monosexismo y monogamia (intervención para la mesa redonda en las primeras jornadas de amors plurals)

El pasado 12 y 13 de Diciembre Amors Plurals organizó unas jornadas en torno a la no monogamia consensuada. Participé en la mesa redonda del domingo 14 por la tarde. Ésta es mi intervención traducida del catalán (la original en catalán la podéis encontra aquí). Quiero, además, dar las gracias otra vez a Amors Plurals por invitarme y por haberme dado la oportunidad de poder hablar de algo que aún antes no le había podido poner palabras y que solamente me recorría el cuerpo. Fue uno de los ejercicios más bonitos que hice el año pasado y que ahora aún están resonando y difractando de formas muy diversas en muchas partes de mi vida personal, relacional, filosófica y activista.

Buenas tardes a todas. Me llamo Natàlia, soy kuirfeminista y soy activista bisexual. Soy miembro del colectivo Enrenou, donde hacemos activismo bisexual y de otras identidades plurisexuales. Antes de empezar mi intervención me gustaría explicar qué quiere decir ‘plurisexual’ y porque utilizo este término. Plurisexual es un término paraguas que estamos usando muchas activistes para referirnos a todas esas identidades u orientaciones donde hay una atracción afectiva y/o sexual hacia más de un género. La plurisexualidad más conocida es la bisexualidad, pero hay otras como son la polisexualidad, la pansexualidad, etc (no entraré a definirlas todas o a explicar sus diferencias, pero si en el debate o después alguien tiene curiosidad yo y otras personas de Enrenou que están aquí podemos explicarlo). Sé que para mí y para muchas sería mucho más fácil que utilizara la palabra bisexual porque es la que la mayoría conoce, pero si hago esto invisibilizo a una buena y gran parte de mi comunidad, e intentando ser sensible a no hacerlo intentaré utilizar plurisexual. Aun así, yo me identifico mayoritariamente como bisexual (a veces como polisexual) y por tanto cuando me refiera a mí seguramente utilizaré bisexual.

 Otro termino contrapuesto es el de ‘monosexual’. Monosexuales son las orientaciones donde hay una atracción hacia solamente un género. Monosexualidades son, por ejemplo, la heterosexualidad y la homosexualidad. Y, finalmente, también usaré el término ‘monosexismo’ para referirme al sistema o estructura de poder a través del cual se reproduce la bifobia y las discriminaciones y opresiones hacia todas aquellas personas plurisexuales o no monosexuales.

 Quiero además enfatizar que cuando hablo de géneros no solo me estoy refiriendo a los géneros binarios, hombre y mujer, sino también a todos esos géneros que no caen dentro de los binarios. Además, también se tiene que tener en cuenta que hay personas que no se identifican con ningún género, como son las personas agénero.

He estado pensando un poco como hacer esta intervención y qué traer a esta mesa, y la verdad es que hay tantas coses que considero importantes o que despiertan en mí mucha inquietud que me costó decidir por dónde empezar, ya que para mí la plurisexualidad y la no monogamia tienen muchas coses en común. Al final encontré que había dos temas que encontraba muy importantes y muy interesantes y me quedé solo con uno de ellos por cuestiones de tiempo y porque pudiera desarrollarlo mínimamente. El tema que finalmente descarté es el de la intersección, de cómo vivimos las personas plurisexuales la no monogamia o como vivimos las personas no monógamas la plurisexualidad. Aunque es un tema muy importante lo descarté, per seguro que da para nuevas intervenciones o para escribir artículos. Finalmente el tema que decidí tratar es como se relaciona el monosexismo con la monogamia, o sea como las discriminaciones y opresiones que recibimos las personas plurisexuales están relacionadas con el sistema de monogamia impuesta. Lo que iré haciendo es ir desglosando el monosexismo y a la vez lo iré comparando con la monogamia.

La plurisexualidad es normalmente discriminada de dos formas: a través de la invisibilidad y de los estereotipos. La invisibilidad es el borrado constante de nuestra existencia y de nuestras vivencias, emociones y experiencias. Así como la heterosexualidad es la orientación considerada buena y por defecto, ‘normal’ y sana, la homosexualidad es la orientación considerada una enfermedad, discriminable y menospreciable, la bisexualidad u otras plurisexualidades por otro lado es considerada inexistente. Las personas plurisexuales no existimos y no estamos representadas en el vocabulario y la forma de expresarnos diarias. Pondré un ejemplo así simple que casi siempre pongo, de cuando nos referimos a las relaciones. Cuando hablamos de relaciones, hablamos de relaciones heterosexuales u homosexuales según los géneros de las personas que forman parte de la relación; el sexo también lo llamamos hetero o lésbico o gay, obviando la orientación de las personas que participan. Si por ejemplo yo voy por la calle de la mano de una mujer dirán que mi relación es lésbica y automáticamente se me leerá como lesbiana, invisibilizando la posibilidad de que yo sea bisexual, que es realmente como me identifico. Es más, si yo tengo otras relaciones con personas de otros géneros en ese momento no se tendrá en cuenta, ya que la lectura es siempre monógama.

Además también es bastante común que cuando una persona plurisexual cambia de una relación con una persona de un género a una relación con una persona de otro género se acostumbre a decir que ha cambiado su orientación (¡oh, antes era hetero y ahora está con una mujer y es lesbiana!),, suponiendo evidentemente que dejo de sentirme atraída por otras personas o que podría si quisiera tener otras relaciones. Por tanto, nuestras relaciones se leen a través de una mirada monosexual (o sea, heterosexual u homosexual) y a la vez también monógama. Dos visiones que se alimentan entre sí. Aquí, a lo mejor, ya se empieza a ver un poco la relación que tiene con la monogamia, ¿no creéis? Pero bien, no todo se arregla tan fácilmente como rompiendo con la monogamia, porque si yo ahora decidiera ir por la calle de la mano de dos personas de géneros diferentes (así, para que se enteren) seguramente no dirán ‘oh, mira qué bisexual más cuki’, no. Entonces lo más probable es que me digan que estoy confundida o que aún no he sabido escoger uno de los dos género… ¿O entre una de las dos personas? O sea, que tanto las personas plurisexuales como las no monógamas básicamente estamos confundidas o no sabemos escoger. Básicamente algún día cuando crezcamos todas tendremos que escoger un solo género y dejar de ser plurisexuales y tendremos que escoger a una personas y dejar de ser no monógamas y quedarnos allí para toda la vida, no sea que nos descontrolemos. Parece como si las personas plurisexuales y la no monogamia se considerasen estados de inmadurez relacional.

Esto de la confusión y de la inmadurez nos conecta con los estereotipos que rodean a la bisexulidad. Como he comentado, a parte de la invisiblidad, otra forma con la que se nos discrimina a personas plurisexuales es a través de los estereotipos. A las personas bisexuales, comúnmente, cuando no se nos borra del mapa, se nos asocia con un conjunto de estereotipos, que son connotaciones socialmente consideradas como negativas: como he comentado, la confusión, pero también hay otras como la inestabilidad, el no saber escoger, no saber lo que se quiere, la promiscuidad… pero estos estereotipos son una trampa, porque son connotaciones consideradas negativas solo debido a vivir en una sociedad capitalista y patriarcal. Normalmente el problema que nos encontramos es que debido a la presión social y al estigma relacionado con todos estos estereotipos, ya que está mal visto estar confundida, ser inestable o ser promiscua, muchas personas bisexuales se sienten con la necesidad de negarlos diciendo que las personas plurisexuales no somos así, llamándolos ‘mitos’, y diciendo que las personas bisexuales no somos inestables, sabemos lo que queremos, no estamos confundidas, no somos promiscuas, y evidentemente somos monógamas… discriminando así una parte de nuestra comunidad, y ejerciendo violencia hacia personas que reproducen estos estereotipos y que ya están suficientemente discriminadas por el hecho de ser así, invisibilizándolas dentro de nuestra propia comunidad.

