monosexual por defecto

El pasado 23 de Septiembre, que es el día internacional de la visibilidad bisexual (aunque a mí me gusta llamarlo el día de la lucha contra el monosexismo), escribí un artículo de opinión para La Directa, que mi compañera Marta tradujo al castellano (¡mil gracias!) y que comparto aquí en este espacio.

El artículo original en catalán lo podéis encontrar aquí)

Hace unos meses se publicó el artículo “Hetero hasta que se demuestre lo contrario” en el que la autora mostraba la suposición de que todas las personas somos heterosexuales y como esto genera un marco simbólico en el que las personas homosexuales (lesbianas y gays) sufren invisibilización y lo que podríamos llamar discriminación. Este tipo de discriminación, o violencia simbólica, no es nombrada directamente de este modo en el texto; aun así me gustaría recalcar y utilizar estos conceptos ahora para mostrar que el heterosexismo (estructura que privilegia a las personas heterosexuales y que las coloca en una posición jerárquica) no siempre se reproduce en forma de violencia o discriminación directa (homofobia), sino que se expresa de muchas formas estructuralmente violentas. El artículo, con el cual estoy de acuerdo en muchas de las partes, es, en cierto modo, una buena visibilización de una problemática importante y es positivo mostrarlo, pero me gustaría poder ampliarlo para mostrar también una parte que no refleja.

La heterosexualidad es la orientación que se nos designa por defecto. Como pasa con todas las características que gozan de privilegios (ser blanca, ser hombre, ser cis, no tener diversidad funcional, etc…) la heterosexualidad es “la norma”. Ciertamente, todas las personas somos heterosexuales hasta que se demuestra lo contrario, que es en situaciones concretas como cuando salimos del armario o cuando “nos pillan” con una persona del mismo género. Este es uno de los muchos privilegios de la heterosexualidad: el hecho de no tener que afrontar la violencia que supone salir del armario, la discriminación, ya que no se tiene que salir de ningún lado. Pero, qué pasa con las personas que no somos monosexuales?

Monosexual es un término que utilizamos para referirnos a las personas con una orientación o identidad sexual y/o afectiva donde sólo se siente atracción por un género. Las monosexualidades más conocidas son la heterosexualidad i la homosexualidad. Por defecto, cuando no somos identificadas como personas heterosexuales se nos identifica como homosexuales. Existen muchos motivos por los que esto sucede, y todo ellos están directamente ligados a una estructura que privilegia las monosexualidades y que oprime a todas aquellas personas que no somos monosexuales (como, por ejemplo, las bisexuales). Esta estructura es el monosexismo, una estructura que funciona de forma diferente al heterosexismo y que está también ligado al patriarcado al reforzar el sexismo. A las personas siempre se nos supone monosexuales hasta que nosotras, con esfuerzo, conseguimos demostrar que no lo somos. Esta es una de las principales características del monosexismo: nosotres tenemos que estar constantemente demostrando que no somos monosexuales porque socialmente no existimos. Incluso saliendo del armario se nos continua relacionando con un armario.

El monosexismo, como todas las estructuras de poder, viene acompañado de una simbología que lo caracteriza. Nuestro vocabulario, nuestra forma de expresarnos, es monosexista por defecto. La forma en que se nos ha enseñado desde pequeñes a leer las relaciones y las orientaciones del resto de personas, es monosexista. Pongamos por ejemplo el hecho de ver a una persona que parece tener una relación con otra persona. Automáticamente leemos la orientación sexual de estas dos personas en referencia a cómo son leídos sus géneros: si lo que vemos nos parecen dos mujeres, las leeremos como lesbianas; si nos parecen dos personas de dos géneros diferentes, como heterosexuales. Las expresiones “relación heterosexual” y “relación homosexual” son fórmulas monosexistas que imponen la monosexualidad y que esconden la posibilidad de que las personas que forman parte de esta relación tengan una orientación o identidad que sea la heterosexual o la homosexual, cerrando la opción de que tengan una identidad plurisexual como polisexual, pansexual, bisexual o skoliosexual (entre otras), y de que, además, sus géneros no sean binarios (hombre o mujer).

