¿qué tenemos en común Trans, Feministas Queer y Autistas?

por Maria/Pau Masats (de Amors Plurals)

En la charla-debate Lucha trans, feminismos y políticas de disidencia sexual que tuvo lugar el 5 de octubre de 2011 en el CSO Casablanca de Madrid, muchas asistentes coincidimos en señalar que un punto común entre la lucha a favor de la despatologización de la transexualidad y los feminismos de tendencia queer o transfeminismos es la crítica al sistema binario de géneros. También quedó patente que ni todas las personas trans, ni todas las personas con valores o ideas feministas comparten esta opinión, pues hay quien defiende a muerte el binarismo: desde el o la transexual que “necesita” cambiar “al otro” sexo (como si solo hubiera dos y hubiera nacido con el cuerpo equivocado), hasta la mujer (nacida mujer) separatista que considera a las personas trans como enemigas a las que combatir. Algunas feministas tránsfobas no aceptarán jamás que las personas transexuales que se autodefinen como mujeres puedan entrar en determinados espacios exclusivos “para mujeres”, porque en sus ojos siguen siendo hombres; perciben su transexualidad como una caricaturización de la feminidad o, peor aún, como una estratagema para invadir esos espacios exclusivos. Y por supuesto, tampoco abrirán las puertas a los hombres trans, o según ellas, traidoras que reniegan de su propia clase para alinearse con el enemigo.

Afortunadamente en la España urbana (no quiero generalizar, pues desconozco la sociedad rural) predominan las corrientes que cuestionan los sistemas binarios mujer-hombre, femenino-masculino, rosa-azul. También, en comparación con otros países a los que tanto admiramos y tomamos como referentes culturales, aquí hay mucha más aceptación de la diversidad y mayor trasvase de ideas entre distintos grupos, tribus, colectivos, sujetos políticos… o yo diría entre personas, simplemente personas. Estamos más abiertas a conocer las diferencias, a comprenderlas, a apropiárnoslas; nos replanteamos las viejas teorías e integramos las nuevas propuestas en nuestros discursos. Somos menos dogmáticas, y por lo tanto, más flexibles… pero ni siquiera sabemos apreciarlo. Un claro ejemplo de ello es que ante la pregunta que se planteó en el debate ¿Qué aportan los feminismos a la lucha trans y viceversa?, mientras aquí se listó una serie de aportaciones en uno y otro sentido, sin que se escuchara ninguna objeción, en algunos foros de habla inglesa la respuesta mayoritaria que he leído es: NADA.

Y a pesar de esta mayor abertura de miras, en la charla eché en falta la representación de otro grupo afectado por la normatividad de género binaria: las personas con autismo. Con ello no quiero excluir otras realidades igualmente afectadas, solo trato de plantear las cuestiones que surgen desde mi propia experiencia. No me otorgo el derecho de abogar por realidades ajenas, ¡ojalá salgan más voces y testimonios de víctimas del binarismo! Yo, como persona que me autodefino como neuro-atípica y simpatizo con aspis, quiero denunciar las teorías neurocientíficas en las que se basan muchos tests que se utilizan para calcular el coeficiente de autismo, y que se podrían resumir así: existen cerebros femeninos y cerebros masculinos.

¿Quién no ha escuchado alguna vez aquello de los hombres vienen de Marte y las mujeres vienen de Venus? Esta cita dio título a una obra que refleja muchos tópicos sobre los géneros, como que los hombres son más racionales y las mujeres más empáticas. Y al parecer se sustentan en una base científica “incuestionable”: los niveles de testosterona en el útero materno influyen en el desarrollo cerebral del embrión, de manera que ya en esa fase tan temprana se van determinando muchas de nuestras características. Todo lo que ocurra a partir del nacimiento parece importar poco o nada a estas personas defensoras a ultranza del determinismo biológico. Para ellas, si una niña a la que no le gusta jugar a muñecas arranca la cabeza a la barbie que le regaló su tía abuela, la explicación se encuentra en los niveles de testosterona a las que estuvo expuesta durante la gestación; no tiene nada que ver con la presión social y cultural en la que haya crecido, nada que ver con una rebeldía a la insistencia para que juegue a “cosas de niñas”.

La idea de un cerebro masculino y un cerebro femenino resulta muy atractiva, y da unos pingües beneficios: se han vendido más de 50 millones de ejemplares de la guía de convivencia extraplanetaria entre marcianos y venusianas. Por si eso fuera poco, una gran eminencia en el campo de la neurociencia, el doctor Simon Baron-Cohen (el primo del actor) añade otra hipótesis: las diversas afecciones descritas dentro del espectro autista se darían en personas con un cerebro extremadamente masculino, es decir, con un nivel de sistematización muy alto y un nivel de empatía muy bajo. Lo curioso es que no describe en qué consistiría un cerebro extremadamente femenino.

En esta línea de investigación, realiza un experimento que “demuestra” que los hombres transexuales tienen un cociente de autismo superior al de hombres y mujeres “típicos” y también al de mujeres transexuales, pero algo inferior al de adultos con síndrome de Asperger. Sus conclusiones, publicadas en el Science Daily, no tienen desperdicio, por la transfobia que destilan.

Las chicas con un número de rasgos autistas superior a la media tienden a tener intereses típicos masculinos y muestran una preferencia por los sistemas por encima de las emociones. Prefieren no socializar con chicas típicas porque tienen intereses distintos, y porque las chicas típicas de media tienen unas habilidades sociales más avanzadas. Ambos factores conducen a las chicas con un número elevado de rasgos autistas a socializar con chicos, a creer que tienen una mente masculina en un cuerpo femenino, y a atribuir su infelicidad al hecho de ser mujer.

Las palabras de su colaboradora en el experimento, otra perla:

Si estas chicas creen que tienen una mente masculina en un cuerpo femenino, su número de rasgos autistas superior a la media puede significar también que tienen unas creencias muy arraigadas y que las llevan hasta la última consecuencia: en su adultez eligen una operación de reasignación de sexo.

En el 2004, el doctor Baron-Cohen y el equipo de investigación de la Universidad de Cambridge publicaron varios tests para calcular el cociente de espectro autista (AQ), el cociente de empatía (EQ) y el cociente de sistematización (SQ), entre otros. Sus investigaciones posteriores se sustentan en estos cocientes.

Y precisamente una de las objeciones que se me ocurre para cuestionar los experimentos de Baron-Cohen y compañía es que los valores de los cocientes se obtienen a partir de valoraciones subjetivas, de la percepción que tiene de sí misma la persona que realiza los tests, en lugar de obtenerse de pruebas diseñadas con mayor rigor empírico. Mi caso particular: la primera vez que me enfrenté con el test del cociente de espectro autista, fui prudente en las respuestas: al no tener una idea preconcebida de cómo actuaría en muchas de las situaciones que se detallaban, elegía las opciones con atenuantes: “probablemente sí”, “probablemente no”… Dos semanas más tarde repetí el test, y como en este tiempo había hecho una introspección profunda para conocer mejor mi reacción en estos escenarios hipotéticos, pude responder de forma más categórica: “seguro que sí”, “seguro que no”. La segunda vez obtuve un cociente más alto. Y además, una recompensa: ya me sentía mucho más legitimada para formar parte del grupo de adultos (autodiagnosticados) con síndrome de Asperger.

