¿por qué hago/hacemos activismo bi/pluri? (intervención en la mesa redonda de enrenou 23S)

El pasado 23 de Septiembre fue, como cada año el día internacional de la visibilidad bisexual (aunque a mí me gusta llamarlo el día de la lucha contra el monosexismo), y se organizó una mesa redonda el día 25 por parte de Enrenou. Ésta es mi intervención traducida del catalán (la original en catalán la podéis encontra aquí)

Buenas tarde a todas. Me llamo Natàlia, soy activista bisexual y formo parte del colectivo Enrenou, un grupo de activismo bisexual y de otras identidades plurisexuales. Para las personas que no conozcan el termino plurisexual, es un término que utilizamos para referirnos a todas aquellas orientacions sexuales (o afectivas) donde nos sentimos atraídas por más de un género. Lo que me gustaría poder traer a esta mesa es exponer cual es la necesidad de hacer un activismo bisexual, y por lo tanto partir de la pregunta ‘¿Por qué hago/hacemos activismo bisexual?’. Por esta razón y partiendo de esta pregunta, intentaré explicar cuáles son las problemáticas específicas con las que nos encontramos las personas plurisexuales y bisexuales y a partir de aquí entender el porqué de la necesidad de este activismo.

La norma social, como muchas sabemos, es la heterosexualidad. Todas las personas somos heterosexuales, hasta que alguien nos saca del armario o nosotras mismas lo hacemos. Solo las personas que nos enfrentamos con discriminaciones o violencia de algún tipo tenemos que salir del armario, porque sinó, no nos haría falta salir de ningún lugar que representara un escondite.

Se suele creer que cuando una persona no es heterosexual, por defecto es homosexual (lesbiana o gay). La heterosexualidad se contempla como lo que es ‘correcto’ y ‘bueno’, mientras que la homosexualidad es considerada mala, un error, discriminable, menospreciable y a erradicar. Aun así, considerarse mala y desviada (y por tanto de padecer de violencia y discriminación), se considera como existente. Y ninguna otra opción es habitualmente considerada.

Dentro de este marco, las personas plurisexuales no existimos. La mayor parte del vocabulario diario no nos contempla, y no representa lo que sentimos o con lo que nos identificamos. Pongamos el ejemplo de tener una pareja. ¿Habéis tenido alguna vez una relación bisexual? ¿O habéis visto una pareja y habéis dicho ‘oh, una pareja bisexual’? ¿O habéis encontrado un lugar de ambiente bisexual? Casi siempre se habla de relaciones hetero u homosexuales, o lésbicas, o bien de parejas hetero o parejas gay, siempre cogiendo como referente el género de las personas de la relación. Si voy por la calle de la mano con una mujer llamarán a mi relación como lésbica y automáticamente a mí se me dirá que soy lesbiana, invisibilizando de esta manera la posibilidad de que yo no sea lesbiana, sino bisexual, que es precisamente como me identifico.

Las personas bisexuales tenemos que estar constantemente saliendo del armario, incluso con las personas con las que tenemos relaciones de pareja o sexoafectivas, con toda la violencia que esto representa.

Las discriminaciones que a menudo padecemos parten de este supuesto constante de que no existimos. Pero y ¿qué pasa cuando se habla de nosotras? Las pocas veces que se habla de nosotras, o las coses con las que nos enfrentamos cuando decimos que somos bisexuales, es darnos de narices con los estereotipos con lo que se nos relaciona; ya que no se habla nunca de nosotras, pero cuando se habla es para asignarnos connotaciones socialmente negativas, como por ejemplo, que somos promiscuas, que estamos confundidas, indecisas, que no sabemos lo que queremos que somos inestables… Una asignación que es una trampa. Una trampa porque en el fondo ser promiscua, ser inestable, ser indecisa, estar confundida, solo son negativas por el hecho de estar en una Sociedad patriarcal y capitalista.

