¿qué tenemos en común Trans, Feministas Queer y Autistas?

por Maria/Pau Masats (de Amors Plurals)

En la charla-debate Lucha trans, feminismos y políticas de disidencia sexual que tuvo lugar el 5 de octubre de 2011 en el CSO Casablanca de Madrid, muchas asistentes coincidimos en señalar que un punto común entre la lucha a favor de la despatologización de la transexualidad y los feminismos de tendencia queer o transfeminismos es la crítica al sistema binario de géneros. También quedó patente que ni todas las personas trans, ni todas las personas con valores o ideas feministas comparten esta opinión, pues hay quien defiende a muerte el binarismo: desde el o la transexual que “necesita” cambiar “al otro” sexo (como si solo hubiera dos y hubiera nacido con el cuerpo equivocado), hasta la mujer (nacida mujer) separatista que considera a las personas trans como enemigas a las que combatir. Algunas feministas tránsfobas no aceptarán jamás que las personas transexuales que se autodefinen como mujeres puedan entrar en determinados espacios exclusivos “para mujeres”, porque en sus ojos siguen siendo hombres; perciben su transexualidad como una caricaturización de la feminidad o, peor aún, como una estratagema para invadir esos espacios exclusivos. Y por supuesto, tampoco abrirán las puertas a los hombres trans, o según ellas, traidoras que reniegan de su propia clase para alinearse con el enemigo.

Afortunadamente en la España urbana (no quiero generalizar, pues desconozco la sociedad rural) predominan las corrientes que cuestionan los sistemas binarios mujer-hombre, femenino-masculino, rosa-azul. También, en comparación con otros países a los que tanto admiramos y tomamos como referentes culturales, aquí hay mucha más aceptación de la diversidad y mayor trasvase de ideas entre distintos grupos, tribus, colectivos, sujetos políticos… o yo diría entre personas, simplemente personas. Estamos más abiertas a conocer las diferencias, a comprenderlas, a apropiárnoslas; nos replanteamos las viejas teorías e integramos las nuevas propuestas en nuestros discursos. Somos menos dogmáticas, y por lo tanto, más flexibles… pero ni siquiera sabemos apreciarlo. Un claro ejemplo de ello es que ante la pregunta que se planteó en el debate ¿Qué aportan los feminismos a la lucha trans y viceversa?, mientras aquí se listó una serie de aportaciones en uno y otro sentido, sin que se escuchara ninguna objeción, en algunos foros de habla inglesa la respuesta mayoritaria que he leído es: NADA.

Y a pesar de esta mayor abertura de miras, en la charla eché en falta la representación de otro grupo afectado por la normatividad de género binaria: las personas con autismo. Con ello no quiero excluir otras realidades igualmente afectadas, solo trato de plantear las cuestiones que surgen desde mi propia experiencia. No me otorgo el derecho de abogar por realidades ajenas, ¡ojalá salgan más voces y testimonios de víctimas del binarismo! Yo, como persona que me autodefino como neuro-atípica y simpatizo con aspis, quiero denunciar las teorías neurocientíficas en las que se basan muchos tests que se utilizan para calcular el coeficiente de autismo, y que se podrían resumir así: existen cerebros femeninos y cerebros masculinos.

¿Quién no ha escuchado alguna vez aquello de los hombres vienen de Marte y las mujeres vienen de Venus? Esta cita dio título a una obra que refleja muchos tópicos sobre los géneros, como que los hombres son más racionales y las mujeres más empáticas. Y al parecer se sustentan en una base científica “incuestionable”: los niveles de testosterona en el útero materno influyen en el desarrollo cerebral del embrión, de manera que ya en esa fase tan temprana se van determinando muchas de nuestras características. Todo lo que ocurra a partir del nacimiento parece importar poco o nada a estas personas defensoras a ultranza del determinismo biológico. Para ellas, si una niña a la que no le gusta jugar a muñecas arranca la cabeza a la barbie que le regaló su tía abuela, la explicación se encuentra en los niveles de testosterona a las que estuvo expuesta durante la gestación; no tiene nada que ver con la presión social y cultural en la que haya crecido, nada que ver con una rebeldía a la insistencia para que juegue a “cosas de niñas”.

La idea de un cerebro masculino y un cerebro femenino resulta muy atractiva, y da unos pingües beneficios: se han vendido más de 50 millones de ejemplares de la guía de convivencia extraplanetaria entre marcianos y venusianas. Por si eso fuera poco, una gran eminencia en el campo de la neurociencia, el doctor Simon Baron-Cohen (el primo del actor) añade otra hipótesis: las diversas afecciones descritas dentro del espectro autista se darían en personas con un cerebro extremadamente masculino, es decir, con un nivel de sistematización muy alto y un nivel de empatía muy bajo. Lo curioso es que no describe en qué consistiría un cerebro extremadamente femenino.

En esta línea de investigación, realiza un experimento que “demuestra” que los hombres transexuales tienen un cociente de autismo superior al de hombres y mujeres “típicos” y también al de mujeres transexuales, pero algo inferior al de adultos con síndrome de Asperger. Sus conclusiones, publicadas en el Science Daily, no tienen desperdicio, por la transfobia que destilan.

Las chicas con un número de rasgos autistas superior a la media tienden a tener intereses típicos masculinos y muestran una preferencia por los sistemas por encima de las emociones. Prefieren no socializar con chicas típicas porque tienen intereses distintos, y porque las chicas típicas de media tienen unas habilidades sociales más avanzadas. Ambos factores conducen a las chicas con un número elevado de rasgos autistas a socializar con chicos, a creer que tienen una mente masculina en un cuerpo femenino, y a atribuir su infelicidad al hecho de ser mujer.

Las palabras de su colaboradora en el experimento, otra perla:

Si estas chicas creen que tienen una mente masculina en un cuerpo femenino, su número de rasgos autistas superior a la media puede significar también que tienen unas creencias muy arraigadas y que las llevan hasta la última consecuencia: en su adultez eligen una operación de reasignación de sexo.

En el 2004, el doctor Baron-Cohen y el equipo de investigación de la Universidad de Cambridge publicaron varios tests para calcular el cociente de espectro autista (AQ), el cociente de empatía (EQ) y el cociente de sistematización (SQ), entre otros. Sus investigaciones posteriores se sustentan en estos cocientes.

Y precisamente una de las objeciones que se me ocurre para cuestionar los experimentos de Baron-Cohen y compañía es que los valores de los cocientes se obtienen a partir de valoraciones subjetivas, de la percepción que tiene de sí misma la persona que realiza los tests, en lugar de obtenerse de pruebas diseñadas con mayor rigor empírico. Mi caso particular: la primera vez que me enfrenté con el test del cociente de espectro autista, fui prudente en las respuestas: al no tener una idea preconcebida de cómo actuaría en muchas de las situaciones que se detallaban, elegía las opciones con atenuantes: “probablemente sí”, “probablemente no”… Dos semanas más tarde repetí el test, y como en este tiempo había hecho una introspección profunda para conocer mejor mi reacción en estos escenarios hipotéticos, pude responder de forma más categórica: “seguro que sí”, “seguro que no”. La segunda vez obtuve un cociente más alto. Y además, una recompensa: ya me sentía mucho más legitimada para formar parte del grupo de adultos (autodiagnosticados) con síndrome de Asperger.