¿Qué había sucedido? ¿De pronto había aumentado el nivel de testosterona prenatal? ¿Con mis reflexiones había adquirido un mayor conocimiento de mí misma y, por consiguiente, debía dar por válido el segundo resultado? ¿O la segunda vez había habido una mayor sugestión del subconsciente para responder según patrones propios de aspis que había aprendido y había asimilado como propios? De todas las opciones, la primera se perfila como muy improbable, pues no se me ocurre cómo podría haber aumentado el efecto de las hormonas durante la gestación, no tengo constancia de ninguna distorsión espacio-temporal ni salto cuántico a otro verso paralelo que pudiera haber alterado las condiciones del embarazo de mi madre. Y las otras dos se deben a causas circunstanciales externas, ajenas a la biología.

Otra objeción: en otra serie de tests me salió un cociente muy bajo en empatía, y un cociente también muy bajo en sistematización. Según una tabla que relaciona ambos parámetros, mi cerebro no es ni masculino ni femenino, sino equilibrado… Curiosamente, alguien con ambos cocientes muy elevados también tendría un cerebro equilibrado, aunque lo más probable es que nuestros procesos mentales no tuvieran nada en común.

Y tercera objeción: el propio Baron-Cohen reconoce haberse cuestionado los principios más básicos en los que sustenta todas sus teorías, pero no ha rectificado ni un ápice.  La máxima “rectificar es de sabios”, será que no todos los sabios lo aplican (o no todos los que se consideran sabios, lo son).

Quizá no exista el experimento social perfecto, las emociones y reacciones humanas no son ciencias exactas. Pero precisamente por ello habría que tener más cuidado antes de postular teorías que condenen a una parte de la población a quedar relegada en un plano inferior.

University of Cambridge. “Female-to-male transsexual people have more autistic traits, study suggests.” ScienceDaily. ScienceDaily, 5 May 2011.

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sexo en el heteropatriarcado (I – necesidad, sexofobia y alosexismo)

Me gustaría empezar una serie de entradas al blog dedicadas a la visión del sexo en el heteropatriarcado y como esta visión afecta a otras estructuras o incluso las genera. Ya hace tiempo que voy recogiendo ideas; son muchas, son complejas, por como están interconectadas, así que he pensado que lo mejor será hacerlo poco a poco, por partes, para después ir poder conectando puntos y analizando algunas conexiones por separado. Esta primera entrada la quiero dedicar a como se ha definido el sexo en cuanto a necesidad, a reproducción, y por tanto afecta tanto a una visión alosexista como sexofóbica a la vez. Para las personas que no conozcan el término alosexista, se refiere a la estructura de poder que oprime a las personas asexuales, demisexuales, grisexuales, y/o que no son, digamos alosexuales (a las que la estructura privilegia).

El sexo, como lo entendemos en nuestra cultura/sociedad actualmente, se ha definido a partir de lo que conocemos como sexo reproductivo; de hecho le ha costado mucho a nuestra estructura aceptar las prácticas no reproductivas (dígase prácticas sexuales diferentes a lo que conocemos como ‘coito’, o prácticas sexuales entre personas de lo que la misma estructura denomina como del mismo ‘sexo’). En este marco se ha estructurado tanto un sistema heterosexual, bigénero, monógamo, etc. Las propias diferencias de género han sido reproducidas para poder mantener esta estructura, que además basa la reproducción en el control, dominio y posesión de les hijes por parte del padre, como también el dominio de la madre para poder ejercer esta posesión sobre la descendencia.

Todo esto y lo que voy a comentar más adelante ha sido la idea base en la que se han fundamentado incluso los estudios científicos, que parten la mayoría de ellos de construcciones sociales ya establecidas o por establecer (construcciones que se producen para poder seguir perpetuando estructuras, como el heteropatriarcado o incluso racistas/colonialistas).

Hemos conseguido poco a poco desconectar el concepto del sexo con el de reproducción, y con ésto un poco con el heterosexismo o el monosexismo, y también un poco con la sexofobia. Digo solo un poco, tampoco nos pasemos, que deconstrucción aún nos queda para mucho y bastante.

Pero aún hay más en todo lo que hemos construído alrededor de este concepto heteropatriarcal del sexo. Se han generado conceptos sobre necesidades, tanto físicas, como afectivas, y emocionales, a partir del mismo para así fortalecer la estructura principal. Todos estos conceptos no parecen que hayan salido directamente de la necesidad de preservar este concepto heteropatriarcal de dominio, control y reproducción, pero han sido una forma que ha tenido la estructura de fortalecerse, reproducirse y adaptarse a los pequeños cambios, sociales, científicos y sexuales. Muchos de estos conceptos además han sido respaldados por estudios científicos que a su vez han sido basados ya de por sí en construcciones sociales, como la mayoría de estos. Pero no hay que dejar de verlo como lo que es: una construcción estructural heteropatriarcal.

El sexo para que no salga de una estructura de dominio y control ha de separarse del placer, de la elección libre de usarlo como cada persona quiera, de la elección libre de no usarlo, etc. El sexo, además es una de las herramientas de control, ya no solo para la reproducción, sino de las voluntades, deseos, una de las grandes armas que el capitalismo está también aprovechando de la estructura heteropatriarcal del sexo. Por tanto, el sexo no debe poder ser algo que une misme pueda controlar.

Nos hemos movido mucho en el feminismo y en el movimiento sex-positive en ver que se ha definido el sexo fuera de lo que es considerado ‘correcto’ (reproducción, pareja, heterosexualidad, etc) como algo inmoral. Le hemos intentado quitar parte de esta carga, pero se nos está escapando que también se ha definido como una necesidad. Para explicarlo de una forma clara: todo lo que no es considerado inmoral, y que clásicamente era aceptado por ser reproductivo, se ha reforzado con la idea de la necesidad. Una necesidad biológica (dicen) debido al instinto de reproducción, y por tanto universal para todo ser humano (no cultural). Pero una necesidad con límites, como toda necesidad simplemente ha de satisfacerse. Una necesidad como lo es comer, respirar, beber y dormir. Pero una necesidad, como todas las necesidades, no debe excederse. Todo lo que exceda lo que es considerado una necesidad es visto como una enfermedad, obsesión, perversión, perturbación.

Además, el hecho de verse como una necesidad que todes supuestamente tenemos, y que lo tenemos en igual medida (evidentemente con diferencias entre los dos géneros heteronormativos), todas aquellas personas que no sientan esa necesidad en un momento dado, aquellas que sientan una supuesta necesidad ‘inferior’ a lo que es considerado ‘normal’ serán tachadas también de enfermas. Justo como aquél que no desea comer, algo le pasará. No sentir atracción sexual es visto y percibido como una falta, una enfermedad, algo que la sociedad no puede comprender. Pero, ¿como puede alguien no desear algo que es definido como necesario, instintivo, vital?

