monosexismo y monogamia (intervención para la mesa redonda en las primeras jornadas de amors plurals)

El pasado 12 y 13 de Diciembre Amors Plurals organizó unas jornadas en torno a la no monogamia consensuada. Participé en la mesa redonda del domingo 14 por la tarde. Ésta es mi intervención traducida del catalán (la original en catalán la podéis encontra aquí). Quiero, además, dar las gracias otra vez a Amors Plurals por invitarme y por haberme dado la oportunidad de poder hablar de algo que aún antes no le había podido poner palabras y que solamente me recorría el cuerpo. Fue uno de los ejercicios más bonitos que hice el año pasado y que ahora aún están resonando y difractando de formas muy diversas en muchas partes de mi vida personal, relacional, filosófica y activista.

Buenas tardes a todas. Me llamo Natàlia, soy kuirfeminista y soy activista bisexual. Soy miembro del colectivo Enrenou, donde hacemos activismo bisexual y de otras identidades plurisexuales. Antes de empezar mi intervención me gustaría explicar qué quiere decir ‘plurisexual’ y porque utilizo este término. Plurisexual es un término paraguas que estamos usando muchas activistes para referirnos a todas esas identidades u orientaciones donde hay una atracción afectiva y/o sexual hacia más de un género. La plurisexualidad más conocida es la bisexualidad, pero hay otras como son la polisexualidad, la pansexualidad, etc (no entraré a definirlas todas o a explicar sus diferencias, pero si en el debate o después alguien tiene curiosidad yo y otras personas de Enrenou que están aquí podemos explicarlo). Sé que para mí y para muchas sería mucho más fácil que utilizara la palabra bisexual porque es la que la mayoría conoce, pero si hago esto invisibilizo a una buena y gran parte de mi comunidad, e intentando ser sensible a no hacerlo intentaré utilizar plurisexual. Aun así, yo me identifico mayoritariamente como bisexual (a veces como polisexual) y por tanto cuando me refiera a mí seguramente utilizaré bisexual.

 Otro termino contrapuesto es el de ‘monosexual’. Monosexuales son las orientaciones donde hay una atracción hacia solamente un género. Monosexualidades son, por ejemplo, la heterosexualidad y la homosexualidad. Y, finalmente, también usaré el término ‘monosexismo’ para referirme al sistema o estructura de poder a través del cual se reproduce la bifobia y las discriminaciones y opresiones hacia todas aquellas personas plurisexuales o no monosexuales.

 Quiero además enfatizar que cuando hablo de géneros no solo me estoy refiriendo a los géneros binarios, hombre y mujer, sino también a todos esos géneros que no caen dentro de los binarios. Además, también se tiene que tener en cuenta que hay personas que no se identifican con ningún género, como son las personas agénero.

He estado pensando un poco como hacer esta intervención y qué traer a esta mesa, y la verdad es que hay tantas coses que considero importantes o que despiertan en mí mucha inquietud que me costó decidir por dónde empezar, ya que para mí la plurisexualidad y la no monogamia tienen muchas coses en común. Al final encontré que había dos temas que encontraba muy importantes y muy interesantes y me quedé solo con uno de ellos por cuestiones de tiempo y porque pudiera desarrollarlo mínimamente. El tema que finalmente descarté es el de la intersección, de cómo vivimos las personas plurisexuales la no monogamia o como vivimos las personas no monógamas la plurisexualidad. Aunque es un tema muy importante lo descarté, per seguro que da para nuevas intervenciones o para escribir artículos. Finalmente el tema que decidí tratar es como se relaciona el monosexismo con la monogamia, o sea como las discriminaciones y opresiones que recibimos las personas plurisexuales están relacionadas con el sistema de monogamia impuesta. Lo que iré haciendo es ir desglosando el monosexismo y a la vez lo iré comparando con la monogamia.

La plurisexualidad es normalmente discriminada de dos formas: a través de la invisibilidad y de los estereotipos. La invisibilidad es el borrado constante de nuestra existencia y de nuestras vivencias, emociones y experiencias. Así como la heterosexualidad es la orientación considerada buena y por defecto, ‘normal’ y sana, la homosexualidad es la orientación considerada una enfermedad, discriminable y menospreciable, la bisexualidad u otras plurisexualidades por otro lado es considerada inexistente. Las personas plurisexuales no existimos y no estamos representadas en el vocabulario y la forma de expresarnos diarias. Pondré un ejemplo así simple que casi siempre pongo, de cuando nos referimos a las relaciones. Cuando hablamos de relaciones, hablamos de relaciones heterosexuales u homosexuales según los géneros de las personas que forman parte de la relación; el sexo también lo llamamos hetero o lésbico o gay, obviando la orientación de las personas que participan. Si por ejemplo yo voy por la calle de la mano de una mujer dirán que mi relación es lésbica y automáticamente se me leerá como lesbiana, invisibilizando la posibilidad de que yo sea bisexual, que es realmente como me identifico. Es más, si yo tengo otras relaciones con personas de otros géneros en ese momento no se tendrá en cuenta, ya que la lectura es siempre monógama.