¿Qué había sucedido? ¿De pronto había aumentado el nivel de testosterona prenatal? ¿Con mis reflexiones había adquirido un mayor conocimiento de mí misma y, por consiguiente, debía dar por válido el segundo resultado? ¿O la segunda vez había habido una mayor sugestión del subconsciente para responder según patrones propios de aspis que había aprendido y había asimilado como propios? De todas las opciones, la primera se perfila como muy improbable, pues no se me ocurre cómo podría haber aumentado el efecto de las hormonas durante la gestación, no tengo constancia de ninguna distorsión espacio-temporal ni salto cuántico a otro verso paralelo que pudiera haber alterado las condiciones del embarazo de mi madre. Y las otras dos se deben a causas circunstanciales externas, ajenas a la biología.

Otra objeción: en otra serie de tests me salió un cociente muy bajo en empatía, y un cociente también muy bajo en sistematización. Según una tabla que relaciona ambos parámetros, mi cerebro no es ni masculino ni femenino, sino equilibrado… Curiosamente, alguien con ambos cocientes muy elevados también tendría un cerebro equilibrado, aunque lo más probable es que nuestros procesos mentales no tuvieran nada en común.

Y tercera objeción: el propio Baron-Cohen reconoce haberse cuestionado los principios más básicos en los que sustenta todas sus teorías, pero no ha rectificado ni un ápice.  La máxima “rectificar es de sabios”, será que no todos los sabios lo aplican (o no todos los que se consideran sabios, lo son).

Quizá no exista el experimento social perfecto, las emociones y reacciones humanas no son ciencias exactas. Pero precisamente por ello habría que tener más cuidado antes de postular teorías que condenen a una parte de la población a quedar relegada en un plano inferior.

University of Cambridge. “Female-to-male transsexual people have more autistic traits, study suggests.” ScienceDaily. ScienceDaily, 5 May 2011.

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mujeres y bisexualidad: ¿aceptación social o violencia de género?

(La semana pasada escribí un artículo para La Directa, que nuestrxs compañerxs de La Banda de Moebius tradujeron al castellano en su página de facebook, y que comparto aquí en este espacio.

El artículo original en catalán lo podéis encontrar aquí.)

La bisexualidad femenina parece ser socialmente aplaudida e inherente en las mujeres. Se suele decir que es más aceptada que la masculina, a pesar de que muchas mujeres bisexuales a menudo se quejan de sufrir agresiones debido a su orientación sexual. Esto parece una contradicción. Cómo es posible que, a pesar de parecer más aceptada, las mujeres bisexuales sientan sufrir esta violencia?

Breanne Fahs expone al ensayo Compulsory Bisexulity?: The Challenges of Moderno Sexual Fluidity ( 2009) que el concepto del heterosexualidad obligatoria se ha extendido al que denomina “bisexualidad obligatoria”. Lo que concluye en su estudio es que las mujeres son coaccionadas a fingir una bisexualidad para el placer sexual del hombre heterosexual: las mujeres tienen que ser (obligatoriamente) heterosexuales pero tienen que fingir (obligatoriamente) una bisexualidad para el goce masculino. Este hecho ya representa una violencia hacia las mujeres de cualquier identidad sexual.

Cómo es leída y representada la bisexualidad femenina

La bisexualidad femenina casi siempre aparece en un contexto en que las mujeres representadas son atractivas al ojo del heteropatriarcado. Si buscamos por Internet noticias sobre mujeres bisexuales famosas nos encontramos algunas como la de Cinemanía titulada Las bisexuales de Hollywood: actrices famosas que juegan a dos bandas (2012). En las fotografías que se exponen se muestra a una mujer atractiva y sexualizada. El texto, en vez de hablar de la bisexualidad como una opción sexual o emocional, plantea la bisexualidad como un “juego”, y llega a poner en entredicho la bisexulidad con frases como “nos hace sospechar que las chicas tampoco le ponen tanto”.

Cómo apunta también Shiri Eisner en su libro Bi: Notes for a Bisexual Revolution, otro ejemplo es el de la pornografía comercial, que es creada para la misma construcción masculina hegemónica. Este tipo de pornografía – diferenciada otros tipos como la feminista, la queer o la postpornografia – está mayoritariamente pensada para reproducir el que se supone que tiene que gustar al hombre heterosexual: el sexo entre mujeres es una representación atractiva para la mirada del hombre. Si entramos en una página de vídeos pornográficos en línea como PornoTube, los vídeos catalogados como “lésbicos” están dentro de la categoría principal “heterosexual”; la categoría principal representa la orientación sexual de la persona espectadora (hombre) y la subcategoría “lésbica” es sólo una práctica sexual, donde más allá de ser para lesbianas, se representa una bisexualidad actuada donde a menudo participan hombres.

La bisexualidad femenina es así estructuralmente objectivizada e hipersexualizada, erradicada como identidad sexual o emocional propia de la mujer y representada como una actuación para el placer sexual del hombre heterosexual. Esta imagen, en el contexto de la cultura de la violación, pone a las mujeres bisexuales en una posición muy vulnerable a sufrir agresiones sexuales: las expone a la suposición de pleno consentimiento a la hora de llevar a cabo fantasías sexuales por parte de hombres. Esta violencia también la sufren lesbianas y heterosexuales bajo el supuesto del heterosexualidad y la bisexualidad obligatorias.

Violencia sexual hacia mujeres bisexuales

En un estudio que hizo el Departamento de Salud de los Estados Unidos en enero de 2013, National Intimate Partner and Sexual Violence Survey, donde pulicava datos del 2010, se mostraba que el 46,1% de las mujeres bisexuales habían sufrido violaciones al menos una vez en su vida, ante un 13,1% de las lesbianas, y un 17,4% de las heterosexuales. El estudio también reflejaba que el 74,9% de las mujeres bisexuales habían sufrido otros tipos de violencia sexual, frente a un 46,4% de las lesbianas, y un 43,3% de las heterosexuales. El 98,3% de las agresiones a mujeres bisexuales eran perpetradas por hombres. El 61,1% de las mujeres bisexuales habían sufrido agresiones por parte de parejas sentimentales, ante el 43,8% de las lesbianas y el 35% de las heterosexuales. Otro estudio que se hizo al 2009 denominado Women’s Sexual Orientation and Health: Results from a Canadian Population-Based Survey mostró que las mujeres bisexuales sufrían una proporción más elevada de violencia doméstica.