Pero además tenemos un problema, con el que nos cuesta desligar el sexo de la necesidad ‘universal’ (aquella necesidad que todes tenemos que tener, y de igual manera). Y es que muchas veces reforzamos esta idea de la necesidad para defendernos de nuestros deseos y que no se nos tache de depravades, excesives, inmorales, obsesives. Toda esta carga heteropatriarcal sobre el sexo parece que solo la podemos rebatir acogiéndonos a la necesidad. Y esto es un ciclo que no tiene fin: cuanto más nos cogemos a la necesidad también generamos fobias hacia aquelles que no lo deseen y hacia aquelles que lo deseen ‘demasiado’. Pero, ¿por qué necesitamos defender nuestros deseos resguardándonos de la necesidad ‘universal’? ¿Por qué vemos mal hacer algo que nos gusta y nos da placer y que no es por necesidad? Y, aunque tú lo sientas como una necesidad, que puede ser, evidentemente, ya que cada une tiene las suyas, distintas y en distintos grados, ¿realmente qué necesidad tenemos de utilizar este recurso para dar explicaciones, o darle más valor a nuestros deseos? ¿Qué hay de malo en hacer algo que te gusta, siempre que no dañes, mientas o ejerzas violencia? ¿Qué hay de malo en tener cada une nuestras necesidades distintas e igual de respetables?

Yo veo el tema del recurso de utilizar el concepto de necesidad con el sexo como un recurso similar al del activismo de la tolerancia con la homosexualidad. Me intentaré explicar. Muchas veces desde activismos LG+ se defiende la no discriminación hacia personas homosexuales diciendo que ‘la homosexualidad no se puede elegir, hemos nacido así, acéptanos ya que no podemos cambiar’. Y eso es una trampa, ya que esconde tras de sí homofobia y reproduce una estructura heterosexista. Es una forma indirecta de decir que si pudieras elegirlo no elegirías la homosexualidad, o también decir que por el hecho de elegir ser homosexual tendrían más razones en discriminarte. Pues el tema del sexo y la necesidad lo veo similar. Esconderse tras la ‘necesidad’ es como decir ‘es que no puedo evitarlo, mi cuerpo tiene unas necesidades y debo satisfacerlo’, y eso esconde parte de sexofobia, porque sería equivalente a decir que si no lo necesitaras no lo harías, y que por tanto hay algo malo en ello o en el sexo de por sí. También la cultura de la violación se basa en conceptos muy similares (como expliqué en esta entrada); así que no deja de reproducir heteropatriarcado. También reproduce alosexismo, ya que si el sexo lo defines como una necesidad universal, todas aquellas personas que no sientan atracción sexual o que la atracción sexual que sientan no sea la considerada ‘normal’ serán vistas como personas enfermas, con faltas y errores en su naturaleza.

Ahora yo planteo las siguientes preguntas: ¿por qué ha de ser una necesidad que todes tenemos? ¿por qué todes tenemos que tener la misma cantidad de necesidad? ¿por qué debemos tener los deseos de la misma forma? Yo amo la lectura, sobretodo filosófica; puedo pasarme horas, y me produce placer; y a la mayoría de personas les parece genial que lo haga cuantas veces quiera y el tiempo que quiera. Y después, ¿por qué vemos raro que una persona no quiera hacer algo que para nosotres es una necesidad? Decir por ejemplo que alguien está amargade porque no folla reproduce esta misma idea; ¿qué sabremos nosotres de lo que le amarga o no a otra persona, de cuales son sus necesidades, de qué es lo que valora o no, o en qué fase está en su vida? Porque además debemos entender de que las necesidades, gustos y preferencias cambian a lo largo de nuestra vida, es pura fase también.

Hay personas a las que les pica la frente a veces, y hay personas a las que no. Y hay personas a las que le pica la frente y deciden rascarse, y otras a las que les pica y deciden no hacerlo, por motivos muy diversos. Evidentemente algunes deciden no rascarse porque desde pequeñas les insisten que no lo hagan, pero habrá otres que habrán visto que eso a elles no les gusta o les disgusta. Algunes tendrán épocas o temporadas. Y rascarse, no rascarse, que te pique o no, sea por la razón que sea, porque tengas un alboroto químico corporal, o bien porque te guste centrarte mentalmente en tu frente hasta sentir que te pica. A lo mejor te gusta hacerlo en compañía, o recibir un montón de afecto mientras lo haces; a lo mejor te gusta compartir lo que sientes y explicárselo a alguien. A lo mejor te gusta rascarte cuando estás teniendo una de esas conversaciones filosóficas profundas o en pleno ajetreo activista o político. O, espera, que te guste rascarte sin que te pique y que cuando te pique decidas no rascarte. Así, porque sí.

la sonrisa y el género

Antes de empezar voy a precisar lo que a menudo hago: los géneros masculino y femenino de los que voy a hablar son precisamente de las performatividades sociales heteronormativas y binarias.

La forma de sonreír es una característica que nos diferencia el género femenino del masculino en el marco de referencia de los géneros binarios heteropatriarcales. Es una cosa en la que te tienes que fijar cuando performas un drag-king o una drag-queen, para imitarlo, y que cuesta horrores (almenos a mí). Pero no solamente es la forma de reír, es también la frecuencia. La semana pasada volví a hacer un taller de drag-king y se habló un poco más de esta cuestión, algo que me hizo reflexionar mucho sobre mi pasado y sobre cómo me había sentido muchas veces. Voy a compartir con vosotres, no solamente las reflexiones sobre esta performación, sino también acerca de éstas experiencias personales que me han afectado.

Una característica en la performación del género femenino en la sonrisa es que se sonríe de forma más expresiva con toda la cara; se ve hasta en los ojos, y en las arrugas alrededor de éstos. A diferencia de esto, la performación del género masculino en la sonrisa es más bien solo de nariz para abajo, sonrisa más sutil y menos expresiva en comparación. He hablado algunas veces sobre este tema con hombres, y algunos de estos me han expresado su incapacidad de sonreír tan abiertamente. No por incapacidad física, supongo que forma parte de toda la educación con la que se les capa para expresar emociones; algo también ligado a la seguridad, sensibilidad y empatía que ya comenté del anterior taller (taller de drag-king: devenir king – IV, V, VI).

Otra cuestión interesante es la frecuencia a la hora de sonreír. Las mujeres tienden a sonreír mucho más a menudo, y aquí voy a diferir un poco a la argumentación anterior. Sí que es verdad que podría ser que los hombres sonrían menos por esta incapacidad debido a la educación de no mostrar ciertas emociones o sensibilidad. Ahora bien, también está el lado contrario, las mujeres solemos tener una cierta ‘presión’ para tener que estar sonriendo más a menudo. Tenemos que “estar bien”, “dar buena imagen”, “ser amables”, “ser agradables”, sea cual sea la situación. Cuando un hombre está “normal”, sin sonreír, pocas veces se le comenta tal hecho, ni se le dice “oye, ¿estás bien? ¿qué te pasa?”. En cambio, a las mujeres, cuando están en el mismo estado, es muy habitual (por no decir siempre) que se les comente o pregunte sobre su supuesta seriedad: “estás muy seria” “te pasa algo” “no estás bien” “estás preocupada”. Esto a la larga genera una presión muy fuerte para tener que estar siempre “bien”, “alegre” y “sonriente”, porque si no es así tendrás que aguantar los comentarios y las preguntas; bueno, yo creo que ni siquiera lo razonas, lo aprendes y tú misma es la que sientes que si no estás así es que algo va mal. Pero, ¿qué problema hay con no estar sonriendo? ¿Acaso tengo que estar constantemente en un estado de alegría? ¿No puedo simplemente estar ‘normal’? ¿O incluso “seria” porque me da la gana, sin que tengan que estar pendientes de mi estado? ¿Tengo que ser el paradigma de lo agradable, amable y bonito sea cual sea mi estado?