Pero si lo miramos con atención, ya no solo el estereotipo de la promiscuidad, que es bastante obvio de entender que tiene una base patriarcal y sexófoba en hacernos creer que en la promiscuidad hay algo de malo, sino que además, estar confundida o no saber qué quieres o no saber escoger, cuando vives en una sociedad que te obliga a escoger entre dos opciones entre las que no tienes por qué escoger, es incluso un acto revolucionario. ¿Qué quiere decir ‘saber escoger’? ¿Escoger entre ser hetero o homo? ¿Escoger entre dos relaciones que te gustan? ¿Escoger entre qué? ¿Estabilidad? ¿Qué quiere decir ‘ser estable’? ¿reproducir el tipo de estabilidad concreta para la producción en una sociedad capitalista, para la reproducción, para aislarme en una unidad familiar? ¿Una estabilidad que me obliga a ser la misma personas desde el día que nazco hasta el que muera? ¿Además aceptando ser lo que me han dicho que tengo que ser el día que nací? Visto así, prefiero estar confundida, ser inestable y no saber lo que quiero. Y si además la única opción que me da este sistema es aislarme en una unidad familiar, lejos de las redes y las comunidades, prefiero ser considerada promiscua. Con todo esto no quiero decir que las personas plurisexuales seamos inherentemente promiscuas (de hecho dentro de la comunidad plurisexual hay personas asexuales o hiposexuales), o inestables o confundidas, sino que el activismo bisexual que invisibiliza todas estas posibilidades en el fondo está obligando a una parte de la comunidad a adecuarse a unas normas que reproducen un montón de discriminaciones y opresiones e incluso reproduce bifobia (ya que marca una línea entre cuales son las buenas bisexuales, aquellas que son monógamas y que deciden seguir el camino ‘marcado’ por la norma, y cuales las malas bisexuales), y evidentemente monogamia obligatoria.

¿No os recuerdan, además, todos estos estereotipos con los estereotipos con los que se nos asocia a las personas poliamorosas o no monógomas en general? Yo veo realmente una relación bastante directa. Promiscuas, no saben escoger entre las relaciones que tienen, no saben lo que quieren, están confundidas y por esto van ‘probando’… a las personas plurisexuales y a las no monógamas se nos asocia con el ‘exceso’ y el vicio. Dentro del sistema monógamo en el que vivimos no tener ninguna relación es considerado un desastre (tendría que sentirme triste todo el día y llorando), tener una es la perfección (el ideal romántico de la media naranja), y tener más… para, tener más es pasarse, ¿Dónde vas? Con los géneros es lo mismo, que no te atraiga ningún género es un desastre (mirad las personas asexuales que son consideradas personas enfermas o que tienen algún error), que te atraiga uno es la perfección (el ideal de la media naranja pero con los géneros), y que te gusta más de uno… stop, no te pases.

Todo esto que acabo de comentar es una parte de cómo se expresa la bifobia, o sea las discriminaciones y violencias simbólicas a las que nos enfrentamos las personas bisexuales y plurisexuales, y como ya he explicado también parece que tenga una relación íntima con la monogamia. Este sistema de opresión y discriminación lo llamamos monosexismo. Y podríamos analizar cuáles son las razones por las cuales en este sistema existe el monosexismo. ¿Cuáles son las razones por las cuales el monosexismo existe como sistema que discrimina y oprime a las personas plurisexuales? El monosexismo existe para reforzar otras estructuras como el sexismo, la transfobia, la homofobia y la monogamia. Por ejemplo, refuerza el sexismo y la transfobia y la diferenciación jerárquica entre los géneros (tanto los impuestos como aquellos escogidos o sentidos) ya que nuestra supuesta no preferencia en el género de las personas por las cuales nos sentimos atraídas cuestiona estas diferenciaciones, imposiciones y jerarquías. Por ejemplo, refuerza la homofobia, ya que nuestra existencia cuestiona esta división tan clara entre lo que es definido como ‘correcto’, que es la heterosexualidad, y lo que es incorrecto, que la homosexualidad, y nosotras somos consideradas algo que contamina esta frontera y barrera (y por tanto la pone en cuestión). Y, por último, y esta es la que viene más a cuento ahora mismo, refuerza la monogamia obligatoria, ya que nuestra supuesta promiscuidad, confusión e inestabilidad y nuestra propia existencia que cuestiona lo que es definido como exceso y no exceso hace temblar el sistema monógamo impuesto. Por tanto, reproducir monosexismo es indirectamente reproducir sexismo, transfobia, homofobia y monogoamia obligatoria.

Hay otra cosa curiosa con la monosexualidad y la monogamia. Normalmente las monosexualidades son percibidas de una forma bastante monolítica; por ejemplo, se percibe que una persona heterosexual tiene que sentir atracción afectiva, romántica y sexual hacia el ‘otro’ género, y la homosexualidad hacia el ‘mismo’. O sea, que se tiene que sentir todas las atracciones (sexual, afectiva y romántica) hacia un solo género. Dentro de las plurisexualidades una cosa que pasa mucho es la pluralidad y la multiplicidad en la diversidad en la atracción afectiva y sexual, hasta llegar al punto de poder diferenciarla. Por ejemplo, la posibilidad de que yo me sienta atraída sexualmente hacia dos, tres, cuatro géneros y afectivamente hacia solo uno. También contemplando la posibilidad de que a lo mejor no me sienta atraída sexualmente hacia ninguno (ser asexual) pero afectivamente o románticamente hacia todos, o al revés, sentirme atraída sexualmente hacia todos y ser una persona arromátinca. Por otro lado, pasa algo muy parecido con la monogamia y la no monogamia. Normalmente la monogamia es un paradigma en las relaciones donde se cree que tienes una pareja, que es una persona por la que tienes que sentir una atracción sexual, afectiva y romántica. Si una de estas falla, entonces toda la relación falla. Y la relación que tienes que tener tienes que ser compartiendo todos estos factores. La no monogamia, contemplada como una cosa múltiple, puede contemplar una diversidad y multiplicidad de relaciones, desde la más afectiva con un vínculo emocional importante sin sexo, a la más sexual sin tener un vínculo afectivo importante, pasando por relaciones platónicas, o relaciones donde se comparta todas las combinaciones posibles, etc. Puede pasar que una persona no monógama tenga varias relaciones y ninguna de ellas sexual, o al revés. Esto me recuerda mucho a la plurisexualidad y a su inherente multiplicidad.