Estos datos reflejan la bifobia y el machismo con qué muchas mujeres son coaccionadas por parte de hombres a realizar ciertas prácticas sexuales o para apuntarse sin consentimiento, llevando a cabo así la fantasía de la mujer bisexual. Hay varias vivencias en blogs de activistas, al ensayo de Breanne Fahs o en el libro de Shiri Eisner. Aún así, podemos exponer las que se compartieron en un proyecto que llevábamos a cabo para la visibilitzación de la bifobia, que son vivencias más cercanas en casa nuestra. Judith comentaba: “Yo muchas veces me sentía presionada por mi novio a mantener relaciones sexuales con él y otras tías. A menudo me decía que tenía que estar interesada por el simple hecho de ser bisexual. No me lo decía directamente, era una insinuación constante. Algunas veces sí que lo había hecho y lo quería hacer, pero no me sentía con el derecho de poder escogerlo siempre (…) después cuando creía que a mí me podría gustar una chica se alteraba totalmente por la posibilidad que yo lo pudiera dejar por una tía. Varias veces utilizó la bisexualidad para insultarme y decirme que era una puta”.
Otra chica, S., explicaba: “Un día cuando estaba de fiesta con mis colegas al decir que era bisexual vino un tio, me puso la mano al culo y me dijo que buscáramos alguna chica por el local para hacer un trío. Ni me preguntó si estaba interesada en él!”. Isabel añade: “Le comenté a una amiga en la barra de un bar que era bisexual y un tio que había escuchado la conversación me entró directamente porque hiciera un trío con su novia (…) esto sin conocerlos de nada”.

Lo que muchas mujeres bisexuales explican a menudo es que no pueden expresar libremente su sexualidad sin el miedo al acoso u otras formas de violencia. Visibilizarse como mujer bisexual es, a ojos de un hombre machista y educado en la cultura de la violación, consentimiento para acceder sexualmente, sin preguntar o esperar a ser invitado. El que concluye Shiri Eisner en su libro es que más allá de ser aceptada, la bisexualidad femenina ha sido apropiada para el disfrute masculino hegemónico heterosexual.

La responsabilidad es del machismo, no de las mujeres

A menudo en entornos normativos (y en el propio ensayo de Breanne Fahs) se insinúa cierta responsabilidad de esta violencia a las mujeres bisexuales que tienen un comportamiento promiscuo o a aquellas que llevan a cabo prácticas bi-curiosas. Un apunte que hace Shiri Eisner en su libro es recalcar que la responsabilidad de esta violencia no es de ninguna mujer que decide ejercer su sexualidad como desea, sino que es estructural, es heteropatriarcal y de los hombres que no respetan el consentimiento. Cualquier mujer tiene que tener el derecho de explorar su sexualidad como quiera, y a que su consentimiento y su identidad se respeten siempre.

Proyecto Libro Bisexualidad: libro sobre Plurisexualidades

Hoy hace justo un año que empecé este blog y espacio. También coincide que es el día de la visibilidad bisexual. Pues bien, quiero aprovechar para presentaros un proyecto en el que también estoy participando. Es un libro que pretende visibilizar las realidades de las personas con identidades plurisexuales. Os dejo el vídeo que he hecho para presentar el proyecto y todos los links de referencia del proyecto después del vídeo; y aquí una entrevista que la mosca cojonera nos ha hecho a Miguel y a mí. Si tenéis consultas, preguntas, sugerencias, comentarios, o queréis colaborar, podéis hacerlo a través de la página web del proyecto, la página de facebook o twitter; o bien a mí directamente a través de este espacio. Feliz día contra el monosexismo a todes.

Web del proyecto: http://proyectolibrobisexualidad.info/

Página de facebook: https://www.facebook.com/pages/Proyecto-Libro-Bisexualidad/1478432749101014

Cuenta de twitter: https://twitter.com/Libro_Bisexual

mi lucha conmigo misma

Esta entrada es un experimento que he hecho sobre mis experiencias con las estructuras de poder. En ningún momento explico de qué estructuras se tratan ni de como actúan. No es un análisis, es una visibilización de mis emociones en ciertos momentos de mi vida. También quiero dejar claro que aunque aquí haya muchas emociones que me han hecho daño, mi intención no es mostrar que he tenido una vida horrible, porque he pasado momentos muy buenos y felices en mi vida. Solamente he querido ir encadenando emociones de estructuras y situaciones en diferentes momentos de mi vida. El tiempo no es lineal, he ido saltando hacia delante y hacia detrás, inspirada un poco en Karen Barad (no estoy usando su método, solo me ha inspirado éste). También quiero dejar claro que aunque en algunos momentos parece que estoy culpando a mí y a mi género de lo que me ha pasado y que parezca que las personas que me hayan agredido, aunque solo sea emocionalmente, no tienen ninguna responsabilidad, no es así; lo que estoy exponiendo es como me sentí yo en ese momento, y es así como funcionan las estructuras de poder, desviando nuestra atención de lo que es responsable o no de la violencia que sufrimos. Tampoco quiero con esto victimizarme, todas las personas hemos sufrido en mayor o en menor medida de violencia, desde fuera o desde nosotrxs mismxs. Supongo que todxs tenemos nuestras historias, y ninguna es menospreciable frente a otras. Dentro de unos días colgaré una segunda parte, que es diferente, no es de visibilización si no más bien de declaración de principios. Un abrazo fuerte, aquí os dejo esto:

Hace unos días me llamaron ‘zorra insaciable’ por twitter por el hecho de visibilizarme como ‘mujer’ bisexual. Zorra insaciable, ‘las mujeres bisexuales solo servis para follar’.

Primavera de 1997. Tengo 17 años y salgo del armario como bisexual. Al cabo de poco me llaman ‘puta’ por primera vez. ‘Puta’; aún resuena en mi cabeza, no la palabra, si no el tono burlesco de la afirmación. Me siento incómoda y desempoderada.

Verano de 1997. Sufro una agresión. No entiendo qué está pasando, pero se burlan de mí. ‘Puta’, vuelvo a escuchar. Risas. Siento que hay algo en todo esto que no funciona. Será que no tendría que haberme mostrado, habré hecho algo mal. Me equivoqué.

Otoño de 1998. Estoy vomitando. Siento un vacío muy grande que no consigo llenar con nada. Me siento rechazada, y solo se me ocurre desesperadamente llenarlo de alguna forma. Siento una presión muy fuerte en el pecho, pero ya no puedo llorar. Tengo miedo a identificarme con cualquier cosa, por miedo a las risas y a las suposiciones que no entiendo de donde vienen. Aún las oigo, y aún las siento.

Invierno de 1996. Estoy en clase. La profesora de filosofía me pregunta sobre algo. Respondo. Respondo a mi manera. Mis compañerxs se ríen de mi respuesta. La compañera que se sienta delante de mí se gira y me pregunta si soy alcohólica. Me pregunto si tan extraña ha sido mi respuesta.