Además también es bastante común que cuando una persona plurisexual cambia de una relación con una persona de un género a una relación con una persona de otro género se acostumbre a decir que ha cambiado su orientación (¡oh, antes era hetero y ahora está con una mujer y es lesbiana!),, suponiendo evidentemente que dejo de sentirme atraída por otras personas o que podría si quisiera tener otras relaciones. Por tanto, nuestras relaciones se leen a través de una mirada monosexual (o sea, heterosexual u homosexual) y a la vez también monógama. Dos visiones que se alimentan entre sí. Aquí, a lo mejor, ya se empieza a ver un poco la relación que tiene con la monogamia, ¿no creéis? Pero bien, no todo se arregla tan fácilmente como rompiendo con la monogamia, porque si yo ahora decidiera ir por la calle de la mano de dos personas de géneros diferentes (así, para que se enteren) seguramente no dirán ‘oh, mira qué bisexual más cuki’, no. Entonces lo más probable es que me digan que estoy confundida o que aún no he sabido escoger uno de los dos género… ¿O entre una de las dos personas? O sea, que tanto las personas plurisexuales como las no monógamas básicamente estamos confundidas o no sabemos escoger. Básicamente algún día cuando crezcamos todas tendremos que escoger un solo género y dejar de ser plurisexuales y tendremos que escoger a una personas y dejar de ser no monógamas y quedarnos allí para toda la vida, no sea que nos descontrolemos. Parece como si las personas plurisexuales y la no monogamia se considerasen estados de inmadurez relacional.

Esto de la confusión y de la inmadurez nos conecta con los estereotipos que rodean a la bisexulidad. Como he comentado, a parte de la invisiblidad, otra forma con la que se nos discrimina a personas plurisexuales es a través de los estereotipos. A las personas bisexuales, comúnmente, cuando no se nos borra del mapa, se nos asocia con un conjunto de estereotipos, que son connotaciones socialmente consideradas como negativas: como he comentado, la confusión, pero también hay otras como la inestabilidad, el no saber escoger, no saber lo que se quiere, la promiscuidad… pero estos estereotipos son una trampa, porque son connotaciones consideradas negativas solo debido a vivir en una sociedad capitalista y patriarcal. Normalmente el problema que nos encontramos es que debido a la presión social y al estigma relacionado con todos estos estereotipos, ya que está mal visto estar confundida, ser inestable o ser promiscua, muchas personas bisexuales se sienten con la necesidad de negarlos diciendo que las personas plurisexuales no somos así, llamándolos ‘mitos’, y diciendo que las personas bisexuales no somos inestables, sabemos lo que queremos, no estamos confundidas, no somos promiscuas, y evidentemente somos monógamas… discriminando así una parte de nuestra comunidad, y ejerciendo violencia hacia personas que reproducen estos estereotipos y que ya están suficientemente discriminadas por el hecho de ser así, invisibilizándolas dentro de nuestra propia comunidad.

Pero si lo miramos con atención, ya no solo el estereotipo de la promiscuidad, que es bastante obvio de entender que tiene una base patriarcal y sexófoba en hacernos creer que en la promiscuidad hay algo de malo, sino que además, estar confundida o no saber qué quieres o no saber escoger, cuando vives en una sociedad que te obliga a escoger entre dos opciones entre las que no tienes por qué escoger, es incluso un acto revolucionario. ¿Qué quiere decir ‘saber escoger’? ¿Escoger entre ser hetero o homo? ¿Escoger entre dos relaciones que te gustan? ¿Escoger entre qué? ¿Estabilidad? ¿Qué quiere decir ‘ser estable’? ¿reproducir el tipo de estabilidad concreta para la producción en una sociedad capitalista, para la reproducción, para aislarme en una unidad familiar? ¿Una estabilidad que me obliga a ser la misma personas desde el día que nazco hasta el que muera? ¿Además aceptando ser lo que me han dicho que tengo que ser el día que nací? Visto así, prefiero estar confundida, ser inestable y no saber lo que quiero. Y si además la única opción que me da este sistema es aislarme en una unidad familiar, lejos de las redes y las comunidades, prefiero ser considerada promiscua. Con todo esto no quiero decir que las personas plurisexuales seamos inherentemente promiscuas (de hecho dentro de la comunidad plurisexual hay personas asexuales o hiposexuales), o inestables o confundidas, sino que el activismo bisexual que invisibiliza todas estas posibilidades en el fondo está obligando a una parte de la comunidad a adecuarse a unas normas que reproducen un montón de discriminaciones y opresiones e incluso reproduce bifobia (ya que marca una línea entre cuales son las buenas bisexuales, aquellas que son monógamas y que deciden seguir el camino ‘marcado’ por la norma, y cuales las malas bisexuales), y evidentemente monogamia obligatoria.