Solo quería para terminar poder concluir que vista esta relación que tienen tanto el monosexismo como la monogamia, para mí las comunidades plurisexuales y las no monógamas tienen una íntima conexión. Como hemos visto tenemos muchas cosas en común, ya no solo porque compartimos personas (es, obvio, sino no estaría yo aquí), sino también porque además tenemos un fondo común interesante e importante, que es lo que he expuesto. Por eso creo que nuestras comunidades tendrían que ser sensibles las unas con las otras y poder tejer red y alianza, y así, además, poder de una vez romper con el estigma que arrastramos dentro del activismo bisexual más mainstream y normativo que nos hace siempre salir a la calle para decir ‘hola, soy bisexual, soy monógama y soy normal’. Por eso estoy muy contenta de estar hoy aquí con todas vosotras, de tener la oportunidad de tejer esta alianza, y por esto también os estoy muy agradecida de haberme invitado. Gracias por haberme dado la oportunidad de compartir todo esto y además, poder decir alto y claro al fin ‘hola, soy bisexual, no soy monógama y no soy normal’.

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salud mental en las personas bisexuales y de otras identidades plurisexuales y el monosexismo como causa: bifobia, erradicación, invisibilización e imperialismo cultural

El pasado mes de noviembre escribí una ponencia como miembro del colectivo Enrenou para los 27 Encuentros Estatales LGTBI que podéis leer también aquí.

Mi nombre es Natàlia Climent, soy activista bisexual y kuirfeminista, y formo parte del colectivo Enrenou, que es un grupo donde hacemos activismo bisexual y de otras identidades plurisexuales. Las identidades plurisexuales son todas aquellas donde existe una atracción sexual y/o afectiva hacia más de un género, entre las que se encuentran, no solamente la bisexualidad, sino también la polisexualidad, la pansexualidad, la skoliosexualidad, la pomosexualidad, entre otras. Lo que desde Enrenou nos gustaría tratar en estos encuentros es la problemática de la salud mental en las personas plurisexuales, ya que muchas veces no se tratan de forma diferenciada de las que puedan haber en el colectivo gay y lésbico, y por tanto no se pueden tratar las especificidades de nuestro colectivo, que no solamente puede padecer en cierta medida de homofobia, sino que también padece de discriminación debido a sentir atracción por más de un género. Quiero añadir, que aunque desde Enrenou no nos gusta hablar solamente de bisexualidad, ni nos gusta invisibilizar otras identidades plurisexuales, que comparten con la bisexualidad el tipo de discriminación y violencia, en esta ponencia solamente hablaré de bisexualidad en muchas ocasiones debido a que los pocos estudios que se han hecho solo se habla de bisexualidad, y no de otras identidades.

Las personas no heterosexuales, debido al estigma, la marginación, la discriminación, y la violencia sufrida, tendemos más a sufrir depresiones, ansiedad, a autolesionarnos, o a intentar el suicidio, que las personas heterosexuales. Según muchos estudios, como por ejemplo los de King et al. (2008), Llhomond y Saurel-Cubizolles (2009), Marshal et al (2011), Ploderl et al. (2013), Warner et al. (2004), McManus et al. (2007) o bien el de Chakraborty et al. (2011), ponen de relieve que existe esta tendencia a sufrir de problemas en el ámbito de la salud mental.

El problema que nos encontramos es que la mayoría de los estudios los datos no distinguen entre las personas homosexuales y las bisexuales o plurisexuales, poniéndolas todas en el mismo saco. Esto ocurre porque se cree que las personas bisexuales padecemos solamente de homofobia y lesbofobia (se cree que solamente padecemos discriminación cuando tenemos relaciones con personas del mismo género), borrando la especificidad de la experiencia bisexual y definiéndola como una experiencia mitad heterosexual y mitad homosexual. Pero la bifobia es una violencia y una discriminación diferenciada de la homofobia y la lesbofobia, y se reproduce por el hecho de que nos sentimos atraídas por más de un género, y no porque tengamos relaciones con personas del mismo género al nuestro. Por poner un ejemplo, cuando a mí se me discrimina por ir de la mano de una persona del mismo género estoy padeciendo, aun siendo bisexual, homofobia o lesbofobia; pero cuando se me discrimina porque puedo sentir atracción hacia varios géneros (como explicaré más adelante) a través de estereotipos, o diciéndome que esto no puede existir, u obligándome a definirme como lesbiana, entonces estoy padeciendo bifobia.

Habitualmente cuando se habla de bifobia se habla de los estereotipos. Los estereotipos de la bisexualidad (como la promiscuidad, la inestabilidad, la confusión, etc) son connotaciones socialmente negativas que ponen a las personas bisexuales en un lugar simbólicamente dañino para la sociedad. Esto no quiere decir que ser promiscua, estar confundida o ser inestable, sean cosas inherentemente malas; pero al ser conceptos que socialmente son discriminables y a la vez se te otorguen por el simple hecho de tu orientación sexual hace que esta asociación pueda sentirse como violenta.

Pero la bifobia no termina aquí. Para que nos hagamos una idea, la bifobia, en forma de discriminación directa, visible solo a través de estereotipos, es solo la punta del iceberg. Es por esta razón que muchas personas utilizamos el concepto del monosexismo, que nos permite entender donde la bisexualidad está estereotipada, prohibida, negada y borrada, y también por qué lo está, y además nos permite ver que todo esto tiene unas consecuencias en, por ejemplo, la salud mental de las personas bisexuales. Definimos el monosexismo como una estructura social que opera bajo la presunción de que todas las personas son monosexuales (heterosexuales o homosexuales) y que sistemáticamente discrimina o borra a todas aquellas que no lo son (como las plurisexuales). Por tanto, el monosexismo, al ser una estructura social, no solamente se expresa en forma de violencia directa, sino también indirecta o simbólica.

Yoshino, en su artículo ‘Epistemic contract of bisexual erasure’ apuntaba que el monosexismo opera bajo la presunción de que la bisexualidad debe ser borrada a través del propio conocimiento cultural. La erradicación de la bisexualidad es un fenómeno social en el que ésta es borrada de cualquier discurso donde pueda ser relevante (como, por ejemplo, en los estudios sobre salud mental, que he señalado al principio), incluso en la esfera privada o cuando una persona sale del armario consigo misma. La erradicación de la bisexualidad es el aspecto más relevante de la estructura monosexista: la mayor parte del tiempo nuestra cultura opera bajo la presunción de que la bisexualidad no existe y no puede existir. Yoshino apuntaba también en su artículo que uno de los motivos de esta erradicación es porque la bisexualidad pone en duda la existencia de la monosexualidad (la heterosexualidad y la homosexualidad), y para que las monosexualidades puedan mantenerse (especialmente la heterosexualidad, que es la que tiene más privilegios), la bisexualidad debe borrarse como posibilidad.

Pondremos un ejemplo simple de esta erradicación. La mayor parte del vocabulario diario no nos contempla, y no representa lo que sentimos o con lo que nos identificamos. Casi siempre que hablamos de relaciones hablamos de relaciones heterosexuales, homosexuales o lésbicas; si voy por la calle de la mano de una mujer dirán que mi relación es lésbica y automáticamente a mí se me dirá que soy lesbiana, invisibilizando de esta manera la posibilidad de que yo no sea lesbiana, sino bisexual, que es precisamente como me identifico.

Como también se comenta en el informe Bisexual Invisibility, de la comisión de derechos humanos de San Francisco, las personas bisexuales experimentamos altas tasas de discriminación, de ser ignoradas o invisibilizadas. A menudo la orientación sexual en sí se considera inválida o irrelevante.