Yo tenía un ‘problema’ cuando era pequeña. Y lo pongo entre comillas porque es muy relativo suponer si era o no un problema. Ahora con perspectiva creo que sí que lo era, porque era una consecuencia de no ser capaz de expresar emociones. No sabía reírme. Cuando veía algo que me hacía gracia, yo lo disfrutaba por dentro, pero era incapaz de expresarlo corporalmente, no me reía. Tampoco sonreía mucho. La razón por la cual me pasaba esto no la he comprendido muy bien aún, pero era así. Creo que fue cuando tenía 12 años más o menos, que un día, de golpe, cuando estaba con mi abuela en el teatro viendo una obra cómica, empecé a reírme a carcajadas. Me sorprendí mucho a mí misma, recuerdo la sensación de estar riendo y flipando al mismo tiempo. Ahí empecé y ya no pude parar. Desde entonces me volví más expresiva con mis emociones, al menos hacia fuera, porque hacia dentro siempre había conectado.

Una vez, cuando tenía unos 13 años, estaba en la escuela haciendo cola en el lavabo para lavarme las manos antes de ir a comer. En ese momento vino la monitora del comedor y, literalmente, me dijo “Natàlia, estás castigada. Hoy no comerás con los demás”. Le pregunté por qué, no entendí a qué venía tal tontería, no estaba haciendo nada. No comprendí. No me quiso responder. Estuve comiendo sola, y más de una vez le pregunté a esa monitora por qué estaba yo en tal situación. No me respondía. Cuando terminé de comer, evidentemente seguía castigada, y me quedé sentada en la silla, al lado de la mesa, esperando a que me levantara tal castigo y me diera explicaciones de lo que había pasado. Todxs salieron del comedor, a jugar al patio, incluso lxs que se quedaban a limpiar después. Me quedé allí sentada, sola, hasta que finalmente vino esa monitora. Le volví a preguntar por qué estaba castigada, ya con cierta sensación de impotencia y rabia. Me levantó el castigo, pero no me quise ir hasta que me diera una explicación. Se sentó a mi lado, y tuvo el valor de decirme esto: “Natàlia, estabas muy seria. No puede ser que estuvieras así”. A lo que le dije “¿Y por esta razón me has castigado?”. Me respondió “Sí”. Me enfadé y me fui de allí sin decirle nada y sin dirigirle la palabra durante una semana. Esta era la lógica: 1. Estás seria; 2. Esto no puede ser; 3. Te castigo; 4. No se me ocurre otra cosa que apartarte de tus amigxs durante la comida. Control. Y, pienso yo, que aparte de que el hecho de que alguien esté serio no es ni motivo para controlarle, ni para castigarle, ni siquiera para tener que hacer algo, aparte de eso, no creo que la mejor solución para “eso” sea hacerle comer sola, apartada, mientras ve a todo el resto de amigxs y personas comiendo juntxs, charlando y riendo.

Al pasar los años algo que se ha repetido mucho en mi vida ha sido el “estás muy seria, ¿qué te pasa?” “Estás demasiado seria”; sobretodo esas personas cercanas que todo parece que te quieren controlar. En casi todas mis relaciones emocionales ha sido así. No lo había reflexionado hasta hace poco; y ahora veo todo el constante control que sentía acerca de mi estado en cada momento, por mis gestos, por mi seriedad/no seriedad, por mi alegría/no alegría, y por cualquiera que fuera un gesto que indicara que algo podría ir mal para la persona que me quería bajo ese control. Control sobre mí y sobre la reproducción de mi género, que no debía desviarse de lo que se esperaba de mí. Yo misma me lo ejercía con pensamientos sobre mi estado de seriedad o no, y en épocas sentía que tenía que esforzarme para mostrarme más amable, más sonriente, más agradable. Es curioso, porque cuando lo comento con hombres, la mayoría me dicen que a ellos no les ha pasado tan a menudo, pero a mí me lo han hecho ellos mismos.

Creo que tanto la falta de capacidad para sonreír abiertamente, o expresar emociones de esta forma, como la obligación de tener que sonreír constantemente (y, por tanto, no tener permiso ‘social’ para emociones como el enfado, la rabia, o la seriedad) , son dos puntos característicos de los dos géneros, dentro del contexto heteropatriarcal. Las dos cosas son realmente presiones, uno por no poder expresar, otro por también no poder expresar la ‘normalidad’, o ciertas emociones que supuestamente están solo reservadas para los ‘hombres’, o estar obligada a expresar algo que a lo mejor en un momento dado no tienes ganas de expresar porque no lo sientes. Podríamos intentar relajarnos todes un poco y aprender a reírnos, cuando nos apetezca, y dejemos a los demás reírse o sonreír también cuando les apetezca. Que, por cierto, ahora que sonrío cuando me apetece, me resulta más placentero.

sexo en el cisheteropatriarcado y postpornografía

Como ya he comentado en algunas entradas anteriores, como por ejemplo en “derecho al propio cuerpo”, o temas que ya se han tratado directamente sobre sexualidad, como la eyaculación femenina o el sexo anal en hombres que (sobre este último que escribió laGralla), el tema de la sexualidad ligada al heteropatriarcado es un tema que conlleva poca libertad a la hora de escoger, de sentir, de apreciar y de desear.

El cisheteropatriarcado ha marcado y reproducido en nuestros cuerpos como debemos sentir, tanto a nivel emocional como sexual (si es que ambas se pueden separar). El sexo es una de las pocas cosas que parece que solo conciernen al ámbito privado, de lo que poco se habla, y que cuando se habla en un entorno heteronormativo, casi siempre es para repetir tópicos, mentir y pavonearse, o sea para reproducir estructuras. Casi nunca es un tema tratado con naturalidad ni sinceridad. Esto lo hace de fácil manipulación.

Irónicamente, debido al exceso de sexo que recibimos en los medios, parece como si en realidad tengamos acceso ilimitado a información referente a éste. Además, el sexo es continuamente utilizado para vendernos cualquier cosa. Pero no cualquier sexo, sino el que al sistema le interesa reproducir, para no solamente vender, sino también para que sigamos manteniendo las mismas estructuras de poder. Mujeres hipersexualizadas y cosificadas, desempoderadas, identidades fetichizadas y hombres frustrados; más o menos eso es lo que tenemos. Al sistema, además, le interesa que estemos sexualmente frustrades en muchos sentidos. Le interesa que el sexo siga siendo un tabú del cual casi no se hable de forma abierta, para que sigamos desesperadamente ansioses de eso que nos quieren vender a través de él. De esta manera, el cisheteropatriarcado habita en nuestros cuerpos, dirige donde deben ir nuestros deseos, a través de una industria sexista, racista, clasista, cisexista, monosexista, heterosexista, ableista y un largo etcétera de ‘istas’.

Muchas veces desde ciertos feminismos existe una obsesión para desexualizar a la mujer para poder luchar contra parte de este sistema opresor y cosificación constante de nuestros cuerpos ‘femeninos’; pero desde mi punto de vista esto es contraproducente porque se genera sexualfobia (algo que comenté en la entrada “coños, tetas y pollas: cosificación, sexualización y ‘feminismos’“), y una constante reacción negativa a cualquier cosa sexual, ya que se sigue reproduciendo la idea cisheteropatriarcal de que el sexo es (siempre) un acto de dominación de un hombre a una mujer. Para romper con esta idea hace falta ir más allá y en vez de negar nuestra sexualidad, desligarla de la estructura que la reproduce como tal. Las mujeres, igual que personas de todos los géneros, para empoderarse, necesitan no negar esa parte que forma parte de elles (si es que se definen o identifican como sexuales).