Por miedo a sentirnos rechazadas, las personas bisexuales nos sentimos con la presión de negar que somos eso, que cumplimos estos estereotipos, discriminando así a personas de nuestra comunidad que son promiscuas, inestables, confundidas, indecisas… (y que ya están discriminadas por el simple hecho de estar así, sumándonos a esta violencia). Yo durante años estuve haciendo un esfuerzo constante para negarlos, por miedo al rechazo social, hasta que me di cuenta de la violencia que, no solo estaba ejerciendo hacia una parte de la comunidad bisexual, sino incluso a mí misma, obligándome a ser una cosa que no era o que no quería ser. Como por ejemplo, el hecho de no ser monógama, o el hecho de poder estar confundida, o de no saber escoger… ¿cómo no voy a estar confundida e indecisa si vivo en un sistema patriarcal y capitalista competitivo que me obliga a escoger entre dos opciones entre las que no tengo porque escoger, o que me obliga a escoger entre dos relaciones entre las que no tengo porque escoger, o que me obliga a tener un tipo de estabilidad muy concreta que solo está al servicio productivo y reproductivo, o aislada en una unidad familiar, o que me obliga a no poder cambiar, y a tener que ser una misma cosa desde que nazco hasta que muero (con la trampa de que una vez nazco se me asigna lo que tengo que ser sin que yo lo pueda escoger)?

Pues bien, en este marco de la negación de nuestra existencia juntamente con la asignación de estereotipos hace que las discriminaciones que padecemos las personas plurisexuales sean diferentes al tipo de violencia de discriminación más directa, o de violencia más física o verbal; es un tipo de violencia más bien simbólica. Es un tipo de violencia poco visible, palpable, pero que repercutí a la larga en nuestras vides y que tiene consecuencias. Como, pondré algunos ejemplos:

  • Problemas de salud mental, como depresiones o ansiedad, e intentos de suicidio, por el hecho de sentir no encajar, o la presión constante de definirnos de una manera como no nos sentimos.
  • Ser más vulnerables a violencias sexuales, especialmente las mujeres bisexuales por el hecho de ser hipersexualizadas
  • Pérdida de parejas o relaciones sexoafectivas, debido a la falta de confianza en los pactos a los que llegamos con elles (supuestos de que las engañaremos, las dejaremos)
  • Pérdida de puestos de Trabajo, ya que a menudo se nos ve como personas con las que no se puede confiar y poco estables, y por tanto poco responsables
  • Pérdida del soporte familiar

Entre otras. Esto, también, como pasa con todo tipo de discriminaciones, puede acabar afectando al nivel económico y a la clase social (sí, ponemos por caso, que pierdes el soporte familiar, de amistades, pierdes el Trabajo, y padeces de una salud mental más pobre, tienes todos los números de padecer más problemas económicos).

Evidentemente, todas estas problemáticas son muy difíciles de plasmar y de mostrar, ya que es mucho más fácil contabilizar la violencia física o verbal directa, pero no cuando nos encontramos que muchas personas no quieren tener relaciones con nosotras porque somos bisexuales, o que se nos excluye o se desconfía de nosotras cuando denunciamos una violación. Este tipo de violencia simbólica normalmente se puede ver y mostrar a través de estudios e investigaciones específicas, que desgraciadamente no existen en Catalunya ni en el Estado Español, y que de momento solo se han hecho en el Reino Unido, EEUU y Canadá.

Todo esto expuesto es lo que llamamos bifobia y, de forma más extendida como estructura social de poder, monosexismo. Es por todos estos motivos que existe una necesidad de hacer un activismo especifico que tanga en cuenta, no tanto la discriminación que podamos padecer cuando tenemos una relación con una persona del mismo género que nosotras, sino de la discriminación que padecemos por el hecho de ser plurisexuales y sentir atracción hacia más de un género.

Además, y ya para terminar la intervención, en nuestra lucha también se suma la lucha contra el patriarcado, el sexismo, la transfobia y la homofobia, etc, por dos motivos principales. El primer motivo es porque en nuestra comunidad también hay personas trans, también somos mujeres, también padecemos homofobia, y por tanto, nuestra lucha contra el patriarcado, el sexismo, la transfobia y la homofobia, igual que otras opresiones, también son nuestras luchas. Y, además, como segundo motivo, creemos que el monosexismo es una estructura que refuerza las demás estructuras, refuerza el sexismo, refuerza el cisexismo, refuerza el heterosexismo y refuerza el heteropatriarcado en general, y por tanto, luchar contra el monosexismo es indirectamente luchar contra todas estas otras estructuras. Es por esto, que para nosotras es importante la alianza, tanto con los colectivos LGTB como con los feministas.

salud mental en las personas bisexuales y de otras identidades plurisexuales y el monosexismo como causa: bifobia, erradicación, invisibilización e imperialismo cultural

El pasado mes de noviembre escribí una ponencia como miembro del colectivo Enrenou para los 27 Encuentros Estatales LGTBI que podéis leer también aquí.