Por tanto, si mezclamos el hecho de que la bisexualidad es estereotipada y además invisibilizada, nos encontramos con lo que Obradors en su artículo ‘Deconstructing biphobia’ describe como el imperialismo cultural: “El imperialismo cultural… tiene un significado paradójico… Por un lado, el imperialismo cultural invisibiliza a un grupo de personas negándoles su existencia. Por el otro lado, este grupo de personas está descrita a la vez a través de un número de prejuicios que crea una imagen clara (y desviada) de ellas.”. Este marco descrito, de la negación de nuestra existencia, junto con la asignación de estereotipos, hace que las discriminaciones que padezcamos las personas bisexuales y plurisexuales sean diferentes al tipo de discriminación directa o violencia física o verbal; es un tipo de violencia más simbólica. Es un tipo de violencia poco visible, palpable, pero que repercute a la larga en nuestras vidas y tiene consecuencias. Una de las consecuencias más frecuentes es en la salud mental de las personas bisexuales y plurisexuales en general.

En Marzo de 2011, la comisión de derechos humanos de San Francisco (cuerpo gubernamental de los EEUU) recogió datos de diferentes estudios de EEUU, Reino Unido y Canadá donde se tenía en cuenta a la bisexualidad de forma diferenciada en un informe llamado ‘Bisexual Invisibility’. Algunos de los resultados que se reflejan son:

  • Las personas bisexuales experimentaban mayores disparidades en la salud que el resto de población, incluyendo más probabilidad de sufrir depresiones y desórdenes de ansiedad y ánimo (Miller et al., 2007; Steele et al., 2009)

  • Las mujeres bisexuales mostraban tasas significativamente más altas en mala salud en general y de angustia más frecuente que las lesbianas y las heterosexuales, especialmente en áreas urbanas, donde las mujeres lesbianas podían encontrar un respaldo en una comunidad, pero no las mujeres bisexuales. Además, las mujeres bisexuales eran un 64% más propensas a padecer un trastorno alimentario, un 37% más propensas a autolesionarse, un 26% más propensas a sentirse ansiosas o nerviosas, comparado con las lesbianas (Fredriksen-Goldsen, et al., 2010).

  • Las personas bisexuales tenían más tendencia al suicidio: 9.6% de las mujeres heterosexuales, 29.5% de las mujeres lesbianas y el 45.4% de las mujeres bisexuales; 7.4% de los hombres heterosexuales, el 25.2% de los hombres gays, y el 34.8% de los hombres bisexuales (Brennan et al., 2010; Steele et al.; 2010)

Por desgracia no tenemos estudios específicos en el estado español sobre la salud mental de las personas plurisexuales y no podemos mostrar cuales son los efectos de la bifobia y el monosexismo aquí. Teniendo en cuenta lo presentado y expuesto cabe esperar que haya diferencias específicas en la salud mental de las personas plurisexuales. Es por esta razón que desde Enrenou creemos que estos estudios son necesarios e importantes. Es más, los resultados de estos estudios deben tenerse en cuenta para dejar de erradicar nuestras experiencias, nuestras identidades y las violencias simbólicas a las que nos enfrentamos cada día. Creemos también que en el ámbito de la salud mental las profesionales tienen que sensibilizarse con nuestras experiencias, ya que si somos una población vulnerabilizada de esta manera, y específicamente por nuestra orientación no monosexual, los tratamientos que recibamos tendrían que tratar este tema con especial atención.

Referencias

Brennan, D.J., Ross, L.E., Dobinson, C., Veldhuizen, S., Steele, L.S. (2010). Men’s sexual orientation and health in Canada. Canadian Journal of Public Health, 101: 3, 255-258

Chakraborty, A., McManus, S., Brugha, T.S. (2011). Mental health of the non-heterosexual population of England. British Journal of Psychiatry 198(2):143.8

Fredriksen-Goldsen, K.I., Kim, H., Barkan, S.E., Balsam, K.F., Mincer, S.L. (2010). Disparities in health-related quality of life: a comparison of lesbians and bisexual women. American Journal of Public Health, 100(11), 2255-2261

King, M., Semlyen, J., Tai, S.S., Killaspy, H., Popelyuk, D., Nazaret, I. (2008) A systematic review of mental disorder, suicide, and deliberate self harm in lesbian, gay and bisexual people. BMC Psychiatry8:70.

Llhomond, B., Saurel-Cubizolles, M.J. (2009). Sexual orientation and mental health: a review. Revue d’Epidemiologie et de Sante Publique 57:e44-58

Marshal, M.P., Dietz, L.J., Friedman, M.S., Stall, R., Smith, H.A., McGinley, J., Thoma, B.C., Murray, P.J., D’Augelli, A.R., Brent, D.A. (2011). Suicidality and depression disparities between sexual minority and heterosexual youth: a meta-analytic review. Journal of Adolescent Health 49:115-23

McManus, S., Meltzer, H., Brugha, T., Bebbington, P., Jenkins, R. (2007). Adult psychiatric morbidity in England, 2007: results of a household survey. Leeds: NHS Information Centre for Health and Social Care.

Miller, M., André, A., Ebin, J., Bessonova, L. (2007). Bisexual health: an introduction and model practces for HIV/STI prevention programming. National Gay and Lesbian Task Force Policy Institute, the Fenway Institute at Fenway Community Health, and BiNet USA.

Obradors, M. (2010). Deconstructing biphobia. Journal of Bisexuality 11:2-3

Ploderl, M., Wagenmakers, E.J., Tremblay, P. (2013). Suicide risk and sexual orientation: a critical review.Archives of Sexual Behaviour 42:715-27

San Francisco Human Rights Comission LGBT Advisory Committee (2011) Bisexual Invisibility: Impacts and Recommendations. San Francisco, California.

Steele, L.S., Ross, L.E., Dobinson, C., Veldhuidzen, S., Tinmouth, J.M. (2009). Women’s sexual orientation and health: results from a Canadian population-based surve. Women & Health; 49:5, 353-367

Warner, J., McKeown, E., Griffin, M., Johnson, K., Ramsy, A., Cort, C., King, M. (2004). Rates and predictors of mental illness in gay men, lesbians and bisexual men and women: results from a survey based in England and Wales. British Journal of Psychiatry 185:479-85

Yoshino, K. (2000). Epistemic contract of bisexual erasure. Stanford Law Review 52(2) p. 353

mujeres y bisexualidad: ¿aceptación social o violencia de género?

(La semana pasada escribí un artículo para La Directa, que nuestrxs compañerxs de La Banda de Moebius tradujeron al castellano en su página de facebook, y que comparto aquí en este espacio.

El artículo original en catalán lo podéis encontrar aquí.)

La bisexualidad femenina parece ser socialmente aplaudida e inherente en las mujeres. Se suele decir que es más aceptada que la masculina, a pesar de que muchas mujeres bisexuales a menudo se quejan de sufrir agresiones debido a su orientación sexual. Esto parece una contradicción. Cómo es posible que, a pesar de parecer más aceptada, las mujeres bisexuales sientan sufrir esta violencia?

Breanne Fahs expone al ensayo Compulsory Bisexulity?: The Challenges of Moderno Sexual Fluidity ( 2009) que el concepto del heterosexualidad obligatoria se ha extendido al que denomina “bisexualidad obligatoria”. Lo que concluye en su estudio es que las mujeres son coaccionadas a fingir una bisexualidad para el placer sexual del hombre heterosexual: las mujeres tienen que ser (obligatoriamente) heterosexuales pero tienen que fingir (obligatoriamente) una bisexualidad para el goce masculino. Este hecho ya representa una violencia hacia las mujeres de cualquier identidad sexual.