El postporno es un tipo de activismo, un movimiento social ligado al movimiento queer, donde se pretende una deconstrucción de los estereotipos de género y del propio concepto del sexo y  de la pornografía mainstream que reproduce la estructura cisheteropatriarcal. Surgió en los años 90 de la mano de Annie Sprinkle como respuesta a la pornografía dominante, y la representación que ésta hace de la sexualidad incompleta y cosificada de la mujer. El postporno no se expresa solamente de forma audiovisual, sino también a través de la palabra o la acción directa donde puede haber una interacción con le espectadore: espectáculos en vivo, talleres, jornadas, conferencias, charlas, blogs, acciones directas en la calle, etc. Por tanto, una gran variedad de personas y de expresión forman parte de este activismo, desde artistas hasta teóricas, pasando por activistas, escritoras, etc; ejemplos podrían ser Itziar Ziga, María Llopis, Diana J Torres, Annie Sprinkle, Virginie Despentes, y muchas más. Se pretende así, ofrecer una mirada crítica hacia la normatividad en el sexo y los deseos, reivindicar el deseo femenino, romper con la hegemonía del porno cisheteropatriarcal y diversificar nuestro imaginario pornográfico, y por lo tanto nuestro imaginario sexual y afectivo. En la postpornografía se ofrecen imágenes de cuerpos que van más allá de las normatividades estéticas, diversidad de géneros y corporales.

Para terminar os dejo algunos enlaces relacionados con esta temática:

Muestra Marrana

Filosofía del postporno

Blog de María Castrejón

Hasta la limusina siempre

PostOp

ORGIA

Pornobicharraca

Girls who like porno

pornoterrorismo

Maria Llopis

malapecora

Quimera Rosa

Invasión violenta “patriarcal-católica-española” en el continente hoy llamado América

por Iván Machiweye Vargas

En este artículo, utilizaré terminologías que nacen desde la visión patriarcal-católica-española de hace más de 500 años y algunas incorporaciones de la visión actual patriarcal-occidental (Europa, EEUU y los hoy llamados paises civilizados) y clínica. Términos como vergüenza, culpa, pecado, puta, sodomita, maricón, homosexual, heterosexual, lesbiana, gay, hombre-masculino, mujer-femenina, dualidad de género, etc, son términos que de alguna u otra manera buscan definir y que nos definamos a partir de ellos. Los utilizo para visibilizar y plasmar el modo de ver y vivir el mundo que hemos heredado, que en gran parte corresponden a pensamientos y haceres impuestos violentamente a lo largo de nuestra historia.

Escribo desde un idioma que no me pertenece, un idioma lleno de clasificaciones heredados de esa visión patriarcal-católica-española, que hace más de 500 años agredió y rotuló a más de 80 millones por “putos, putas, brujos, brujas, sodomitas, afeminados, indecentes, desviados, cultores del diablo”. Escribo desde un cuerpo y una expresión construída desde esa moral invasora católica-española y que hoy continúa transformándome desde una ciencia clínica dogmática. Finalmente escribo desde una consciencia hecha a base de saberes, religiosos, científicos y filosóficos. Saberes que aveces ni siquiera puedo reconocer porque son tan imperceptibles, pero que en ocasiones me acusan. Una consciencia que me duele, inquieta y agrede cada día.  

Mucha bibliografia ha descrito cómo muchos pueblos precolombinos del hoy llamado continente americano, aceptaban sin prejuicios la variedad sexual y cómo la hacían parte de su forma de ver y vivir el mundo. Enfocaré el análisis de este artículo a cómo la visión invasora patriarcal católica-española, transformó los modos y haceres de estos pueblos con respecto a la variedad sexual y cómo podemos de-construir el pensamiento y la manera de ver el mundo, lxs hoy llamadxs “latinoamericanxs”.

Para ello es importante comprender que mueve a los mal llamados “conquistadores y/o colonizadores” a transformar y exterminar el modo de ver y vivir el mundo de entonces. Debemos a la vez enterarnos de la visión que tenían los pueblos precolombinos antes de la llegada de los invasores.

Conocer la visión precolombina no es tarea fácil, más aún si consideramos que gran parte de la información que nos llega, viene desde los relatos redactados por encargo de la católica España, cuyo modo de ver y vivir el mundo estaba cimentada en una moral patriarcal-católica-española (hombre-español masculino católico penetrador). Sin embargo, estudios feministas, antropológicos y sociológicos, han sido capaz de construir con gran precisión la cosmovisión de muchos pueblos precolombinos.

1.-Antecedentes de la visión de los ancestros precolombinos

Muchos son los ejemplos de como los pueblos expresaban y vivían la sexualidad en los tiempos anteriores a la llegada de los invasores. Desde la óptica occidental, queda establecida la presencia en muchas culturas de una llamada “dualidad de género”, en donde cada persona tenía la capacidad de fluctuar entre lo masculino y lo femenino, ello dicho desde las bocas patriarcales-católicas sería mas o menos así: “un hombre masculino, podía transformarse en un hombre femenino (berdaches, machiweyes, muxes) imitando expresiones y ropas asociadas a la mujer femenina, del mismo modo una mujer femenina podía transformarse en una mujer masculina (amazonas, marmi, machi asesinas de espiritus maléficos).

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Fotos que documentan a parejas Berdache, hecha por el Fotógrafo John H. Fouch, 1877.

Las conductas sexuales de los pueblos desde la visión patriarcal-católica quedaba establecida principalmente como sodomítica (sexo anal entre hombres), lésbica (sexo entre mujeres) y reproductivas (sexo entre hombre y mujer), siendo las mas castigadas las conductas sodomíticas, ya que para la “ley natural de Dios” el semen del hombre debía ser derramado en el receptáculo natural de la vagina, mientras que en el sexo entre mujeres los invasores creían que no había producción de algún tipo de semen .

Sin embargo desde la cosmovisión de los pueblos sus formas de expresión eran todas válidas y ninguna despreciada, porque cada una cumplia un rol en la sociedad. “Las transformaciones de hombre en hombres femeninos”, implicaba una relación de cercanía con lo divino, ya que ésta estaba asociada a la femineidad, del mismo modo “la transformación de mujeres a mujeres masculinas”, les acercaba a la fuerza y las convertía en guerreras.

Para muchos pueblos las conductas sexuales perdían importancia, ya que se valoraban más las transformaciones o haceres (performatividad), las cuales estaban asociadas a papeles de índole político, bélico y/o espirituales.

2.-Antecedentes de la visión patriarcal-católica-española

La visión moralista-católica de los invasores, venía construída por las ideas impuestas por la Santa Inquisición, que venía actuando desde el siglo XVI en Europa, con la llamada “caza de brujas”. Para la Santa Inquisición los actos sodomíticos eran considerados “pecado nefando”, y la resistencia a las prácticas del catolicismo, como brujería y actos del demonio. En las tierras hoy llamadas América, los invasores castigaron todas estas prácticas.  La sodomía era cruelmente castigada con muerte a garrote vil, ahorcamientos, hogueras, condenados a remar en galeras de por vida y a ser devorados por perros hambrientos.