Mi nombre es Natàlia Climent, soy activista bisexual y kuirfeminista, y formo parte del colectivo Enrenou, que es un grupo donde hacemos activismo bisexual y de otras identidades plurisexuales. Las identidades plurisexuales son todas aquellas donde existe una atracción sexual y/o afectiva hacia más de un género, entre las que se encuentran, no solamente la bisexualidad, sino también la polisexualidad, la pansexualidad, la skoliosexualidad, la pomosexualidad, entre otras. Lo que desde Enrenou nos gustaría tratar en estos encuentros es la problemática de la salud mental en las personas plurisexuales, ya que muchas veces no se tratan de forma diferenciada de las que puedan haber en el colectivo gay y lésbico, y por tanto no se pueden tratar las especificidades de nuestro colectivo, que no solamente puede padecer en cierta medida de homofobia, sino que también padece de discriminación debido a sentir atracción por más de un género. Quiero añadir, que aunque desde Enrenou no nos gusta hablar solamente de bisexualidad, ni nos gusta invisibilizar otras identidades plurisexuales, que comparten con la bisexualidad el tipo de discriminación y violencia, en esta ponencia solamente hablaré de bisexualidad en muchas ocasiones debido a que los pocos estudios que se han hecho solo se habla de bisexualidad, y no de otras identidades.

Las personas no heterosexuales, debido al estigma, la marginación, la discriminación, y la violencia sufrida, tendemos más a sufrir depresiones, ansiedad, a autolesionarnos, o a intentar el suicidio, que las personas heterosexuales. Según muchos estudios, como por ejemplo los de King et al. (2008), Llhomond y Saurel-Cubizolles (2009), Marshal et al (2011), Ploderl et al. (2013), Warner et al. (2004), McManus et al. (2007) o bien el de Chakraborty et al. (2011), ponen de relieve que existe esta tendencia a sufrir de problemas en el ámbito de la salud mental.

El problema que nos encontramos es que la mayoría de los estudios los datos no distinguen entre las personas homosexuales y las bisexuales o plurisexuales, poniéndolas todas en el mismo saco. Esto ocurre porque se cree que las personas bisexuales padecemos solamente de homofobia y lesbofobia (se cree que solamente padecemos discriminación cuando tenemos relaciones con personas del mismo género), borrando la especificidad de la experiencia bisexual y definiéndola como una experiencia mitad heterosexual y mitad homosexual. Pero la bifobia es una violencia y una discriminación diferenciada de la homofobia y la lesbofobia, y se reproduce por el hecho de que nos sentimos atraídas por más de un género, y no porque tengamos relaciones con personas del mismo género al nuestro. Por poner un ejemplo, cuando a mí se me discrimina por ir de la mano de una persona del mismo género estoy padeciendo, aun siendo bisexual, homofobia o lesbofobia; pero cuando se me discrimina porque puedo sentir atracción hacia varios géneros (como explicaré más adelante) a través de estereotipos, o diciéndome que esto no puede existir, u obligándome a definirme como lesbiana, entonces estoy padeciendo bifobia.

Habitualmente cuando se habla de bifobia se habla de los estereotipos. Los estereotipos de la bisexualidad (como la promiscuidad, la inestabilidad, la confusión, etc) son connotaciones socialmente negativas que ponen a las personas bisexuales en un lugar simbólicamente dañino para la sociedad. Esto no quiere decir que ser promiscua, estar confundida o ser inestable, sean cosas inherentemente malas; pero al ser conceptos que socialmente son discriminables y a la vez se te otorguen por el simple hecho de tu orientación sexual hace que esta asociación pueda sentirse como violenta.