Cómo es leída y representada la bisexualidad femenina

La bisexualidad femenina casi siempre aparece en un contexto en que las mujeres representadas son atractivas al ojo del heteropatriarcado. Si buscamos por Internet noticias sobre mujeres bisexuales famosas nos encontramos algunas como la de Cinemanía titulada Las bisexuales de Hollywood: actrices famosas que juegan a dos bandas (2012). En las fotografías que se exponen se muestra a una mujer atractiva y sexualizada. El texto, en vez de hablar de la bisexualidad como una opción sexual o emocional, plantea la bisexualidad como un “juego”, y llega a poner en entredicho la bisexulidad con frases como “nos hace sospechar que las chicas tampoco le ponen tanto”.

Cómo apunta también Shiri Eisner en su libro Bi: Notes for a Bisexual Revolution, otro ejemplo es el de la pornografía comercial, que es creada para la misma construcción masculina hegemónica. Este tipo de pornografía – diferenciada otros tipos como la feminista, la queer o la postpornografia – está mayoritariamente pensada para reproducir el que se supone que tiene que gustar al hombre heterosexual: el sexo entre mujeres es una representación atractiva para la mirada del hombre. Si entramos en una página de vídeos pornográficos en línea como PornoTube, los vídeos catalogados como “lésbicos” están dentro de la categoría principal “heterosexual”; la categoría principal representa la orientación sexual de la persona espectadora (hombre) y la subcategoría “lésbica” es sólo una práctica sexual, donde más allá de ser para lesbianas, se representa una bisexualidad actuada donde a menudo participan hombres.

La bisexualidad femenina es así estructuralmente objectivizada e hipersexualizada, erradicada como identidad sexual o emocional propia de la mujer y representada como una actuación para el placer sexual del hombre heterosexual. Esta imagen, en el contexto de la cultura de la violación, pone a las mujeres bisexuales en una posición muy vulnerable a sufrir agresiones sexuales: las expone a la suposición de pleno consentimiento a la hora de llevar a cabo fantasías sexuales por parte de hombres. Esta violencia también la sufren lesbianas y heterosexuales bajo el supuesto del heterosexualidad y la bisexualidad obligatorias.

Violencia sexual hacia mujeres bisexuales

En un estudio que hizo el Departamento de Salud de los Estados Unidos en enero de 2013, National Intimate Partner and Sexual Violence Survey, donde pulicava datos del 2010, se mostraba que el 46,1% de las mujeres bisexuales habían sufrido violaciones al menos una vez en su vida, ante un 13,1% de las lesbianas, y un 17,4% de las heterosexuales. El estudio también reflejaba que el 74,9% de las mujeres bisexuales habían sufrido otros tipos de violencia sexual, frente a un 46,4% de las lesbianas, y un 43,3% de las heterosexuales. El 98,3% de las agresiones a mujeres bisexuales eran perpetradas por hombres. El 61,1% de las mujeres bisexuales habían sufrido agresiones por parte de parejas sentimentales, ante el 43,8% de las lesbianas y el 35% de las heterosexuales. Otro estudio que se hizo al 2009 denominado Women’s Sexual Orientation and Health: Results from a Canadian Population-Based Survey mostró que las mujeres bisexuales sufrían una proporción más elevada de violencia doméstica.

Estos datos reflejan la bifobia y el machismo con qué muchas mujeres son coaccionadas por parte de hombres a realizar ciertas prácticas sexuales o para apuntarse sin consentimiento, llevando a cabo así la fantasía de la mujer bisexual. Hay varias vivencias en blogs de activistas, al ensayo de Breanne Fahs o en el libro de Shiri Eisner. Aún así, podemos exponer las que se compartieron en un proyecto que llevábamos a cabo para la visibilitzación de la bifobia, que son vivencias más cercanas en casa nuestra. Judith comentaba: “Yo muchas veces me sentía presionada por mi novio a mantener relaciones sexuales con él y otras tías. A menudo me decía que tenía que estar interesada por el simple hecho de ser bisexual. No me lo decía directamente, era una insinuación constante. Algunas veces sí que lo había hecho y lo quería hacer, pero no me sentía con el derecho de poder escogerlo siempre (…) después cuando creía que a mí me podría gustar una chica se alteraba totalmente por la posibilidad que yo lo pudiera dejar por una tía. Varias veces utilizó la bisexualidad para insultarme y decirme que era una puta”.
Otra chica, S., explicaba: “Un día cuando estaba de fiesta con mis colegas al decir que era bisexual vino un tio, me puso la mano al culo y me dijo que buscáramos alguna chica por el local para hacer un trío. Ni me preguntó si estaba interesada en él!”. Isabel añade: “Le comenté a una amiga en la barra de un bar que era bisexual y un tio que había escuchado la conversación me entró directamente porque hiciera un trío con su novia (…) esto sin conocerlos de nada”.

Lo que muchas mujeres bisexuales explican a menudo es que no pueden expresar libremente su sexualidad sin el miedo al acoso u otras formas de violencia. Visibilizarse como mujer bisexual es, a ojos de un hombre machista y educado en la cultura de la violación, consentimiento para acceder sexualmente, sin preguntar o esperar a ser invitado. El que concluye Shiri Eisner en su libro es que más allá de ser aceptada, la bisexualidad femenina ha sido apropiada para el disfrute masculino hegemónico heterosexual.

La responsabilidad es del machismo, no de las mujeres

A menudo en entornos normativos (y en el propio ensayo de Breanne Fahs) se insinúa cierta responsabilidad de esta violencia a las mujeres bisexuales que tienen un comportamiento promiscuo o a aquellas que llevan a cabo prácticas bi-curiosas. Un apunte que hace Shiri Eisner en su libro es recalcar que la responsabilidad de esta violencia no es de ninguna mujer que decide ejercer su sexualidad como desea, sino que es estructural, es heteropatriarcal y de los hombres que no respetan el consentimiento. Cualquier mujer tiene que tener el derecho de explorar su sexualidad como quiera, y a que su consentimiento y su identidad se respeten siempre.

mi lucha conmigo misma

Esta entrada es un experimento que he hecho sobre mis experiencias con las estructuras de poder. En ningún momento explico de qué estructuras se tratan ni de como actúan. No es un análisis, es una visibilización de mis emociones en ciertos momentos de mi vida. También quiero dejar claro que aunque aquí haya muchas emociones que me han hecho daño, mi intención no es mostrar que he tenido una vida horrible, porque he pasado momentos muy buenos y felices en mi vida. Solamente he querido ir encadenando emociones de estructuras y situaciones en diferentes momentos de mi vida. El tiempo no es lineal, he ido saltando hacia delante y hacia detrás, inspirada un poco en Karen Barad (no estoy usando su método, solo me ha inspirado éste). También quiero dejar claro que aunque en algunos momentos parece que estoy culpando a mí y a mi género de lo que me ha pasado y que parezca que las personas que me hayan agredido, aunque solo sea emocionalmente, no tienen ninguna responsabilidad, no es así; lo que estoy exponiendo es como me sentí yo en ese momento, y es así como funcionan las estructuras de poder, desviando nuestra atención de lo que es responsable o no de la violencia que sufrimos. Tampoco quiero con esto victimizarme, todas las personas hemos sufrido en mayor o en menor medida de violencia, desde fuera o desde nosotrxs mismxs. Supongo que todxs tenemos nuestras historias, y ninguna es menospreciable frente a otras. Dentro de unos días colgaré una segunda parte, que es diferente, no es de visibilización si no más bien de declaración de principios. Un abrazo fuerte, aquí os dejo esto:

Hace unos días me llamaron ‘zorra insaciable’ por twitter por el hecho de visibilizarme como ‘mujer’ bisexual. Zorra insaciable, ‘las mujeres bisexuales solo servis para follar’.

