monosexismo y monogamia (intervención para la mesa redonda en las primeras jornadas de amors plurals)

El pasado 12 y 13 de Diciembre Amors Plurals organizó unas jornadas en torno a la no monogamia consensuada. Participé en la mesa redonda del domingo 14 por la tarde. Ésta es mi intervención traducida del catalán (la original en catalán la podéis encontra aquí). Quiero, además, dar las gracias otra vez a Amors Plurals por invitarme y por haberme dado la oportunidad de poder hablar de algo que aún antes no le había podido poner palabras y que solamente me recorría el cuerpo. Fue uno de los ejercicios más bonitos que hice el año pasado y que ahora aún están resonando y difractando de formas muy diversas en muchas partes de mi vida personal, relacional, filosófica y activista.

Buenas tardes a todas. Me llamo Natàlia, soy kuirfeminista y soy activista bisexual. Soy miembro del colectivo Enrenou, donde hacemos activismo bisexual y de otras identidades plurisexuales. Antes de empezar mi intervención me gustaría explicar qué quiere decir ‘plurisexual’ y porque utilizo este término. Plurisexual es un término paraguas que estamos usando muchas activistes para referirnos a todas esas identidades u orientaciones donde hay una atracción afectiva y/o sexual hacia más de un género. La plurisexualidad más conocida es la bisexualidad, pero hay otras como son la polisexualidad, la pansexualidad, etc (no entraré a definirlas todas o a explicar sus diferencias, pero si en el debate o después alguien tiene curiosidad yo y otras personas de Enrenou que están aquí podemos explicarlo). Sé que para mí y para muchas sería mucho más fácil que utilizara la palabra bisexual porque es la que la mayoría conoce, pero si hago esto invisibilizo a una buena y gran parte de mi comunidad, e intentando ser sensible a no hacerlo intentaré utilizar plurisexual. Aun así, yo me identifico mayoritariamente como bisexual (a veces como polisexual) y por tanto cuando me refiera a mí seguramente utilizaré bisexual.

 Otro termino contrapuesto es el de ‘monosexual’. Monosexuales son las orientaciones donde hay una atracción hacia solamente un género. Monosexualidades son, por ejemplo, la heterosexualidad y la homosexualidad. Y, finalmente, también usaré el término ‘monosexismo’ para referirme al sistema o estructura de poder a través del cual se reproduce la bifobia y las discriminaciones y opresiones hacia todas aquellas personas plurisexuales o no monosexuales.

 Quiero además enfatizar que cuando hablo de géneros no solo me estoy refiriendo a los géneros binarios, hombre y mujer, sino también a todos esos géneros que no caen dentro de los binarios. Además, también se tiene que tener en cuenta que hay personas que no se identifican con ningún género, como son las personas agénero.

He estado pensando un poco como hacer esta intervención y qué traer a esta mesa, y la verdad es que hay tantas coses que considero importantes o que despiertan en mí mucha inquietud que me costó decidir por dónde empezar, ya que para mí la plurisexualidad y la no monogamia tienen muchas coses en común. Al final encontré que había dos temas que encontraba muy importantes y muy interesantes y me quedé solo con uno de ellos por cuestiones de tiempo y porque pudiera desarrollarlo mínimamente. El tema que finalmente descarté es el de la intersección, de cómo vivimos las personas plurisexuales la no monogamia o como vivimos las personas no monógamas la plurisexualidad. Aunque es un tema muy importante lo descarté, per seguro que da para nuevas intervenciones o para escribir artículos. Finalmente el tema que decidí tratar es como se relaciona el monosexismo con la monogamia, o sea como las discriminaciones y opresiones que recibimos las personas plurisexuales están relacionadas con el sistema de monogamia impuesta. Lo que iré haciendo es ir desglosando el monosexismo y a la vez lo iré comparando con la monogamia.