¿No os recuerdan, además, todos estos estereotipos con los estereotipos con los que se nos asocia a las personas poliamorosas o no monógomas en general? Yo veo realmente una relación bastante directa. Promiscuas, no saben escoger entre las relaciones que tienen, no saben lo que quieren, están confundidas y por esto van ‘probando’… a las personas plurisexuales y a las no monógamas se nos asocia con el ‘exceso’ y el vicio. Dentro del sistema monógamo en el que vivimos no tener ninguna relación es considerado un desastre (tendría que sentirme triste todo el día y llorando), tener una es la perfección (el ideal romántico de la media naranja), y tener más… para, tener más es pasarse, ¿Dónde vas? Con los géneros es lo mismo, que no te atraiga ningún género es un desastre (mirad las personas asexuales que son consideradas personas enfermas o que tienen algún error), que te atraiga uno es la perfección (el ideal de la media naranja pero con los géneros), y que te gusta más de uno… stop, no te pases.

Todo esto que acabo de comentar es una parte de cómo se expresa la bifobia, o sea las discriminaciones y violencias simbólicas a las que nos enfrentamos las personas bisexuales y plurisexuales, y como ya he explicado también parece que tenga una relación íntima con la monogamia. Este sistema de opresión y discriminación lo llamamos monosexismo. Y podríamos analizar cuáles son las razones por las cuales en este sistema existe el monosexismo. ¿Cuáles son las razones por las cuales el monosexismo existe como sistema que discrimina y oprime a las personas plurisexuales? El monosexismo existe para reforzar otras estructuras como el sexismo, la transfobia, la homofobia y la monogamia. Por ejemplo, refuerza el sexismo y la transfobia y la diferenciación jerárquica entre los géneros (tanto los impuestos como aquellos escogidos o sentidos) ya que nuestra supuesta no preferencia en el género de las personas por las cuales nos sentimos atraídas cuestiona estas diferenciaciones, imposiciones y jerarquías. Por ejemplo, refuerza la homofobia, ya que nuestra existencia cuestiona esta división tan clara entre lo que es definido como ‘correcto’, que es la heterosexualidad, y lo que es incorrecto, que la homosexualidad, y nosotras somos consideradas algo que contamina esta frontera y barrera (y por tanto la pone en cuestión). Y, por último, y esta es la que viene más a cuento ahora mismo, refuerza la monogamia obligatoria, ya que nuestra supuesta promiscuidad, confusión e inestabilidad y nuestra propia existencia que cuestiona lo que es definido como exceso y no exceso hace temblar el sistema monógamo impuesto. Por tanto, reproducir monosexismo es indirectamente reproducir sexismo, transfobia, homofobia y monogoamia obligatoria.

Hay otra cosa curiosa con la monosexualidad y la monogamia. Normalmente las monosexualidades son percibidas de una forma bastante monolítica; por ejemplo, se percibe que una persona heterosexual tiene que sentir atracción afectiva, romántica y sexual hacia el ‘otro’ género, y la homosexualidad hacia el ‘mismo’. O sea, que se tiene que sentir todas las atracciones (sexual, afectiva y romántica) hacia un solo género. Dentro de las plurisexualidades una cosa que pasa mucho es la pluralidad y la multiplicidad en la diversidad en la atracción afectiva y sexual, hasta llegar al punto de poder diferenciarla. Por ejemplo, la posibilidad de que yo me sienta atraída sexualmente hacia dos, tres, cuatro géneros y afectivamente hacia solo uno. También contemplando la posibilidad de que a lo mejor no me sienta atraída sexualmente hacia ninguno (ser asexual) pero afectivamente o románticamente hacia todos, o al revés, sentirme atraída sexualmente hacia todos y ser una persona arromátinca. Por otro lado, pasa algo muy parecido con la monogamia y la no monogamia. Normalmente la monogamia es un paradigma en las relaciones donde se cree que tienes una pareja, que es una persona por la que tienes que sentir una atracción sexual, afectiva y romántica. Si una de estas falla, entonces toda la relación falla. Y la relación que tienes que tener tienes que ser compartiendo todos estos factores. La no monogamia, contemplada como una cosa múltiple, puede contemplar una diversidad y multiplicidad de relaciones, desde la más afectiva con un vínculo emocional importante sin sexo, a la más sexual sin tener un vínculo afectivo importante, pasando por relaciones platónicas, o relaciones donde se comparta todas las combinaciones posibles, etc. Puede pasar que una persona no monógama tenga varias relaciones y ninguna de ellas sexual, o al revés. Esto me recuerda mucho a la plurisexualidad y a su inherente multiplicidad.