Verano de 2007. Llevo mucho tiempo recuperándome de muchas cosas. Y lo que más me ha ayudado en todo esto ha sido leer filosofía. Parece que está siendo mi propia cabeza la que me está salvando de todo ese infierno. Parece irónico todo. Siento como que durante mucho tiempo estaba dejando que el rechazo que me venía de fuera se reprodujera dentro de mí, para rechazarme a mí misma.

Invierno de 1997. Hay días que me cuesta salir a la calle y relacionarme con cualquiera. Estoy bebiendo demasiado, pero es la única forma que siento poder parar muchos de mis pensamientos. Tengo miedo a que sea mi forma de ser la que esté provocando todo esto en mi vida.

Primavera de 2005. Estoy en una asociación LGTB y lo primero que oigo es que yo no tendría que estar allí; tengo una relación con un hombre, para ellxs soy hetero. Me siento mal, incómoda y algo avergonzada por mis supuestos privilegios. Decido dar lo mejor de mí misma para compensarlo. Así que casi toda mi causa se va a visibilizar la homofobia. La palabra bifobia está casi prohibida, eso no existe, me dicen.

Invierno de 1998. Es la primera vez que tengo una relación con una tía. Pero me cuesta aceptar que soy bisexual. Tengo miedo a lo que esto puede volver a suponer. También me dan miedo los hombres y algunxs me dicen que solo lo hago porque soy incapaz de tener una relación con un hombre; me dicen que no soy lesbiana. No me siento cómoda con mi cuerpo, ni con mi sexualidad. De hecho me entra ansiedad con cualquier contacto físico cercano.

‘Las mujeres bisexuales solo servis para follar’. Pues si no puedo servir ni para eso, ya me dirás de qué sirvo ya ahora.

Verano de 2011. He podido comprender todo un proceso de aceptación de mí misma. Y he podido ir separando mentalmente identidades que me han otorgado e impuesto; estereotipos y lo que estos han provocado en mí. He podido ver mi cuerpo tal y como es. Marcado.

Verano de 1997. Estoy sangrando y no quiero que nadie me vea así. ¿Esto es lo que tendré que ver el resto de mi vida? Quiero olvidarlo, pero mirarme en el espejo no me lo permite.

Primavera de 2000. Creo que soy anorgásmica. O sea, no lo era antes, pero ahora parece que sí. Tengo miedo de no poder salir nunca de toda esta confusión. Soy una ‘puta’ anorgásmica que siente ansiedad y llora cuando la tocan. No sé como compartir lo que siento, porque tengo miedo a otra etiqueta más.

Primavera de 2014. Acabo de darme cuenta performando la masculinidad que tengo un rechazo muy fuerte hacia la feminidad. Es inconsciente. Es rabia. Siento rabia hacia lo que se suponía que tenía que ser, hacia las etiquetas que se me pusieron. Tengo miedo y me cierro.

Verano de 2000. Me hacen un comentario hacia mi supuesta ‘no feminidad’. Es doble la sensación que tengo; por una parte me molesta, no entiendo qué es lo que se supone que tengo que ser. Por otra parte, me agrada haber podido apartarme de esa persona que había atraído tantos problemas a mi vida. Ya no parecía una ‘mujer bisexual’, una ‘puta’. Ya me dejarían en paz.

Verano de 1993. Tengo 13 años. Me dicen por primera vez que tengo que hacer dieta para adelgazar. ¿Es esta la entrada a la edad ‘adulta’ de una persona con cuerpo de mujer?

Primavera de 1994. He adelgazado bastante desde que empecé esas dietas. Ahora parezco más popular, y la gente, sobretodo los tíos de clase, me hacen más caso. He sido siempre una de esas personas que pasan desapercibidas, sintiéndome bastante rechazada en clase. El cambio de comportamiento de la gente conmigo hace que empiece a darle más valor al tema de las dietas. De hecho empieza mi obsesión.

Primavera de 1999. Es la primera vez que alguien me dice que me quiere. Y me lo creo. Necesito creerlo.

Verano de 2012. Acabo de darme cuenta de que todas mis relaciones se han basado en la falsedad, el control y la manipulación. Tengo miedo a sentirme manipulada.

Verano de 1999. Estoy probando algunas cosas que por primera vez me hacen sentir bien. Es algo físico, y algo externo, pero hasta ahora es lo único que me está aportando algo.

Primavera de 1998. Estoy medicándome y en tratamiento psiquiátrico por bulimia. Aún así mi ansiedad no cesa. Es más, cuando consigo estar despierta (ya que la mayor parte del día estoy muy atontada y dormida por la medicación) tengo más ansiedad que antes. Tengo una necesidad compulsiva de beber en este estado de ‘no yo’ que siento.

Verano de 2000. Acaba de morir mi abuela y solo siento el dolor de comprender que no he podido corresponderle con todo lo que me dio cuando era pequeña. Tengo que hacer algo, no puedo seguir así. He decidido que todas estas cosas que me ofrecen solo sirven para seguir dando vueltas a lo mismo siempre. No quiero psiquiatras. No quiero médicxs, no quiero medicaciones. No quiero que me normalicen. Esa no es la solución.

Primavera de 2013. Entiendo cada vez más de donde sale esa sensación de vacío. Sigo deshaciendo un poco más el género con el que he sido construída desde pequeña.

Otoño de 1996. Me acaban de golpear. Muy fuerte. Una persona de género masculino muy cercana. De hecho es lo más cercano a una pareja que tengo en este momento. Siento que no conseguiré que nadie me quiera. Me dicen que tengo que esforzarme más. Y tengo miedo a estar sola.

Otoño de 2010. No sé lo que está pasando después de todos estos meses desde que empezó el año. No consigo sentirme reconocida en un entorno que para mí es diario. Me siento en un entorno hostil. Y solo hago que esforzarme para que se me reconozca. Esto me desgasta totalmente. Empiezo a sentirme incómoda con el adjetivo ‘friky’ que oigo a diario, porque lo relaciono con la falta de reconocimiento y con el rechazo que tanto me está doliendo y desgastando.

Verano de 2010. Una persona me dice que la bisexualidad no existe. Lo que llevo oyendo toda la vida. Que en realidad es una cuestión de elegir. Otra vez más me siento como si todo lo que forma parte de mí sea motivo de rareza, de risas o tomado como a irrealidad. Qué manía tiene la gente en decir lo que soy o no soy o si es verdad o no lo que digo o siento que soy.

Verano de 1999. Mi pareja (hombre) me dice que siendo como soy nadie más me podría querer. Además, se ve que según él tengo problemas de comunicación con el resto de personas. No hago nunca nada bien, y mi torpeza es motivo de cachondeo, burla o bronca. Empiezo a hacer las cosas con miedo y a repetirme constantemente que soy un desastre. Empiezo a tener miedo a hacer cualquier cosa que requiera de cierta habilidad por miedo al rechazo de la gente y por creer que no soy capaz.