Las violencias específicas a las que nos enfrentamos las personas no monosexuales acostumbran a formar parte de un conjunto de violencias muy simbólicas: la no posibilidad, la no existencia, el que te asignen estereotipos por defecto (y que sintamos la necesidad de negarlos oprimiendo así a una parte de nuestra comunidad que los reproduce que tiene todo el derecho de hacerlo, como podrían ser las personas promiscuas, lo las que estén confundidas), el hecho de vernos envueltas en un vocabulario que no nos representa y ser leídes como una suma, división, resta o multiplicación, siempre de dos estados con los que no nos identificamos.

El hecho que llamemos “simbólica” a este tipo de violencia, no la hace menos “violenta”, pero si mas difícil de mostrar, ver y detectar. Al fin y al cabo, la violencia simbólica se traduce a la larga en problemas de salud física y mental, depresiones, ansiedad, intentos de suicidio, ser más vulnerable a violencias sexuales, tener menos cobertura e información específica en ITS o en salud que pueda afectar de forma diferente a las personas que tenemos relaciones con más de un género, problemas relacionales, pobreza, tener menos acceso a lugares de trabajo, pérdida de puestos de trabajo, pérdida del soporte familiar y/o las amistades, pérdida de relaciones de pareja o afectivosexuales, exclusión, etc… La violencia simbólica es también característica de todas la estructuras: como he comentado al principio del texto, el heterocentrismo lo es y acaba reproduciendo también consecuencias devastadoras y que sólo se pueden demostrar a través de estadísticas.

Si, es cierto que siempre se supone la heterosexualidad hasta que se demuestra lo contrario. Pero, ¿qué es lo contrario? Cuando piensas o dices que lo contrario de heterosexual es homosexual estás imponiendo la monosexualidad por defecto, una  reproducción monosexista (y que omite a otras monosexualidades menos conocidas). Lo “contrario” a la heterosexualidad es la no heterosexualidad, y esto es múltiple. Hablar de lo contrario como una cosa singular es patriarcal, opresor y discrimina a muchas posibilidades. Las estructuras que nos oprimen siempre nos asignan una única opción válida y, por tanto, la imposibilidad de la variedad, de la heterogeneidad. Es más, la expresión “hasta que se demuestre lo contrario” es en sí misma opresiva dado que las personas plurisexuales estamos siempre obligadas socialmente (incluso por parte de personas homosexuales) a tener que demostrar que existimos. Sinceramente, ante toda esta simbología monosexista que me rodea, me resulta “imposible” “demostrar” mi bisexualidad, porque incluso cuando decido ir de la mano con dos personas de géneros diferentes, se me dice que estoy confundida o que todavía no he sabido escoger y que algún día, cuando “crezca”, me decidiré. Así que, si en algún momento alguna persona cae en que no soy heterosexual, lo más probable es que piense que soy lesbiana. Y al contrario… ¿cuántas veces me habrán acusado de acceder al privilegio heterosexual aun cuando hace más de 15 años que me identifico como no heterosexual? De hecho, podríamos decir que en algunos entornos se me impone la heterosexualidad sobre mis decisiones, voluntades o posibilidades, aun cuando he “demostrado” que no lo soy. O sea, que mi vida consiste, básicamente, en una lectura binaria constante de demostraciones de lo que nunca soy.

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la ‘lógica’ de las estructuras de poder

Hace poco más de una semana una persona me dijo ‘el privilegio monosexual’ no existe, no se aguanta por ningún lado’. Es obvio, cuando sigues la ‘lógica’ del monosexismo el privilegio no existe y no ‘se aguanta’. Esto fue lo que me llevó otra vez a pensar sobre el tema de la ‘lògica’ y las estructuras de poder.

La lógica, el concepto de lo que es lógico y lo que no lo es está fuertemente relacionado con la estructura que crea esta propia lógica. Muchas personas ‘creen’ que las estructuras de poder, como por ejemplo el patriarcado, el heterosexismo, etc, solo se expresan en las agresiones directas. Por ejemplo, agredir físicamente a una persona por ser homosexual. Pero esto solo es la punta del iceberg; y de hecho solo percibimos esta violencia porque es la única que es definida como violencia por las estructuras que nos crean, rodean y moldean. Y es por esta razón por la que nos es más fácil hablar de homofobia que de heterosexismo, porque el heterosexismo tiene dentro de sí mucho más que la violencia visible, palpable y ‘directa’.