Solo quería para terminar poder concluir que vista esta relación que tienen tanto el monosexismo como la monogamia, para mí las comunidades plurisexuales y las no monógamas tienen una íntima conexión. Como hemos visto tenemos muchas cosas en común, ya no solo porque compartimos personas (es, obvio, sino no estaría yo aquí), sino también porque además tenemos un fondo común interesante e importante, que es lo que he expuesto. Por eso creo que nuestras comunidades tendrían que ser sensibles las unas con las otras y poder tejer red y alianza, y así, además, poder de una vez romper con el estigma que arrastramos dentro del activismo bisexual más mainstream y normativo que nos hace siempre salir a la calle para decir ‘hola, soy bisexual, soy monógama y soy normal’. Por eso estoy muy contenta de estar hoy aquí con todas vosotras, de tener la oportunidad de tejer esta alianza, y por esto también os estoy muy agradecida de haberme invitado. Gracias por haberme dado la oportunidad de compartir todo esto y además, poder decir alto y claro al fin ‘hola, soy bisexual, no soy monógama y no soy normal’.

discriminación por orientación sexual y monosexismo

Las personas no monosexuales somos constantemente leídas como la suma de dos monosexualidades. Esto, a parte de esconder un montón de no monosexualidades no basadas en los géneros no binarios, es una visión monosexista simplista de como se nos ha enseñado a leer las orientaciones. Todo nuestro vocabulario, toda la simbologia que nos rodea, está llena de monosexismo.

Constantemente se nos dice que solo se nos ‘discrimina’ cuando tenemos una pareja del mismo género que nosotres. Esta percepción sitúa a las personas plurisexuales entre el privilegio (heterosexualidad) y lo único que es percibido como ‘opresión real’ (homosexualidad). De esta forma se borra totalmente la vivencia no monosexual y la opresión padecida por tener una orientación no monosexual.

Cada estructura de poder tiene sus formas distintas de funcionar y de expresarse. La característica principal del monosexismo es la de la erradicación. Se borra toda posibilidad de la existencia no monosexual a través de todo un sinfín de expresiones, formas de hablar, y de clasificaciones. No existe la posibilidad de expresarla, y solo se expresa cuando hay necesidad de otorgarle caracteres socialmente dañinos en forma de estereotipos que nos estigmatizan. Es debido a esto que al final gran parte del activismo bisexual se desgaste en la ‘bisibilización’, quedándose en la superficie. Además que para defendernos de ese sinfín de estereotipos caemos en una normativzación que agrede a muchas personas y refuerza otras estructuras de poder.

Al ser nuetra experiencia ‘no posible’, nuestra opresión tampoco parece existir. Es más, debido a que la violencia que padecemos es más simbólica que directa, aún hace más difícil cuantificarla y mostrarla. Por poner un ejemplo, normalmente se cuantifican las ‘discriminaciones’ a través de la muestra de agresiones físicas o de situaciones donde se nos ha discriminado. Pero solo se leen estas discriminaciones cuando son debidas a tener una pareja del mismo género. ¿Es posible cuantificar la violencia simbólica? ¿Realmente afecta tanto la violencia simbólica?

La única forma de ‘cuantificar’ nuestra opresión es a través de estadísticas de salud, slaud mental o pobreza. La mayoría de estudios (que no son muchos, ya que la propia erradicación de la bisexualidad hace que ésta no se tenga en cuenta generalmente en los estudios) donde se ha diferenciado la homosexualidad de la bisexualidad ha mostrado que las personas bisexuales padecen índices mayores de ansiedad, depresión y problemas de salud en general; también de pobreza, intentos de suicidio o violencia sexual. El constante desprecio, borrado y menosprecio hacia lo que sentimos, la constante necesidad (impuesta desde fuera) de que seamos algo que no somos, que nos definamos como no somos, nos afecta. La forma monosexista de expresarse nuestra sociedad acaba afectando cada una de nuestras vivencias. No podemos dejar de sentir, de ser no monosexuales, cada vez que nos relacionamos, cada vez que nos sentimos apartades, cada vez que sentimos que cuando queremos expresar nuestras vivencias tenemos que hacerlo con un lenguaje mestizo, mezcla de dos lenguajes definidos que no nos representan. La hostilidad que sentimos en ciertos entornos, el constante aislamiento a lo que nos somete toda esta estructura nos afecta; afecta cada instante de nuestra vida, y afecta cada parte de nuestro cuerpo. Hostilidad que muchas veces (la mayoría de ellas) también proviene de nuestras parejas, familiares o amigues. Es común padecer bifobia en nuestras relaciones emocionales, afectivas y sexuales. Y toda esta ‘discriminación’ no nos es posible contabilizarla con la forma impuesta que nos ha venido de contabilización de discriminación; solo a través de datos indirectos por vernos afectades por un sinfín de símbolos que nos hace el día a día una cuesta más arriba.