Invierno de 2008. Me acaba de decir un amigo mío que si voy a visitarle a su pueblo no hable mucho porque la gente del pueblo no va a comprender. O sea, que intente no hablar, por ejemplo, de mi orientación sexual. Soy tan tonta que no cojo el tren para volverme a barna. No tendría que aceptar que se me tratara así.

Primavera de 2012. Me siento invisible. Permito que me invisibilizen. No me siento nada cómoda, y no entiendo porqué la invisibilización me duele tanto. Estoy delante de más personas y no puedo decir nada de lo que siento o pienso, mientras por otro lado se puede decir y hacer lo que se desea. Como pisarme a través de la negación que siento como persona.

Primavera de 2010. Acabo de terminar con una relación de 11 años. He conseguido superar muchísimas cosas relacionadas con bulimia, ansiedad, problemas sexuales, alcohol, incluso fumar. Miro hacia atrás y alucino con todo el proceso. Me siento bien por todo lo que he hecho y aprendido por mí misma.

Verano de 2008. Después de tantos problemas que he superado estoy empezando a ser consciente de lo que está relación me está haciendo: mentiras, manipulaciones, control y técnicas para hacerme sentir inferior. No he podido ser consciente hasta ahora, ya que todo lo que me pasaba me creó dependencia hacia una persona que ‘supuestamente me estaba ayudando’. Me hace sentir incómoda y no sé si lo que veo es real o no. Me siento muy atrapada y sin entender qué está pasando.

Invierno de 2000. Un día me contaste que a las tías que les gustaba demasiado el sexo o que se mostraban demasiado sexuales era normal que fueran más sensibles a sufrir cualquier agresión. Lo estaban llamando. Sentí un desgarro dentro de mí. También me contaste que yo no era bisexual, que solo me había confundido durante un tiempo. Otro desgarro.

Primavera de 1999. Siento un dolor muy fuerte en el vientre, como una contracción. Me paso 2 horas de dolor insufrible y con el intestino queriendo morir. Le digo a mi madre que sé que esa no va a ser la última vez que me pase esto. Miro hacia atrás y siento que me lo he buscado: bulimia, alcohol, y la maldita medicación psiquiátrica que solo me servía de tapón y algún día por algún otro lado tenía que estallar todo.

Primavera de 1999. Hoy me siento una mierda muy grande. Siento que no podré seguir mucho tiempo sintiendo esto, es insufrible. Pero al final me despierto, tumbada en una camilla del clínico, en la planta de psiquiatría. Mi madre, mi padre y mi hermana me están mirando. Mi madre me explica que a quien han llamado primero es a mi abuela, que ha sido la primera que vino. Se me remueve todo al oir eso; me odio a mí misma por haberle dado eso a mi abuela. Tampoco es que sienta mejor de hacérselo a mis padres, al contrario.

Primavera de 2011. Pienso en ella, en lo mucho que me gustaría que aún estuviera aquí para poder compartir con ella todo el proceso y explicarle todo lo que he superado y todo lo que he conseguido. Siento que parte de todo este gran proceso ha sido por lo que ella me enseñó. Siempre formará parte de mí.

Verano de 2011. Siento que cada vez que alguien me llama ‘xarnega’ está atacando directamente mis raíces, mi familia, su procedencia y su clase social. Empiezo a detestar este tipo de nacionalismo racista de algunas personas con las que tengo que convivir.

Verano de 2013. La misma persona que me recuerda y hace sus ‘bromas’ sobre mi supuesto ‘xarneguismo’ es la que no para de repetirme que soy una puta desviada. Es su forma cariñosa en broma de llamarme ‘mujer bisexual’. Después de mucho tiempo me he cansado y le he pedido por favor que ya no me hace gracia, que me incomoda y que pare. No le da la gana de parar. Soy una puta desviada.

Verano de 2014. Me llaman ‘zorra insaciable’ y de repente todo se remueve otra vez dentro de mí. Por suerte, es solo un recuerdo, algo que puedo desechar en paz.

bisexualidad, género y fases

La bisexualidad no intersecciona igual dependiendo del género de las personas. Se tiende a pensar, por ejemplo, que la bisexualidad en mujeres es más aceptada que en hombres. Eso, visto de entrada, parece cierto, y es que la bisexualidad en hombres está totalmente borrada. Pero también lo está en las mujeres, aunque de otra forma.

Las mujeres bisexuales son en realidad vistas desde una perspectiva heteropatriarcal como mujeres heterosexuales que performan la bisexualidad para los hombres heterosexuales. Tanto es así que existe un índice alto de agresiones sexuales a mujeres bisexuales. También las lesbianas padecen cierto tipo de agresiones sexuales debido al mismo paradigma. Ahora bien, en las mujeres bisexuales éstas agresiones se disparan más. La bisexualidad en las mujeres no está más aceptada, está más cosificada e hipersexualizada, pero no aceptada, ya que no somos realmente consideradas como bisexuales. Esta confusión bífoba nos hace incluso no darnos cuenta de muchas de las agresiones que padecemos. Me ha pasado más de una vez de hablar con una mujer bisexual que de entrada me había dicho que nunca había padecido bifobia y que después de compartir yo con ella mis experiencias y las experiencias e información de otras personas se habían dado cuenta de que sí que la habían padecido.

Los hombres bisexuales de entrada no existen. Ni performada, ni nada. La sociedad machista y heteropatriarcal en la que vivimos marca claramente donde están los límites que un hombre tiene que tener: o eres un ‘hombre de verdad’ o bien pasas al otro bando. A la que has tocado una polla eres gay y las mujeres ya no te pueden atraer. La mayoría de los hombres bisexuales padecen constantemente los comentarios de que en realidad son gays, que están en una fase o que no aceptan su homosexualidad. Esto se mezcla con el hecho de que hay muchos hombres que antes de salir del armario como gays pasan por una fase en la que se identifican como bisexuales. Este hecho se usa muchas veces como ‘excusa’ para seguir reproduciendo la idea de que los hombres bisexuales no existen y en realidad son gays.

O sea, en conclusión, para el heteropatriarcado las personas bisexuales en realidad queremos polla; así es. Las mujeres somos heteros, y además somos tan guais que para agradar a estas pollas jugamos también con mujeres. Los hombres son gays. ¿Falocentrismo?

Las personas trans, es un tema más complejo. Si hablamos de personas que se identifican como hombres o mujeres, el concepto social es que en realidad son heterosexuales. Esto viene de la idea de que género y orientación sexual son lo mismo: si eres homosexual es que tienes una psicología del ‘otro sexo’. Por tanto se ve a las personas transexuales como personas que deciden ‘cambiar de género’ para estar también aliniadxs con la heterosexualidad. Desconozco como funciona la intersección de la bisexualidad con personas con identidades no binarias, intentaré indagar; aunque ya de por sí estas identidades son tan invisibilizadas que no sé si su orientación sexual se comprenda sea cual sea (seguimos con la idea de finales de s XIX de que la orientación sexual y el género son prácticamente lo mismo).

