, me oprime, y… me ‘discrimina’. Pero esto no se contabiliza en ninguna estadística de discriminación.

la ‘lógica’ de las estructuras de poder

Hace poco más de una semana una persona me dijo ‘el privilegio monosexual’ no existe, no se aguanta por ningún lado’. Es obvio, cuando sigues la ‘lógica’ del monosexismo el privilegio no existe y no ‘se aguanta’. Esto fue lo que me llevó otra vez a pensar sobre el tema de la ‘lògica’ y las estructuras de poder.

La lógica, el concepto de lo que es lógico y lo que no lo es está fuertemente relacionado con la estructura que crea esta propia lógica. Muchas personas ‘creen’ que las estructuras de poder, como por ejemplo el patriarcado, el heterosexismo, etc, solo se expresan en las agresiones directas. Por ejemplo, agredir físicamente a una persona por ser homosexual. Pero esto solo es la punta del iceberg; y de hecho solo percibimos esta violencia porque es la única que es definida como violencia por las estructuras que nos crean, rodean y moldean. Y es por esta razón por la que nos es más fácil hablar de homofobia que de heterosexismo, porque el heterosexismo tiene dentro de sí mucho más que la violencia visible, palpable y ‘directa’.

Las estructuras lo forman todo. Forman el lenguaje, la forma de comunicarnos, la forma en la que nos relacionamos, las ideas, qué percibimos como humor, lo que percibimos como correcto o incorrecto, como leemos nuestros cuerpos, nuestras interacciones físicas, mentales y emocionales. La forma en la que pensamos, razonamos, y vemos lógica o no. La forma en la que definimos lo que es violencia, lo que no, lo que nos gusta, lo que no nos gusta, lo que nos parece justo, y lo que nos parece lógico. Las estructuras crean lo que consideramos razonamiento científico, filosófico, como también lo que consideramos correcto, incorrecto o fuera de juicio moral o ético.

La estructura heterosexista es la que nos hace parecer ‘gracioso’ cuando vemos dos hombres besándose en una serie de televisión, y que nos parezca sexy cuando vemos hacerlo a dos mujeres. Solo hace falta ver que nos pasa tan desapercibido cuando en el primer caso se oyen las típicas risas de fondo y en el segundo los silbidos. La estructura monosexista es la que nos hace parecer normal y lógico definir las relaciones entre dos personas del mismo género como relaciones homosexuales y las de distinto como relaciones heterosexuales; es la que nos hace creer que eso no invisibiliza a las personas plurisexuales, y más aún a las personas de género no binario. La lógica alosexista es la que nos hace pensar que quien no siente atracción sexual es que padece algún problema y que a la vez ese razonamiento no crea ningún tipo de violencia simbólica hacia las personas asexuales. El razonamiento neuronormativista es el que nos hace creer que decirle a una persona con ansiedad que se calme no es más que una voluntad de querer que la otra persona se sienta mejor. La lógica capacitista es la que no nos ayuda a ver que  que los condicionamientos legales sobre las futuras capacidades de los fetos sen razón legal o no para abortar tiene como causa y consecuencia el hecho de ver a las personas con diversidad funcional como menos ‘humanas’ o con menos derecho a vivir de la misma forma que las que no tienen diversidad funcional. La lógica patriarcal es la que nos hace pensar que la división del trabajo por género es algo natural y biológico y que siempre ha existido de la misma manera (una división que tampoco es por género, sino por como define el género el propio patriarcado, o sea, dependiendo de nuestros genitales, cuando en realidad esta división es pura estrategia en la reproducción y apropiación). ¿Sigo?

La violencia estructural es mucho más compleja de la que nos quieren vender, que es la de la ‘discriminación directa’. Hay muchas formas en las que se reproduce y se traduce a la larga en problemas de salud, de salud mental, de suicidios, de problemas relacionales, violencia sexual, etc. El propio lenguaje, que muches no quieren cambiar, está lleno de violencia simbólica que agrede a las personas a las que oprime cada estructura. Porque el lenguaje reproduce el pensamiento hegemónico, siempre de parte del opresor. Incluso el humor. Así que yo a esa persona que me dijo eso en twitter le diría ‘sí, es cierto que si sigues la lógica del monosexismo el privilegio monosexual no se aguanta por ningún lado’. Es que para poder verlo hay que deconstruir toda una estructura y toda una supuesta ‘lógica’ que hay detrás. Pero las lógicas no son más que construcciones. Es por eso que cada vez que leo cosas como la palabra ‘lógica’ me pongo a temblar, ya que todo lo que venga detrás normalmente es un sinfín de reproducción de pensamiento hegemónico que mediante la ‘lógica’ y su opresión nos quiere normativizar.