La plurisexualidad es normalmente discriminada de dos formas: a través de la invisibilidad y de los estereotipos. La invisibilidad es el borrado constante de nuestra existencia y de nuestras vivencias, emociones y experiencias. Así como la heterosexualidad es la orientación considerada buena y por defecto, ‘normal’ y sana, la homosexualidad es la orientación considerada una enfermedad, discriminable y menospreciable, la bisexualidad u otras plurisexualidades por otro lado es considerada inexistente. Las personas plurisexuales no existimos y no estamos representadas en el vocabulario y la forma de expresarnos diarias. Pondré un ejemplo así simple que casi siempre pongo, de cuando nos referimos a las relaciones. Cuando hablamos de relaciones, hablamos de relaciones heterosexuales u homosexuales según los géneros de las personas que forman parte de la relación; el sexo también lo llamamos hetero o lésbico o gay, obviando la orientación de las personas que participan. Si por ejemplo yo voy por la calle de la mano de una mujer dirán que mi relación es lésbica y automáticamente se me leerá como lesbiana, invisibilizando la posibilidad de que yo sea bisexual, que es realmente como me identifico. Es más, si yo tengo otras relaciones con personas de otros géneros en ese momento no se tendrá en cuenta, ya que la lectura es siempre monógama.

Además también es bastante común que cuando una persona plurisexual cambia de una relación con una persona de un género a una relación con una persona de otro género se acostumbre a decir que ha cambiado su orientación (¡oh, antes era hetero y ahora está con una mujer y es lesbiana!),, suponiendo evidentemente que dejo de sentirme atraída por otras personas o que podría si quisiera tener otras relaciones. Por tanto, nuestras relaciones se leen a través de una mirada monosexual (o sea, heterosexual u homosexual) y a la vez también monógama. Dos visiones que se alimentan entre sí. Aquí, a lo mejor, ya se empieza a ver un poco la relación que tiene con la monogamia, ¿no creéis? Pero bien, no todo se arregla tan fácilmente como rompiendo con la monogamia, porque si yo ahora decidiera ir por la calle de la mano de dos personas de géneros diferentes (así, para que se enteren) seguramente no dirán ‘oh, mira qué bisexual más cuki’, no. Entonces lo más probable es que me digan que estoy confundida o que aún no he sabido escoger uno de los dos género… ¿O entre una de las dos personas? O sea, que tanto las personas plurisexuales como las no monógamas básicamente estamos confundidas o no sabemos escoger. Básicamente algún día cuando crezcamos todas tendremos que escoger un solo género y dejar de ser plurisexuales y tendremos que escoger a una personas y dejar de ser no monógamas y quedarnos allí para toda la vida, no sea que nos descontrolemos. Parece como si las personas plurisexuales y la no monogamia se considerasen estados de inmadurez relacional.

Esto de la confusión y de la inmadurez nos conecta con los estereotipos que rodean a la bisexulidad. Como he comentado, a parte de la invisiblidad, otra forma con la que se nos discrimina a personas plurisexuales es a través de los estereotipos. A las personas bisexuales, comúnmente, cuando no se nos borra del mapa, se nos asocia con un conjunto de estereotipos, que son connotaciones socialmente consideradas como negativas: como he comentado, la confusión, pero también hay otras como la inestabilidad, el no saber escoger, no saber lo que se quiere, la promiscuidad… pero estos estereotipos son una trampa, porque son connotaciones consideradas negativas solo debido a vivir en una sociedad capitalista y patriarcal. Normalmente el problema que nos encontramos es que debido a la presión social y al estigma relacionado con todos estos estereotipos, ya que está mal visto estar confundida, ser inestable o ser promiscua, muchas personas bisexuales se sienten con la necesidad de negarlos diciendo que las personas plurisexuales no somos así, llamándolos ‘mitos’, y diciendo que las personas bisexuales no somos inestables, sabemos lo que queremos, no estamos confundidas, no somos promiscuas, y evidentemente somos monógamas… discriminando así una parte de nuestra comunidad, y ejerciendo violencia hacia personas que reproducen estos estereotipos y que ya están suficientemente discriminadas por el hecho de ser así, invisibilizándolas dentro de nuestra propia comunidad.