Existe este ‘concepto’ de que la bisexualidad es una fase, sobre todo cuando se habla de hombres. Y debemos aceptar que en muchos casos lo es. Muchos hombres que finalmente se definen como homosexuales pasan por una etapa en la que se definen como bisexuales. Esto lo usa la estructura monosexista para alimentarse a sí misma. No quiero para nada culpar a estas personas; estas personas que pasan por estas ‘fases’ no son las responsables de la bifobia que padecemos las personas bisexuales. Yo lo he meditado muchas veces y comprendo perfectamente la dificultad, sobre todo para un hombre, de abrir socialmente o aceptar su homosexualidad. O también de conocerse y entender como somos y funcionamos, muchas veces necesitamos tiempo, o toda una vida. Vivimos en una sociedad, recordemos, heterosexista y patriarcal. No puedo hablar mucho por estas personas, ya que no soy ni hombre ni homosexual, pero lo veo, no solamente tan comprensible, sino también algo que todas las personas tenemos derecho a sentir y a hacer. Repito: éstas personas no son las responsables de que la bisexualidad no esté aceptada, lo es la estructura monosexista y sus ansias por coger a estas personas como ejemplos representativos de lo que somos las personas bisexuales y hacer creer a la gente de que esto es, además, algo malo y negativo.

Y aquí hemos topado con el tema de las ‘fases’. Algunas de las cosas que oprime el monosexismo, no es solamente la bisexualidad, es la fluidez, es el aceptar la orientación sexual también como una fase, sea la bisexualidad, la asexualidad, la pansexualidad, la demisexualidad, la homosexualidad y la heterosexualidad. Esto es lo que nos hace el monosexismo: obligarnos a definirnos y a no movernos de allí. Tienes que decidirte, sino eres indecisx y cobarde. ¿Y qué? ¿Qué tienen de malo las personas indecisas? O… ¿qué tienen de malo las fases? Incluso esas fases en las que todo está clarísimo y definido.

La bisexualidad existe. La bisexualidad es una orientación sexual. La bisexualidad también es una fase. La bisexualidad es algo permanente durante toda la vida. La bisexualidad no es la responsable de la cosificación y la hipersexualización de las mujeres. La bisexualidad de las personas trans y de los hombres es también una orientación sexual. Son la bifobia y el monosexismo los que borran nuestra orientación sexual, los que no aceptan las fases. Es el machismo el que nos cosifica e hipersexualiza, y el que no acepta que los hombres y las personas trans bisexuales existen. Es el monosexismo el que nos borra. Son las personas que deciden poner de ejemplo las fases de unas personas para borrarnos. Son las personas que agreden el propio concepto de fase, y que agreden el propio concepto de lo que tendría que ser una orientación sexual.

Invasión violenta “patriarcal-católica-española” en el continente hoy llamado América

por Iván Machiweye Vargas

En este artículo, utilizaré terminologías que nacen desde la visión patriarcal-católica-española de hace más de 500 años y algunas incorporaciones de la visión actual patriarcal-occidental (Europa, EEUU y los hoy llamados paises civilizados) y clínica. Términos como vergüenza, culpa, pecado, puta, sodomita, maricón, homosexual, heterosexual, lesbiana, gay, hombre-masculino, mujer-femenina, dualidad de género, etc, son términos que de alguna u otra manera buscan definir y que nos definamos a partir de ellos. Los utilizo para visibilizar y plasmar el modo de ver y vivir el mundo que hemos heredado, que en gran parte corresponden a pensamientos y haceres impuestos violentamente a lo largo de nuestra historia.

Escribo desde un idioma que no me pertenece, un idioma lleno de clasificaciones heredados de esa visión patriarcal-católica-española, que hace más de 500 años agredió y rotuló a más de 80 millones por “putos, putas, brujos, brujas, sodomitas, afeminados, indecentes, desviados, cultores del diablo”. Escribo desde un cuerpo y una expresión construída desde esa moral invasora católica-española y que hoy continúa transformándome desde una ciencia clínica dogmática. Finalmente escribo desde una consciencia hecha a base de saberes, religiosos, científicos y filosóficos. Saberes que aveces ni siquiera puedo reconocer porque son tan imperceptibles, pero que en ocasiones me acusan. Una consciencia que me duele, inquieta y agrede cada día.  

Mucha bibliografia ha descrito cómo muchos pueblos precolombinos del hoy llamado continente americano, aceptaban sin prejuicios la variedad sexual y cómo la hacían parte de su forma de ver y vivir el mundo. Enfocaré el análisis de este artículo a cómo la visión invasora patriarcal católica-española, transformó los modos y haceres de estos pueblos con respecto a la variedad sexual y cómo podemos de-construir el pensamiento y la manera de ver el mundo, lxs hoy llamadxs “latinoamericanxs”.

Para ello es importante comprender que mueve a los mal llamados “conquistadores y/o colonizadores” a transformar y exterminar el modo de ver y vivir el mundo de entonces. Debemos a la vez enterarnos de la visión que tenían los pueblos precolombinos antes de la llegada de los invasores.

Conocer la visión precolombina no es tarea fácil, más aún si consideramos que gran parte de la información que nos llega, viene desde los relatos redactados por encargo de la católica España, cuyo modo de ver y vivir el mundo estaba cimentada en una moral patriarcal-católica-española (hombre-español masculino católico penetrador). Sin embargo, estudios feministas, antropológicos y sociológicos, han sido capaz de construir con gran precisión la cosmovisión de muchos pueblos precolombinos.

1.-Antecedentes de la visión de los ancestros precolombinos

Muchos son los ejemplos de como los pueblos expresaban y vivían la sexualidad en los tiempos anteriores a la llegada de los invasores. Desde la óptica occidental, queda establecida la presencia en muchas culturas de una llamada “dualidad de género”, en donde cada persona tenía la capacidad de fluctuar entre lo masculino y lo femenino, ello dicho desde las bocas patriarcales-católicas sería mas o menos así: “un hombre masculino, podía transformarse en un hombre femenino (berdaches, machiweyes, muxes) imitando expresiones y ropas asociadas a la mujer femenina, del mismo modo una mujer femenina podía transformarse en una mujer masculina (amazonas, marmi, machi asesinas de espiritus maléficos).

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Fotos que documentan a parejas Berdache, hecha por el Fotógrafo John H. Fouch, 1877.

Las conductas sexuales de los pueblos desde la visión patriarcal-católica quedaba establecida principalmente como sodomítica (sexo anal entre hombres), lésbica (sexo entre mujeres) y reproductivas (sexo entre hombre y mujer), siendo las mas castigadas las conductas sodomíticas, ya que para la “ley natural de Dios” el semen del hombre debía ser derramado en el receptáculo natural de la vagina, mientras que en el sexo entre mujeres los invasores creían que no había producción de algún tipo de semen .