Las estructuras lo forman todo. Forman el lenguaje, la forma de comunicarnos, la forma en la que nos relacionamos, las ideas, qué percibimos como humor, lo que percibimos como correcto o incorrecto, como leemos nuestros cuerpos, nuestras interacciones físicas, mentales y emocionales. La forma en la que pensamos, razonamos, y vemos lógica o no. La forma en la que definimos lo que es violencia, lo que no, lo que nos gusta, lo que no nos gusta, lo que nos parece justo, y lo que nos parece lógico. Las estructuras crean lo que consideramos razonamiento científico, filosófico, como también lo que consideramos correcto, incorrecto o fuera de juicio moral o ético.

La estructura heterosexista es la que nos hace parecer ‘gracioso’ cuando vemos dos hombres besándose en una serie de televisión, y que nos parezca sexy cuando vemos hacerlo a dos mujeres. Solo hace falta ver que nos pasa tan desapercibido cuando en el primer caso se oyen las típicas risas de fondo y en el segundo los silbidos. La estructura monosexista es la que nos hace parecer normal y lógico definir las relaciones entre dos personas del mismo género como relaciones homosexuales y las de distinto como relaciones heterosexuales; es la que nos hace creer que eso no invisibiliza a las personas plurisexuales, y más aún a las personas de género no binario. La lógica alosexista es la que nos hace pensar que quien no siente atracción sexual es que padece algún problema y que a la vez ese razonamiento no crea ningún tipo de violencia simbólica hacia las personas asexuales. El razonamiento neuronormativista es el que nos hace creer que decirle a una persona con ansiedad que se calme no es más que una voluntad de querer que la otra persona se sienta mejor. La lógica capacitista es la que no nos ayuda a ver que  que los condicionamientos legales sobre las futuras capacidades de los fetos sen razón legal o no para abortar tiene como causa y consecuencia el hecho de ver a las personas con diversidad funcional como menos ‘humanas’ o con menos derecho a vivir de la misma forma que las que no tienen diversidad funcional. La lógica patriarcal es la que nos hace pensar que la división del trabajo por género es algo natural y biológico y que siempre ha existido de la misma manera (una división que tampoco es por género, sino por como define el género el propio patriarcado, o sea, dependiendo de nuestros genitales, cuando en realidad esta división es pura estrategia en la reproducción y apropiación). ¿Sigo?

La violencia estructural es mucho más compleja de la que nos quieren vender, que es la de la ‘discriminación directa’. Hay muchas formas en las que se reproduce y se traduce a la larga en problemas de salud, de salud mental, de suicidios, de problemas relacionales, violencia sexual, etc. El propio lenguaje, que muches no quieren cambiar, está lleno de violencia simbólica que agrede a las personas a las que oprime cada estructura. Porque el lenguaje reproduce el pensamiento hegemónico, siempre de parte del opresor. Incluso el humor. Así que yo a esa persona que me dijo eso en twitter le diría ‘sí, es cierto que si sigues la lógica del monosexismo el privilegio monosexual no se aguanta por ningún lado’. Es que para poder verlo hay que deconstruir toda una estructura y toda una supuesta ‘lógica’ que hay detrás. Pero las lógicas no son más que construcciones. Es por eso que cada vez que leo cosas como la palabra ‘lógica’ me pongo a temblar, ya que todo lo que venga detrás normalmente es un sinfín de reproducción de pensamiento hegemónico que mediante la ‘lógica’ y su opresión nos quiere normativizar.

las estructuras de poder no oprimen a lxs privilegiadxs

Existe un mantra que se repite constantemente por parte de bastantes hombres cis* (sobre todo heterosexuales) que forma parte del postureo/paripé ‘voy de feminista’. Este mantra es el siguiente: “el patriarcado también oprime a los hombres”. Es un paripé porque forma parte de esta performance masculina hegemónica de querer ser parte principal siempre, y estar en primera fila de todo, incluso del victimismo. Es un paripé porque además repitiendo este mantra muchos tienen como intención principal no solamente no aportar nada al feminismo, sino además no tener que hacer ningún esfuerzo para cambiar ninguna situación ya que se colocan en esa posición de víctima. Pero no voy a quedarme aquí en la explicación porque es cierto que el patriarcado afecta también a hombres (algo que es importante evidentemente tener en cuenta, en todas las estructuras de poder, para poder trabajar con ellas), y tampoco lo que no quiero es decir que un hombre no pueda trabajar desde el feminismo, pero en ese mantra se esconde una técnica de dominación de la que nos tenemos que defender (toda técnica de dominación necesita de ser analizada, deconstuida y contrarestarla de alguna manera).