Pero la bifobia no termina aquí. Para que nos hagamos una idea, la bifobia, en forma de discriminación directa, visible solo a través de estereotipos, es solo la punta del iceberg. Es por esta razón que muchas personas utilizamos el concepto del monosexismo, que nos permite entender donde la bisexualidad está estereotipada, prohibida, negada y borrada, y también por qué lo está, y además nos permite ver que todo esto tiene unas consecuencias en, por ejemplo, la salud mental de las personas bisexuales. Definimos el monosexismo como una estructura social que opera bajo la presunción de que todas las personas son monosexuales (heterosexuales o homosexuales) y que sistemáticamente discrimina o borra a todas aquellas que no lo son (como las plurisexuales). Por tanto, el monosexismo, al ser una estructura social, no solamente se expresa en forma de violencia directa, sino también indirecta o simbólica.

Yoshino, en su artículo ‘Epistemic contract of bisexual erasure’ apuntaba que el monosexismo opera bajo la presunción de que la bisexualidad debe ser borrada a través del propio conocimiento cultural. La erradicación de la bisexualidad es un fenómeno social en el que ésta es borrada de cualquier discurso donde pueda ser relevante (como, por ejemplo, en los estudios sobre salud mental, que he señalado al principio), incluso en la esfera privada o cuando una persona sale del armario consigo misma. La erradicación de la bisexualidad es el aspecto más relevante de la estructura monosexista: la mayor parte del tiempo nuestra cultura opera bajo la presunción de que la bisexualidad no existe y no puede existir. Yoshino apuntaba también en su artículo que uno de los motivos de esta erradicación es porque la bisexualidad pone en duda la existencia de la monosexualidad (la heterosexualidad y la homosexualidad), y para que las monosexualidades puedan mantenerse (especialmente la heterosexualidad, que es la que tiene más privilegios), la bisexualidad debe borrarse como posibilidad.

Pondremos un ejemplo simple de esta erradicación. La mayor parte del vocabulario diario no nos contempla, y no representa lo que sentimos o con lo que nos identificamos. Casi siempre que hablamos de relaciones hablamos de relaciones heterosexuales, homosexuales o lésbicas; si voy por la calle de la mano de una mujer dirán que mi relación es lésbica y automáticamente a mí se me dirá que soy lesbiana, invisibilizando de esta manera la posibilidad de que yo no sea lesbiana, sino bisexual, que es precisamente como me identifico.

Como también se comenta en el informe Bisexual Invisibility, de la comisión de derechos humanos de San Francisco, las personas bisexuales experimentamos altas tasas de discriminación, de ser ignoradas o invisibilizadas. A menudo la orientación sexual en sí se considera inválida o irrelevante.

Por tanto, si mezclamos el hecho de que la bisexualidad es estereotipada y además invisibilizada, nos encontramos con lo que Obradors en su artículo ‘Deconstructing biphobia’ describe como el imperialismo cultural: “El imperialismo cultural… tiene un significado paradójico… Por un lado, el imperialismo cultural invisibiliza a un grupo de personas negándoles su existencia. Por el otro lado, este grupo de personas está descrita a la vez a través de un número de prejuicios que crea una imagen clara (y desviada) de ellas.”. Este marco descrito, de la negación de nuestra existencia, junto con la asignación de estereotipos, hace que las discriminaciones que padezcamos las personas bisexuales y plurisexuales sean diferentes al tipo de discriminación directa o violencia física o verbal; es un tipo de violencia más simbólica. Es un tipo de violencia poco visible, palpable, pero que repercute a la larga en nuestras vidas y tiene consecuencias. Una de las consecuencias más frecuentes es en la salud mental de las personas bisexuales y plurisexuales en general.

En Marzo de 2011, la comisión de derechos humanos de San Francisco (cuerpo gubernamental de los EEUU) recogió datos de diferentes estudios de EEUU, Reino Unido y Canadá donde se tenía en cuenta a la bisexualidad de forma diferenciada en un informe llamado ‘Bisexual Invisibility’. Algunos de los resultados que se reflejan son:

  • Las personas bisexuales experimentaban mayores disparidades en la salud que el resto de población, incluyendo más probabilidad de sufrir depresiones y desórdenes de ansiedad y ánimo (Miller et al., 2007; Steele et al., 2009)

  • Las mujeres bisexuales mostraban tasas significativamente más altas en mala salud en general y de angustia más frecuente que las lesbianas y las heterosexuales, especialmente en áreas urbanas, donde las mujeres lesbianas podían encontrar un respaldo en una comunidad, pero no las mujeres bisexuales. Además, las mujeres bisexuales eran un 64% más propensas a padecer un trastorno alimentario, un 37% más propensas a autolesionarse, un 26% más propensas a sentirse ansiosas o nerviosas, comparado con las lesbianas (Fredriksen-Goldsen, et al., 2010).