Sin embargo desde la cosmovisión de los pueblos sus formas de expresión eran todas válidas y ninguna despreciada, porque cada una cumplia un rol en la sociedad. “Las transformaciones de hombre en hombres femeninos”, implicaba una relación de cercanía con lo divino, ya que ésta estaba asociada a la femineidad, del mismo modo “la transformación de mujeres a mujeres masculinas”, les acercaba a la fuerza y las convertía en guerreras.

Para muchos pueblos las conductas sexuales perdían importancia, ya que se valoraban más las transformaciones o haceres (performatividad), las cuales estaban asociadas a papeles de índole político, bélico y/o espirituales.

2.-Antecedentes de la visión patriarcal-católica-española

La visión moralista-católica de los invasores, venía construída por las ideas impuestas por la Santa Inquisición, que venía actuando desde el siglo XVI en Europa, con la llamada “caza de brujas”. Para la Santa Inquisición los actos sodomíticos eran considerados “pecado nefando”, y la resistencia a las prácticas del catolicismo, como brujería y actos del demonio. En las tierras hoy llamadas América, los invasores castigaron todas estas prácticas.  La sodomía era cruelmente castigada con muerte a garrote vil, ahorcamientos, hogueras, condenados a remar en galeras de por vida y a ser devorados por perros hambrientos.

El objetivo de la religión y el estado era controlar la sexualidad y borrar todo nexo que uniese a los indígenas con sus prácticas y costumbres ancestrales. De esta forma, atráves de la conversión al catolicismo y las prácticas sexuales aceptadas, se fueron borrando los modos y haceres de los pueblos, creando en la consciencia de las nuevas generaciones todo tipo de intolerancia a aquellas formas de ver y vivir el mundo que tenían nuestros ancestros. La variedad sexual eran para los invasores perversiones contranatura. Así muchos pueblos precolombinos perdieron el contacto real y espiritual que tenían con su sexualidad y la naturaleza.

3.-Reconociendo el pensamiento y haceres (cultura) de la invasión patriarcal-católica-española

Para deconstruir el pensamiento y los haceres heredados desde la llegada de los invasores hace 500 años es importante visualizar pensamientos y haceres ancestrales v/s pensamientos y haceres invasores.

Pensamientos y haceres respecto de la(s)/lo(s): Visión precolombina Visión invasora patriarcal-católica-española
Primera Menstruación Se celebraba como un gran día por considerarse sagrado Se esconde por considerarse impuro y sucio
Desnudez Parte de la naturaleza hay que mostrarla Tabue y pudor, hay que esconderla
Femenino Cercanía a lo divino y poderoso,  lo femenino se actuaba y se hacía indistintamente del sexo biológico Asociada a la sumisión, acción pasiva-penetrada, lo femenino designado exclusivamente para el sexo biologico mujer
Masculino Cercania a la fuerza y a la guerra, lo masculino se actuaba y se hacía indistintamente del sexo biológico Asociada a la dominación, acción activa-penetradora, lo masculino designado exclusivamente para el sexo biológico hombre
Penetración anal Practica natural, en algunos pueblos de carácter espiritual, sin connotaciones morales Práctica contranatura, sucia y vergonzosa
Aborto Práctica muy utilizada en muchos casos para fines terapeúticos y de control de la natalidad. Práctica prohibida y condenada, “sólo Dios puede quitar una vida y no el hombre
Masturbación Práctica natural y asociadas a rituales de fertilidad Prácticas impuras y vergonzosas
Virginidad femenina No se practicaba, ya que se consideraban importantes las prácticas sexuales como prueba de fertilidad. Práctica asociada a la pureza y decencia, modo de dominación sexual del hombre hacia la mujer
Genitales El pene erecto y la vagina como símbolos de adoración El pene erecto y la vagina como símbolos de tabue y pudor, se esconden.

4.- Deconstruyendo el pensamiento y haceres (cultura) impuesto por los invasores

Cada vez que nos avergonzamos y culpamos de nuestro expresar y hacer, estamos manifestando el pensamiento invasor. Nuestros ancestros reconocían la diversidad como expresiones a respetar y valorar, porque contribuían al quehacer diario. Avergonzarnos de nuestras prácticas y conductas sexuales (sexo anal, masturbación), de nuestro cuerpo (desnudez), genitales,  fluídos (menstruación, semen) y de nuestras relaciones sexo-afectivas (gay, lésbicas), para luego sentir culpa al extremo de repudiarlas y esconderlas, son ejemplos de esa mentalidad invasora patriarcal-católica-española.

Deconstruir la vergüenza y la culpa, implica ver lo absurdo y lo cultural que significa sentirlas. Estos sentimientos nacen desde el momento en que el pensamiento de supremacía del hombre español-católico-masculino-penetrador nos invade y comienza ha instalarse en nuestro modo de ver y vivir el mundo. Es absurdo e irrespetuoso pensar que un “hombre masculino” que penetra y que posee pene tenga más valor que un “hombre femenino” con pene, que es penetrado, más absurdo e irrespetuoso es aún rotular  a éste cómo un “hombre femenino”. Es absurdo e irrespetuoso pensar que una mujer que tenga vagina, tenga menos valor que un hombre por el solo hecho, de no ser “hombre-masculino poseedor de un pene”.

Es absurdo e irrespetuoso nuestro modo de ver y vivir, por el simple hecho, de que no nos pertenece y se nos ha impuesto con violencia. Una violencia que hace 500 años se traducía en muerte y tortura, una violencia que hoy si bien sigue matando, se traduce principalmente en vergüenza, ocultamiento y exclusión.

Cuando reconocemos e incorporamos aquellos modos y formas de ver y vivir el mundo de nuestros ancestros precolombinos, porque consideramos que son respetuosos con el entorno y la diversidad, estamos deconstruyendo los haceres (cultura) de aquella invasión.

Cuando cambiamos el vocablo colonización o conquista por el de invasión patriarcal-católica-española, descolonizamos y reconocemos la imposición violenta del hombre español católico, que nos ha construído. Una cita anónima encontrada en internet, podría ayudarnos a ver con simpleza y con una mirada poética, esta invasión:

“cuando llegaron los españoles los indígenas adoraban al sol y a la naturaleza con sus ojos y sus corazones abiertos, los españoles los obligaron a creer que eso era malo, les dieron un libro llamado biblia y los obligaron a cerrar sus ojos, cuando lo indios abrieron sus ojos recibieron como pago una biblia, los obligaron a aborrecer y sentir vergüenza de sus dioses y de su forma de ver y vivir el mundo. Hoy somos unos descendientes llenos de complejos,  prejuicios e intolerancias”

Cuando cambiamos en nuestro lenguaje hombre de la tierra, por gente de la tierra (mapu=tierra che=gente), incorporamos el pensamiento precolombino de muchos pueblos, que veían en la diversidad expresiones del hacer y vivir en sociedad, sin menospreciar a nadie. A su vez deconstruimos parte de ese legado impuesto basado en la supremacia sexual del hombre.