Primavera de 1997. Tengo 17 años y salgo del armario como bisexual. Al cabo de poco me llaman ‘puta’ por primera vez. ‘Puta’; aún resuena en mi cabeza, no la palabra, si no el tono burlesco de la afirmación. Me siento incómoda y desempoderada.

Verano de 1997. Sufro una agresión. No entiendo qué está pasando, pero se burlan de mí. ‘Puta’, vuelvo a escuchar. Risas. Siento que hay algo en todo esto que no funciona. Será que no tendría que haberme mostrado, habré hecho algo mal. Me equivoqué.

Otoño de 1998. Estoy vomitando. Siento un vacío muy grande que no consigo llenar con nada. Me siento rechazada, y solo se me ocurre desesperadamente llenarlo de alguna forma. Siento una presión muy fuerte en el pecho, pero ya no puedo llorar. Tengo miedo a identificarme con cualquier cosa, por miedo a las risas y a las suposiciones que no entiendo de donde vienen. Aún las oigo, y aún las siento.

Invierno de 1996. Estoy en clase. La profesora de filosofía me pregunta sobre algo. Respondo. Respondo a mi manera. Mis compañerxs se ríen de mi respuesta. La compañera que se sienta delante de mí se gira y me pregunta si soy alcohólica. Me pregunto si tan extraña ha sido mi respuesta.

Verano de 2007. Llevo mucho tiempo recuperándome de muchas cosas. Y lo que más me ha ayudado en todo esto ha sido leer filosofía. Parece que está siendo mi propia cabeza la que me está salvando de todo ese infierno. Parece irónico todo. Siento como que durante mucho tiempo estaba dejando que el rechazo que me venía de fuera se reprodujera dentro de mí, para rechazarme a mí misma.

Invierno de 1997. Hay días que me cuesta salir a la calle y relacionarme con cualquiera. Estoy bebiendo demasiado, pero es la única forma que siento poder parar muchos de mis pensamientos. Tengo miedo a que sea mi forma de ser la que esté provocando todo esto en mi vida.

Primavera de 2005. Estoy en una asociación LGTB y lo primero que oigo es que yo no tendría que estar allí; tengo una relación con un hombre, para ellxs soy hetero. Me siento mal, incómoda y algo avergonzada por mis supuestos privilegios. Decido dar lo mejor de mí misma para compensarlo. Así que casi toda mi causa se va a visibilizar la homofobia. La palabra bifobia está casi prohibida, eso no existe, me dicen.

Invierno de 1998. Es la primera vez que tengo una relación con una tía. Pero me cuesta aceptar que soy bisexual. Tengo miedo a lo que esto puede volver a suponer. También me dan miedo los hombres y algunxs me dicen que solo lo hago porque soy incapaz de tener una relación con un hombre; me dicen que no soy lesbiana. No me siento cómoda con mi cuerpo, ni con mi sexualidad. De hecho me entra ansiedad con cualquier contacto físico cercano.

‘Las mujeres bisexuales solo servis para follar’. Pues si no puedo servir ni para eso, ya me dirás de qué sirvo ya ahora.

Verano de 2011. He podido comprender todo un proceso de aceptación de mí misma. Y he podido ir separando mentalmente identidades que me han otorgado e impuesto; estereotipos y lo que estos han provocado en mí. He podido ver mi cuerpo tal y como es. Marcado.

Verano de 1997. Estoy sangrando y no quiero que nadie me vea así. ¿Esto es lo que tendré que ver el resto de mi vida? Quiero olvidarlo, pero mirarme en el espejo no me lo permite.

Primavera de 2000. Creo que soy anorgásmica. O sea, no lo era antes, pero ahora parece que sí. Tengo miedo de no poder salir nunca de toda esta confusión. Soy una ‘puta’ anorgásmica que siente ansiedad y llora cuando la tocan. No sé como compartir lo que siento, porque tengo miedo a otra etiqueta más.

Primavera de 2014. Acabo de darme cuenta performando la masculinidad que tengo un rechazo muy fuerte hacia la feminidad. Es inconsciente. Es rabia. Siento rabia hacia lo que se suponía que tenía que ser, hacia las etiquetas que se me pusieron. Tengo miedo y me cierro.

Verano de 2000. Me hacen un comentario hacia mi supuesta ‘no feminidad’. Es doble la sensación que tengo; por una parte me molesta, no entiendo qué es lo que se supone que tengo que ser. Por otra parte, me agrada haber podido apartarme de esa persona que había atraído tantos problemas a mi vida. Ya no parecía una ‘mujer bisexual’, una ‘puta’. Ya me dejarían en paz.

Verano de 1993. Tengo 13 años. Me dicen por primera vez que tengo que hacer dieta para adelgazar. ¿Es esta la entrada a la edad ‘adulta’ de una persona con cuerpo de mujer?

Primavera de 1994. He adelgazado bastante desde que empecé esas dietas. Ahora parezco más popular, y la gente, sobretodo los tíos de clase, me hacen más caso. He sido siempre una de esas personas que pasan desapercibidas, sintiéndome bastante rechazada en clase. El cambio de comportamiento de la gente conmigo hace que empiece a darle más valor al tema de las dietas. De hecho empieza mi obsesión.

Primavera de 1999. Es la primera vez que alguien me dice que me quiere. Y me lo creo. Necesito creerlo.

Verano de 2012. Acabo de darme cuenta de que todas mis relaciones se han basado en la falsedad, el control y la manipulación. Tengo miedo a sentirme manipulada.

Verano de 1999. Estoy probando algunas cosas que por primera vez me hacen sentir bien. Es algo físico, y algo externo, pero hasta ahora es lo único que me está aportando algo.

Primavera de 1998. Estoy medicándome y en tratamiento psiquiátrico por bulimia. Aún así mi ansiedad no cesa. Es más, cuando consigo estar despierta (ya que la mayor parte del día estoy muy atontada y dormida por la medicación) tengo más ansiedad que antes. Tengo una necesidad compulsiva de beber en este estado de ‘no yo’ que siento.

Verano de 2000. Acaba de morir mi abuela y solo siento el dolor de comprender que no he podido corresponderle con todo lo que me dio cuando era pequeña. Tengo que hacer algo, no puedo seguir así. He decidido que todas estas cosas que me ofrecen solo sirven para seguir dando vueltas a lo mismo siempre. No quiero psiquiatras. No quiero médicxs, no quiero medicaciones. No quiero que me normalicen. Esa no es la solución.

Primavera de 2013. Entiendo cada vez más de donde sale esa sensación de vacío. Sigo deshaciendo un poco más el género con el que he sido construída desde pequeña.

Otoño de 1996. Me acaban de golpear. Muy fuerte. Una persona de género masculino muy cercana. De hecho es lo más cercano a una pareja que tengo en este momento. Siento que no conseguiré que nadie me quiera. Me dicen que tengo que esforzarme más. Y tengo miedo a estar sola.