Las estructuras de poder (entre las que se encuentra el patriarcado) generan privilegios y opresiones dependiendo de una serie de factores. El patriarcado privilegia a los hombres cis* (especialmente a los heterosexuales).  Podríamos decir además que del heteropatriarcado se derivan muchas estructuras más, que provienen de ésta, como serían el heterosexismo, el monosexismo, alosexismo, cisexismo, etc, y que por tanto no privilegia a todos los hombres de la misma manera. Un hombre trans*, homosexual, plurisexual y/o asexual es oprimido por el cisexismo, el heterosexismo, el monosexismo y/o el alosexismo. Pero ahora mismo para poder simplificar hablaremos del privilegio de género (y cis*) sin tener en cuenta identidades sexuales y las opresiones que éstas pueden tener también debido al patriarcado.

Todas las estructuras de poder afectan finalmente a todas las personas, tanto las oprimidas como las privilegiadas. Las afecta porque al fin y al cabo limita la vida de todas las personas. Las personas privilegiadas obtienen privilegios siempre y cuando se rijan por  unas normas, que limitan sus vidas. Esto pasa bastante claramente con el monosexismo, por ejemplo, que limita la vida de las personas monosexuales no dejándolas fluir en sus atracciones sexuales o emocionales, aceptar las fases, la multiplicidad, etc. Pero aunque limite la vida de las personas privilegiadas no podemos decir que las oprime, porque precisamente estos límites que estas personas tienen en sus vidas son las que les otorgan privilegios. Una persona que no se rige por eso normalmente pasa a perder privilegios. Sí, una persona monosexual limita su sexualidad y no se le permite fluir, pero es eso lo que le otorga el privilegio monosexual al definirse en una preferencia que la sociedad ve ‘estática’. Podríamos por tanto decir que todas las personas privilegiadas están limitadas (de eso se trata el privilegio precisamente, se te otorga por diferentes motivos y los conservas si te riges por las normas). El heterosexismo limita a las mujeres heterosexuales, pero no las oprime. Y un largo etcétera.

Sí, los hombres cis* (especialmente si además son heterosexuales) están limitados, jodidos, heridos, etc, por el patriarcado, pero no oprimidos. Utilizar la palabra opresión para hablar de sus vivencias con el patriarcado invisibiliza la opresión que vivimos las personas que formamos parte de la estructura como no privilegiadas, como oprimidas. Invisibiliza, y esto es una técnica de dominación. Una técnica de dominación donde se reproduce precisamente patriarcado y machismo. Ridiculizar de esta forma las viviencias que tenemos las personas oprimidas por una estructura de poder es una técnica de dominación que proviene de la misma estructura de poder. En resumen: no querer aceptar desde el privilegio que el privilegio existe y borrando la existencia de éste y de la opresión que genera.

Algo que pasa a menudo es que muchos se quejan de esa supuesta opresión que sienten por parte del patriarcado pero no hacen nada para cambiarlo ya que se colocan en una posición de víctima, como si eso viniera de fuera de ellos y estuviera fuera de su alcance. Precisamente cambiar eso es perder privilegios. Otra vez, esta técnica de dominación es usada para seguir manteniendo privilegios. “Soy una víctima, por tanto no puedo ni tengo porqué hacer nada para cambiarlo porque la opresión no viene de mí”. Sí, cambiar todas aquellas cosas que joden tanto a los hombres implica perder privilegios; privilegios, no opresiones; privilegios que la mayoría no quieren perder. Llorar, acceder a tus emociones, generar vínculos, es perder privilegios para un hombre. Le pueden llamar nenaza, maricón (algo que aunque parece ‘aceptado’ es terrible para mantener cierto estatus), y muchas cosas más. Acceder a las emociones les puede hacer más vulnerables y romper ese caparazón de seguridad que les permite agredir, controlar, competir. Si uno se pinta las uñas, se pone una falda, perdería el privilegio de ser considerado un hombre. ¿Cuántos estarían dispuestos a perder estos privilegios? Pues de eso se trataría pertenecer a una lucha contra una opresión de la que formas parte como privilegiadx.