  • Las personas bisexuales tenían más tendencia al suicidio: 9.6% de las mujeres heterosexuales, 29.5% de las mujeres lesbianas y el 45.4% de las mujeres bisexuales; 7.4% de los hombres heterosexuales, el 25.2% de los hombres gays, y el 34.8% de los hombres bisexuales (Brennan et al., 2010; Steele et al.; 2010)

Por desgracia no tenemos estudios específicos en el estado español sobre la salud mental de las personas plurisexuales y no podemos mostrar cuales son los efectos de la bifobia y el monosexismo aquí. Teniendo en cuenta lo presentado y expuesto cabe esperar que haya diferencias específicas en la salud mental de las personas plurisexuales. Es por esta razón que desde Enrenou creemos que estos estudios son necesarios e importantes. Es más, los resultados de estos estudios deben tenerse en cuenta para dejar de erradicar nuestras experiencias, nuestras identidades y las violencias simbólicas a las que nos enfrentamos cada día. Creemos también que en el ámbito de la salud mental las profesionales tienen que sensibilizarse con nuestras experiencias, ya que si somos una población vulnerabilizada de esta manera, y específicamente por nuestra orientación no monosexual, los tratamientos que recibamos tendrían que tratar este tema con especial atención.

Referencias

Brennan, D.J., Ross, L.E., Dobinson, C., Veldhuizen, S., Steele, L.S. (2010). Men’s sexual orientation and health in Canada. Canadian Journal of Public Health, 101: 3, 255-258

Chakraborty, A., McManus, S., Brugha, T.S. (2011). Mental health of the non-heterosexual population of England. British Journal of Psychiatry 198(2):143.8

Fredriksen-Goldsen, K.I., Kim, H., Barkan, S.E., Balsam, K.F., Mincer, S.L. (2010). Disparities in health-related quality of life: a comparison of lesbians and bisexual women. American Journal of Public Health, 100(11), 2255-2261

King, M., Semlyen, J., Tai, S.S., Killaspy, H., Popelyuk, D., Nazaret, I. (2008) A systematic review of mental disorder, suicide, and deliberate self harm in lesbian, gay and bisexual people. BMC Psychiatry8:70.

Llhomond, B., Saurel-Cubizolles, M.J. (2009). Sexual orientation and mental health: a review. Revue d’Epidemiologie et de Sante Publique 57:e44-58

Marshal, M.P., Dietz, L.J., Friedman, M.S., Stall, R., Smith, H.A., McGinley, J., Thoma, B.C., Murray, P.J., D’Augelli, A.R., Brent, D.A. (2011). Suicidality and depression disparities between sexual minority and heterosexual youth: a meta-analytic review. Journal of Adolescent Health 49:115-23

McManus, S., Meltzer, H., Brugha, T., Bebbington, P., Jenkins, R. (2007). Adult psychiatric morbidity in England, 2007: results of a household survey. Leeds: NHS Information Centre for Health and Social Care.

Miller, M., André, A., Ebin, J., Bessonova, L. (2007). Bisexual health: an introduction and model practces for HIV/STI prevention programming. National Gay and Lesbian Task Force Policy Institute, the Fenway Institute at Fenway Community Health, and BiNet USA.

Obradors, M. (2010). Deconstructing biphobia. Journal of Bisexuality 11:2-3

Ploderl, M., Wagenmakers, E.J., Tremblay, P. (2013). Suicide risk and sexual orientation: a critical review.Archives of Sexual Behaviour 42:715-27

San Francisco Human Rights Comission LGBT Advisory Committee (2011) Bisexual Invisibility: Impacts and Recommendations. San Francisco, California.