Otoño de 2010. No sé lo que está pasando después de todos estos meses desde que empezó el año. No consigo sentirme reconocida en un entorno que para mí es diario. Me siento en un entorno hostil. Y solo hago que esforzarme para que se me reconozca. Esto me desgasta totalmente. Empiezo a sentirme incómoda con el adjetivo ‘friky’ que oigo a diario, porque lo relaciono con la falta de reconocimiento y con el rechazo que tanto me está doliendo y desgastando.

Verano de 2010. Una persona me dice que la bisexualidad no existe. Lo que llevo oyendo toda la vida. Que en realidad es una cuestión de elegir. Otra vez más me siento como si todo lo que forma parte de mí sea motivo de rareza, de risas o tomado como a irrealidad. Qué manía tiene la gente en decir lo que soy o no soy o si es verdad o no lo que digo o siento que soy.

Verano de 1999. Mi pareja (hombre) me dice que siendo como soy nadie más me podría querer. Además, se ve que según él tengo problemas de comunicación con el resto de personas. No hago nunca nada bien, y mi torpeza es motivo de cachondeo, burla o bronca. Empiezo a hacer las cosas con miedo y a repetirme constantemente que soy un desastre. Empiezo a tener miedo a hacer cualquier cosa que requiera de cierta habilidad por miedo al rechazo de la gente y por creer que no soy capaz.

Invierno de 2008. Me acaba de decir un amigo mío que si voy a visitarle a su pueblo no hable mucho porque la gente del pueblo no va a comprender. O sea, que intente no hablar, por ejemplo, de mi orientación sexual. Soy tan tonta que no cojo el tren para volverme a barna. No tendría que aceptar que se me tratara así.

Primavera de 2012. Me siento invisible. Permito que me invisibilizen. No me siento nada cómoda, y no entiendo porqué la invisibilización me duele tanto. Estoy delante de más personas y no puedo decir nada de lo que siento o pienso, mientras por otro lado se puede decir y hacer lo que se desea. Como pisarme a través de la negación que siento como persona.

Primavera de 2010. Acabo de terminar con una relación de 11 años. He conseguido superar muchísimas cosas relacionadas con bulimia, ansiedad, problemas sexuales, alcohol, incluso fumar. Miro hacia atrás y alucino con todo el proceso. Me siento bien por todo lo que he hecho y aprendido por mí misma.

Verano de 2008. Después de tantos problemas que he superado estoy empezando a ser consciente de lo que está relación me está haciendo: mentiras, manipulaciones, control y técnicas para hacerme sentir inferior. No he podido ser consciente hasta ahora, ya que todo lo que me pasaba me creó dependencia hacia una persona que ‘supuestamente me estaba ayudando’. Me hace sentir incómoda y no sé si lo que veo es real o no. Me siento muy atrapada y sin entender qué está pasando.

Invierno de 2000. Un día me contaste que a las tías que les gustaba demasiado el sexo o que se mostraban demasiado sexuales era normal que fueran más sensibles a sufrir cualquier agresión. Lo estaban llamando. Sentí un desgarro dentro de mí. También me contaste que yo no era bisexual, que solo me había confundido durante un tiempo. Otro desgarro.

Primavera de 1999. Siento un dolor muy fuerte en el vientre, como una contracción. Me paso 2 horas de dolor insufrible y con el intestino queriendo morir. Le digo a mi madre que sé que esa no va a ser la última vez que me pase esto. Miro hacia atrás y siento que me lo he buscado: bulimia, alcohol, y la maldita medicación psiquiátrica que solo me servía de tapón y algún día por algún otro lado tenía que estallar todo.

Primavera de 1999. Hoy me siento una mierda muy grande. Siento que no podré seguir mucho tiempo sintiendo esto, es insufrible. Pero al final me despierto, tumbada en una camilla del clínico, en la planta de psiquiatría. Mi madre, mi padre y mi hermana me están mirando. Mi madre me explica que a quien han llamado primero es a mi abuela, que ha sido la primera que vino. Se me remueve todo al oir eso; me odio a mí misma por haberle dado eso a mi abuela. Tampoco es que sienta mejor de hacérselo a mis padres, al contrario.

Primavera de 2011. Pienso en ella, en lo mucho que me gustaría que aún estuviera aquí para poder compartir con ella todo el proceso y explicarle todo lo que he superado y todo lo que he conseguido. Siento que parte de todo este gran proceso ha sido por lo que ella me enseñó. Siempre formará parte de mí.

Verano de 2011. Siento que cada vez que alguien me llama ‘xarnega’ está atacando directamente mis raíces, mi familia, su procedencia y su clase social. Empiezo a detestar este tipo de nacionalismo racista de algunas personas con las que tengo que convivir.

Verano de 2013. La misma persona que me recuerda y hace sus ‘bromas’ sobre mi supuesto ‘xarneguismo’ es la que no para de repetirme que soy una puta desviada. Es su forma cariñosa en broma de llamarme ‘mujer bisexual’. Después de mucho tiempo me he cansado y le he pedido por favor que ya no me hace gracia, que me incomoda y que pare. No le da la gana de parar. Soy una puta desviada.

Verano de 2014. Me llaman ‘zorra insaciable’ y de repente todo se remueve otra vez dentro de mí. Por suerte, es solo un recuerdo, algo que puedo desechar en paz.

mi lucha contra mi propia bifobia (V – el paradigma de la orientación sexual)

Esta entrada es una continuación de la serie “mi lucha contra mi propia bifobia“: I – introducción,  II – el supuesto privilegio heterosexualIII – la vergüenza y IV – la duda.

Cada vez siento más que el paradigma de la orientación sexual tal y como la conocemos es de por sí monosexista. Cuesta encontrar palabras para describir la mía propia, y es que palabras no existen. Es por esto que cada vez que alguien habla de ella desde ese paradigma siento que me oprime, hasta el punto de querer salir corriendo y no volver nunca más. Siempre las definiciones vienen desde fuera y parece que te quieran hacer sentir una u otra cosa. Pero al final cada persona es única y el sentir indescriptible.

El paradigma de la orientación sexual con la que siempre trabajamos señala nuestras potenciales atracciones: mujeres, hombres, intersex, transgénero, etc. Pero yo no funciono así, y parece que esto vuelve loca a la mayoría de la gente con la que me cruzo; igual que me ha vuelto loca a mí misma en más de una ocasión. Yo no utilizo este tipo de filtros, supongo que utilizo otros. Pero mi pregunta es, ¿por qué tengo que entenderlo? ¿Por qué tengo que entender cuáles son mis filtros, definirme, cuestionarme?

Me hace gracia esta típica paranoia de mucha gente que dice que las personas bisexuales tenemos más donde elegir y más personas por las que nos sentimos atraídas. Esto puede ser así en algunos casos, pero en mi caso parece esto una especie de broma o chiste ya que siempre me he sentido atraída por una cantidad de personas muy inferior a la mayoría de hombres heterosexuales que conozco. Y me río para no llorar, porque es algo que me ha afectado en ciertos momentos de mi vida en la que mi orientación sexual parecía como una especie de juego o más bien un filtro para meterme en el cajón de ‘persona con la que mejor no tener una relación, no sea que me la meta por donde sea’, cuando al final a quien se ‘la han metido’ es a mí.