Pero si lo miramos con atención, ya no solo el estereotipo de la promiscuidad, que es bastante obvio de entender que tiene una base patriarcal y sexófoba en hacernos creer que en la promiscuidad hay algo de malo, sino que además, estar confundida o no saber qué quieres o no saber escoger, cuando vives en una sociedad que te obliga a escoger entre dos opciones entre las que no tienes por qué escoger, es incluso un acto revolucionario. ¿Qué quiere decir ‘saber escoger’? ¿Escoger entre ser hetero o homo? ¿Escoger entre dos relaciones que te gustan? ¿Escoger entre qué? ¿Estabilidad? ¿Qué quiere decir ‘ser estable’? ¿reproducir el tipo de estabilidad concreta para la producción en una sociedad capitalista, para la reproducción, para aislarme en una unidad familiar? ¿Una estabilidad que me obliga a ser la misma personas desde el día que nazco hasta el que muera? ¿Además aceptando ser lo que me han dicho que tengo que ser el día que nací? Visto así, prefiero estar confundida, ser inestable y no saber lo que quiero. Y si además la única opción que me da este sistema es aislarme en una unidad familiar, lejos de las redes y las comunidades, prefiero ser considerada promiscua. Con todo esto no quiero decir que las personas plurisexuales seamos inherentemente promiscuas (de hecho dentro de la comunidad plurisexual hay personas asexuales o hiposexuales), o inestables o confundidas, sino que el activismo bisexual que invisibiliza todas estas posibilidades en el fondo está obligando a una parte de la comunidad a adecuarse a unas normas que reproducen un montón de discriminaciones y opresiones e incluso reproduce bifobia (ya que marca una línea entre cuales son las buenas bisexuales, aquellas que son monógamas y que deciden seguir el camino ‘marcado’ por la norma, y cuales las malas bisexuales), y evidentemente monogamia obligatoria.

¿No os recuerdan, además, todos estos estereotipos con los estereotipos con los que se nos asocia a las personas poliamorosas o no monógomas en general? Yo veo realmente una relación bastante directa. Promiscuas, no saben escoger entre las relaciones que tienen, no saben lo que quieren, están confundidas y por esto van ‘probando’… a las personas plurisexuales y a las no monógamas se nos asocia con el ‘exceso’ y el vicio. Dentro del sistema monógamo en el que vivimos no tener ninguna relación es considerado un desastre (tendría que sentirme triste todo el día y llorando), tener una es la perfección (el ideal romántico de la media naranja), y tener más… para, tener más es pasarse, ¿Dónde vas? Con los géneros es lo mismo, que no te atraiga ningún género es un desastre (mirad las personas asexuales que son consideradas personas enfermas o que tienen algún error), que te atraiga uno es la perfección (el ideal de la media naranja pero con los géneros), y que te gusta más de uno… stop, no te pases.

Todo esto que acabo de comentar es una parte de cómo se expresa la bifobia, o sea las discriminaciones y violencias simbólicas a las que nos enfrentamos las personas bisexuales y plurisexuales, y como ya he explicado también parece que tenga una relación íntima con la monogamia. Este sistema de opresión y discriminación lo llamamos monosexismo. Y podríamos analizar cuáles son las razones por las cuales en este sistema existe el monosexismo. ¿Cuáles son las razones por las cuales el monosexismo existe como sistema que discrimina y oprime a las personas plurisexuales? El monosexismo existe para reforzar otras estructuras como el sexismo, la transfobia, la homofobia y la monogamia. Por ejemplo, refuerza el sexismo y la transfobia y la diferenciación jerárquica entre los géneros (tanto los impuestos como aquellos escogidos o sentidos) ya que nuestra supuesta no preferencia en el género de las personas por las cuales nos sentimos atraídas cuestiona estas diferenciaciones, imposiciones y jerarquías. Por ejemplo, refuerza la homofobia, ya que nuestra existencia cuestiona esta división tan clara entre lo que es definido como ‘correcto’, que es la heterosexualidad, y lo que es incorrecto, que la homosexualidad, y nosotras somos consideradas algo que contamina esta frontera y barrera (y por tanto la pone en cuestión). Y, por último, y esta es la que viene más a cuento ahora mismo, refuerza la monogamia obligatoria, ya que nuestra supuesta promiscuidad, confusión e inestabilidad y nuestra propia existencia que cuestiona lo que es definido como exceso y no exceso hace temblar el sistema monógamo impuesto. Por tanto, reproducir monosexismo es indirectamente reproducir sexismo, transfobia, homofobia y monogoamia obligatoria.