Tenemos que usar otras palabras para referirnos a como joden las estructuras de poder a las personas privilegiadas: les limita, les afecta, les molesta, les jode, les hiere… pero no les oprime. Está muy bien ser hombre cis* y definirse como feminista. Pero hay que saber y entender en qué parte se está. Y dejar el maldito mantra y aceptar que el patriarcado te concede privilegios, y que si realmente te molesta, si realmente te molesta que el patriarcado te limite tanto, empezar a hacer algo para cambiarlo de una vez ya.

sexo en el heteropatriarcado (I – necesidad, sexofobia y alosexismo)

Me gustaría empezar una serie de entradas al blog dedicadas a la visión del sexo en el heteropatriarcado y como esta visión afecta a otras estructuras o incluso las genera. Ya hace tiempo que voy recogiendo ideas; son muchas, son complejas, por como están interconectadas, así que he pensado que lo mejor será hacerlo poco a poco, por partes, para después ir poder conectando puntos y analizando algunas conexiones por separado. Esta primera entrada la quiero dedicar a como se ha definido el sexo en cuanto a necesidad, a reproducción, y por tanto afecta tanto a una visión alosexista como sexofóbica a la vez. Para las personas que no conozcan el término alosexista, se refiere a la estructura de poder que oprime a las personas asexuales, demisexuales, grisexuales, y/o que no son, digamos alosexuales (a las que la estructura privilegia).

El sexo, como lo entendemos en nuestra cultura/sociedad actualmente, se ha definido a partir de lo que conocemos como sexo reproductivo; de hecho le ha costado mucho a nuestra estructura aceptar las prácticas no reproductivas (dígase prácticas sexuales diferentes a lo que conocemos como ‘coito’, o prácticas sexuales entre personas de lo que la misma estructura denomina como del mismo ‘sexo’). En este marco se ha estructurado tanto un sistema heterosexual, bigénero, monógamo, etc. Las propias diferencias de género han sido reproducidas para poder mantener esta estructura, que además basa la reproducción en el control, dominio y posesión de les hijes por parte del padre, como también el dominio de la madre para poder ejercer esta posesión sobre la descendencia.

Todo esto y lo que voy a comentar más adelante ha sido la idea base en la que se han fundamentado incluso los estudios científicos, que parten la mayoría de ellos de construcciones sociales ya establecidas o por establecer (construcciones que se producen para poder seguir perpetuando estructuras, como el heteropatriarcado o incluso racistas/colonialistas).

Hemos conseguido poco a poco desconectar el concepto del sexo con el de reproducción, y con ésto un poco con el heterosexismo o el monosexismo, y también un poco con la sexofobia. Digo solo un poco, tampoco nos pasemos, que deconstrucción aún nos queda para mucho y bastante.

Pero aún hay más en todo lo que hemos construído alrededor de este concepto heteropatriarcal del sexo. Se han generado conceptos sobre necesidades, tanto físicas, como afectivas, y emocionales, a partir del mismo para así fortalecer la estructura principal. Todos estos conceptos no parecen que hayan salido directamente de la necesidad de preservar este concepto heteropatriarcal de dominio, control y reproducción, pero han sido una forma que ha tenido la estructura de fortalecerse, reproducirse y adaptarse a los pequeños cambios, sociales, científicos y sexuales. Muchos de estos conceptos además han sido respaldados por estudios científicos que a su vez han sido basados ya de por sí en construcciones sociales, como la mayoría de estos. Pero no hay que dejar de verlo como lo que es: una construcción estructural heteropatriarcal.

El sexo para que no salga de una estructura de dominio y control ha de separarse del placer, de la elección libre de usarlo como cada persona quiera, de la elección libre de no usarlo, etc. El sexo, además es una de las herramientas de control, ya no solo para la reproducción, sino de las voluntades, deseos, una de las grandes armas que el capitalismo está también aprovechando de la estructura heteropatriarcal del sexo. Por tanto, el sexo no debe poder ser algo que une misme pueda controlar.