Principales estudios referenciales de este artículo:

-Riquelme Godoy Jeny (2012) “Desafío de la visibilización de la mujer en el imaginario de la nación chilena del bicentenario”

         http://flacsoandes.org/dspace/bitstream/10469/4205/1/TFLACSO-2012JRG.pdf

-Martin-Mateos G. “La Mujer en las sociedades precolombinas”

         http://antorcha-op.org/images/ANTORCHA%20%20%5BII.-2%5D.pdf

-Preciado Beatriz . (2013) Conferencia “La muerte de la clínica”

         (http://www.youtube.com/watch?v=69TjNBmgCgg)

-Bacigalupo, Ana Mariella. (2012) “El hombre mapuche que se convirtió en mujer chamán: individualidad,transgresión de género y normas culturales en pugna”

       https://www.academia.edu/4145588/2012_El_Hombre_Mapuche_que_Se_Convirtio_en_Mujer_Chaman_Individualidad_Transgresion_de_Genero_y_Normas_Culturales_en_Pugna

-Bacigalupo, Ana Mariella. (2003). “La lucha por la masculinidad de machi”.

         http://mapuche.info/wps_pdf/baciga030300.pdf

-Katarzyna Różańska. (2011)“Los arquetipos de la mujer en la cultura latinoamericana: desde la cosmovisión precolombina hasta la literatura contemporánea”

         http://romdoc.amu.edu.pl/Rozanska.pdf

-Miguel Veronique. (2009) “Sexualidad en la cultura precolombina: La sexualidad vinculada a las deidades y la fertilidad”

         http://suite101.net/article/sexualidad-en-la-cultura-precolombina-a2579

Arnott Alvárez Javier (2010) “América precolombina, los Incas”

         http://bajoelsignodelibra.blogspot.com.es/2010/04/america-precolombina-los-incas.html

mi lucha contra mi propia bifobia (I – introducción)

Recomiendo leer antes la entrada “monosexismo, bifobia y binormatividad“. Esta entrada nueva, aunque es sobre la bisexualidad y la bifobia, es más personal. Digamos que pretende ser un caso ‘práctico’ y desde un punto de vista personal acerca de las emociones que me han generado mi bisexualidad y el monosexismo social en mi forma de sentir mi bisexualidad y de relacionarme. Espero con esto visibilizar una realidad que está en nuestras cabezas y en nuestras emociones, de como nos puede afectar ciertos tipos de estructuras sociales en todo nuestro sentir.

Desde que salí del armario como bisexual, cuando tenía 17 años, me he sentido violentada por mis propios miedos y por querer ser reconocida como una persona como las demás. Parece una tontería, pero no es fácil. Los constantes estereotipos que rodean mi orientación sexual no me dejan vivir en paz. Durante mucho tiempo me he defendido de ellos intentando demostrar lo que no soy, como también demostrar lo que soy; una paradoja sin fin. Siento que no puedo ser como otra persona podría ser sin tener que defenderme o excusarme, explicarme o ser respetada; sin que siempre se señale a mi orientación sexual. He llegado al punto de sentirme culpable por cosas que me han pasado, en las que he sido víctima de esta sociedad heteropatriarcal, donde o eres una santa madre o una puta. Y ser bisexual te hace decantar hacia uno de los dos, y no precisamente el más bien aceptado. Estoy harta y cansada de verme a mí misma recordándole a la gente que soy una persona emocional, y dándome asco por el hecho de que haciendo esto estoy menospreciando mi parte sexual y la de muchas otras personas. Y es que, lo diré claramente, si ya es difícil ser mujer en una sociedad como ésta, se complica cuando además dices que eres bisexual.

Uno de mis grandes miedos es perder la posibilidad de tener una relación emocional por el hecho de ser bisexual. Si preguntas a personas, muchas te dirán que tendrían relaciones sexuales con una persona bisexual, pero no una relación emocional. Esto es bifobia, pura y dura. Y me afecta. Me afecta hasta el punto de que siento pánico a que nadie me vea como lo que soy: simplemente yo. Me afecta hasta el punto que siento muchas veces la necesidad de estar recalcando y subrayando como soy, como si no fuese suficiente el hecho de que alguien me conozca, porque tengo miedo al filtro “mujer bisexual” que muchas personas ponen cuando están delante de mí. Algunas personas me dirán aquello de: “si dicen o piensan esto, es que son personas bifóbicas. ¿realmente quieres tener una relación con una persona así?”. Esto es muy fácil de decir. Cuando lo que vives constantemente es una especie de bifobia escondida, sutil, que forma parte en la forma de pensar de la mayoría de las personas, no es fácil desprenderse de un miedo así. Nada fácil. Muchas personas ni siquiera reconocen (ni a sí mismas) el miedo que tienen a tu orientación sexual. Y al final, quien genera este miedo eres tú misma. Una bifobia interna. Miedo, pánico, a tu propia sexualidad, a tus propias emociones. Miedo a los estereotipos, de los que constantemente te defiendes, sin saber por qué, sin saber para quien, sin saber muy bien lo que estás haciendo. Miedo y pánico, y no saber qué hacer. Porque defenderse de los estereotipos es aceptar en parte que la sociedad rechace ciertos comportamientos, comportamientos que no quiero rechazar, comportamientos que yo también tengo; una normativización que detesto en profundidad.

Voy a hacer, a modo de terapia, mía, social, y ejercicio político, algunas entradas acerca de mi propia bifobia. No las voy a ir escribiendo todas seguidas, las iré poniendo poco a poco a medida que vaya comprendiendo y aceptando pequeñas cosas. Voy a salir del armario sobre mis miedos, lo que siento y lo que he llegado a sentir en ciertos momentos de mi vida. Espero, así, poder visibilizar algo que nunca se visibiliza. Normalmente se visibilizan la diversidad en cuanto a géneros y a orientaciones sexuales; se visibiliza la violencia; pero casi nunca se visibiliza cómo nos sentimos las personas que padecemos esta violencia, sobretodo cuando ésta violencia es ejercida desde nosotras hacia nosotras mismas. Invito a otras personas a que hagan lo mismo si les apetece, aquí tenéis también vuestro espacio. No hace falta que sea entorno a la bisexualidad, puede ser entorno a lo que apetezca, otras orientaciones sexuales, u otras temáticas entorno a su género, a las relaciones, al sexo, etc. Esto que estoy haciendo es una salida del armario en toda regla, mucho más difícil que la que hice cuando reconocí que soy bisexual. Y doy las gracias a todas esas personas que lo quieran leer y reflexionar de un modo u otro; y también a aquellas que lo quieran comentar.