Esta entrada se la dedico a todas esas personas que me repiten demasiado a menudo que a las personas bisexuales solo se nos discrimina cuando tenemos lo que ellas llaman una ‘relación homosexual’. No se dan cuenta que diciendo esto ya están usando un lenguaje monosexista que me agrede, me oprime, y… me ‘discrimina’. Pero esto no se contabiliza en ninguna estadística de discriminación.

opresiones, privilegios e intersecciones

La clase social, la raza, el género, la orientación sexual, la exclusión social de personas con diversidad funcional, y muchos más tipos de exclusión social, generan lo que llamamos una serie de opresiones y de privilegios. Existen, por tanto, una clase social privilegiada, una raza privilegiada, un género privilegiado, una orientación sexual privilegiada, y una serie de factores sociales y físicos privilegiados. Todas aquellas personas que no pertenecen a estos grupos son grupos excluidos y oprimidos; padecen de discriminación, presión social, dificultad de acceso físico y social a determinados ámbitos y lugares, a información, atención, etc. Muchos de ellos por no seguir la “norma” de la estructura social dominante, otras por no haber nacido o no estar o haber sido apartados de un grupo perteneciente a los grupos de poder social, otros por carecer de ciertas condiciones físicas adaptadas a la mayoría accesible.

En general las identidades de este tipo aparecen precisamente debido a esta opresión. Por ejemplo, la heterosexualidad no es normalmente considerada una orientación sexual (sí por definición, no por cómo es tratada), sino que el resto de ‘orientaciones sexuales’ aparecen (o son creadas) por exclusión. Esto pasa también con el género, o la raza, o la diversidad funcional, etc. Yo, y esto es algo muy personal, considero estas identidades que aparecen debido precisamente a una opresión como identidades de lucha política, pero nunca como identidades propias, ya que las siento simplemente como un constructo social.

Hay que tener en cuenta que la igualdad en estos casos es muy perversa. Este tipo de opresiones sociales pertenecen a estructuras de poder, y desear romper esa desigualdad queriendo también acceder a esos lugares privilegiados de poder es construir o beneficiar otros privilegios y opresiones. Por ejemplo, aunque mi condición de mujer me hace sentir discriminada en muchos aspectos, yo no deseo acceder al mismo poder al que puede acceder un hombre, porque es discriminatorio hacia otras personas y es poder en otras estructuras y grupos. Soy de las que piensan que simplemente deben desaparecer estas estructuras sociales de poder.

Es muy común no darse cuenta de las opresiones y de los privilegios en muchas ocasiones, porque éstas no siempre se presentan en forma de exclusión total, o de esclavitud en un campo de trabajo. Las opresiones aparecen en forma de discriminación, en forma de presión, de rechazo, de no poder socialmente acceder al mismo tipo de privilegios que otras personas; o sea, de violencia en general. Esta exclusión no siempre es visible, porque no se presentan en forma de ‘leyes’ sino en forma de estructuras sociales que todas y todos tenemos metidos en nuestras cabezas. Un ejemplo es el que ya hablé en la entrada sobre monosexismo, bifobia y binormatividad. Las personas que pertenecen a grupos oprimidos les es mucho más difícil acceder, no solamente al poder (algo muy discutible y con lo que se tendría que acabar), de igual manera a todos los ámbitos sociales. A veces el problema no es el acceso, pero es el rechazo social, es el odio generado en una misma, o la obligatoriedad de tener que ser de una forma u otra.

Es muy difícil definir qué es una opresión en general, y es importante comprender en cada uno de estos grupos excluidos u oprimidos cuales son las dificultades sociales a las que se enfrentan. O sea, a qué estructura social de poder tienen que enfrentarse.

Me gusta mucho una de las argumentaciones que da Judith Butler sobre los derechos humanos en general. Explica que normalmente los grupos excluidos luchan para que se les apliquen los derechos humanos a ellas también. Esto parece lógico, pero tiene algo de normativización. Cuando no se te están aplicando los derechos humanos es porqué en principio no se te está considerando un ser humano (hablando de forma legal y social, no biológicamente). Y es esto lo que son esas personas de grupos excluidos u oprimidos, no son considerados realmente seres humanos en el grupo social normal. Querer que se nos aplique a nosotras también es querer normativizarnos y adaptarnos nosotras al sistema. Debemos levantarnos para que se nos considere en primer lugar seres humanos, y cuando cambie este concepto, los derechos humanos tendrán que cambiar para que puedan ser también aplicados a nosotras. Y aquí entramos todas: mujeres, intersexuales, trans, lesbianas, gays, bisexuales, personas con diversidad funcional, asexuales, razas no dominantes, clases sociales, etc.