Steele, L.S., Ross, L.E., Dobinson, C., Veldhuidzen, S., Tinmouth, J.M. (2009). Women’s sexual orientation and health: results from a Canadian population-based surve. Women & Health; 49:5, 353-367

Warner, J., McKeown, E., Griffin, M., Johnson, K., Ramsy, A., Cort, C., King, M. (2004). Rates and predictors of mental illness in gay men, lesbians and bisexual men and women: results from a survey based in England and Wales. British Journal of Psychiatry 185:479-85

Yoshino, K. (2000). Epistemic contract of bisexual erasure. Stanford Law Review 52(2) p. 353

los estereotipos de la bisexualidad como herramientas políticas de liberación

En el libro “Bi: notes for a bisexual revolution”, Shiri Eisner aborda el tema de los estereotipos que generan la bifobia de una manera muy particular y que me gusta mucho. Lo quiero compartir con todxs vosotrxs porque me parece muy interesante y creo que puede servir de inspiración para abordar muchos tipos de esterotipos alrededor de otros colectivos, no solamente colectivos con otras orientaciones sexuales, sino también de otras temáticas. Por tanto, no pretende ser solamente una entrada sobre bisexualidad, sino también sobre como usar los estereotipos en favor de una verdadera solución que acabe con lo que precisamente los origina, las estructuras de poder y opresoras.

Como expliqué en la entrada “monosexismo, bifobia y binormatividad”, los estereotipos entorno a la bisexualidad se intentan combatir mediante la negación de la existencia de esa realidad. Esto, como también comenté en la entrada, es un proceso de normativización que discrimina una parte del colectivo que no cumple con esos “prerrequisitos” para ser una persona socialmente aceptable. Así, se excluyen lo que se podría llamar los que no son “buenos bisexuales”, y se “adapta” la bisexualidad a la sociedad, se normativiza. Después de hacer esta reflexión podemos llegar a la conclusión de que negar los estereotipos no es una buena solución política. Pero, ¿se puede, entonces, luchar contra la bifobia de otra manera? Es más, ¿se pueden incluso usar estos esteretipos de alguna forma? Shiri Eisner nos comenta que sí: que son una herramienta para hacer una buena y verdadera revolución social, ligando así también la propia bisexualidad a una revuelta social. Nos comenta que los estereotipos se pueden leer como si fueran metáforas sobre el potencial subversivo de la bisexualidad. Lo que hace, es analizar cada uno de los estereotipos y porque la sociedad ve la bisexualidad con ansiedad, como una amenaza y una subversión.

Voy a enumerar los estereotipos más comunes para seguidamente relatar lo que Shiri Eisner comenta de cada uno:

  1. La bisexualidad no existe: La sociedad trata de negar constantemente la existencia de ideas y conceptos subversivos, ya que las estructuras de poder los perciben como una amenaza; su reacción es de erradicar todo aquello que amenace su poder. Por tanto, esta idea, la bisexualidad, es una revolución en sí misma que puede romper con esta estructura opresiva.
  2. Lxs bisexualxs están confundidxs, son indecisxs o están pasando solamente una etapa: La confusión, la indecisión y las fases indican inestabilidad, fluidez y proceso. Mediante las estructuras de poder nos educan para manipularnos con la idea de que las cosas son rígidas y categorizadas; estas categorías se usan para marcarnos como debemos ser y qué debemos hacer, cuál es nuestro rol social y como debemos emplearlo. La bisexualidad en este caso fomenta la duda en cualquier cosa, empezando por nuestras identidades sexuales, pasando por la estructura de sexo, género y sexualidad; para finalmente fomentar la duda en el heteropatriarcado y cualquier estructura de poder. Por tanto, la bisexualidad, generando estas dudas, tiene un potencial radical para el cambio social. Además, la idea de fase implica la opción de proceso, permitiéndonos pensar la sexualidad, no como una cosa fija, inmóvil, completa, sino como algo sin límites fijos, complejo, múltiple y como un proceso continuo para aprender, sentir y experimentar. Esto, a la vez, nos permite aprender a ser más atentos y más sensibles con nosotrxs mismxs y con lxs demás, tanto a un nivel personal como político: nos permite ser más sensibles a la opresión y fomenta los procesos que facilitan el cambio.
  3. Lxs bisexualxs son promiscuxs e infieles: Socialmente la bisexualidad está hipersexualizada y es rechazada a través del miedo social a la sexualidad (propia y empoderada). La monogamia obligatoria es una estructura opresiva que ha sido utilizada históricamente y actualmente como una herramienta capitalista patriarcal para controlar a las mujeres y para mantener a las personas en unidades pequeñas y dóciles, donde están aisladas y sin capacidad de conectar y organizarse (especialmente en nuestra sociedad). En una sociedad basada en el miedo sexual y en la cultura de la violación, la sexualización de la bisexualidad abre una ventana a un tipo diferente de cultura sexual, alentando la independencia sexual, la exploración, y al disfrute de nuestros cuerpos, nuestras sexualidades, nuestros variados géneros y nuestras interacciones sexuales. Por tanto, plantea una cultura sexualmente radical que va en contra del patriarcado y del heterosexismo. Además, nos permite oponernos a los modos de sexualidad que se nos impone (sin consentimiento y para la satisfacción de otrxs). La infidelidad es una metáfora de la “traición”: la bisexualidad se puede ver como una herramienta para derrocar las estructuras de poder y opresivas, pudiendo ser tridorxs a cualquier cosa que nos cofina.
  4. Lxs bisexuals son portadores de VIH y otras ETS: Metafóricamente, el SIDA se ha imaginado siempre como la “enfermedad queer”, un castigo por ser queer, y representa el miedo de la población heterosexual a ser “infectada” por lo “queer”. Los hombres bisexuales son siempre imaginados como agentes contagiosos de enfermedad, teniendo sexo sin protección solo para volver a casa e infectar a sus inocentes y heterosexuales mujeres e hijos. En este caso, la bisexualidad desestabiliza el límite no tan claro entre gay y heterosexual, simbolizando la ansiedad en la población heterosexual a la invasión de lo “queer”. La bisexualidad tiene el potencial de infectar (perturbar y volver “queer”) las estructuras heteronormativas y heterosexistas de poder.
  5. Lxs bisexualxs son realmente gays o realmente heteros: Éste está muy relacionado con el primer estereotipo de que la bisexualidad no existe. Pero además, se da siempre la presunción de que los hombres bisexuales son en realidad gays y las mujeres bisexuales son en realidad heterosexuales: o sea que la adoración del falo es la única verdad que une a las personas bisexuales. Esto expone el sistema sexista y misógeno y nos permite crear nuevas visiones de subversión y reconstrucción de la masculinidad.
  6. Lxs bisexualxs pueden escoger ser gays o heteros: La elección en torno a la sexualidad se ve socialmente como algo negativo o como una marca de ilegitimidad. Muchas veces desde los movimientos LGBT el discurso dominante recae en su falta de elección como su camino político para la igualdad de derechos; esta falta de elección (el argumento de “haber nacido así”) se convierte en una herramienta para conseguir legitimidad y aceptación social. El modo de este argumento normalmente es: “Nosotros hemos nacido así; no podemos evitarlo; si pudiésemos escogerlo no habríamos escogido ser gays. Ahora, por favor, danos derechos porque no podemos cambiar”. Este argumento refleja una parte de homofobia internalizada y una fobia a la elección (como algo ilegítimo e innatural). La bisexualidad en este caso promueve una política a lo inventable, de lo inimaginable, de lo posible y de lo imposible: todo lo que podemos ser y todo lo que no podemos ser. Una política pro-elección.

Como conclusión, lo que se puede observar es que precisamente los estereotipos sociales sobre la bisexualidad no son ni más ni menos que los miedos que tienen las estructuras de poder a romperse. No hay nada de realmente malo en formar parte de estos estereotipos, precisamente son estas subversiones sociales las que pueden algún día permitir cambios que rompan las estructuras. Estas estructuras, que tienen un miedo terrible a morir, crean estos estereotipos para generar las fobias sociales que crean violencia hacia las personas que son así, y hacia todo aquello que pueda romper la propia estructura. Usemos todo ese potencial. Negar estos estereotipos para defendernos, normativizarnos, es fomentar las estructuras de poder existentes, asimilarnos y crear estructuras nuevas que oprimen y controlan a las demás personas.

mi lucha contra mi propia bifobia (I – introducción)

Recomiendo leer antes la entrada “monosexismo, bifobia y binormatividad“. Esta entrada nueva, aunque es sobre la bisexualidad y la bifobia, es más personal. Digamos que pretende ser un caso ‘práctico’ y desde un punto de vista personal acerca de las emociones que me han generado mi bisexualidad y el monosexismo social en mi forma de sentir mi bisexualidad y de relacionarme. Espero con esto visibilizar una realidad que está en nuestras cabezas y en nuestras emociones, de como nos puede afectar ciertos tipos de estructuras sociales en todo nuestro sentir.