El objetivo de la religión y el estado era controlar la sexualidad y borrar todo nexo que uniese a los indígenas con sus prácticas y costumbres ancestrales. De esta forma, atráves de la conversión al catolicismo y las prácticas sexuales aceptadas, se fueron borrando los modos y haceres de los pueblos, creando en la consciencia de las nuevas generaciones todo tipo de intolerancia a aquellas formas de ver y vivir el mundo que tenían nuestros ancestros. La variedad sexual eran para los invasores perversiones contranatura. Así muchos pueblos precolombinos perdieron el contacto real y espiritual que tenían con su sexualidad y la naturaleza.

3.-Reconociendo el pensamiento y haceres (cultura) de la invasión patriarcal-católica-española

Para deconstruir el pensamiento y los haceres heredados desde la llegada de los invasores hace 500 años es importante visualizar pensamientos y haceres ancestrales v/s pensamientos y haceres invasores.

Pensamientos y haceres respecto de la(s)/lo(s): Visión precolombina Visión invasora patriarcal-católica-española
Primera Menstruación Se celebraba como un gran día por considerarse sagrado Se esconde por considerarse impuro y sucio
Desnudez Parte de la naturaleza hay que mostrarla Tabue y pudor, hay que esconderla
Femenino Cercanía a lo divino y poderoso,  lo femenino se actuaba y se hacía indistintamente del sexo biológico Asociada a la sumisión, acción pasiva-penetrada, lo femenino designado exclusivamente para el sexo biologico mujer
Masculino Cercania a la fuerza y a la guerra, lo masculino se actuaba y se hacía indistintamente del sexo biológico Asociada a la dominación, acción activa-penetradora, lo masculino designado exclusivamente para el sexo biológico hombre
Penetración anal Practica natural, en algunos pueblos de carácter espiritual, sin connotaciones morales Práctica contranatura, sucia y vergonzosa
Aborto Práctica muy utilizada en muchos casos para fines terapeúticos y de control de la natalidad. Práctica prohibida y condenada, “sólo Dios puede quitar una vida y no el hombre
Masturbación Práctica natural y asociadas a rituales de fertilidad Prácticas impuras y vergonzosas
Virginidad femenina No se practicaba, ya que se consideraban importantes las prácticas sexuales como prueba de fertilidad. Práctica asociada a la pureza y decencia, modo de dominación sexual del hombre hacia la mujer
Genitales El pene erecto y la vagina como símbolos de adoración El pene erecto y la vagina como símbolos de tabue y pudor, se esconden.

4.- Deconstruyendo el pensamiento y haceres (cultura) impuesto por los invasores

Cada vez que nos avergonzamos y culpamos de nuestro expresar y hacer, estamos manifestando el pensamiento invasor. Nuestros ancestros reconocían la diversidad como expresiones a respetar y valorar, porque contribuían al quehacer diario. Avergonzarnos de nuestras prácticas y conductas sexuales (sexo anal, masturbación), de nuestro cuerpo (desnudez), genitales,  fluídos (menstruación, semen) y de nuestras relaciones sexo-afectivas (gay, lésbicas), para luego sentir culpa al extremo de repudiarlas y esconderlas, son ejemplos de esa mentalidad invasora patriarcal-católica-española.

Deconstruir la vergüenza y la culpa, implica ver lo absurdo y lo cultural que significa sentirlas. Estos sentimientos nacen desde el momento en que el pensamiento de supremacía del hombre español-católico-masculino-penetrador nos invade y comienza ha instalarse en nuestro modo de ver y vivir el mundo. Es absurdo e irrespetuoso pensar que un “hombre masculino” que penetra y que posee pene tenga más valor que un “hombre femenino” con pene, que es penetrado, más absurdo e irrespetuoso es aún rotular  a éste cómo un “hombre femenino”. Es absurdo e irrespetuoso pensar que una mujer que tenga vagina, tenga menos valor que un hombre por el solo hecho, de no ser “hombre-masculino poseedor de un pene”.

Es absurdo e irrespetuoso nuestro modo de ver y vivir, por el simple hecho, de que no nos pertenece y se nos ha impuesto con violencia. Una violencia que hace 500 años se traducía en muerte y tortura, una violencia que hoy si bien sigue matando, se traduce principalmente en vergüenza, ocultamiento y exclusión.

Cuando reconocemos e incorporamos aquellos modos y formas de ver y vivir el mundo de nuestros ancestros precolombinos, porque consideramos que son respetuosos con el entorno y la diversidad, estamos deconstruyendo los haceres (cultura) de aquella invasión.

Cuando cambiamos el vocablo colonización o conquista por el de invasión patriarcal-católica-española, descolonizamos y reconocemos la imposición violenta del hombre español católico, que nos ha construído. Una cita anónima encontrada en internet, podría ayudarnos a ver con simpleza y con una mirada poética, esta invasión:

“cuando llegaron los españoles los indígenas adoraban al sol y a la naturaleza con sus ojos y sus corazones abiertos, los españoles los obligaron a creer que eso era malo, les dieron un libro llamado biblia y los obligaron a cerrar sus ojos, cuando lo indios abrieron sus ojos recibieron como pago una biblia, los obligaron a aborrecer y sentir vergüenza de sus dioses y de su forma de ver y vivir el mundo. Hoy somos unos descendientes llenos de complejos,  prejuicios e intolerancias”

Cuando cambiamos en nuestro lenguaje hombre de la tierra, por gente de la tierra (mapu=tierra che=gente), incorporamos el pensamiento precolombino de muchos pueblos, que veían en la diversidad expresiones del hacer y vivir en sociedad, sin menospreciar a nadie. A su vez deconstruimos parte de ese legado impuesto basado en la supremacia sexual del hombre.

Principales estudios referenciales de este artículo:

-Riquelme Godoy Jeny (2012) “Desafío de la visibilización de la mujer en el imaginario de la nación chilena del bicentenario”

         http://flacsoandes.org/dspace/bitstream/10469/4205/1/TFLACSO-2012JRG.pdf

-Martin-Mateos G. “La Mujer en las sociedades precolombinas”

         http://antorcha-op.org/images/ANTORCHA%20%20%5BII.-2%5D.pdf

-Preciado Beatriz . (2013) Conferencia “La muerte de la clínica”

         (http://www.youtube.com/watch?v=69TjNBmgCgg)

-Bacigalupo, Ana Mariella. (2012) “El hombre mapuche que se convirtió en mujer chamán: individualidad,transgresión de género y normas culturales en pugna”

       https://www.academia.edu/4145588/2012_El_Hombre_Mapuche_que_Se_Convirtio_en_Mujer_Chaman_Individualidad_Transgresion_de_Genero_y_Normas_Culturales_en_Pugna

-Bacigalupo, Ana Mariella. (2003). “La lucha por la masculinidad de machi”.

         http://mapuche.info/wps_pdf/baciga030300.pdf

-Katarzyna Różańska. (2011)“Los arquetipos de la mujer en la cultura latinoamericana: desde la cosmovisión precolombina hasta la literatura contemporánea”

         http://romdoc.amu.edu.pl/Rozanska.pdf

-Miguel Veronique. (2009) “Sexualidad en la cultura precolombina: La sexualidad vinculada a las deidades y la fertilidad”

         http://suite101.net/article/sexualidad-en-la-cultura-precolombina-a2579

Arnott Alvárez Javier (2010) “América precolombina, los Incas”

         http://bajoelsignodelibra.blogspot.com.es/2010/04/america-precolombina-los-incas.html

el sujetador y yo: comentario de ‘ireneotaku’