Es de vital importancia también comprender como interseccionan estas opresiones y privilegios entre ellos. No es una cuestión simple, porque la intersección nunca es la suma de los privilegios o de las opresiones consideradas, sino que es mucho más complejo, hay que también entender como interactúan entre ellos. Por ejemplo, la bisexualidad cuando intersecciona con el género (con el patriarcado) lo hace de manera muy especial, y es algo de lo que hablaré algún día porque es muy interesante, y no lo hace igual la homosexualidad con el género.

Otras intersecciones muy importantes son ciertas opresiones con ciertos privilegios. Aunque algunas de nosotras formemos parte de un grupo oprimido nunca debemos olvidar nuestra posición de privilegio en otro. Debemos ser conscientes y tenerlo en mente, aceptarlo. Obviar nuestros privilegios sería infantil y egoísta, además de hacernos olvidar que existen otras personas en otras circunstancias que están siendo discriminadas por otras razones; no debemos olvidarlo porque muchas veces en muchas luchas (como ha sido por ejemplo el tradicional feminismo, clásicamente para mujeres blancas de clase alta y heterosexuales) solo miran para ellas mientras siguen oprimiendo una parte de la población. Aquí debemos luchar todas y para todas, y la lucha por la igualdad debe ser crucial en todos los aspectos.

¿Es posible que siendo conscientes de nuestros privilegios podamos usarlos para romper con la estructura que los crea? Podría ser. Es algo que debemos comprender en cada situación en la que nos encontremos, escuchar a las personas que no tienen ese privilegio y comprender qué podríamos hacer, y aprender a no caer en el uso del privilegio de forma inconsciente. Pero sobretodo, aceptar que los tenemos. Usar nuestra voz y nuestra fuerza como privilegiados para apoyar a esas personas que no lo son; desviar ese poder de dirección. Por eso son importantes los hombres en el feminismo, por eso lo son los heterosexuales en los movimientos LGBT, por eso lo son los blancos en las lucha contra el racismo y el colonialismo.

Así, que a modo de aceptación, voy a decir que aunque formo parte de grupos oprimidos por el hecho de ser mujer, bisexual y de haber nacido en una familia de clase obrera, tengo que aceptar mis privilegios, como son el hecho de no ser inmigrante, vivir y trabajar en el mismo estado donde tengo la nacionalidad, soy europea, blanca, tengo que llevar gafas, pero realmente no las necesito a diario y no tengo ninguna ‘discapacidad’ que no me permita acceso, tengo acceso a internet, a un ordenador personal, tengo un trabajo con el que gano más que suficiente para poder vivir y hacer algunas otras cosas, sé leer y escribir. Y tengo acceso a todo ello y a poder estar escribiendo esto en un blog. Así que, mirándolo bien, puedo usar estos privilegios, como estar ahora mismo escribiendo esto y colgándolo en la red, y usarlos en favor de lo que yo elija.

monosexismo, bifobia y binormatividad

Antes de empezar me gustaría hacer referencia a un libro, que ha sido uno de los que más me han inspirado en esta temática, y muchos de los conceptos que voy a describir. El libro se llama “Bi: Notes for a Bisexual Revolution” de Shiri Eisner.

También quiero hacer un comentario acerca de los movimientos LGBT que mencionaré a lo largo del texto. No quiero atacar a todo el colectivo LGBT, sino destacar la discriminación que también existen en algunos de estos colectivos y de los que yo también he participado en algún momento seguramente. Debo decir que la bifobia y la discriminación hacia personas bisexuales es mucho más fuerte por parte del ‘mundo heterosexual’ y que si hago referencia explícitamente a estos colectivos es para remarcar de que aún tenemos mucho trabajo por hacer (y yo misma me incluyo). Hay que valorar todo el trabajo que desde estos colectivos se ha realizado tanto históricamente como actualmente en la lucha contra la discriminación y la violencia en general.

Después de esta introducción y aclaración, voy a ir al grano:

La bisexualidad es una orientación sexual muchas veces difícil de definir. Se pueden encontrar varias definiciones, de hecho se pueden encontrar tantas como personas bisexuales existen. La controversia, pero, está servida, debido a los intensos debates que el propio prefijo “bi” genera. Actualmente hay dos definiciones de la bisexualidad que son más utilizadas: la primera es la que define la bisexualidad como aquella orientación sexual donde la persona se puede sentir atraída sexualmente y/o emocionalmente por personas de más de un sexo/género, a la vez o en momentos separados;  la segunda es la que define la bisexualidad como aquella orientación sexual donde la persona se siente atraída sexualmente y/o emocionalmente por personas de su mismo sexo/género y por alguno o algunos otros.