Hay otra cosa curiosa con la monosexualidad y la monogamia. Normalmente las monosexualidades son percibidas de una forma bastante monolítica; por ejemplo, se percibe que una persona heterosexual tiene que sentir atracción afectiva, romántica y sexual hacia el ‘otro’ género, y la homosexualidad hacia el ‘mismo’. O sea, que se tiene que sentir todas las atracciones (sexual, afectiva y romántica) hacia un solo género. Dentro de las plurisexualidades una cosa que pasa mucho es la pluralidad y la multiplicidad en la diversidad en la atracción afectiva y sexual, hasta llegar al punto de poder diferenciarla. Por ejemplo, la posibilidad de que yo me sienta atraída sexualmente hacia dos, tres, cuatro géneros y afectivamente hacia solo uno. También contemplando la posibilidad de que a lo mejor no me sienta atraída sexualmente hacia ninguno (ser asexual) pero afectivamente o románticamente hacia todos, o al revés, sentirme atraída sexualmente hacia todos y ser una persona arromátinca. Por otro lado, pasa algo muy parecido con la monogamia y la no monogamia. Normalmente la monogamia es un paradigma en las relaciones donde se cree que tienes una pareja, que es una persona por la que tienes que sentir una atracción sexual, afectiva y romántica. Si una de estas falla, entonces toda la relación falla. Y la relación que tienes que tener tienes que ser compartiendo todos estos factores. La no monogamia, contemplada como una cosa múltiple, puede contemplar una diversidad y multiplicidad de relaciones, desde la más afectiva con un vínculo emocional importante sin sexo, a la más sexual sin tener un vínculo afectivo importante, pasando por relaciones platónicas, o relaciones donde se comparta todas las combinaciones posibles, etc. Puede pasar que una persona no monógama tenga varias relaciones y ninguna de ellas sexual, o al revés. Esto me recuerda mucho a la plurisexualidad y a su inherente multiplicidad.

Solo quería para terminar poder concluir que vista esta relación que tienen tanto el monosexismo como la monogamia, para mí las comunidades plurisexuales y las no monógamas tienen una íntima conexión. Como hemos visto tenemos muchas cosas en común, ya no solo porque compartimos personas (es, obvio, sino no estaría yo aquí), sino también porque además tenemos un fondo común interesante e importante, que es lo que he expuesto. Por eso creo que nuestras comunidades tendrían que ser sensibles las unas con las otras y poder tejer red y alianza, y así, además, poder de una vez romper con el estigma que arrastramos dentro del activismo bisexual más mainstream y normativo que nos hace siempre salir a la calle para decir ‘hola, soy bisexual, soy monógama y soy normal’. Por eso estoy muy contenta de estar hoy aquí con todas vosotras, de tener la oportunidad de tejer esta alianza, y por esto también os estoy muy agradecida de haberme invitado. Gracias por haberme dado la oportunidad de compartir todo esto y además, poder decir alto y claro al fin ‘hola, soy bisexual, no soy monógama y no soy normal’.

relaciones en el heteropatriarcado (I – introducción)

El tema de las relaciones no lo he tratado casi en este espacio. Siempre he pensado que hay personas que escriben muy bien sobre estas temáticas, a las que sigo, y trabajo de las cuales aprecio mucho. Aún así, me gustaría poder tratarlo aquí, ya que también es un tema afectado y que afecta a las estructuras de poder.

Antes que nada me gustaría decir que lo que me apetece hacer aquí es una deconstrucción de las relaciones en el heteropatriarcado; no voy a usar casi los conceptos que normalmente se usan de ‘monogamia’, ‘poliamor’, ‘anarquía relacional’, y un largo etcétera. He pensado que hay muchas maneras de definir y describir estos conceptos, seguramente algunas más deconstruídas que otras. Lo que realmente me apetece hacer es deconstruir los conceptos relacionales del heteropatriarcado. También porque aún no he encontrado palabras que me ayuden a señalar estructuras concretas relacionadas con lo que llamamos ‘monogamia’; que sí, que la monogamia tal y como nos la inculcan es un sistema, una estructura, centrada totalmente en el concepto de ‘pareja’, que nos aísla totalmente de las comunidades y nos cierra en pequeños núcleos a los que llamamos familias, que reproducen heteropatriarcado, y que es de mucha utilidad para el capitalismo. Pero no quiero usar solamente el concepto de monogamia como sinónimo de una estructura, ya que, por ejemplo, personas no monógamas que la reproducen hay muchas. Quiero, por tanto, tratar esta entrada a modo de introducción, y más adelante iré tratando cada tema por separado en diferentes textos.