La entrada en el blog “el sujetador y yo ha resultado ser la más popular de las que he escrito hasta ahora. Ayer ireneotaku hizo un comentario en la entrada que me gustaría compartir como una nueva entrada, ya que me pareció muy interesante como reflexión suya personal, como feedback y como continuación o reflexión sobre mi proceso y mis pensamientos al respecto. Así que no me enrollo más y os dejo escrito su comentario (gracias ireneotaku por compartirlo):

Es curioso como a veces caer en la cuenta de algo abre toda una serie de procesos que provocan una gran transformación, por eso me está gustando este blog, porque apunta hacia cosas en las que no suelo pensar, a las que no suelo mirar, pero que de forma muy obvia requieren mi atención desde hace ya tiempo.
Llevo sujetador hasta para dormir, cuando leí el título de este post pensé que ya lo había reflexionado todo sobre este tema, al seguir leyendo, me identifiqué con algunas situaciones y pensé que, en mi caso, ese tirón que se siente a cada paso es tremendamente molesto y que además de alguna forma fuerza el pecho y acaba haciéndolo caer con el tiempo. Fueron pensamientos superficiales, al terminar cerré la página y realmente no le di más vueltas.
A la mañana siguiente, mientras me vestía para llevar a mi hijo a la guardería, una frase resonaba en mi cabeza “la mayoría de camisetas están diseñadas para llevar sujetador”. Me entraron ganas de ver cómo me quedaba la prenda que acababa de ponerme sin nada debajo y me la probé así. El resultado me sorprendió, no sé si es que el diseño era tan “hippie” que hasta tenía en cuenta que se llevara sin sujetador pero el caso es que a mí me quedaba mucho mejor sin él, o al menos yo me gustaba más. Rápidamente decidí dejármelo tal cual, una mañana con el pecho suelto no podía ser mucho más incómoda que una noche bailando con tacones. Sin embargo mientras continuaba preparándome empecé a pensar… “no sólo se marcan los pezones, también los piercings”, “las mujeres pensarán que quieres provocar”, “los hombres lo pensarán también”, “canta mucho”, eché una mirada furtiva al espejo y me acabé de desinflar, no me atrevía a ir así porque me quedaba demasiado sexy. No, no era exactamente eso, un wonderbra me habría atrevido a ponérmelo, el problema es que es natural y sexy a la vez, ése es el crimen, está fuera de la norma y no te ha costado pasta. Hay más, puedes enseñar media teta embutida en un corsé, pero el pezón está reservado para tu pareja sexual, más vale que ni lo insinúes si no quieres parecer puta. Además en un entorno de madres, mujeres con alta probabilidad de tener el pecho caído, ir sin sujetador “alardeando” de la suerte de que no te haya pasado es pedante. Algo aturdida, con la sensación de que hay muchísimas cosas de mi propio funcionamiento que no conozco y que ni siquiera tienen que ver conmigo o con lo que realmente quiero hacer o me gusta, volví a ponerme la controvertida prenda de ropa interior y salí a la calle.
Ese día, para colmo, tenía la regla. Comoquiera que estaba más consciente de mi pecho que de costumbre, me percaté de que me dolía, me apretaba. Era un dolor familiar, me di cuenta de que lo sufría cada mes pero lo ignoraba, era un “dolor normativizado” uno para el que no existen remedios ni caseros ni de farmacia. Y no existen porque no hacen falta, porque bastaría con dejar de provocar que duela.
Frustrada, pero feliz de ser al menos más consciente decidí compartir mi experiencia, siento que a través del contacto y el apoyo es posible crear un ambiente en el que nos sintamos cómod@s. Hasta entonces también apuesto por la valentía, por el “probar a ver” y por el “no era para tanto”. La próxima vez que las voces del heteropatriarcado me susurren que no haga esto o lo otro, que qué pensarán o qué incomodidad les haré sentir, les contestaré un rotundo “shhhh” y haré lo que me venga en gana.

el sujetador y yo

Quisiera hablar de algo muy ligado al género femenino: el sujetador. El sujetador forma parte de la normatividad estética femenina, pero también la moral, y viene siempre mezclada con supuestas explicaciones médicas sobre las ventajas de su uso.

Hace tiempo empecé a cuestionarme por qué llevaba sujetador. Cada vez que decidía no ponérmelo me sentía tan rara e incómoda que al cabo de un día ya volvía otra vez a llevarlo. Pero ¿por qué me sentía incómoda? Evidentemente la sensación cambia porque el reparto del peso es distinto, y es posible que esta incomodidad viniera más por una falta de costumbre que por una incomodidad física real. Si hablas con la mayoría de las biomujeres y les preguntas por qué llevan sujetador casi siempre recibes las mismas respuestas, pero casi nadie puede justificarlas. Son una repetición tras otra de lo mismo, como un mantra del sujetador. Las razones comunes son: para que no me caiga el pecho, para llevarlos sujetos, para que queden mejor colocados, porqué si no llevo siento que me falta algo, como si fuera desnuda.

En primer lugar, si analizas bien estas respuestas (que yo misma he repetido millones de veces también) son la mayoría poco trabajadas. Por ejemplo: para llevarlos sujetos. A ver, yo aún no he visto ningún pecho salir corriendo. Es cierto que a veces pueden molestar al caminar, porque botan, y al hacer deporte un sujetador puede ser muy práctico. Pero, delante de esa respuesta, lo mejor es otra pregunta: ¿realmente necesitas llevarlos sujetos? ¿o llevarlos colocados y sujetos es algo social? ¿te molesta llevarlos sueltos porqué no estás acostumbrada o en general? En mi caso he llegado a la conclusión de que la comodidad de no tener presión constante física me aporta más ventajas que la supuesta comodidad de llevarlos “sujetos” y que no se muevan. Es verdad que al no llevar sujetador se mueven más, y que puede que alguna vez pueda molestar, pero me aporta mucho más no tener la presión. Y que si al principio me molestaban era porque no estaba acostumbrada a notarlos. Eso solo lo he podido entender mediante la experimentación. Evidentemente cada pecho es distinto, y el mío no es grande, es más o menos como la media. Puedo comprender que personas con un pecho más grande les aporte más la sujeción.

Las otras tres respuestas de “que queden mejor colocados”, “me falta algo” y “como si fuera desnuda” dejan al descubierto que lo hacemos por una razón social o de decisión estética propia que por una razón “física” o “médica” o eso que nos gusta tanto usar como excusa para no tener que decir que lo hacemos porque queremos.