Tampoco me gusta identificarme con esto que muchas personas bisexuales suelen decir de que ser bisexual es no tener orientación sexual porque no se sienten atraídas por el físico sino que van más allá. Esto es así para muchas personas, pero no es implícito de ser bisexual. Claro que te puedes sentir atraíde por el físico, a mí también me atraen los cuerpos, también me puedo sentir atraída por los géneros, o por características físicas específicas de un sexo; la diferencia es que el filtro es distinto.

Lo que yo siento con el paradigma de la orientación sexual es que me pone entre una persona hetero y una persona homosexual. No me siento entre estas dos cosas, porque no estoy perdida entre nada. Pero parece que me quieran obligar a sentirme perdida. Es que resulta que a unas personas les dio por definir las orientaciones sexuales refiriéndose solamente al sexo o el género de las personas por las que te sientes atraída, cuando podrían haberla definido de cualquier otra forma. Y a la sociedad le da igual si me siento atraída o no por las personas altas, o por las rubias, o por las inteligentes, o por las que les gusta cocinar; a la sociedad solo le importa si me atraen las tetas, los coños, las barbas o las pollas, o si me gustan con falda o con una corbata. Qué obsesión. Obsesión que viene de fuera de mí y que sigue oprimiéndome porque, cada vez que quieren hacérmelo comprender entiendo que yo nunca lo vi así. Y es ésta opresión la única que sigue haciendo que tenga sentido para mí seguir definiéndome como bisexual, una herramienta política de defensa; es mejor coger esas etiquetas con las que han querido desde fuera controlarte, hacerlas tuyas y usarlas de vuelta. ¿Podría ser ésta una buena herramienta para cambiar el paradigma con el que parece no encajar? Podría plantear toda una revolución; sólo depende de cómo se use.

PD: y no he hecho ningún comentario acerca de como en algunos ambientes se sugiere que me identifique como lesbiana. En ese caso el monosexismo es más que evidente para mí.

mi lucha contra mi propia bifobia (IV – la duda)

Esta entrada es una continuación de la serie “mi lucha contra mi propia bifobia“: I – introducción II – el supuesto privilegio heterosexual y III – la vergüenza.

¿Realmente eres bisexual? ¿Y como lo sabes? ¿Cómo te has dado cuenta? ¿Estás segura de que lo eres? ¿Con cuantas personas de diferentes sexos/géneros has estado? ¿No crees que teniendo una relación como la que tienes no tendrías que definirte a ti misma como bisexual? Preguntas y más preguntas. Lo más fuerte es que estas preguntas te las hacen personas que casi ni te conocen de nada. Uno de los privilegios de ser monosexual es que no es tan habitual que se cuestione de este modo tu orientación sexual cuando la comentas. Y estas preguntas las acabamos también reproduciendo las mismas personas bisexuales: la policía de la bisexualidad.

El problema llega cuando tú misma te lo acabas cuestionando. Es como una inercia, que también se mezcla con la inercia de plantearte a ti misma que quizá tendrán razón algunas de las personas homosexuales que te hacen entender que eres más privilegiada que ellas por verte mitad hetero y mitad homosexual. Ya con la inercia que llevas de cuestionarte tu supuesta no tan opresión, te cuestionas la siguiente, ¿a pero realmente al final no será que todo es cuento? ¿No será que me confundo a veces, o a menudo?

El monosexismo es una estructura que no solamente oprime a esas personas con una orientación sexual no monosexual, oprime cualquier opción que fluya, que confunda, que no se quiera definir, aunque solo sea temporalmente. No poder ni tan si quiera dudar, sentir la presión por tener que comprobar, entender, comprender, definir, aunque le pongas el nombre de bisexualidad, eso también es parte del juego. Sentir que tienes que estar constantemente demostrando y comprobando tu orientación sexual, incluso a ti misma. Es una locura.

Y la siguiente pregunta es: siendo tú misma bisexual, cuando conoces a alguien que te dice que también lo es, ¿por qué repites la misma estructura cuestionándote su autenticidad? Claro que te podría llegar a dar rabia que haya personas que digan que lo son simplemente por llamar la atención. Pero, ¿qué más da? Eso es su problema, y tú no eres nadie para juzgar. De hecho, juzgando estás cayendo en la maldita bifobia una y otra vez, que siempre acaba rebotando hacia ti misme. Y así nos tienen a todes entretenides y desviando nuestra atención de lo que realmente genera esta opresión: la estructura monosexista.

Quiero dar las gracias a la entrada “Una trampa política que publicó Jose S. Cabrera Pérez en el blog La Radical Bi* por inspirarme esta reflexión.

mi lucha contra mi propia bifobia (III – la vergüenza)

Esta entrada es una continuación de la serie “mi lucha contra mi propia bifobia“: I – introducción y II – el supuesto privilegio heterosexual.

Durante años dejé y acepté que se avergonzaran de mí. En algunas situaciones no mostré mi orientación sexual por miedo a que otra persona se sintiera mal. “Por favor, delante de mis amigxs no digas nada, no lo entenderán”. Esta frase y muchas parecidas. Y lo vi ‘normal’; no es que lo viera normal, es que lo aceptaba inconscientemente. Supongo que por miedo al rechazo de esas personas que eran importantes para mí.

Después de mucho tiempo descubrí que alguna persona no me lo ha hecho saber directamente mediante palabras, simplemente me escondía sin que yo lo supiera, no me presentaba a ciertas personas muy cercanas suyas. También acepté que delante de comentarios míos o cosas que yo decía intentaran pisarme mediante otros comentarios graciosos o que intentaban desviar la atención a otra parte. Estos no son más que mecanismos de las estructuras de poder.

Ninguna de esas personas que me han hecho esto han llegado a aceptar nunca mi bisexualidad, lo sé. Como también sé que ya no es solamente la bisexualidad. La mezcla del machismo, la violencia sexual y la bifobia me convirtieron con el paso del tiempo en ‘algo’ que debía esconderse. Desde que he hecho consciente esto no he parado de preguntarme por qué lo acepté. Y me incomoda mucho pensar que vi algo normal que otras personas tuvieran miedo al rechazo de lxs demás.

En cierto modo haciendo esto utilicé ciertos privilegios heterosexuales; aunque debo decir que la violencia que me estaba aplicando a mí misma y aceptando hacían estragos en mí. Contradicciones emocionales, miedo, falta de autoestima, autocrítica constante, y llegué a rechazarme a mí misma en muchas ocasiones críticas. Hablo en pasado, aunque todo esto aún sigue afectándome, no porque aún me esconda, sino porque me duele el eco de todo aquello y de lo que supuso durante tanto tiempo.

No me es fácil aceptarlo tan abiertamente, exponerlo así tal cual. No me es fácil comprenderlo. Lo que más me está doliendo es que hay veces que cuando lo explico me hacen sentir ridícula diciéndome que no tendría que haber aceptado algo así (qué fácil es decir esto desde el privilegio heterosexual y/o monosexual). En esos casos abro los ojos, creo que algunxs no se dan cuenta que explicar esto supone para mí una forma de salir del armario, acerca de la propia bifobia que tuve hacia mí, que no es fácil y que en ocasiones me duele. La ironía más grande: las personas que ridiculizan así este proceso mío acostumbran a ser las mismas que de un modo u otro me escondieron para que su entorno no supiera de mí.