Nos hemos movido mucho en el feminismo y en el movimiento sex-positive en ver que se ha definido el sexo fuera de lo que es considerado ‘correcto’ (reproducción, pareja, heterosexualidad, etc) como algo inmoral. Le hemos intentado quitar parte de esta carga, pero se nos está escapando que también se ha definido como una necesidad. Para explicarlo de una forma clara: todo lo que no es considerado inmoral, y que clásicamente era aceptado por ser reproductivo, se ha reforzado con la idea de la necesidad. Una necesidad biológica (dicen) debido al instinto de reproducción, y por tanto universal para todo ser humano (no cultural). Pero una necesidad con límites, como toda necesidad simplemente ha de satisfacerse. Una necesidad como lo es comer, respirar, beber y dormir. Pero una necesidad, como todas las necesidades, no debe excederse. Todo lo que exceda lo que es considerado una necesidad es visto como una enfermedad, obsesión, perversión, perturbación.

Además, el hecho de verse como una necesidad que todes supuestamente tenemos, y que lo tenemos en igual medida (evidentemente con diferencias entre los dos géneros heteronormativos), todas aquellas personas que no sientan esa necesidad en un momento dado, aquellas que sientan una supuesta necesidad ‘inferior’ a lo que es considerado ‘normal’ serán tachadas también de enfermas. Justo como aquél que no desea comer, algo le pasará. No sentir atracción sexual es visto y percibido como una falta, una enfermedad, algo que la sociedad no puede comprender. Pero, ¿como puede alguien no desear algo que es definido como necesario, instintivo, vital?

Pero además tenemos un problema, con el que nos cuesta desligar el sexo de la necesidad ‘universal’ (aquella necesidad que todes tenemos que tener, y de igual manera). Y es que muchas veces reforzamos esta idea de la necesidad para defendernos de nuestros deseos y que no se nos tache de depravades, excesives, inmorales, obsesives. Toda esta carga heteropatriarcal sobre el sexo parece que solo la podemos rebatir acogiéndonos a la necesidad. Y esto es un ciclo que no tiene fin: cuanto más nos cogemos a la necesidad también generamos fobias hacia aquelles que no lo deseen y hacia aquelles que lo deseen ‘demasiado’. Pero, ¿por qué necesitamos defender nuestros deseos resguardándonos de la necesidad ‘universal’? ¿Por qué vemos mal hacer algo que nos gusta y nos da placer y que no es por necesidad? Y, aunque tú lo sientas como una necesidad, que puede ser, evidentemente, ya que cada une tiene las suyas, distintas y en distintos grados, ¿realmente qué necesidad tenemos de utilizar este recurso para dar explicaciones, o darle más valor a nuestros deseos? ¿Qué hay de malo en hacer algo que te gusta, siempre que no dañes, mientas o ejerzas violencia? ¿Qué hay de malo en tener cada une nuestras necesidades distintas e igual de respetables?

Yo veo el tema del recurso de utilizar el concepto de necesidad con el sexo como un recurso similar al del activismo de la tolerancia con la homosexualidad. Me intentaré explicar. Muchas veces desde activismos LG+ se defiende la no discriminación hacia personas homosexuales diciendo que ‘la homosexualidad no se puede elegir, hemos nacido así, acéptanos ya que no podemos cambiar’. Y eso es una trampa, ya que esconde tras de sí homofobia y reproduce una estructura heterosexista. Es una forma indirecta de decir que si pudieras elegirlo no elegirías la homosexualidad, o también decir que por el hecho de elegir ser homosexual tendrían más razones en discriminarte. Pues el tema del sexo y la necesidad lo veo similar. Esconderse tras la ‘necesidad’ es como decir ‘es que no puedo evitarlo, mi cuerpo tiene unas necesidades y debo satisfacerlo’, y eso esconde parte de sexofobia, porque sería equivalente a decir que si no lo necesitaras no lo harías, y que por tanto hay algo malo en ello o en el sexo de por sí. También la cultura de la violación se basa en conceptos muy similares (como expliqué en esta entrada); así que no deja de reproducir heteropatriarcado. También reproduce alosexismo, ya que si el sexo lo defines como una necesidad universal, todas aquellas personas que no sientan atracción sexual o que la atracción sexual que sientan no sea la considerada ‘normal’ serán vistas como personas enfermas, con faltas y errores en su naturaleza.