La controversia es debida a que inicialmente, debido al origen de la palabra ‘bisexualidad’ (del que hablaré seguramente más adelante en otra entrada), ha sido siempre definida como la orientación sexual en la que la persona se siente atraída por personas del género femenino y del masculino (o sea, dos géneros). Aún así, en la actualidad, donde los propios conceptos de sexo y de género son tan cuestionados, y donde la visibilidad de las personas trans, sean de género binario como de género no binario, o agénero, es más alta, el sentimiento de las personas bisexuales ha ido cambiando su propia definición. Pero a la vez, debido a este interno debate, han aparecido otro tipo de orientaciones sexuales, como la llamada pansexualidad u omnisexualidad, con las que hay personas que se sienten mejor identificadas para poder englobar todo tipo de posibilidades de géneros dentro de la atracción física y/o emocional, rompiendo así con la transfobia que algunas personas dicen que lleva el concepto de la bisexualidad. Ahora bien, siendo la bisexualidad una orientación sexual que no solamente se cuestiona una estructura social como es la monosexualidad, sino también el propio concepto del género, es una buena herramienta de identificación en muchos aspectos, aunque la palabra tenga un origen limitante, denigrante y patológico. Yo, como bisexual, me gusta el concepto de poderla utilizar como una herramienta de identidad política para contrarrestar el estigma con el que fue creada esta palabra. Todos los conceptos que voy a describir a continuación son válidos también para personas que prefieran identificarse como pansexuales u omnisexuales o cualquier orientación sexual que no sea la heterosexual o la homosexual.

El monosexismo es una estructura social que presupone que todas las personas nos sentimos atraídas solamente por un género. En el caso de la heterosexualidad, por el género contrario al nuestro, y en el caso de la homosexualidad, por nuestro mismo género. Esta estructura proviene de la estructura heteropatriarcal, que define y limita el género y la orientación sexual privilegiadas. Aún la intensa lucha feminista y de los movimientos sociales ‘homosexuales’ para romper esta estructura heteropatriarcal, quedan algunas estructuras que se derivan de ésta, muy arraigadas y poco cuestionadas en nuestra sociedad y en nuestro lenguaje. Una de las luchas de los movimientos ‘queer’ es romper con el propio concepto de género. Es por esta razón que la bisexualidad tendría que estar más ligada a este tipo de movimientos que van más a la raíz del problema y rompen con todas las estructuras que se derivan.

El monosexismo, por lo tanto, es la creencia de privilegio de las personas con una orientación sexual monosexual (heterosexual u homosexual) y de opresión hacia aquellas personas que no son monosexuales (bisexuales, pansexuales u omnisexuales).

 Socialmente se han creado muchos estereotipos entorno a la bisexualidad, estereotipos que sirven para discriminar, aislar y estigmatizar a las personas bisexuales, colocándolas en una posición de vergüenza, poco evolucionadas o ‘nocivas’ (malas) socialmente. Todos estos estereotipos en conjunto y el conjunto de situaciones, comentarios y estigmas discrminatorios hacia personas bisexuales se llaman actos bifóbicos. Para decirlo claramente, un tipo de violencia llamada bifobia. La bifobia es muy poco reconocida en todos los ámbitos, no solamente en el conjunto privilegiado  heterosexual, sino algunas veces también en los movimientos llamados LGBT (debido a que la bifobia también puede existir entre los colectivos homosexulaes y trans). Al considerarse la bisexualidad simplemente como una orientación sexual diferente a la heterosexualidad, solo se contempla la problemática de la homofobia que las personas puedan padecer cuando tienen relaciones con personas del mismo género. Pero más allá de todo esto existen una serie de ataques y situaciones vividas hacia las personas bisexuales que son debidas exclusivamente al hecho de su no-monosexualidad. Un pequeño resumen de algunos de los estereotipos sobre las personas bisexuales sería: ‘la bisexualidad no existe’, ‘lxs bisexuales son golfxs, putxs, promiscuxs e infieles’, ‘a lxs bisexuales les gustan todas las personas’, ‘lxs bisexuales nunca tienen relaciones estables y/o monógamas’, ‘lxs bisexuales son en realidad heterosexuales u homosexuales’, ‘lxs bisexuales en realidad pueden escoger ser heterosexuales u homosexuales’, ‘lxs bisexuales son personas que no tienen claras las cosas, no saben definirse, son inmadurxs o primitivxs’, o bien ‘lxs bisexualxs son portadorxs de enfermedades de transmisión sexual hacia el colectivo heterosexual’,’lxs bisexuales están solamente atravesando una etapa’. Se añade, además, de que hay una creencia social de que todo este tipo de comportamientos son altamente nocivos (van en contra de la norma social de lo que es correcto). El intento que muchas veces se hace desde algunos de los movimientos LGBT para defender la bisexualidad es de ‘normalización’ y de querer dejar claro que todos estos estereotipos no son ciertos y que las personas bisexuales no son así (algo que hemos hecho casi todas en algún momento de nuestra vida para defendernos cuando nos sentimos violentadas o atacadas). Ahora bien, esto es solamente una limpieza de cara y una manera de definir quien es un ‘buen’ bisexual y quien no lo es: una manera de que se acepte la orientación sexual para adaptarla a la sociedad (lo que podríamos llamar binormativización). Pero, como en todas las orientaciones sexuales, entre las personas bisexuales habrá que sean promiscuxs, habrá que no lo sean, habrá quien quiera tener sexo con mucha gente por separado y/o a la vez, habrá quien solamente con una persona o pocas, habrá quien en algún momento dado quieran escoger ser homosexuales, habrá quien quiera sentirse siempre bisexual, habrá de indecisas o indecisos, habrá quien tenga las cosas muy claras, habrá quien quiera la poligamia, habrá quien tendrá siempre relaciones monógamas. Y también habrá algunas que estén atravesando una etapa (también una persona puede considerarse homosexual o heterosexual durante una época y haber estado atravesando una etapa). O sea, como cualquier persona de cualquier orientación sexual. Atacar aquello que está mal visto socialmente para defender una orientación sexual es un acto de normativización, que excluye, avergüenza y no acepta a las personas que no tienen un determinado comportamiento que se considera correcto socialmente.