Solamente queda esa respuesta de “para que no me caiga el pecho”. Este es uno de los mayores temores de las personas que tienen tetas. Pesadilla sin respuesta y sin fin. Siempre nos han dicho, desde pequeñas, que si no usamos sujetador cuando seamos mayores, a la larga, el pecho se va a ir cayendo y a ponerse feo. Y esto es siempre un misterio, porque nunca sabrás si es realmente cierto. Así que va de boca en boca, se hereda, y queda impregnada toda nuestra voluntad cuando nos vestimos y decidimos ponernos cada día el sujetador. Miedo, terror, a que se nos caiga el pecho con la edad. Hay pechos que caen, pechos que no. Todo depende de su tamaño, de su forma y, también de la piel de cada persona. Por ejemplo, algo muy común es que cuando tienes un hijo el pecho se hincha, la piel se estira, y cuando el pecho después se deshincha, cae. ¿Pero es esto debido a no llevar sujetador? No. Puede que muchos de nuestros miedos sean totalmente infundados. Conozco a muchas personas que tienen el pecho caído y han usado siempre sujetador. Así que, ahora a modo de inspiración momentánea, podríamos empezar una especie de campaña y buscar biomujeres que no hayan llevado sujetador a lo largo de su vida y que no hayan tenido hijos y hacer una comprobación. Pero nunca podremos comparar el mismo pecho habiendo usado sujetador.

Aquí entra también el tema de la normatividad estética. El pecho caído no es bello. Es una norma social más. Una forma más de aterrorizarnos a todas y a mantenernos atrapadas en sujetadores para que no caigan, en sujetadores que suban, en sujetadores que las hagan más grandes, en sujetadores que las hagan más pequeñas, en operaciones de estética, en el miedo a amamantar a tu hijo cuando nace… micro-fascismos en nuestros cuerpos, que también impregnan la vida de los que tienen polla con mensajes sobre su medida, su forma, su rendimiento, etc. Nos hacen odiar nuestros cuerpos desde que nacemos, a todos y a todas, porque no existe ese cuerpo que llaman normativamente perfecto. No nos dejan aceptar y amar a nuestros cuerpos tal y como son, ni aceptar ni amar a los de los demás también como son. No nos dejan elegir realmente lo que nos gusta o lo que no. A todos y a todas nos tienen que gustar las tetas grandes y subidas y las pollas enormes y que siempre están erectas en el mejor de los momentos. A todo esto le podríamos dedicar toda una entrada.

Es cierto que algunas personas con el pecho grande podrían necesitarlo, pero no acabo de tener claro de que realmente todas lo necesiten. Cada pecho tiene su forma y su peso, y por tanto sus necesidades. Me miré en el espejo y no entendí realmente su necesidad. No creo que mi pecho sea tan grande como para tener que usarlo. Todo es cuestión de experimentar, yo siempre funciono así. Decidí un buen día hacer la prueba. Escogí un intervalo temporal de un mes, que creo que es suficientemente largo como para acostumbrarse a no llevarlo, en el caso de que el problema de la incomodidad fuese por falta de costumbre. Además, un mes es más o menos un ciclo menstrual, ya que las hormonas afectan al pecho bastante, así que también podría entender su necesidad o falta dependiendo del momento del ciclo.

Empecé, y la primera semana fue rarísima. En primer lugar el peso estaba repartido de otra forma y me molestaba esa nueva sensación. Sentía el peso, aunque no fuera mucho. En segundo lugar, empecé a ser consciente de la incomodidad de algunas camisetas y me di cuenta de que la mayoría de ellas estaban diseñadas para llevar sujetador. Es evidente que la forma del pecho es distinta a la forma que tiene el sujetador puesto. En tercer lugar, había un problema psicológico, conmigo y con el entorno. El problema que tenía conmigo fue de desprecio, empecé a despreciar la forma de mi pecho; ¿sería esto una especie de presión social de como tenía que ser la forma de mi pecho que se generaba inconscientemente en mi cabeza? Me fui dando cuenta de que sí. Al haber estado llevando sujetador desde los 12 años, casi nunca era consciente de su forma, y siempre la norma social de la forma del sujetador era la que marcaba como tenía que ser. Entonces, tenía un mes para aceptarme, para aceptar una parte de mi propio cuerpo. Aceptar mis tetas tal y como son. En cuanto a mi alrededor, me daba la sensación de que iba desnuda, y más personas me miraban. Está claro que cuando una persona no lleva sujetador se nota, y la gente lo ve. Yo creo que es normal que la gente mire, porque no está acostumbrada a que algo como un pecho se marque tanto, y lo que no se acostumbra a ver y gusta, atrae más. He tenido que aceptar que yo también miro, mucho. Pero no hay nada malo en mirar ni en que te miren, qué más da. Una parte importante también fue la de las miradas de rechazo. Claro, están los que miran porque les gusta, y los que miran porque lo rechazan moralmente. Aquí es donde chocamos con la “santa moral” de que la que marca, insinúa, enseña o medio enseña es porque “busca algo”, “es un poco puta”, “da mala imagen”, bla bla bla. O sea, que tuve que aceptar esa dicotomía social (de mierda) de tener que ser una “santa madre” o una “puta”. Pero aquí estamos, para darle una patada a estas tonterías. Así que parte del proceso fue también aceptar y borrar de mi mente esa estúpida dicotomía patriarcal. Y esta es la razón por la que la mayoría que responden “porque me siento desnuda” lo llevan.

Un mes después acabé acostumbrándome tanto que cuando me volví a poner sujetador me sentí incómoda y oprimida. No paraba de rascarme, de colocarme el pecho constantemente, no podía respirar, un horror. Llegada a la conclusión de que por cuestiones de comodidad no volvería a llevarlo, tenía que resolver el resto de cuestiones. En primer lugar, ¿mi pecho necesitaba eso? ¿realmente me va a caer hasta la cintura? No, mi pecho no pesa tanto, no lo necesita. Además, mi piel estaba muchísimo mejor cuando dejé de llevarlo, y mis pezones también. Tanta opresión y sudor no parecen llevarse bien con mis tetas. Así que no encontré ningún contra a no llevar sujetador. Decidí que solo me lo pondría en caso de que lo creyese necesario o yo lo quisiera con consciencia y voluntad propia, que finalmente han sido días que llevaba una camiseta que transparentaba demasiado para mi gusto, o cuando estoy en el gimnasio.

Después de meses de experiencia me di cuenta de algo tremendo. Y aquí es donde voy a compartir lo que creo que fue el descubrimiento más importante. Yo siempre había sufrido de un dolor terrible de pecho la semana anterior a que me bajara la regla. Formaba parte de mi “síndrome premenstrual”. Se me hinchaba muchísimo, hasta el punto de incomodarme, me dolía, y solo notaba presión, calor y dolor. Busqué una vez información de porqué pasaba esto y lo que encontré es que en la última parte del ciclo menstrual se tiene una tendencia muy grande a retener líquidos (debido a los niveles hormonales). Esta tendencia también ocurre en el pecho, que se hincha y duele en efecto. Pues bien, desde que no uso sujetador (llevo ya 6 o 7 meses) no me ha vuelto a pasar. No puede ser coincidencia, que después de haber estado 10 años sufriendo cada mes esta hinchazón tan incómoda, desaparezca sin más durante los 7 meses en los que no uso sujetador. Mi conclusión estos días está siendo en que llevar algo que te presione el pecho no es tampoco bueno en esta parte del ciclo menstrual, al menos en mi caso.

Para terminar quiero añadir algo que me ha aportado no llevar sujetador: he ganado sensibilidad en el pecho. Mis tetas se han vuelto más sensibles, algo que me gusta. Me gusta más el tacto y como sienten. Así que invito a cada persona a hacer lo que le plazca y lo que quiera, pero que sobretodo se pregunte por qué lo hace y que si finalmente decide una u otra cosa que lo haga con voluntad, aunque ésta sea solamente por estética. Pasar del “tener que” al “lo hago porque así lo he decidido”, sea cual sea la razón.