Ahora yo planteo las siguientes preguntas: ¿por qué ha de ser una necesidad que todes tenemos? ¿por qué todes tenemos que tener la misma cantidad de necesidad? ¿por qué debemos tener los deseos de la misma forma? Yo amo la lectura, sobretodo filosófica; puedo pasarme horas, y me produce placer; y a la mayoría de personas les parece genial que lo haga cuantas veces quiera y el tiempo que quiera. Y después, ¿por qué vemos raro que una persona no quiera hacer algo que para nosotres es una necesidad? Decir por ejemplo que alguien está amargade porque no folla reproduce esta misma idea; ¿qué sabremos nosotres de lo que le amarga o no a otra persona, de cuales son sus necesidades, de qué es lo que valora o no, o en qué fase está en su vida? Porque además debemos entender de que las necesidades, gustos y preferencias cambian a lo largo de nuestra vida, es pura fase también.

Hay personas a las que les pica la frente a veces, y hay personas a las que no. Y hay personas a las que le pica la frente y deciden rascarse, y otras a las que les pica y deciden no hacerlo, por motivos muy diversos. Evidentemente algunes deciden no rascarse porque desde pequeñas les insisten que no lo hagan, pero habrá otres que habrán visto que eso a elles no les gusta o les disgusta. Algunes tendrán épocas o temporadas. Y rascarse, no rascarse, que te pique o no, sea por la razón que sea, porque tengas un alboroto químico corporal, o bien porque te guste centrarte mentalmente en tu frente hasta sentir que te pica. A lo mejor te gusta hacerlo en compañía, o recibir un montón de afecto mientras lo haces; a lo mejor te gusta compartir lo que sientes y explicárselo a alguien. A lo mejor te gusta rascarte cuando estás teniendo una de esas conversaciones filosóficas profundas o en pleno ajetreo activista o político. O, espera, que te guste rascarte sin que te pique y que cuando te pique decidas no rascarte. Así, porque sí.

orientaciones sexuales

Ésta entrada pretende ser una continuación de la anterior “sexo y género”, ya que las orientaciones sexuales se definen entorno a éstos dos conceptos, pero no son lo mismo. Como ya comenté también en la otra entrada, mi intención no es clasificar a las personas, ni utilizar esta clasificación para discriminar. Mi intención es visibilizar una realidad plural y mucho más diversa que la normativa. Es posible que me esté dejando alguna categoría o grupo, y si es así pido disculpas. No es fácil dar cabida a toda la pluralidad existente, y si alguien cree que me estoy dejando algo importante que lo comente sin problemas.

La orientación sexual (tendencia sexual o inclinación sexual) es la atracción o deseo sexual y emocional hacia un determinado grupo de personas definidas por su género y/o sexo.

Existen dos grandes grupos de orientaciones sexuales: las monosexuales (donde la persona se siente atraída sexualmente y emocionalmente hacia un determinado género o sexo) y las no monosexuales (donde la persona se siente atraída sexualmente y/o emocionalmente por más de un género o sexo). El hecho de que aquí incluya los dos conceptos de sexo y género es porque la atracción puede venir determinada por una fisionomía determinada (que puede ser más definida por el sexo de la persona) y/o por un conjunto de rasgos más bien performativos, identificativos, de roles o de carácter o manera de relacionarse (que puede ser más definida por el género de la persona). También distingo entre atracción física (sexual) y emocional, porque estas dos pueden diferir cuando se trata de orientaciones sexuales no monosexuales (se puede, por ejemplo, sentir atracción sexual por dos o más géneros o sexos distintos pero solamente atracción emocional por un género determinado).

Las orientaciones sexuales monosexuales son las más conocidas: heterosexualidad (donde la persona se siente atraída por personas del sexo o género opuesto al suyo, o similares) y la homosexualidad (donde la persona se siente atraída por personas del mismo sexo o género al suyo, o similares). Estoy incluyendo géneros “similares” debido a que en las últimas décadas muchas más formas de expresión de género han sido más aceptadas y/o visibilizadas (más, pero no mucho) y puede generalizarse un poco en estas dos orientaciones. Son comunes las críticas que se hacen sobre la transfobia que conlleva la definición de sentirse atraído por el mismo género u el opuesto solamente; hay que tener en cuenta que cuando se definieron estas orientaciones se hizo desde una estructura binaria de género, donde solo se aceptaba la existencia de los géneros masculino y femenino. A las personas homosexuales de género masculino se les suele llamar gais (plural de gay) mientras que a las personas homosexuales de género femenino se les suele llamar lesbianas.