Una de las primeras cosas de las que me gustaría tratar es del binomio pareja/amistad. Son dos paradigmas que dentro del heteropatriarcado adquieren posiciones tanto afectivas, emocionales, como físicas, muy distintas. Existe una jerarquía evidente entre la pareja y todo lo demás, incluso de todas esas personas más ‘especiales’ en el círculo amistoso. Parece, además, que el sexo tiende a ayudar a ‘subir’ a una persona en la escala del 0 al 1 que vendría a ser de los extremos amistad-pareja en las relaciones. Como pasa en todos los binarios en nuestras estructuras, solamente los ‘extremos’ son leídos, tratables y definidos. Es más, todo lo que no sean estos extremos son leídos como cosas ‘intermedias’ (y por tanto más falsas o menos verdaderas). Pasa con todos los binarios; con el género, por ejemplo, que los géneros no binarios los situamos mentalmente entre los dos ‘definidos’ y ‘reales’ que son ‘hombre’ y ‘mujer’. Pero esto es solamente una construcción que refuerza la idea de que lo que no pertenece al binario no es ‘tan real’, es una ‘mezcla’ y solo se puede expresar y definir usando una combinación de los términos de esos binarios, como sumas y restas. Además, los binarios siempre están jerarquizados, dándole más importancia a uno e infravalorando el otro. Con la pareja y la amistad pasa igual.

El concepto de pareja en el patriarcado es un concepto que aisla a las personas en núcleos reducidos y que las separa de todos esos otros vínculos afectivos a los que llamamos ‘amistades’. Descuidamos a toda una red de personas, y además, también estructuramos nuestros cuidados a la pareja según unas normas definidas que nos vienen impuestas (normalmente en relaciones de poder, por tanto los cuidados afectivos no acostumbran a ser equitativos) que limitan las vidas de las dos personas que forman ese supuesto vínculo (especialmente a la que menos privilegios tiene). Toda nuestra vida es marcada por la vida en pareja.

Es común ver que los conceptos definidos y marcados suelen no sentir la necesidad de tener que explicar o definir, porque ya nos vienen de ‘fábrica’. Lo que decía antes de que son los dos conceptos ‘extremos’ que vienen ya supuestamente descritos de antemano todo lo que significan. Tener pareja, por ejemplo, ya viene dado con un montón de suposiciones de todo lo que requiere, repercute, cuales son los límites, no límites, etc. También pasa con la amistad con todo lo contrario, no requiere de nuestro esfuerzo del cuidado o de la estima (que mal llamamos ‘drama’). Por eso creo que en los dos casos la comunicación suele ser escasa, ya que no se tiene nuestra atención de definir cuales son las cosas que se quieren compartir en cada relación ni como. No es necesario porque ya se supone. Eso es desde mi punto de vista muy violento. Está cargado de una simbología donde ni siquiera se requiere pasar por el consentimiento. Y no hablo solamente del consentimiento en el sexo, sino también consentimiento afectivo, de las cosas que se quieren hacer, compartir o mostrar. Y de la variabilidad temporal de lo que se quiere. Muchas veces incluso parece que se tenga permiso total a la intrusión (tanto física, mental o emocional) en todo en el caso de la pareja. Con el resto de relaciones pasa algo parecido, todo depende de la ‘etiqueta’ que le pongamos, una vez puesta ya viene acompañado de toda una simbología y un montón de supuestos, sin necesidad de consentimiento, comunicación o respeto por límites o necesidades de cada momento y de cada persona.