Desde que salí del armario como bisexual, cuando tenía 17 años, me he sentido violentada por mis propios miedos y por querer ser reconocida como una persona como las demás. Parece una tontería, pero no es fácil. Los constantes estereotipos que rodean mi orientación sexual no me dejan vivir en paz. Durante mucho tiempo me he defendido de ellos intentando demostrar lo que no soy, como también demostrar lo que soy; una paradoja sin fin. Siento que no puedo ser como otra persona podría ser sin tener que defenderme o excusarme, explicarme o ser respetada; sin que siempre se señale a mi orientación sexual. He llegado al punto de sentirme culpable por cosas que me han pasado, en las que he sido víctima de esta sociedad heteropatriarcal, donde o eres una santa madre o una puta. Y ser bisexual te hace decantar hacia uno de los dos, y no precisamente el más bien aceptado. Estoy harta y cansada de verme a mí misma recordándole a la gente que soy una persona emocional, y dándome asco por el hecho de que haciendo esto estoy menospreciando mi parte sexual y la de muchas otras personas. Y es que, lo diré claramente, si ya es difícil ser mujer en una sociedad como ésta, se complica cuando además dices que eres bisexual.

Uno de mis grandes miedos es perder la posibilidad de tener una relación emocional por el hecho de ser bisexual. Si preguntas a personas, muchas te dirán que tendrían relaciones sexuales con una persona bisexual, pero no una relación emocional. Esto es bifobia, pura y dura. Y me afecta. Me afecta hasta el punto de que siento pánico a que nadie me vea como lo que soy: simplemente yo. Me afecta hasta el punto que siento muchas veces la necesidad de estar recalcando y subrayando como soy, como si no fuese suficiente el hecho de que alguien me conozca, porque tengo miedo al filtro “mujer bisexual” que muchas personas ponen cuando están delante de mí. Algunas personas me dirán aquello de: “si dicen o piensan esto, es que son personas bifóbicas. ¿realmente quieres tener una relación con una persona así?”. Esto es muy fácil de decir. Cuando lo que vives constantemente es una especie de bifobia escondida, sutil, que forma parte en la forma de pensar de la mayoría de las personas, no es fácil desprenderse de un miedo así. Nada fácil. Muchas personas ni siquiera reconocen (ni a sí mismas) el miedo que tienen a tu orientación sexual. Y al final, quien genera este miedo eres tú misma. Una bifobia interna. Miedo, pánico, a tu propia sexualidad, a tus propias emociones. Miedo a los estereotipos, de los que constantemente te defiendes, sin saber por qué, sin saber para quien, sin saber muy bien lo que estás haciendo. Miedo y pánico, y no saber qué hacer. Porque defenderse de los estereotipos es aceptar en parte que la sociedad rechace ciertos comportamientos, comportamientos que no quiero rechazar, comportamientos que yo también tengo; una normativización que detesto en profundidad.

Voy a hacer, a modo de terapia, mía, social, y ejercicio político, algunas entradas acerca de mi propia bifobia. No las voy a ir escribiendo todas seguidas, las iré poniendo poco a poco a medida que vaya comprendiendo y aceptando pequeñas cosas. Voy a salir del armario sobre mis miedos, lo que siento y lo que he llegado a sentir en ciertos momentos de mi vida. Espero, así, poder visibilizar algo que nunca se visibiliza. Normalmente se visibilizan la diversidad en cuanto a géneros y a orientaciones sexuales; se visibiliza la violencia; pero casi nunca se visibiliza cómo nos sentimos las personas que padecemos esta violencia, sobretodo cuando ésta violencia es ejercida desde nosotras hacia nosotras mismas. Invito a otras personas a que hagan lo mismo si les apetece, aquí tenéis también vuestro espacio. No hace falta que sea entorno a la bisexualidad, puede ser entorno a lo que apetezca, otras orientaciones sexuales, u otras temáticas entorno a su género, a las relaciones, al sexo, etc. Esto que estoy haciendo es una salida del armario en toda regla, mucho más difícil que la que hice cuando reconocí que soy bisexual. Y doy las gracias a todas esas personas que lo quieran leer y reflexionar de un modo u otro; y también a aquellas que lo quieran comentar.