Debido a la sutileza de la bifobia y a la negación constante de su existencia (ya que a muchas personas les parecen normales y nada violentos comentarios como ‘lo que te pasa es que no sabes lo que quieres’, ‘lo que te pasa es que eres un vicioso y con dos sexos tienes más para elegir’, ‘yo no tendría nunca una relación con una persona bisexual porque es más probable que me deje o me engañe’, ‘las bisexuales no pueden ser monógamas ni fieles’), ésta no es fácilmente detectada y es aceptada como una cosa normal. Las personas bisexuales padecen de aislamiento, de cuestionamiento constante de su propio valor o existencia, de violencia sexual, de estigmatización, de discriminación de miedos, de depresión, de problemas de salud mental, etc.

 Las campañas que se hacen comúnmente para la bisexualidad son de visibilización de las personas bisexuales: son en resumen una manera de decir “soy bisexual, existo y soy normal como tú”. Aunque son positivos (mejor esto que nada), solo se quedan en la superficie. Casi nunca se visibiliza la bifobia y sus consecuencia. No se acostumbra a hablar de cómo las personas bisexuales viven la bifobia, de sus miedos, y de sus experiencias debido a tener una orientación sexual no monosexual, ni de cómo ésta intersecciona con otros tipos de privilegios/opresiones como pueden ser: clase social, género, raza, diversidad funcional, etc. Además, tampoco visibilizan como viven tanto la bifobia como la presión de la binormativización ciertas personas bisexuales que podrían realmente formar parte de alguno de los estereotipos socialmente no aceptados.

Para terminar, voy a compartir con vosotras un ejemplo de todo lo que he estado diciendo. Hoy en internet me he encontrado con una nueva campaña de visibilización de la bisexualidad. Aunque ya he dicho que creo que las campañas que solo pretenden visibilizar están mejor que nada, esta, a parte de visibilizar, pretende también visibilizar la bifobia, algo que al principio me ha emocionado.  Pero cuando he visto la exposición fotográfica y el texto no me ha gustado. ¿Por qué? Porque hace lo que he comentado anteriormente de defenderse de la bifobia demostrando que las personas bisexuales no somos lo que dicen que somos. Por tanto la considero un acto de binormativización. La única excepción es la que dice que las personas bisexuales somos tan viciosas como las demás personas. Pero el mensaje de “somos valientes” o bien “no somos promiscuos”, o bien “no es una etapa”, me parece discriminatorio y excluyente hacia las personas que no se sientan valientes, que no lo sean o que no quieran serlo, o personas que sean promiscuas, o quien a lo mejor pueda estar pasando una etapa o dude de que la esté pasando. No me gusta este tipo de exclusión y de vergüenza hacia una parte del colectivo que es tan bisexual y merece su aceptación igual que las demás. Entonces, después de esto, ¿quién visibilizará los miedos generados en las personas bisexuales promiscuas o indecisas o perdidas o no valientes debido a su sentimiento de exclusión y de aceptación social dentro y fuera del colectivo bisexual, LGBT o feminista? Aquí os dejo el link de la campaña donde se puede ver la exposición fotográfica:

http://xega.org/xega/noticias/xega/area-be-sexual-xega_presenta_exposicion_fotografica_soy_bisexual