Romper con estos paradigmas requiere algo que es esencial: la comunicación. Tener que trabajar cada una de las cosas que se quieran compartir en cada relación. Pero hay miedo. El miedo que hay a menudo a tratar cada tema es un miedo que proviene del patriarcado. Es miedo porque muchas personas piensan que ‘hablar’ implica una total disposición a todo, el súper vínculo de la pareja, el drama, etc. Esto es totalmente falso, pues precisamente el concepto patriarcal de pareja es un vínculo que ya está tan definido que por tanto no hay necesidad de la verdadera comunicación. Tenemos miedo a la comunicación, porque nos han hecho creer que ‘hablar’ implica que nos requieran totalmente. Pensamos que ‘permitir’ hablar a la otra persona implica que nos pueda pedir, y por tanto de una implicación, o de un drama si no nos implicamos con lo que nos pide. También porque no sabemos respetar un ‘no’, y nos han enseñado a que un ‘no’ se convierte en un rechazo emocional personal grave. Una de las violencias comunes que ocurren es que supongan que como vas a requerir a la otra persona emocionalmente en su totalidad se cierren en banda y no te permitan expresarte; esta suposición hace que esa persona te coloque en una posición concreta (sobre cuales son tus emociones y necesidades) sin que tú la hayas requerido. Y eso también es violencia. Como el mismo hecho de que no se te permita comunicarte, expresarte o requerir, aunque este requerimiento sea distancia o un no consentimiento.

Otro binario que se ha creado es el de las ‘relaciones no serias’ para contrarestar a las ‘relaciones serias’ (clásicamente de pareja). Muchas personas que siguen leyendo las relaciones de forma patriarcal para huir del drama van a buscar lo que ellas llaman ‘relaciones fáciles y simples’ donde huyen totalmente de la comunicación, y por tanto de cualquier cuidado hacia la otra persona. Se busca en estos casos relaciones en las que no se requiera (supuestamente) nada, y por tanto donde parece que será innecesaria la comunicación para no generar un supuesto vínculo. Este tipo de relaciones pueden llegar a generar también mucha violencia. No poder hablar, comunicar, cuando puedas sentirte mal, incómode, o tengas cualquier problema, es muy violento. Este tipo suelen reproducir relaciones de poder donde siempre sale ganando la parte con más privilegios, ya que el pensamiento hegemónico es el que prevalece por defecto y el que le otorga el beneficio a quien posee el privilegio. Por eso es esencial ser sensibles a las estructuras de poder. De la violencia que generan este tipo de relaciones queríamos hablar en otra entrada más adelante.

Romper con el paradigma ‘clásico’ y patriarcal de la pareja y de la relación de poder ‘fácil’ requiere atención y comunicaición, incluso en aquellas donde el vínculo afectivo sea supuestamente menor. Cuando se comparte algo, aunque ‘sólo’ sea sexo, se necesita de cierta sensibilidad para poder estar abiertes a poder comunicar en cualquier momento nuestras necesidades, preocupaciones o malestares. O de nuestros cambios y fases, porque las cosas que queremos, sentimos o padecemos cambian también. Sentir que tienes la posibilidad de poder decir en algún momento que algo no te gusta o te hace sentir mal es importante. Incluso esencial para poder ejercer nuestro derecho al no consentimiento cuando lo creamos necesario. Y permitirnos cuidar mínimamente a las personas con las que compartimos algo. Si no, caemos una y otra vez en el paradigma del consumo de personas, que tan ligado está en nuestras estructuras y en el capitalismo. Y ese ‘usar’ la mayoría de las veces no se refiere ‘solamente’ a usar de forma sexual, sino más bien emocionalmente, o a caer en la ‘objetivización’, sobre todo cuando le cortamos a la otra persona cualquier posibilidad de que pueda expresarse o pueda en algún momento no querer consentir alguna situación.

Hay muchas personas (especialmente hombres cis heterosexuales) que acostumbran a acercarse a ambientes no monógamos con la idea de que se les exigirá menos, podrán ‘ligar’ más, y que siguen leyendo sus relaciones de la misma forma que en el heteropatriarcado. Estas personas suelen generar mucha violencia, pues son personas que no son sensibles a las estructuras de poder, que no suelen respetar el tema del consentimiento, y que no suelen tener ningún respeto hacia las personas con las que se relacionan. Sobre todo, y esto también va para les que siguen teniendo relaciones monógamas heteropatriarcales, siguen leyendo el mundo entre ‘relaciones serias’ y ‘relaciones no serias’; una forma de dividir las relaciones que cada día me produce más rechazo. Compartir menos vínculo o menos afectos con una persona no te da derecho a convertirla en ‘menos seria’ ni ‘menos humana’ que a las demás. Porque ‘lo que no es serio’ nunca merece nuestro respeto. Ahora ves a una persona de estas y dile ‘no’ a algo o que te sientes mal o incómode, con qué ‘seriedad’ lo va a tomar.