Las orientaciones sexuales no monosexuales son muchas, pero normalmente se incluyen todas en lo que se llama el “paraguas de la bisexualidad”. La bisexualidad (que ya definí y expliqué en la entrada “monosexismo, bifobia y binormatividad”) es la orientación sexual donde la persona puede sentirse atraída sexualmente y/o emocionalmente por personas de más de un género o sexo distintos. También puede definirse como la orientación sexual donde la persona se siente atraída sexualmente y/o emocionalmente por personas de su mismo género o sexo y algún/os otro/s más. Pero hay más orientaciones sexuales que entrarían en este llamado “paraguas”, como serían, por ejemplo: pansexual/omnisexual, polisexual, queer, fluid, homoflexible, lesboflexible, heteroflexible, bi-curioso/a, etc. Pansexual/omnisexual se refiere a las personas que se sienten atraídas por personas de todos los géneros y sexos o por personas de múltiples géneros y sexos, o independientemente del sexo o género. Polisexuales son las personas que se sienten atraídas por personas de muchos géneros y sexos distintos (pero no todos). Queer es una identidad no específica que describe cualquier persona que diverge de la heterosexualidad, monogamia y de la sexualidad “vainilla”; es usado para denotar atracción hacia personas de más de un género, o muchos. Fluido describe atracción que cambia o puede cambiar con el tiempo (hacia personas de varios géneros). Homoflexible o lesboflexible son personas que normalmente se sienten atraídas por personas de géneros similares al suyo, pero que ocasionalmente pueden sentirse atraídas per personas de géneros diferentes al suyo. Heteroflexible son personas que normalmente se sienten atraídas por personas de géneros diferentes al suyo, pero que ocasionalmente pueden sentirse atraídas por personas de géneros similares al suyo. Bi-curioso/a son personas que son normalmente heterosexuales, lesbianas o gais y que tienen curiosidad en experimentar con personas de géneros diferentes a los de su preferencia usual.

Además, también existen otras tres llamadas orientaciones sexuales: la asexualidad, la gray-a y la demisexualidad. La asexualidad es cuando la persona no siente atracción sexual, la gray-a es una orientación que cae entre medio de ser una persona sexual y una asexual, y la demisexualidad es cuando la persona solamente experimenta atracción sexual cuando antes ha creado un vínculo emocional con otra persona. Las personas asexuales, gray-a y las demisexuales pueden tener varios tipos de orientaciones románticas (atracciones emocionales hacia un determinado grupo de género): heterorománticas, homorománticas, birománticas, panrománticas, greyrománticas, arománticas, etc.

Existen estructuras sociales que dan privilegio a ciertas orientaciones sexuales. El heterosexismo, el monosexismo y el alosexismo, son estructuras sociales que presuponen que las personas deben ser heterosexuales, monosexuales o sexuales, respectivamente, y que por tanto otorgan ciertos privilegios a estas orientaciones sexuales. Además, debido a estas estructuras sociales de poder y privilegio existen las llamadas “fobias” que generan violencia (en forma de discriminación, violencia física, exclusión, difícil acceso a determinados servicios, estereotipos, estigmas, etc) sobre determinados grupos de orientaciones sexuales. Por ejemplo, la homofobia (a homosexuales y en algunos casos a personas no monosexuales, como por ejemplo a bisexuales), la bifobia (a personas no monosexuales, como las bisexuales, y en algunos casos a homosexuales) o la afobia (a personas asexuales, demisexuales, gray-a). El hecho de que también exista homofobia hacia personas bisexuales hace referencia a los casos de violencia por el hecho de estar teniendo una relación con una persona de tu mismo género en un momento de tu vida; el de la bifobia hacia personas homosexuales es algo que pasa, por ejemplo, en un tipo de agresiones sexuales a lesbianas debido al fetiche creado alrededor de la bisexualidad (algo que trataré en una entrada cuando hable de la intersección entre la bisexualidad y el género femenino).

Como ya comenté en la entrada de “sexo y género”, a mí no me gusta clasificar, y creo que la variabilidad y la pluralidad en cuanto a las sexualidades es enorme y única para cada persona. Todas estas clasificaciones ayudan a visibilizar problemáticas sociales, como las estructuras o las fobias, políticas, la gran variedad de sexualidades no “normativas”. Así que, al final, yo siempre opto por no encasillarme en nada, aunque si tengo que definirme me defino como bisexual (por razones políticas).